MUSICA Y NOTICIAS DEL MUNDO DE LA SALSA
17 dic. 2017 0 comentarios

Dámaso Pérez Prado: el mambo del rey



Fuente: El Dominical de El Comercio, Perú. Por: Ricardo Hinojosa Lizárraga

Como antes del lanzamiento de un misil, la orquesta contaba del uno al ocho con pasos, giros, agitaciones incontables; zarandeaban el cuerpo entero sin dejar de dominar sus instrumentos; trompetas, saxos, timbales, contrabajo eran un banquete sonoro. Sus mecanismos de contorsión convertían una palabra en puro pretexto para dar algunos pasos mientras se pronunciaba otro “¡Maaambo!”. Y cada vez que se decía era una nueva picardía, el inicio de un juego más allá de la danza y su disfuerzo, que sabe siempre ser elocuente y sabroso.

El mambo solo pudo venir del Caribe, porque alrededor de las Antillas se zarandean los huracanes y las tormentas tropicales. El mambo es también una lluvia torrencial, el ímpetu de las olas, su explosión en la orilla: compases con los que baila la naturaleza. Nuestra naturaleza. Porque es también el animal que la evolución aún no ha podido eliminar de nuestra sombra al bailar. Es instinto, rito primitivo, atracción sin prejuicios, seducción sin culpa.

El mambo no tuvo letras comparables a la fina poesía o al arrebato intelectual, pero es difícil negar que los pasos que estimula sean válida expresión literaria. El mambo sucedió muchas veces, pero nunca como con Dámaso Pérez Prado, amo y señor del ritmo, mago del sabor, rey de reyes del number five, del number eight, y de todos los mambos, por y para siempre. Después de todo, aunque otros nombres aparezcan vinculados al origen de este ritmo, muchos podrían preguntarse si padre es el que cría o el que engendra. Y mientras se lo preguntan, él bailará saleroso sobre sus zapatos de tacos y charol, venciendo en cualquier contienda. Gracias a él, ese terremoto bailable alcanzaría en su onda expansiva a todo el continente y definiría, como ningún otro ritmo latino, el alboroto, la alegría, la rebeldía y la sensualidad de los años cincuenta.

Por supuesto que en aquellos años también estaban Benny Moré, Olga Guillot, Los Panchos, Toña la Negra, Rita Montaner, Daniel Santos, Pedro Vargas o Agustín Lara. Y por supuesto también que las noches se agitaban al ritmo de la conga, el calipso, la rumba, el bolero, la guaracha, el son cubano y, después, el chachachá. Pero ninguno era capaz de confrontar, gracias a sus atrevidos movimientos, los convencionalismos sociales de su tiempo como el mambo. Y nadie mejor para dirigir esa revolución que un cubano. La sola pronunciación de la palabra mambo era un grito de guerra, el “¡Gerónimo!” antes de lanzarse a la pista, el “¡Banzai!” de una generación crecida en la posguerra cuyas únicas armas eran sus caderas y sus pies.


“Yo soy coleccionista de sonidos y ruidos, esas cosas —decía Pérez Prado en la película Al son del mambo, de 1950, como dando pistas sobre los ingredientes de su salsa secreta—: el grito de una negrita, el sonido de una gallinita sobre la arena, el de la cola de un pavo cuando se abre de golpe, el de una cascada pegando cuatro veces sobre diferentes descansos en la roca, el del viento sobre las copas de un ceibo, olas contra un acantilado”.

“Maestro, ¿qué quiere decir la palabra mambo?”, le preguntó Verónica Castro con inocencia en uno de sus programas televisivos tres décadas después. “Mire, le voy a explicar —comenzó Car’e Foca—. La palabra mambo no quiere decir musicalmente nada. Fue una palabra que yo tomé en Cuba, porque era un calor que se hablaba y me gustó, pero sí quiere decir mucho ritmo”.

Un calor que se hablaba. Una delicia. Mucho ritmo. Ritmo. Cinco letras que intentan explicar el talento sanguíneo y espiritual que tuvo Pérez Prado para pasar en seis décadas de una agresiva amenaza de excomunión, a un devoto pedido al papa para que lo santifique. Será que el baile también es expiación.

Sonoro y matancero
Peculiar momento para vivir eran los años veinte en Cuba, días en los que estaba tan agitada la paz como la guerra. Si por un lado, en 1917 —año de nacimiento de Pérez Prado, el 11 de diciembre— el gobierno había ingresado a la Primera Guerra Mundial declarándose hostil contra Alemania y Austria-Hungría; por el otro, la agitación de la paz se presentaba de maneras más amables: cuando el pequeño Dámaso entonaba primarios sonidos guturales gracias a una garganta que luego sería eco por sí misma, Matanzas era un pueblo de plazas amplias y soleadas, de calles amigables y vecinos musicales entre los que empezaba a formarse una banda seminal: la Sonora Matancera. Aunque esta no tomaría oficialmente ese nombre hasta 1935, cuando ya el moreno de brazos largos, cuello inexistente y peculiar anatomía había demostrado su dominio en el piano de cola.

Por un largo periodo, Pérez Prado había pasado más de diez horas diarias bailando sobre las negras y blancas con sus dedos, ensayando, tratando de ser mejor. Aunque su primera vocación fue la medicina, no tardaría en darse cuenta de que lo suyo era ser un cirujano del son. Tras pasar algunos años tocando entre Matanzas y La Habana, con aquella experiencia en la Sonora y otra en la célebre Orquesta Casino de la Playa, el joven Dámaso decidió salir de la isla. Su forma de tocar el piano no era totalmente comprendida.

El hombre de “barba existencialista” en la portada de este Diario (3 de marzo de 1951).

Viajó a Argentina, Puerto Rico, Panamá, Venezuela, hasta llegar a México, cuna de las revoluciones cubanas. Gracias a la vedette Ninón Sevilla y al músico Kiko Mendive, compatriotas suyos, fue acogido en el showbusiness de ese país, que vivía la época dorada de su cine, que incluía el género “de rumberas”, una especie de film noir cabaretero y bailarín.

Allí, Pérez Prado su lugar en el mundo. Llegó a grabar con su amigo Benny Moré, “el bárbaro del ritmo”, quien respondió a la polémica sobre el origen del mambo cantando: “Quién inventó el mambo que me sofoca./ Quién inventó el mambo/ que a las mujeres las vuelve locas./ Quién invento esa cosa loca:/ un chaparrito con cara de foca”.

Este tema, “Locas por el mambo”, dejó claro ante todos el sello y el apodo eterno: Car’e Foca. 1949 fue el año cero. Desde su 1,58 de talento, lanzó el “Mambo #5” y el manual universal para mover caderas y girar rodillas tuvo que reescribirse por completo. Danzón, son cubano, poder de big band jazzera. La colaboración entre él y Moré continuaría con éxitos como “Guanabacoa”, “Rabo y oreja”, “María Cristina”, “La mangolele”, “Anabacoa”, “Babarabatiri”, “El suave”, “Viejo cañengo”, “Qué cinturita”, “Pachito eché” y, por supuesto, “Dolor carabalí”, que Moré consideró una versión insuperable, por lo que no volvió a grabarla.

En 1955, su versión de “Cherry Pink and Apple Blossom White” (“Cerezo rosa”) y gracias a la gran performance en trompeta de Billy Regis, alcanzaría la cima de las listas de popularidad.

Las oportunidades también llegaron en la pantalla grande: Al son del mambo (1950), Serenata en Acapulco (1951), Amor perdido (1951), Las sirenas de las aguas verdes (1955), Cha cha cha pum (1957), El dengue del amor (1964) son solo algunos ejemplos. Como actor o junto a su banda, Pérez Prado era sinónimo de éxito en sus apariciones cinematográficas. En 1959 fue el primer latinoamericano nominado a un Grammy. En 1960 ya estaba compartiendo junto a grandes artistas estadounidenses, como Ella Fitzgerald, Andy Williams o Al Hirt. Ese mismo año, Federico Fellini incluyó su tema “Patricia” en la banda sonora de La Dolce Vita. Paralelamente, llegarían todos sus éxitos musicales: “Qué rico mambo”, “Mambo #8”, “Mambo #5”, “Mambo de la universidad”, “Mambo del ruletero”, “La niña Popof”, “Mambo Veracruz”, “Mambo del Politécnico”, “Silbando mambo”, “Cerezo rosa”, “Lupita”, “Caballo negro”, “Pachuco bailarín”, “La chula linda” o su particular versión de “El cóndor pasa”.


Más de 50 años después de aquel éxito arrollador, basta que empiece a sonar un mambo en cualquier lugar para causar un efecto de máquina del tiempo: el mundo retrocede, el vestuario de la gente cambia, ni los autos ni la personas andan como hoy; la escenografía se envuelve de un manto blanco y negro, aparecen frente a uno La Tongolele, Ninón Sevilla, María Antonieta Pons, Amalia Aguilar, Las Dolly Sisters, Tin Tan o el hiperactivo Resortes en un Embassy limeño alborotado. Un mundo en el que don Dámaso ya reina en auditorios, pantallas, radios y discos.

Qué rico el mambo.

La primera revolución cubana
“Aquel fue un verano fabuloso. Vino Pérez Prado con su orquesta de doce profesores a animar los bailes de carnavales del club Terrazas de Miraflores y del Lawn Tennis de Lima; se organizó un campeonato nacional de mambo en la Plaza de Acho que fue un gran éxito pese a la amenaza del cardenal Juan Gualberto Guevara, arzobispo de Lima, de excomulgar a todas las parejas participantes”, comienza Mario Vargas Llosa sus Travesuras de la niña mala narrando un verano que en el libro es el de 1950, aunque en realidad todo eso sucedió el 3 de marzo de 1951, durante la primera visita de Pérez Prado a Lima. A pesar de que en su origen se hayan visto involucrados nombres como los de Orestes López o su hermano Israel, Cachao —a quien Guillermo Cabrera Infante llegó a llamar “El verdadero rey del mambo” —, Arsenio Rodríguez o Antonio Arcaño, ninguno de ellos hizo del mambo un fervor universal. Car’e Foca sí.

Despojado de esas dudas, el cubano llegó a Lima. A una Lima bastante distinta a la de hoy, por cierto. Aterrizó en el antiguo aeropuerto de Limatambo y causó furor, caravanas acompañaron su camino hasta el hotel Bolívar. Pérez Prado, que tenía entonces solo 33 años, dio un concierto espectacular junto a sus músicos esa misma noche, en el Lawn Tennis. A uno de ellos, llamado Ángel Bagni Stella, le gustó tanto nuestro país que decidió quedarse, adoptar el seudónimo de Freddy Roland, y hacer su propia orquesta aquí. El resto es otra historia.

Hubo amenaza de excomunión, sí, pero el campeonato de mambo en Acho deslumbró la capital y monseñor Guevara tuvo que irse con su música a otra parte. Y es que la Iglesia suele entender el mundo desde el alma hacia arriba, no de la cintura para abajo.

“Aquel verano extraordinario, en las fiestas de Miraflores todo el mundo dejó de bailar valses, corridos, blues, boleros y guarachas, porque el mambo arrasó”, siguió contando Vargas Llosa en su novela, recordando con extraordinaria lucidez las sensaciones sociales de aquel entonces. Pero nuestro Nobel no fue el único representante del boom latinoamericano en caer subyugado por aquel ritmo. Elena Poniatowska afirmó hace poco que a Carlos Fuentes lo enloquecía el rey del mambo, y lo deslumbraba La Tongolele.



Dengue dengue dengue
“Esto es una mezcla de mambo, twist, bossa nova y chachachá… Musicalmente no es nada más que un disparate… ¡Pero un disparate que ha sido mi éxito, indudablemente!”, dijo Pérez Prado a los periodistas peruanos durante una nueva visita suya, en 1964, cuando llegó a Lima a presentar su nuevo ritmo, el dengue. Antes, el maestro cubano había intentado superar o al menos igualar el mambo con el rock mambo, la chunga, el suby o el bongosón —llegó a grabar “Estrellita del sur” en este ritmo— sin mucha suerte.

Aunque efímero, el dengue tuvo su propio momento de éxito y de polémica. Alertado por pacatos representantes de la sociedad, el entonces alcalde Luis Bedoya Reyes advirtió a Pérez Prado “que la bailarina Deysi Guzmán se abstenga de ofrecer exhibiciones obscenas y reñidas con la moral y buenas costumbres, bajo apercibimiento de aplicación de la correspondiente sanción”. Ambos pidieron disculpas públicas en televisión y dieron un show inolvidable en la Plaza de Acho, caderá p’aquí, caderá p’allá. Y es que el dengue no era epidemia, sino epidermis.

Pero antes, Pérez Prado se había llevado de Lima un colaborador incomparable. “Los dos años que estuve con él, 1963 y 1964, además de un maestro, yo sentí en Pérez Prado a un padre”, me dice Alex Acuña, el percusionista peruano más reconocido del mundo, que se unió a la banda del cubano cuando apenas tenía 18 años. “Era un bella persona, excelente músico —declaró el mismo Acuña hace poco al periodista y melómano Eduardo Livia, de la radio por internet El Salsero—. Era un genio, porque para inventar algo que quede para la posteridad, hay que serlo. Cómo me hubiera gustado verlo nuevamente. Aunque sí pude conocerlo bastante y tener el orgullo de haber sido su discípulo, y músico de su gran orquesta”. Acuña llegó a grabar tres discos con él antes de buscar su propio rumbo.

Considerando que fue tantas veces perseguido por la censura, al cerrar los ojos por última vez, el 14 de setiembre de 1989, Dámaso Pérez Prado pudo haber hecho suyas las palabras finales de Galileo Galilei al alejarse de la Inquisición: eppur si muove. O, tal vez, habrá pronunciado, como un último estertor, ese sonido que siempre creímos que era un “Uuugh” y en el que, en realidad, gritaba “¡Dilo!”: era una invitación a la trompeta, al saxofón y a la vida misma. Después de todo, con su creación ya no se bailaba solo para la pareja, se hacía también para el público. Bailar, entonces, era devolverle a la música la ofrenda de su sonido.

Por eso el mambo sigue siendo tan rico.

El comediante Spike Jones con el director de banda Damaso Pérez Prado. [Foto: Bettmann Archive]


SABOR NACIONAL

La fiebre por la música de Pérez Prado se contagió en todo el continente y cruzó, incluso, el Atlántico. Por supuesto, en las provincias del Perú tampoco fueron ajenos al impulso de este ritmo. De forma casual, unos amigos celebraban el carnaval arequipeño y se les había pegado el ritmo de moda en los cincuenta. “Mambo, qué rico mambo”, cantaba uno. “Mambo de Machahuay”, cantó otro. Violines, guitarras, zapateo y el bucólico paisaje de las campiñas arequipeñas reemplazaban la nocturnidad, los ternos y los grandes salones de baile donde Pérez Prado brillaba. En este caso, los nombres de José Manuel y Alejandro del Carpio y Manuel Guzmán Collado estuvieron involucrados. Según algunas versiones, ellos fueron responsables de frases como: “Agua de Puyurca, déjame pasar, voy a Machahuay en busca de amor”, “Desde Lima vengo a mi Machahuay, a bailar el mambo en mi Cotanay”, “Ábreme la puerta, Juanita, yo soy, vengo por las cartas, mañana me voy” o “Amarra tu perro no vaya a morder, que a la medianoche tengo que volver”. Esta versión sobre los autores verdaderos del “Mambo de Machahuay” se contrasta con la de la Apdayc, que hasta hace poco le otorgaba el tema al locutor de la extinta radio El Sol, Luis Pizarro Cedrón, en la adaptación que hizo conocida Luis Abanto Morales, con algunas variaciones en la letra original. Por cierto, este ya clásico tema del cancionero nacional es realmente un alegre huainito. También existe una estupenda versión de Los Jaivas.
16 dic. 2017 0 comentarios

Daymé Arocena, revelación



Fuente: Granma, Cuba. Por: Pedro de la Hoz

Entre lo más notable de la actual escena musical cubana, un nombre se destaca, Daymé Arocena. Hoy sábado 16, a las 8:30 p.m., la joven vocalista –cuenta solamente con 25 años de edad- asumirá en el teatro Mella su concierto más retador: allí interpretará los temas de un registro discográfico que la ha catapultado a escala internacional, y a la vez, tendrá que validar ante el público que más le interesa, el de su país, las credenciales de una temprana jerarquía artística que merece ser reconocida.

Ser consecuente con una tradición y aportar, sin alardes ni artificios, elementos para su renovación, no es poca cosa en medio de un panorama en el que aparentes novedades maquillan actitudes miméticas que responden más a urgencias comerciales que a arraigadas convicciones estéticas.

Daymé desde el entorno del jazz y la canción y Danay Suárez desde el hip hop han visibilizado en este 2017 las dos más ciertas y promisorias posibilidades de actualización de los códigos de la música popular cubana de proyección vocal. Una con el disco Cubafonía; la otra, mediante Palabras manuales. Ambas producciones fueron respaldadas por sellos extranjeros, lo cual debe llamar la atención de las casas cubanas en cuanto a activar mecanismos capaces de atraer a esos talentos.

La Arocena compuso todos los temas de Cubafonía y pactó alianza con músicos como el contrabajista Gastón Joya, autor de la mayoría de las orquestaciones, y un grupo de excelentes intérpretes jóvenes, ubicados en la vanguardia, que la acompañarán también en el Mella: el pianista Jorge Luis Lagarza, el bajista Rafael Aldama, el baterista Ruly Herrera, el percusionista Yaroldi Abreu, los saxofonistas Yuniet Lombida y Emir Santa Cruz, el trompetista Mayquel González, el trombonista Heikel Trimiño y el guitarrista Rober Luis. Si cito la nómina es porque entre ellos y Daymé se logran afinidades decisivas.

En el disco, y sobre el escenario, el auditorio observará un toma y daca enriquecedor entre el jazz afrocubano, sus fuentes primigenias folclóricas y otras especies cubanas que van desde la rumba hasta el changüí, sin obviar el mambo –donde lo retomaron Chico O’Farrill y Mario Bauzá después de Pérez Prado- y el bolero en sus vertientes filinescas.

Para Daymé, el encuentro con el productor y pinchadiscos británico de origen francés Gilles Peterson, fue providencial en la consolidación de una proyección artística, pero ella, por sí misma, poseía –y posee- todos los ingredientes para ser lo que es: formación académica en el sistema de la enseñanza musical de la Isla –dirección coral-, el sonido del barrio incorporado a su sensibilidad –Lawton, los cantos de la calle y la familia-, poder de asimilación –contactos e intercambios tanto con veteranos como con jóvenes maestros del jazz-, y una ductilidad vocal envidiable, en su breve y macizo cuerpo, la hermosa negrura reluciente de su piel y la sonrisa que nunca pierde.

Ya eso se veía venir con su primer disco, Nueva Era, lanzado en el 2015.

Cubafonía superó la altura de la órbita inicial. Y para no ser menos, su voz está en Oddara, el álbum de la saxofonista canadiense Jacve Bunnet, que con el grupo de muchachas cubanas Maqueque acaba de obtener una nominación a la 60 edición de los Grammy.
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Cancelado el show de Sonora Ponceña en Lima



Se está volviendo una mala costumbre. Acabamos de conversar con Papo Lucca, el director de Sonora Ponceña, quien nos comunicó que se canceló la presentación que esta noche "Los Gigantes del Sur" iban a realizar en nuestro país.

Desde Puerto Rico, el genial músico salsero explica: "Hasta ayer solo nos habían enviado seis pasajes y nos decían que estaban trabajando para completar el resto pero nunca aparecieron. Además nosotros tuvimos que enviar una persona a Miami para hacer los trámites de la visa, trámites que siempre deben estar a cargo de los organizadores, no de nosostros. Con tanta informalidad, he decidido cancelar el viaje. Nosotros hicimos el esfuerzo por hacer el show, estábamos preparados para salir e incluso nosotros mismos pagamos las visas, pero sin pasajes no hay manera de salir"

Papo añade: "No comprendo, esto se firmó hace más de un mes y nosotros trabajamos siempre con la mayor formalidad y nos apena mucho por la gente de Perú, porque Ustedes nos quieren y nosotros los queremos mucho".

Aprovechamos un espacio de la breve charla para agradecerle por el disco que Sonora Ponceña grabó meses atrás cuando sufrimos los embates de la naturaleza. "Yo tengo compadres en Perú, mucha gente que siempre está con nosotros. Cuando pasó lo de Puerto Rico, Ustedes también estuvieron muy pendientes de nosotros y eso es algo que se les agradece de corazón"

También le preguntamos sobre la nueva estrategia de grabar y lanzar temas sencillos en vez de producciones o discos completos. "Mira, si tienes suerte, de todo un disco la radio (que ya no da mucho espacio a la Salsa) te toca tres canciones. O sea que si tú grabas diez temas en una producción, pierdes siete. Muchas gente nunca los llega a escuchar. Ahora la promoción es diferente a través del internet, hasta los temas se ofrecen gratis para descargarlos"

Cerrando la charla, Papo Lucca envió un saludo a su público peruano. "Esperamos ir por allá, siempre tenemos el mayor deseo de tocarles a los peruanos que siempre nos apoyan. Muchas bendiciones para Ustedes en la Navidad y que tengan un año mucho mejor".
11 dic. 2017 0 comentarios

Alex Acuña: "Dios envió a Pérez Prado para cumplir mi sueño"



“De niño, mi sueño era viajar por el mundo haciendo música. Dios envió a Pérez Prado para cumplir ese sueño”. Es una de las primeras frases que le salen del corazón a Alex Acuña, nuestro gran percusionista radicado en los Estados Unidos, al recordar al músico cubano cuyo centenario de nacimiento se celebra hoy.

Desde su estudio en California, Acuña rememora algunos pasajes de su relación personal y profesional con el creador del mambo, la misma que lo marcó mucho a pesar que solo duró dos años. Antes de empezar me advierte que en las entrevistas no suele hablar con el cerebro sino que lo hace con el corazón.

El corazón de Alex habla:

Dámaso Pérez Prado fue utilizado por Dios para bendecir mi vida a un nivel muy alto. De pequeño yo escuchaba mucha radio y así me aprendí el repertorio de Pérez Parado y la Matancera, ya que en Perú por entonces se escuchaba mucha música afrocubana.

Yo llegué a Lima en 1961 y me inscribí en el sindicato de músicos que quedaba en el Jr. Paruro. Hasta hoy conservo el carnet de aquel entonces. Al año siguiente empecé a trabajar como músico de sesión en Iempsa, que editaba los discos Odeón bajo la batuta de don Augusto Sarria y luego me contrataron del Canal 13 en “El Hit de la 1” con Enrique Maluenda y también del Canal 2 para el programa de las 9 de la noche que animaba Rulito Pinasco. En el canal 13, el director de la orquesta era Ñiko Estrada y luego el bajista Pepe Hernández. Con solo 18 años yo ganaba mucho dinero porque trabajaba diariamente de nueve de la mañana hasta la madrugada. Ya me había comprado un carro (no muchos músicos tenían uno) y mis padres contrataron a un chofer que era amigo de la familia para que me llevase a todos los sitios donde trabajaba.

Cuando inauguraron el canal 2, llegó a Lima Olga Guillot. Fue ahí donde Pérez Prado me vio tocar, a comienzos de 1963 y envió a su representante quien me ofreció unirme a su banda porque necesitaba un baterista primero para la gira que realizaría por Sudamérica y luego para otra en los Estados Unidos. Al recibir la invitación, le pregunté al propio Pérez Prado por qué quería contratarme si en los Estados Unidos había excelentes bateristas. “Ellos inventaron la batería y nadie en la tierra puede tocar dicho instrumento mejor que un norteamericano” le dije. Pérez Prado me respondió: “La forma como tocas y el sabor que le pones, eso es lo que yo quiero en mi banda”.

También le sorprendió mi conocimiento musical sobre jazz, las big bands y “american music”. Haber estado en la orquesta de mi padre, que tocaba todo tipo de música, me sirvió de escuela y además compraba muchos discos para aprender sobre todos los estilos posibles. Yo era una suerte de “Google musical”.

Cuando firmé el contrato fuimos al consulado americano y me dieron el “green card”, es decir yo salí de Perú con visa de residente permanente. Fuimos a los carnavales de Venezuela, luego visitamos Buenos Aires, Río y Caracas y de ahí a los Estados Unidos. Me acuerdo que a fines de ese año él estrenó su más reciente creación, el dengue, que causó sensación entre los peruanos por lo cual grabamos dos discos en Iempsa, en el año 1964.

El dengue se tocaba con el aro de un carro y quien tocó el aro en esas grabaciones fue “El Niño”, el papá de Macario, quien también tocó en el disco Socabón de Nicomedes Santa Cruz.


En Estados Unidos la gira comenzó en Las Vegas y luego grabé un tercer disco titulado Lights, Action, Prado! para la United Artists, donde grababa Tito Rodríguez, en el cual habían canciones de películas al estilo de Pérez Prado, dengue incluido.

Fue como un padre para mí. Me decía que, a pesar de mi corta edad, yo era muy “profundo” al hablar y enviaba a los mayores de la orquesta, en especial a Jaime Calderón (quien era trompetista y su director musical) a que me cuidaran. Pérez Prado me llevaba 27 años de edad, imagínate. Yo era un joven provinciano que solo estuvo dos años en Lima y que de ahí salió para Estados Unidos por lo que a los músicos mayores les decía: “Cuídenme a Alejandro” (así me llamaba él). Encima, trabajara o no, pagaba muy bien, 300 dólares semanales que eran “un dineral” para la época. Recuerdo que con mi primer adelanto me compré una batería.


Cuando ensayábamos me explicaba lo que quería en la batería y yo lo hacía según el estilo que mandara. En el escenario era muy enérgico: daba patadas en el aire, gritaba, bailaba y eso lo interpreté de inmediato, porque hay un dicho que reza: “si tienes un buen baterista la banda va a sonar bien”. Así se metía al público en el bolsillo.

Él tuvo una gran educación musical, tocaba clásico y era dueño de un ritmo increíble. Sus solos de piano eran una combinación de música clásica con solos de timbal. Parecía un timbalero cuando tocaba el piano, es que era de Matanzas y de ahí pues son “Los Muñequitos de Matanzas”, puro ritmo. Es como en Perú decir que eres de Chincha.

Recuerdo muchas anécdotas. Durante esa gira en Estados Unidos, y recuerda que era el año 1964, todavía existía el racismo en los Estados Unidos. Entonces cuando fuimos al sur, él no podía entrar a restaurantes que eran para la gente blanca. Yo venía de Perú y le decía “en mi país no existe eso, yo soy indio y puedo entrar a cualquier parte si tengo dinero para pagar”. Él me decía “acá no”. Como entre los músicos habían varios blancos, ellos me llevaban, me sentaban en medio de ellos y después sacábamos dos platos de comida, uno para Daisy Guzmán y otro para él que nos esperaban en el carro.


Chicago, 1964: Pérez Prado y su banda con el joven baterista peruano Alex Neciosup Acuña.


De los músicos que por esa época eran de la banda y que recuerdo, aparte de Jaime Calderon, estaban el otro trompetista que se llamaba Al Parra, el conguero Lee Pastora, el saxofonista Lino Hernández y los bongoceros Johnny Keda y Joe Baerga.

Cuando pasaron dos años y terminó mi contrato, Pérez Prado me dijo: “mira Alejandro, ya tienes residencia y puedes entrar y salir de este país. Eres joven, tienes un gran futuro pero te aconsejo que estudies inglés para que puedas trabajar en el ámbito norteamericano porque ahí podrás crecer musicalmente”. Yo me quedé en los Estados Unidos, él se fue a México y nunca más lo volví a ver.


Dámaso Pérez Prado fue uno de los mejores músicos de Cuba, una muy bella persona y excelente profesional. Un genio, porque para inventar algo que quede para la posteridad, para toda la vida (como él lo hizo) hay que serlo. Estoy muy orgulloso de haber sido su discípulo y músico de su gran orquesta.
10 dic. 2017 0 comentarios

Fallece Piro Mantilla



Esta tarde falleció el vocalista boricua Piro Mantilla, cantante principal en los tres primeros discos de Roberto Roena y su Apollo Sound. Como tal, Piro fue responsable de los éxitos iniciales de la banda del bongocero (entre ellos "Tú loco loco", "El Escapulario" y "Soñando con Puerto Rico") para luego ser cantante de la Orquesta de Cuchón e incluso grabar dos discos con orquesta propia: Mala Cara y Como Es.

A pesar de aquella aventura como solista, su imagen nunca pudo desprenderse de su etapa con el Apollo Sound con el cual, años más tarde, grabó el tema "Soledad" del LP Afuera y Contento y cantó en el disco por el 25 Aniversario de Roena en el Bellas Artes.


Formación original del Apollo Sound de Roberto Roena, en la cual Piro Mantilla fue vocalista principal

Según el espacio web Salsa Superior, Piro Mantilla tenía una relación especial con nuestro país (aunque nunca lo visitó) ya que uno de sus abuelos había nacido en el Perú.

La noticia fue comunicada esta tarde vía FB por su hija Blanca.

Nuestras condolencias a su familia y seguidores. La Salsa nuevamente está de luto...

DE LUTO LA SALSA: MURIÓ EL SONERO PIRO MANTILLA
Por Jaime Torres Torres

En el muro de su hija Blanca hay un crespón que anuncia que los salseros del mundo estamos de luto.

Y no hay duda que sí porque murió su padre Piro Mantilla, el primer cantante del Apollo Sound de Roberto Roena y el intérprete de los éxitos, a juicio de este periodista, más populares de esta agrupación.

Nadie ha interpretado como Piro el bolero “Soñando con Puerto Rico” de Bobby Capó, estampado en el primer álbum de la orquesta para el sello Fania Internacional, editado en 1969.

Cuando el Apollo celebró su vigésimo quinto aniversario en la Sala de Festivales Antonio Paoli del Centro de Bellas Artes, Piro -avasallado por la emoción- declamó parte de su letra mientras el público que desbordó el recinto le reciprocaba con un estremecedor aplauso.

Eso se puede apreciar en el cedé y devedé “Roberto Roena y su Apollo Sound En vivo desde Bellas Artes”, distribuido por el sello Musical Productions del fenecido Tony Moreno.

Quien firma esta nota póstuma estuvo allí cubriendo para un diario de circulación general y puede dar fe de que Piro fue el cantante más aplaudido del inolvidable espectáculo producido a mediados de la década de 1990 por José Rafael Dueño.

El año pasado, en una entrevista a Roberto Roena, el bongocero, bailarín y director de orquesta reconoció que Piro fue fundamental en el éxito del Apollo Sound, con la salvedad -en una nota al calce de este redactor- de que el primer disco de Roena tras su salida de El Gran Combo fue con Los Megatones y el cantante fue el panameño Camilo Azuquita.

“Parte del éxito del Apollo fue el sonero Piro Mantilla, que cantaba y tocaba congas con un trío en el Black Angus en Miramar. Era un cantante diferente. Lo invité para la orquesta y aceptó. Yo no quise estar robándole músicos ni cantantes a nadie. Por eso Piro entró”, recordó Roena al aludir al sonero que popularizó “Tú loco, loco, y yo tranquilo”, “Mandingoré”, “El traqueteo”, “Chotorro”, “Te lo voy a jurar”, “El sordo”, “El escapulario” y el bolero “Soñando con Puerto Rico”, que aparece -como confirmación del impacto de su paso por esta banda- en la recopilación “Pa’ fuera” de 1972.

Siempre me pregunté porqué Piro, tras popularizar éxitos que casi medio siglo después el pueblo le pide a Roena que toque, no formó parte del frente de cantantes de la Fania All Stars y que a su salida de la orquesta en 1971 la compañía no lo retuviera.

A Piro le sobraba originalidad, autenticidad y conocimiento del difícil arte del soneo o la improvisación salsosa. No se parecía a nadie, en una época en que la referencia eran cubanos como Beny Moré, Miguelito Cuní y otros.

Pero a su salida del Apollo Piro Mantilla fue firmado por la Velvet, discográfica con sede en Venezuela y una sucursal acá, desde donde proyectó su carrera como solista hacia Colombia, Panamá, Perú y otros países.

Piro Mantilla y su Conjunto se establecieron con álbumes como “Mala cara” y “Como es”, entre otros.

El año pasado, me contó Javier Santiago, director de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, que varios de sus nietos asistieron al retro pulga salsero buscando parte de sus primeros discos como solista. Y encontraron en el formato de vinilo elepés con éxitos como “El buen borincano”, “Pequeña gitana” y otros.

Piro fue tan exitoso en su etapa posterior a su salida del Apollo que lo recuerdo amenizando una fiesta patronal en mi pueblo Río Grande, con la plaza tepe a tepe. Piro alternó con la Sonora Ponceña en las fiestas de 1977 y jamás olvidaré la escena de su firma de autógrafos y saludos a sus fans, mientras caminaba entre el público en una plaza en la que no cabía un alma.

Aquella noche los locutores y maestros de ceremonia Chilo Torres y Papuso Estrada se desbordaron en elogios hacia su persona. Y sepan que cantó “Soñando con Puerto Rico” y “El escapulario”, éxitos que nadie interpretó como él en el Apollo Sound.

Piro, quien también grabó con Cuchón y en la década de los 80 se reencontró con Roena y el Apollo Sound, grabando un álbum junto a otros cantantes pero sin mayor trascendencia, cantaba cuando su salud se lo permitía.

Mas se debe documentar en este In Memoriam que, tristemente, fue subestimado por sectores de la industria, que con mezquindad, pretendían vender homenajes y bailes sin los contratos y la remuneración correspondientes.

Su hija Blanca Mantilla, portavoz del grupo Leyendas de la Salsa, denunció en Facebook uno de sus sinsabores con los promotores que se dedicaron a explotar el nombre de Piro.

Aquí parte del texto:

“Hoy quiero comunicarles el porqué mi papá, el maestro Piro Mantilla, quien fue el primer cantante del Apollo Sound, no podrá ir a participar en el merecido homenaje que le van a celebrar al maestro Roena, por sus 60 años de carrera artística, el 25 de octubre. Por motivos fuera de mi voluntad y por no haberse tratado con el debido respeto, y atención. Pues a él no se le invitó formalmente, y no va a estar en el homenaje. Yo estaba en espera de una llamada que nunca se dio. Nunca se me llamó ni tan siquiera, con ese detalle. […] Como a mi padre no le van a dar su lugar, ni en la promoción, ni tampoco en el show, como se debe; entonces no puede ir a sentarse en una sillita, porque él es un cantante de primera; no un espectador más”, publicó Blanca al recordar que Piro era una persona de la edad dorada que ya no estaba tan activa como antes.

En la hora de su deceso, sin embargo, su obra lo inmortaliza. Ahora que la diáspora se nutre de los boricuas que se marchan tras la catástrofe del huracán María es innegable que no pocos tararearán estremecidos por la nostalgia la letra de “Soñando con Puerto Rico”.

“Yo, no puedo ocultar
el orgullo que siento
ser puertorriqueño.
Y que mi pensamiento
no importa donde voy
me fuga hacia la Islita
no importa donde voy
a la Tierra Bendita
mi pensamiento
vuela”.


Descanse en Paz, Maestro Piro Mantilla.

9 dic. 2017 0 comentarios

Pronta recuperación para Papo Rosario



Van estas líneas para desear pronta recuperación a Papo Rosario, cantante de El Gran Combo de Puerto Rico que se viene recuperando de una operación a la espalda a la que fue sometido días atrás.

Papo es uno de los más carismáticos integrantes de Los Mulatos del Sabor y todos sus seguidores esperamos que supere su actual condición de salud y pueda reintegrarse a la orquesta. El continúa con el descanso médico y viene afrontando esta condición de salud de muy buen animo, a la espera de los siguientes pasos de su tratamiento.

Por el momento es Joselito Hernández quien ha tomado temporalmente el espacio de Papo en el frente de cantantes de El Gran Combo.

¡Pronta mejoría Papo!
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Esta noche en Cuba se encuentran Los Van Van con la Revé



Fuente: Granma, Cuba. Por: Pedro de la Hoz

El arribo de Juan Formell en 1967 a la orquesta de Elio Revé representó un cambio radical en las concepciones de la música popular cubana destinada a los bailadores.

Allí ensayó las ideas renovadoras que poco después desarrolló con   amplitud con la agrupación que fundó a finales de 1969, Los Van Van, desde hace buen rato y hasta hoy uno de los íconos de la cultura cubana contemporánea.

La Revé era un espacio adecuado al que llegó Formell en el momento preciso: colectivo abierto a nuevas proposiciones, se debatía entonces, como muchos otros que animaban la escena de música para el baile, entre seguir patrones agotados y distantes de la sensibilidad de un público al que de sopetón, y tardíamente, llegaban las oleadas del pop latino, sobre todo español y un poco de rock, no precisamente el mejor anglosajón, y la necesidad de conectar con las audiencias, lo cual no siempre se hizo con rigor y calado al apelar a formulaciones artificiales y efímeras.

Por demás, producto del bloqueo norteamericano contra Cuba, la Isla había quedado al margen de la evolución de los géneros y ritmos afroantillanos en Estados Unidos y Puerto Rico, que por aquellos años apuntaban a una primera edad del movimiento salsero.

Elio Revé Matos calificaba como un hombre de batalla por antonomasia. En su natal Guantánamo bebió las fuentes primigenias del changüí; instalado en La Habana fundó su orquesta en 1956, puso los timbales (las pailas), su instrumento, en primer plano
y abrió vías para que lo aprehendido en la Loma del Chivo se transfundiera al estilo que imprimió al formato charanguero que adoptó.

De modo que cuando Formell entró en la planta de la Revé como contrabajista, el director y timbalero estimuló los aportes que el joven músico ofrecía.

Con Formell, a nivel publicitario aunque sustentada a partir de un propositivo entorno musical, la Revé lanzó lo que llamó Changüí 68. Todo ello sin dejar de subrayar en el centro el papel de los timbales interpretados por Revé y la mirada puesta en la necesaria inserción de los hallazgos decantados del entramado del pop rock en el tronco  vivo de la música cubana.

Esto último motivó el siguiente paso de Formell: Los Van Van. Las etiquetas  cambiaron: del shake al songo, pero lo más importante fue la revolución de un concepto sonoro y su impacto en los cubanos desde aquella época hasta hoy. Un Formell agradecido confesó muchos años después: «Revé tenía su carácter, pero no sería justo si no reconociera cómo me dio la posibilidad de experimentar en su orquesta lo que después le dio sentido a Los Van Van».

La Revé, ya en vida del viejo Elio, dio otro salto en contenido y proyección. El Charangón  es una institución, baluarte fortalecido en las dos últimas décadas bajo la égida de Elito Revé. Los Van Van, lo sabemos, se convirtieron en una referencia legendaria que ahora, con Samuel Formell en las riendas, no ha dejado de crecer dentro y fuera del país.

De ahí que el encuentro de las dos orquestas este sábado 9 de diciembre de noche en la Ciudad Deportiva anticipe un suceso extraordinario en la vida musical cubana de nuestros días.
7 dic. 2017 0 comentarios

Papote Jiménez llegará a Lima de gira promocional



Se anuncia la gira promocional del sonero y percusionista newyorrican Héctor Papote Jiménez, uno de los talentos jóvenes del actual movimiento salsero.

Su curriculum musical incluye participaciones con Zon del Barrio, Lower East Side, Gilberto Pulpo Colon, Chino Núñez y Los Hacheros. Su primera visita a Perú se anuncia para el próximo mes de Marzo 2018
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Los nominados al Grammy 2017


En días pasados se hizo pública la lista de nominados a la 60 edición de los Premios Grammy, que reconocerá los trabajos musicales editados en el año 2017.

En las categorías de nuestro interés, los discos nominados son los siguientes:

Best Tropical Latin Album (For albums containing at least 51% playing time of new tropical Latin recordings.)

Albita - Albita

Art Of The Arrangement - Doug Beavers


Salsa Big Band - Rubén Blades Con Roberto Delgado & Orquesta


Gente Valiente - Silvestre Dangond


Indestructible - Diego El Cigala


Best Latin Jazz Album (For vocal or instrumental albums containing at least 51% playing time of newly recorded material. The intent of this category is to recognize recordings that represent the blending of jazz with Latin, Iberian-American, Brazilian, and Argentinian tango music.)


Hybrido From Rio To Wayne Shorter - Antonio Adolfo


Oddara - Jane Bunnett & Maqueque



Outra Coisa The Music Of Moacir Santos - Anat Cohen & Marcello Gonçalves


Típico - Miguel Zenón


Jazz Tango - Pablo Ziegler Trio


Adicional a estas nominaciones, Arturo O'Farrill participa en la categoría Best Instrumental Composition con su tema "Three Revolutions" que forma parte de su disco Familia, junto a Chuco Valdés
6 dic. 2017 0 comentarios

Pérez Prado y el Grammy



Antes que Eddie Palmieri o Tito Puente, el primer músico latino que inscribió su nombre entre los nominados a los Premios Grammy fue el cubano Dámaso Pérez Prado.

La idea de reconocer a los artistas más destacados de la industria musical de los Estados Unidos fue concebida por la Academia Nacional de las Artes y Ciencias de la Grabación (NARAS en inglés) y la primera premiación se realizó el 04 de Mayo de 1959 con el objetivo de premiar los logros musicales de 1958.

En esa primera edición "El Rey del Mambo" participó nada menos que en dos categorías con su grabación "Patricia", que fue el primer disco latino en competir en estos premios. 

Una de las nominaciones fue en la categoría Best Dance Band Performance (Mejor Grabación de Banda de Baile) donde compitió con Jonah Jones ("Baubles, Bangles and Beads"), Warren Covington & the Tommy Dorsey Orchestra ("Tea for Two Cha Cha"), Ray Anthony ("The Music from Peter Gunn") y Count Basie ("Basie") quien resultó el ganador.

La otra categoría en la que Pérez Prado participó fue Best Rhythm & Blues Performance (Mejor Grabación de Rhythm & Blues) junto a The Champs ("Tequila"), Harry Belafonte ("Belafonte Sings the Blues"), Nat King Cole ("Looking Back") y Earl Grant ("The End"). El Grammy fue para The Champs.


Ese mismo año, pero en el mes de Noviembre, se realizó la segunda edición de los Grammys. Nuevamente Pérez Prado estuvo nominado en la misma categoría, compitiendo con su grabación "Pops and Prado" frente a Duke Ellington ("Anatomy of a Murder"), quien resultó ganador. Los otros artistas nominados fueron Count Basie ("Breakfast Dance and Barbecue"), Glenn Miller ("For the Very First Time") y Larry Elgart ("New Sounds at the Roosevelt").

La cuarta y última nominación de Pérez Prado en los Grammys fue en la tercera edición, celebrada en 1961. El pianista matancero participó con su disco "Big Hits by Prado" de nuevo en la categoría Best Performance By A Band For Dancing (Mejor Grabación por una Banda de Baile) al lado de Count Basie ("Dance with Basie"), Les Brown ("Bandland"), Billy May ("Girls and Boys on Broadway") y Henry Mancini ("The Blues and the Beat"). Count Basie se llevó el premio.


Los tres discos que fueron nominados al Grammy fueron grabados en la RCA Víctor y tienen el sonido especial del órgano que marcó una etapa de Pérez Prado dirigida principalmente al mercado norteamericano. Es muy probable que ese aspecto haya influido para que estas grabaciones hayan sido consideradas entre los candidatos.

En estos días que celebramos el centenario de nacimiento del genial Pérez Prado, creemos oportuno recordar este apunte como uno de los hitos, tal vez curioso, dentro de su biografía musical.
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Se viene la celebración del centenario de Pérez Prado



Fuente: Juventud Rebelde, Cuba. Por: Hugo García

Matanzas.— El Coloquio Internacional por el Centenario de Dámaso Pérez Prado (1917–2017) tendrá su apertura este ocho de diciembre con la participación de eminentes figuras que disertarán sobre la obra de este gran músico cubano, denominado como El Rey del mambo.

Ulises Rodríguez Febles, presidente del comité organizador del coloquio, expresó que disertarán personalidades como el investigador Radamés Giro con una conferencia magistral titulada Pérez Prado, setenta años después; mientras que la inauguración contempla la exposición Recreación discográfica del artista Adrián Socorro, la actuación de Atenas Brass Ensemble, y la exposición de Estatuas homenaje a Pérez Prado, de la Compañía Renacimiento. 

El propio día ocho será el estreno mundial de la obra teatral Yo soy el Rey del Mambo, de Rodríguez Febles, en la Sala Teatro Papalote y a cargo del grupo mexicano Conjuro Teatro (Beca EFITEATRO México), con la actuación en vivo de Atenas Brass Ensemble y bajo la dirección de Dana Stella Aguilar.

Un momento especial significará la conferencia magistral del investigador y amigo personal de Dámaso Pérez Prado, el mexicano Iván Restrepo, quien presentará materiales sobre el músico en México y la realización de audiovisuales de Yaxkin Restrepo.

La delegación mexicana pondrá a disposición de los matanceros la apertura del ciclo de filmes con música o actuación de Pérez Prado, cortesía y presentación de Iván Restrepo, en el Cine Teatro Velasco, que iniciará con la proyección del filme Perdida (1950), del director Fernando A. Rivero.

Rodríguez Febles, escritor y director de la Casa de la Memoria Escénica, destacó la ponencia Pérez Prado y los reyes del mambo, del investigador Rafael Lam; la presentación del documental ¿Quién inventó el mambo?, de la realizadora cubana Gloria Torres, y del documental Pérez Prado y Matanzas, de la realizadora Ana Valdés Portillo. De TV Yumurí.

El día 10 serán develadas varias placas en la casa natal de Dámaso Pérez Prado, por parte de artistas y amigos mexicanos, de la Sociedad de Autores y Compositores de México y otra del pueblo cubano.

Igualmente se llevará a cabo el panel sobre el libro del investigador y realizador colombiano Sergio Santana Archbold titulado Pérez Prado ¡Que rico mambo!, de la editorial San Bassilon, Medellín, Colombia (2017). También la presentación del número 4 de Revista La Gaceta de Cuba, con dossier dedicado al centenario de Dámaso Pérez Prado, y el libro Mambo qué rico é, é, é, de Yanira Marimón y Ulises Rodríguez Febles (Ediciones Matanzas. 2017)

Además de la conferencia Pérez Prado en México, México en Pérez Prado, de Pável Granados, investigador de la Fonoteca Nacional de México, sesionará el panel Pérez Prado: personaje dramático, con la participación de actores y el equipo artístico de la compañía mexicana Conjuro Teatro.

«Mambo es una palabra cubana. Se usaba cuando la gente quería decir cómo estaba la situación: si el mambo estaba duro era que la cosa iba mal… Me gustó la palabra».  Aclaró Dámaso Pérez Prado en una entrevista con Erena Hernández, publicada en la Revista Revolución y Cultura, en 1979.

Ante la pregunta de si le gustaría visitar Cuba, contestó: «A mí sí. ¿Por qué no?». Y más adelante sostuvo que no sabía cuándo, pero que pensaba hacerlo. Sobre los cambios sociales en Cuba preciso que lo veía todo bien, «de acuerdo con lo que he sabido, porque no lo he visto».

Al conocer que en Cuba se admira el mambo, sostuvo emocionado. «!Qué bonito!  Pues me voy a valer de usted para enviarle un saludo a todo el pueblo de Cuba y a esa juventud nueva que está aprendiendo a bailar mi música. ¡Qué bonito para mí que hagan eso! Me da cierto placer… Es un halago para mi trabajo. Les mando un abrazo y un beso con mucho amor».

El Coloquio es organizado por la Dirección provincial de Cultura, la Casa de la Memoria Escénica, Centro provincial de Artes Escénicas; el coauspicio de la UNEAC, la AHS, Dirección municipal de Cultura, el Consejo provincial de Patrimonio y Monumentos y el Centro Provincial del Libro y la Literatura, además del apoyo de la Empresa de la Música Rafael Somavilla y de la Escuela provincial de Arte.
30 nov. 2017 0 comentarios

Andy Montañez quiere "botar el golpe" de Irma y María



Fuente: El Nuevo Día, Puerto Rico. Por: Patricia Vargas Casiano

Para el cantante Andy Montañez, todas las navidades han sido memorables. Sin embargo, este año tendrán un matiz diferente ya que aún el pueblo de Puerto Rico no se ha repuesto de los desastres provocados por huracanes Irma y María.

“Después de María el país es otra cosa, uno se siente desorientado, deprimido, no llegaba la luz, pero yo sé que se ha dicho mucho pero Puerto Rico va a seguir hacia adelante. Este país ha demostrado que es un pueblo que no se rinde. Como este huracán ninguno. Nos dimos cuenta que no estamos tan preparados como se suponía. De niño recuerdo tormentas pero no una cosa como esta que nos devastó. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. El huracán nos hizo postergar dos veces las fechas de la celebración de mis 55 años en la música y esta vez lo haremos el 23 de diciembre en la víspera de Navidad en el Coliseo de Puerto Rico. Lo que quiero es que mi gente esté conmigo ese día para celebrar y botar el golpe de Irma y María... Las mujeres siempre metidas en mi vida, primero fue Irma y luego María”, cerró el artista de 75 años, a quien nunca le falta el buen sentido del humor.

Esa noche, Andy estará acompañado, entre otros invitados, por Roberto Roena, Don Peringnon y Julio César Sanabria que lo acompañarán en algunas de sus canciones entre salsa, plena y boleros. “Vamos a hacer un fiestón acompañados con mi orquesta de 16 músicos”, añadió.

El salsero anhela que el concierto se pueda grabar, con el permiso de sus colegas, y donar los ingresos que se generen del mismo a los damnificados.

“Sería una experiencia maravillosa hacer algo con las ganancias, eso me gustaría”, aseveró.

El intérprete no solo ultima detalles del concierto, sino que trabaja en un disco que saldrá el próximo año con motivo de sus 55 años en la música, cuyo tema principal “Acompáñenme”, del compositor Ramón Rodríguez, se estrenará en el show.

Por último, para el salsero queda Andy para buen rato y que no se retirará “mientras tenga voz, y creo que tengo bastante, y salud voy a estar cantando”, confesó el eterno “niño de Trastalleres”.