24 oct. 2019

El Grammy Latino cumple 20 años


Gabriel Abaroa Jr. Presidente de Laras


Fuente: El Tiempo, Colombia. Por: Liliana Martínez Polo

El nacimiento del premio Grammy Latino estuvo rodeado de temores porque podía ser un galardón secundario y los artistas de la región siempre preferirían un Grammy 'anglo'. 

Pero dos décadas después, las categorías latinas del premio estadounidense siguen escondidas en un listado que tiene otras prioridades y el Grammy latinoamericano se convirtió en la fiesta máxima de la música en español y en portugués, por las categorías brasileñas.

Con una imagen nueva, el próximo 14 de noviembre, en Las Vegas, el Grammy Latino llegará a su ceremonia número 20. Al frente está, desde 2003, el mexicano Gabriel Abaroa Jr. Durante su gestión se gestó la Fundación Cultural Latin Grammy, en el 2015, que ha ayudado a que jóvenes latinos puedan formarse en música en universidades prestigiosas, y se ha establecido una agenda en la que la academia hace presencia todo el año con conciertos y actividades en las escuelas iberoamericanas. 

En el conteo regresivo que se da entre las nominaciones (se conocen en septiembre) y la ceremonia, Abaroa se acostumbró a vivir en constante tensión: “Cuando llegan las nominaciones, pienso que estamos en la raya de la locura. Y en lugar de hacer las cosas más sencillas, las complico más: hacemos más eventos, buscamos mayor impacto”. 

¿Cuáles son los hitos en la historia del Grammy Latino? 

El primer Latin Grammy fue el más importante. Los aciertos normalmente son obligatorios y los errores, imperdonables. Y hubo de los dos. Cualquier error cometido allí tuvo consecuencias a mediano y largo plazo. Por ejemplo, haber hecho el show en inglés. El primer año fue novedad. Al segundo, hubo quejas: los artistas no se sentían cómodos dando un discurso de aceptación en un idioma que no era el suyo. Limpiarlo costó cinco años. El primer año hubo empresas que pagaron derechos de transmisión, al siguiente no estaban interesadas. Hay cosas que no ves hasta que sientes las repercusiones. Eso hizo importante la primera entrega.

La segunda afrontó una dura coincidencia...

Tampoco la olvidaremos. Se programó para el 11 de septiembre del 2001. Así que estuvo influida por el ataque a las torres gemelas. En la tercera, Naras, la academia que da los Grammy (estadounidenses) invitó a un grupo de iberoamericanos a ser miembros del consejo directivo. Nos entregaron el control de la organización a los latinos. Así, para el quinto año, pudimos pasar a una cadena hispana y hacer el programa en español.

¿Qué vino después?

Se institucionalizó el perfil de la academia latina, Laras, como entidad viajera. Los Latin Grammy se podían celebrar en distintas ciudades. Para el 2010 habíamos estado en Los Ángeles, Nueva York y Houston. 

Las Vegas hizo que el espectáculo cambiara, con invitados como el Circo del Sol, que le dieron una personalidad especial. Cada vez hubo más identidad. Se pudo abrir con un tributo a Puerto Rico cuando acababa de ser devastado por un huracán o mostrar la orquesta sinfónica Simón Bolívar, con Gustavo Dudamel, o presentar el vallenato por primera vez, con Jorge Celedón. 

Hubo muchas primeras veces. Así que la Academia se ha ganado un lugar. No se necesita saber si va a funcionar, funcionó, son 20 años. 

¿Academia viajera?, pero se quedó en Las Vegas...

Hemos tenido la ilusión de salir del país. Tuvimos la posibilidad de ir a Sevilla, Valencia, Ciudad de México, Cancún. Hubo ofrecimientos de Guadalajara, Lima y San Juan, pero se presentaba algo que lo echaba para atrás. Salir implica llevar entre 800 y 1.000 técnicos, que deben ser los mejores. Cuando se nos acerca un país, evaluamos todo. 

Los técnicos empiezan a hacer preguntas y muchas ciudades no están preparadas. Vuelvo a las cifras: 1.000 técnicos, 250 artistas nominados, 250 managers, 250 esposas y maquillistas. Son 1.000 más. Si sumas a la gente del negocio, movilizamos a 3.000 personas. Es una responsabilidad ir a una ciudad donde no esté garantizada la seguridad. 

No corremos ese riesgo porque en lugar de hablar de música, hablaríamos de mala planeación. Hacemos exigencias caras porque no podemos hacerlo en una plaza de toros o en una tienda de campaña.

¿Qué harán cuando se extinga el álbum?

Es posible que desaparezca, pero no en el corto plazo. Hay artistas que seguirán produciendo álbumes. El público los pide. El mercado de singles es lo mejor que puede existir, pero no creo que dure toda la vida. Lo explico: cuando ves un partido de fútbol quieres el espectáculo completo, no solo los goles. Imagina que al primer gol el partido se acabe. Eso para mí es un sencillo.

¿Recuerdas álbumes de artistas como Soda Stereo? Eran conceptuales, estaban pensados desde la primera canción hasta la última, llevaban una secuencia y el grupo salía a defender sus diez temas. Creo que la naturaleza del negocio está en querer oír álbumes. Ahora, puede ser que primero saquen 10 singles y con los ocho mejores hagan un álbum. 

En todo caso, la academia está lista. Se llama Academia Latina de la Grabación. Mientras que esa grabación esté fijada en un soporte, material o inmaterial, que permita que las canciones sean oídas sin necesidad de que el artista cante en vivo, habrá academia. Lo único que debemos saber es cómo adaptar las categorías. A lo mejor dejamos de premiar álbumes urbanos o alternativos, pero seguro que seguirán en tropical y pop.

¿Por qué el Grammy Latino se volvió tan importante? 

Tiene que ver con artistas y miembros de la Academia. Cuando reciben un Grammy Latino, los artistas se emocionan, lo presumen y le hacen un gran favor a la comunidad porque le dan un valor a algo que nadie les regaló. Habrá un poco de suerte, pero llegar a esta instancia cuesta trabajo. No todo el mundo queda feliz. Los votantes tienen un trabajo difícil: darles validez a esos votos.

Mira lo sabio que es el equilibro cósmico de esto: cuando la membresía no ha elegido bien por errores de democracia y el que se lleva el trofeo no es quien lo debió tener, con ese premio no pasa nada. En esos casos la magia del Grammy no se da. Por otro lado, hay artistas a cuyas carreras no les caben más premios y, sin embargo, cada Latin Grammy les representa una ilusión por competir mejor.

Cada vez hay más distancia entre el Grammy Latino y el anglo, ¿cómo se dio esa independencia?

Ellos (Naras) nos dieron una independencia que nos tomamos. Hubo momentos de completo desacuerdo. Pero siempre hubo una franca discusión. Por tanto, el nivel de credibilidad es absoluto. Nosotros (Laras) aprendimos de 62 años de yerros de nuestra hermana mayor. Tratamos de no excedernos en número de categorías porque diluirían la importancia del premio. Mientras menos estatuillas se den, más valor tienen. 

Los americanos otorgan 85 premios, nosotros tenemos 50 que cuidar y algunos cuestan trabajo: este año, flamenco y merengue no se entregarán por falta de inscritos. Están con aviso de “cuidado”, porque son categorías que pueden perderse. Aprendemos así. 

Al ser más pequeños, somos más reactivos, respondemos más rápido. Naras tiene una estructura compleja y unos 45 directivos. Nosotros tenemos 16 y es más fácil poner de acuerdo a 16 que a 45.

Se toman años para crear una categoría, ¿qué premios nuevos están en la mira?

Siempre hay nuevas categorías haciendo ojos. Pero mientras no se sumen más miembros que puedan votar en ellas y que inscriban producto y lideren el camino para abrirlas, poco podemos avanzar. Hay propuestas de premiar bandas sonoras o de abrir categorías luso-africanas, pero sin estas condiciones, no las abrimos.

Ceremonias como los Emmy recientes perdieron ‘rating’, ¿eso le preocupa?

Los Emmy tienen su academia y una televisora. A ambas les importa el rating. A nuestra academia lo único que le interesa es la excelencia en la música. La empresa que transmite nuestro show busca audiencia, pero también aliarse con entidades con credibilidad como Laras. Me preocupa no minimizar la importancia de la música, ni de los géneros, ni de los ritmos. Puede ser que el rating del show vaya por las nubes y a mí me critiquen porque una grabación que debió estar quedó descalificada, cosa que no le preocupa a la televisora. El objetivo es que nos vaya bien, por el bien de la música.

Miden su impacto de otra manera... 

Hay tres factores. Primero, los artistas nuevos que identificamos cada año no son los únicos, pero en un número de 10 les permite a los medios de comunicación, musicólogos y sellos enfocarse en estas diez personas, y alguna triunfará más sólidamente que de no haber tenido esta plataforma. 

Dos, el trabajo de la fundación: hoy tenemos estudiando a 200 chicos iberoamericanos, que son talentos de excepción, que no tenían opción de hacerlo. Hoy, podemos ayudarlos. 

Tres, hay artistas que esperan ese momento de su vida en que alguien les dé las gracias y los recuerde. Para eso son los premios especiales, lo más emotivo que damos. Además, está el de la persona del año y una cantidad de eventos aledaños. Muchas empresas se vinculan. Es suficiente alegría saber que convocamos este para que la industria de la música siga viva. Si no, estaría dispersa. No medimos nuestro éxito con rating, aunque lo deseamos.

¿Cómo celebrarán los 20 años?

La ceremonia tendrá cosas especiales. Lo primero fue reforzar la marca. Unos 25 artistas prestaron su voz e imagen para una campaña que se lanzó en Times Square, en Nueva York. Lo demás será calidad artística, integridad y hacer que, una vez más, en el evento la dignidad sea la gran triunfadora.

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