17 feb. 2019

Los Van Van: Juanito ponía el tumbao en el bajo y Pupy en el piano



Fuente: El Espectador, Colombia. Por: Angela Martín Laiton

Los Van Van de Cuba cumplen cincuenta años de hacer bailar a América. Conversamos con César el “Pupy” Pedroso, uno de los fundadores de la orquesta, sobre su trayectoria musical y la importancia del colectivo.

Todas las semanas, el papá, el abuelo y los tíos del Pupy Pedroso salían vestidos con elegancia para un toque nuevo. Él, que era un niño, vivía en una casa llena de instrumentos y músicos. Era la Cuba de los años 50, en la que brillaban las orquestas de danzón y música popular de la isla. “En mi casa siempre se respiró ambiente musical: mi papá fue el pianista de uno de los mejores conjuntos soneros de la época; mi abuelo, flautista y director de la Orquesta Cuba; mis tíos, uno cantante y el otro percusionista de la orquesta más famosa de ese entonces: Arcaño y sus Maravillas”, afirma el músico.

A diario, el padre de César el Pupy Pedroso estudiaba en el piano. El niño, que apenas tendría siete años, esperaba paciente la jornada de ensayo para meterse dentro del instrumento. Justo cuando el padre se iba, abría la tapa del piano e intentaba sacar alguna melodía. La suerte estaba echada: “Todos los hijos quieren ser como su papá; yo no era la excepción. La música es mi vida desde que era un niño”.

A sus 12 años ingresó en el Conservatorio Amadeo Roldán, en donde se hizo compositor, arreglista, pianista y director. “Allí tuve muy buenos maestros, como Aída Teseiro, Georgina Ramos y Luis Pastoret. Estudié también con Jesús López, un pianista muy adelantado a su época; con Chucho Valdés, con Bola de Nieve y Ramiro Reyes, y lo que me enseñaron, aparte de los conocimientos musicales, fue la humildad, la constancia, y la perseverancia. En el estudio me indicaban practicar lentamente, por mucha velocidad en las escalas que pudiera desplegar; el estudio debía ser lento.”

El Pupy debutó con una orquesta pequeña de un municipio de La Habana. Su papá, César (el Nené Pedroso), iba junto a sus compañeros de la Orquesta Sensación a ver la actuación de su hijo. Cuando el show terminó todos los jóvenes de la naciente orquesta rodearon a los músicos veteranos que habían ido a verlos. Cuando preguntaron ansiosos qué opinión tenía el Nené Pedroso de la presentación, el papá del Pupy respondió: “La orquesta está buena, el que no sirve es el pianista”. “Todos nos echamos a reír, era en broma, porque él me alentaba para que continuara estudiando”.

En el inicio de su carrera hizo parte del conjunto Cuba Nueva, dirigido por Fernando Álvarez. También sustituyó a su papá en la famosa orquesta del momento: Sensación. Después se convirtió en el director musical de la Orquesta Revé. Durante esta experiencia conoció a Juan Formell, quien llegaba para reemplazar al bajista de la orquesta. El músico venía con ideas armónicas, literales y melódicas distintas, trabajaron conjuntamente en Revé durante un año y luego ambos, el 4 de diciembre de 1969, deciden fundar Los Van Van.

“El nombre de Van Van surge cuando, estando nosotros reunidos, comenzamos a sugerir un nombre para la orquesta y uno de los integrantes dice: “Los De Ud”. Él provenía de un trío y ese tipo de nombre se le ponía habitualmente a los tríos. “Entonces Formell sugiere un nombre que expresara fortaleza y dijo, imitando el sonido: ‘Que suene bang, bang’. Ahí yo le digo: ‘Qué te parece la orquesta Bang Bang’ y él me responde: “No, es mejor la orquesta Van Van, de ir hacia adelante, y entonces me dice: ‘Los Van Van’”.

En los primeros sonidos del grupo se incluyeron dos flautas y dos violines, como en la charanga tradicional cubana, con el Pupy al piano, Formell al bajo, tres vocalistas y tres trombones. Formell era un músico extraordinario que buscaba experimentar con distintos sonidos. Eso abocó a la orquesta, por los años 70, a abordar el son con elementos tomados del jazz y el rock. Los Van Van iniciaron también en esta década sus incursiones con públicos internacionales. Este año cumplen cincuenta de trayectoria musical. Su instrumentación ecléctica, la percusión de varias capas y las letras de sus canciones los convirtieron en indispensables para la música caribeña.



Pedroso estuvo tres décadas junto a la orquesta, frente a este tiempo de trabajo nos cuenta: “Lo mejor que me dejó este tiempo en Los Van Van fue la relación entre los compañeros (éramos una familia), el aprendizaje de cómo llevar la disciplina en la dirección de una orquesta y, sobre todo, la enseñanza y la virtud de haber trabajado al lado de uno de los músicos más grandes que ha dado Cuba. Haber conformado con él uno de los binomios más reconocidos de nuestra música, tanto en las composiciones como a la hora de hacer un tumba’o hicimos una innovación del llamado tumba’o cubano”. Formell falleció el 1° de mayo de 2014.

La gente dice: “Juanito ponía el tumba’o en el bajo y Pupy lo hacía en el piano”. Los dos músicos fueron casi hermanos, juntos llegaron a la cima de la música cubana. Reto gigantesco para cualquier isleño, pues, según el Pupy, allá nacen buenos músicos cada cinco minutos. Cuando Formell faltaba era el Pupy quien dirigía la orquesta; el pianista recuerda haberlo hecho en una ocasión en Colombia, durante la Feria de Cali. “En todos los sentidos nuestra relación fue formidable; tan es así que un año antes de su desaparición física me dice: “Te propuse para el Premio Nacional de la Música porque tú te lo mereces”, y así fue, fui seleccionado para dicho premio en 2013, cuando ya no formaba parte de Los Van Van”.

Cuando el Pupy decidió irse de la orquesta para fundar Pupy y Los que Son, Son, la amistad con Formell se congeló. Tuvieron que reencontrarse durante uno de los conciertos de Bailen Cuba, en donde Los Van Van y la orquesta del Pupy alternaron. Pupy y Los que Son, Son abrían el evento, Los Van Van lo cerraban. La orquesta del Pupy estaba en tarima, yendo por el cuarto tema, cuando Juan Formell subió a la plataforma para abrazar a su viejo amigo. “Eso fue emocionante, porque me demostró lo que me estimaba y que no me guardaba rencor; al contrario, me felicitó por la agrupación y me dio unos consejos beneficiosos. A partir de ahí cerramos fila, como decimos nosotros, y ese es uno de los momentos inolvidables de nuestra relación fraternal”.

El Pupy siente estos cincuenta años de trayectoria de Los Van Van como propios. Todo lo que quiso ser como músico lo hizo a dupla con Formell. Sigue tocando el piano, experimentando en la música, cumpliendo la misión que inició allá en los años 70: hacer bailar a lo cubano.

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