17 jul. 2018

Rubén Blades en Historia de la Salsa (Especial 70 años)



Rubén Blades. Fuente: Historia de la Salsa. Por: Hiram Guadalupe

Rubén Blades: salsero de ideas y poesía

En la historia de la salsa, la figura de Rubén Blades se esgrime como la de un cantautor del mundo urbano cuyas melodías narran cuentos prodigiosos que dibujan las esquinas de las calles de cualquier barriada latina o caribeña, ya sea en Panamá, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela o Nueva York.

Su agudeza narrativa detonó la salsa al convertirse en relator de la memoria de su barrio y su gente, capaz de plasmar en cada nota de su pentagrama el detalle de los pasos, las andanzas y los olores del ciudadano común que lucha por sobrevivir enfrentándose a los dilemas cotidianos con la entereza que le ofrece la esperanza y la idealización de un futuro mejor.

Rubén Blades es, simplemente, un bardo que ha puesto sus versos a la disposición del ritmo salsero para convertirlo en voz y sentimiento de un pueblo. Por eso se ha ganado el apelativo de "poeta de la salsa", título que le honró como representante de una forma narrativa especial que, en el ejercicio de su oficio, dignifica las historias de la marginalidad.

La muestra se halla en sus cuentos de "Pedro Navaja", "Pablo Pueblo", "Cipriano Armenteros", "Juan Pachanga", "Sicarios", "Adán García", "Camaleón" y "Ojos de perro azul", entre otras canciones que siguen la pista al trabajo que inició el laureado compositor puertorriqueño Tite Curet Alonso, a quien siempre consideró su maestro.

De la misma manera, sus creaciones musicales se vierten en enfoques analíticos que permiten entender la problemática política de Centro y Sudamérica, superando las trampas ideológicas que se imponen desde los circuitos de poder.

Ése es el caso de "Tiburón", "Buscando América", "El Padre Antonio y el Monaguillo Andrés", "Desapariciones", "Muévete", "Prohibido olvidar", "Conmemorando", "El apagón" y "Parao", entre otras melodías de su extenso catálogo que refrendan los caminos literarios, poéticos y musicales que ha explorado el cantautor panameño para explicar la profundidad de la crisis de nuestro continente.

Pero ante todo, su producción se inscribe en una mirada que, lejos de plasmar las historias y vivencias que superan la idealización del mundo latino que sugieren los portavoces del pensamiento único, orienta la canción salsera a la comprensión del carácter contradictorio de las relaciones sociales bajo los sistemas coloniales y neocoloniales de América.

En síntesis, el poeta salsero sugiere en su obra la nueva configuración de un bosquejo a través del que delimitamos el sentido y la orientación de nuestra realidad latina y caribeña, con nuevos paradigmas.


El abogado salsero

Rubén Blades Bellido, quien nació el 16 de julio de 1948, en el barrio de San Felipe de la capital de Panamá, ha transitado su vida entre el oficio de la música, la política y la actuación, aunque no todos con el mismo éxito.

De niño vivió atraído por la música, en un principio absorto por el brillo de los ídolos rockeros que dominaban el mercado norteamericano.

En cambio, su mayor influencia artística la obtuvo en su casa, a la sombra de sus padres Anoland y Rubén, quienes habían curtido su pasado como bongosero y cantante y pianista, respectivamente.

Fue precisamente su madre quien le compró su primera guitarra de plástico, la que lucía en su cuerpo la imagen de Elvis Presley y con la que inició su afición por la interpretación y la composición.

Con tan sólo seis años de edad, el pequeño Rubén comenzó a definir su futuro artístico tras ganar un concurso de escritura de cuentos en su escuela. Desde entonces su padres percibieron el talento de su vástago, aunque su madre mostró reticencia por la opción de una carrera musical y optaba por que éste se concentrara en estudiar la carrera de derecho.

Sus años de adolescencia y juventud estuvieron ligados a la experiencia artística, sin nunca abandonar su formación académica. Esa afición lo llevó a recorrer todo el perímetro de bares y centros nocturnos de Ciudad Panamá probando suerte y talento, hasta que en 1966 se unió a la agrupación El Conjunto Latino, dirigido por Papi Arozamena.

Un año después se integró al grupo Los Salvajes del Ritmo, donde permaneció dos años y con el que logró su primera producción discográfica que incluyó los temas "A las seis", "Aquella boca", "Guaguancó del solar" y "Lo que se fue", entre otros.

Esa experiencia musical se interrumpió por la presión que ejercieron sus profesores en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Panamá, para quienes se hacía incompatible el sostenimiento del oficio de cantante con sus estudios universitarios.

Empero, en 1969 viajó a la ciudad de Nueva York para contactarse con el productor Pancho Cristal, manejador del cantante puertorriqueño Cheo Feliciano, quien tras escuchar su trabajo en Panamá le propuso grabar un álbum junto a la orquesta de Pete Rodríguez.


El disco, titulado "De Panamá a Nueva York", se publicó en 1970 y aunque no logró revuelo en el ambiente musical neoyorquino de la época consignó el asomo de un joven valeroso y con talento que pronto trazó una de las carreras más ricas en la historia de la canción caribeña.

"Nacido en Panamá, de temperamento nervioso y aventurero, me presentan a este muchacho el cual me deja oír en su guitarra canciones de su propia cosecha y con acordes ultramodernos que me dejaron complacido", manifestó el veterano músico Pete Rodríguez en la introducción del álbum.

Rubén Blades regresó a su país y concluyó su carrera universitaria en 1973. Afirmando que "no voy a ser abogado de una dictadura", optó por viajar a la ciudad de Miami, donde poco antes había emigrado su familia forzada por las condiciones políticas de Panamá y las conspiraciones turbias que tramaba la entonces dictadura del general Manuel Noriega.

Sus versos tronaron el mercado salsero

EN 1974 el poeta salsero arribó a la ciudad de Nueva York portando un título de abogado de la Universidad Nacional de Panamá y acarreando una maleta de sueños revestidos de versos y melodías.

Quería, ante todo, continuar su carrera musical y sabía que el espacio para su realización artística estaba en la urbe neoyorquina, donde la comunidad caribeña se impuso con su nueva propuesta sonora salsera.

"Llegué (a Nueva York) con mi título de abogado y me empeñé en entrar en la Fania, la compañía que era entonces el centro de la música latina. Me metieron en el departamento de envíos a manejar la correspondencia, que era lo que había disponible. No tenía papeles ni cama para dormir. Cobraba $125 a la semana y se quedaban en nada después de enviar plata a mis padres", confesó el cantautor en una entrevista realizada en 2001 por el diario español El País.

Trabajó dignamente día y noche por más de un año empujando un coche lleno de cartas y pegando sellos, mas el espacio por conquistar estaba lejos de los sudores que provocaban esas faenas.

Entretanto, el músico fue trazando las imágenes de la identidad latina de Nueva York viendo cómo chocaban con la experiencia de los países tercermundistas. De ahí surgió el plano sobre el que luego se esbozó su catálogo de melodías.

Cuando nadie lo reconocía como cantante en la urbe neoyorquina, el veterano músico y director Johnny Pacheco lo convidó a interpretar el tema "Bilongo", en medio de una presentación de su orquesta en el club El Corso.

"Yo estaba tocando y me dijeron que el muchachito panameño que trabajaba en Fania cantaba y lo invité a la tarima", narró el también co-productor de Fania, en un documental biográfico sobre el músico panameño que hace dos años realizó Discovery Networks.

La experiencia de cartero de la Fania quedó atrás cuando en 1975 el experimentado percusionista Ray Barretto incluyó a Rubén Blades en su plantilla de músicos como vocalista de la orquesta. "Le canté un par de boleros y me unió a su banda", ha contado el vocalista.

Fue la oportunidad dorada para el cantante panameño de 27 años de edad en medio del auge de la salsa dentro y fuera de Nueva York. Sin embargo, tras la grabación del disco "Barretto" (1975), que incluyó, entre otros temas, "Guararé", "Vale más un guaguancó" y "Canto abacuá", Rubén Blades abandonó el grupo para iniciar el capítulo más floreciente en esa etapa de su vida.

Combinación de ensueño

Corría el año 1976 cuando Rubén Blades, habiendo resuelto su estatus de residente en Estados Unidos, aceptó la oferta de Jerry Masucci para integrarse a la orquesta del músico puertorriqueño Willie Colón, produciendo el cambio más dramático que había experimentado la salsa hasta entonces.

"Yo venía con mis canciones que tenían que ver con la realidad de los barrios latinoamericanos y Willie, que viene del sur del Bronx, las asume. Encontramos que las relaciones (en Nueva York) son intensas y semejantes a las del tercer mundo y me dio la oportunidad de enfocar mi trabajo en esa dirección", ha expresado Rubén Blades.


La primera criatura del junte fue el álbum "Metiendo mano" (1977), que pronto despuntó por las melodías "Pablo Pueblo" y "Plantación". El impacto en el mercado fue enorme, superando las expectativas de los productores de Fania, mas el gran golpe comercial lo obtuvieron con "Siembra", en 1978.

Esta producción catapultó el mercado salsero al convertirse en el álbum de salsa de mayor venta registrado hasta la fecha –el trabajo vendió más de un millón de copias, ganó Disco de Oro y Platino y se colocó primero en las listas de favoritos de los países hispanohablantes y en Estados Unidos–.

En cambio, el mayor logro de esta producción fue trastocar los patrones melódicos dominantes imponiendo un estilo de canción distinta, con temas largos repletos de narraciones con alto contenido sociopolítico, como se aprecia en "Plástico" y "Pedro Navaja".

La secuela de éxitos de la pareja continuó con "Canciones del solar de los aburridos" (1981) y "The Last Fight" (1982), álbumes que triunfaron con las melodías "Tiburón", "Te están buscando", "Madame Kalalú", "El telefonito", "Ligia Elena", "Yo puedo vivir del amor" y "What happened".

Reinventó su fórmula musical

EN MEDIO del éxito que arropó el trabajo creativo del binomio Rubén Blades y Willie Colón, el cantante panameño realizó su primer disco en solitario, "Maestra vida" (1980).

Esta obra musical, presentada por Fania como "un disco drama", "describe experiencias y etapas en la existencia de tres personajes- en la primera parte se presenta la euforia de la juventud y, en la segunda, la llegada de la vejez con su equipaje dramático".

"Maestra vida", en sus dos volúmenes, contó con la colaboración de Willie Colón, más se presentó como una producción independiente de los trabajos anteriores, asumiendo el cantautor panameño el control total sobre el concepto, las letras y la música. Ambos trabajos han trascendido el tiempo y ya son parte del catálogo de discos más relevantes en la música caribeña del siglo xx.

Decidido a profundizar en sus ideas musicales, en 1982 Rubén Blades se separó de Willie Colón para hacer carrera al frente de un sexteto, para lo que creó un nuevo concepto que, en un principio, denominó "experimental" y que se consolidó como una fórmula de éxito.

El proyecto se nombró Seis del Solar, un conjunto que se distanció de la concepción armónica de Willie Colón y el patrón tradicional de la salsa, sustituyendo los trombones por el vibráfono y el sintetizador e introduciendo varios elementos rítmicos del rock, como la guitarra eléctrica y el fender rhodes.

"Por una cuestión de respeto no usé trombones, me pareció que no era ético usar el sonido de Willie (Colón) para un nuevo grupo", confesó el intérprete, quien inició su proyecto amparado en un contrato con la discográfica multinacional Electra.

Parte de este concepto innovador estuvo inscrito en revivir la memoria de El Sexteto de Joe Cuba, un grupo que caló profundamente en la formación musical del artista, en especial por la forma interpretativa, la tesitura y las modulaciones que impartía el cantante boricua Cheo Feliciano.

La experiencia con Seis del Solar arrancó con el álbum "Buscando América" (1984), un trabajo "políticamente correcto" a través del que el cantautor exploró las claves de la historia contemporánea de América Latina, en particular los sucesos que marcaron los regímenes dictatoriales, en un intento por explicar el tiempo presente partiendo del supuesto de que el conocimiento es la condición primaria para cambiar la realidad.

"'Buscando América' fue escrito a través de las experiencias de la guerra fría, que en América Latina era una guerra caliente por las circunstancias de El Salvador, Guatemala, Chile, Argentina, Uruguay", reveló elartista.

Seis del Solar se cristaliza por su éxito comercial y su fórmula se repitió con el álbum "Escenas" (1985), con el que logró su primer premio "Grammy". Tras una pausa en su carrera musical –provocada por sus estudios en la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard– el autor reaparece con el disco "Agua de luna" (1987), basado en cuentos de Gabriel García Márquez, seguido de "Antecedentes" (1988), en el que se presenta una evolución de su concepto musical, incluyendo una sección de vientos, bautizado ahora como Son del Solar.

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