4 ene. 2015

La peruana campeona de Salsa


Natalia Villanueva, peruana, chalaca para mayores señas, y bailarina profesional, se coronó hace dos semanas, en Miami, como Campeona Mundial de Salsa. Dice que su mayor logro fue demostrar que “en el Perú también hay candela”.

Fuente: La República, Perú. Texto: Ana Núñez. Fotografía: Luis Centurión.

Ella tiene tumbao. Saoco. Llámelo como quiera. En la pista de baile, Natalia Villanueva es pura gozadera. Entre los 3 y los 17 años se dedicó con entrega al ballet clásico: a buscar la perfección en su demi-plié, la elegancia en su Cou de Pied, a alcanzar la precisión máxima en su fouettè. Pero un día decidió soltarse el moño y colgar el tutú. Lo suyo no era el ballet, que siempre le había parecido frío y aburrido. Era la salsa lo que realmente encendía su fuego.

Hoy, siete años después, ese fuego es incontenible. Hace dos semanas obtuvo en Miami (Estados Unidos) el título de campeona mundial de salsa, en la categoría solista-damas. "De Perú, number 642, Nataliaaa Villanueva", anunció en spanglish el presentador.

La peruana respiró hondo, sacudió la rubia cabellera, y plantó su curvilíneo metro cincuenta en el escenario. Era la final.

Noventa explosivos y sabrosos segundos de contoneo al ritmo del Ecue Baroní de la Sonora Ponceña bastaron para que los jurados se rindieran ante ella. Su cabello volaba mágica y seductoramente, sus caderas hacían quiebres inesperados, sus pies se movían con desenfreno. Natalia se coronó como la nueva reina de ese género musical creado a mediados del siglo pasado con influencia de ritmos cubanos, caribeños, latinoamericanos, y jazz.

La joven comprendió ese día que aquellos dichos gastados y reiterados, muchas veces son ciertos. Y que todas las cosas pasan por algo. Catorce años de insufribles clases de ballet, que a veces terminaban en lágrimas, hoy cobraban sentido.
 "Si no hubiera tenido la técnica del ballet, no hubiera ganado el campeonato. De eso estoy segura. Eso permite que mi baile sea una salsa estilizada", dice. 

En realidad, aunque ahora le queda claro que el ballet no era lo suyo, Natalia hizo una gran carrera en esa danza. Estudió hasta los once años en el Museo de Arte y luego, durante tres años consecutivos tuvo el papel principal de la obra Cascanueces, como parte del Ballet Municipal de Lima.

Sa, sa, sa, salsa
Su amor por la salsa comenzó muy temprano. "Chalaco que no baile salsa, está muerto", bromea. El Primer Puerto la veía crecer y Natalia le sacaba la vuelta al ballet en toda fiesta familiar o actuación escolar que había. Su primera pareja fue Diego, su hermano mayor. Ella dice que, de alguna manera, también fue su primer maestro de salsa.

Pero a los 17 años, cuando probaba suerte en concursos de talentos como Desafío y Fama, fue descubierta por un maestro profesional. Deklan Guzmán, uno de los coreógrafos más reconocidos de nuestro medio –fue parte de El Gran Show, Amigos y Rivales, y otros programas de ese corte– la reclutó y le pidió que sea su pareja de baile.

Con Deklan, Natalia hizo decenas de giras por todo el país. Luego de una primera participación en el concurso mundial de salsa, en el que se ubicaron en el tercer lugar de la categoría parejas, un productor los contrató para que hicieran una gira por Italia e Israel.
Natalia aclara, sin embargo, que el estilo de la salsa que  baila lo creó ella misma. Por eso, dice, no es que ande mirando los videos de otros bailarines para copiar sus pasos. Ella quiere tener un estilo personalísimo.

"Deklan me metió a lo que es la salsa de salón. Que me enseñó a bailar, no. Fue mi único maestro, sí. Él me enseñó el típico conteo: te enseñan a escribir, pero ya tú decides lo que escribes", cuenta.
Desde entonces, Natalia dedica todos sus días a la salsa. Sí, todos. Su agenda diaria gira en torno a sus prácticas y las clases de salsa que dicta en la academia de Deklan Guzmán. 

Hasta sus momentos de ocio tienen que ver con la salsa. Todas las noches, en diferentes salsódromos de la ciudad, se juntan los bailadores profesionales de salsa como ella a hacer lo suyo a modo de exhibición. Como para pasar el rato. A estas reuniones los salseros las conocen como "los socials".

Cuenta Natalia que es en esas reuniones donde realmente disfruta bailar salsa. Ella se olvida del 1, 2, 3, 4 que todo bailarín profesional debe seguir para no estar fuera de ritmo y simplemente siente la música.

"En los momentos de relajo  nos vamos a La Casa de la Salsa, que es el point de los salseros bailadores. Un viernes tú encuentras  a gente que baila tan igual que yo. Y así, hay muchos lugares. Entonces, toda la semana te haces un tour salsero", dice.
Según Natalia, dentro de ese pequeño mundo de la salsa existe cierta rivalidad entre los bailadores de salsa y los bailarines de salsa.

"Por ejemplo, a los bailadores del Callao no les gusta nuestra manera de bailar. Dicen que eso de contar, eso de hacer cositas con la mano... no. Qué uno tiene que sentir. Yo estoy muy de acuerdo con los del Callao, mil veces prefiero bailar así, cualquier cosita, antes que hacer el conteo. Eso lo dejo para el escenario", comenta.

Agrega la campeona que en los socials ella prefiere hacer un mix entre ambas formas de bailar; entre la profesional y lo que sale del forro. Por eso, agrega, porque no le importa romper los esquemas, se ha ganado el apelativo de "la piraña salsera".

"Mientras todos están pensando "que hago el paso, que hago el este, yo solita me jaraneo. Ay, no... a mí suéltame, que yo me divierto. Yo soy medio ‘barrio’, pues". dice.

Medio año antes de que Natalia Villanueva se coronara campeona mundial de salsa, se fracturó un pie. Eran los primeros meses del 2014 y, de la manera más tonta, haciendo un giro durante los ensayos, se rompió el quinto metatarsiano.

Ese día, Natalia pensó que no volvería a bailar. Al menos no profesionalmente. El mundo se le cayó a pedacitos. Pero siete meses después, como en agosto, la muchachita estaba nuevamente en la pista de baile. Junto a Deklan, decidió que volverían a presentarse en el campeonato, en la modalidad parejas. Obtuvieron un honroso tercer puesto.

Ella asumió el reto individual también, pero por la reciente lesión, lo tomó casi como una práctica. Como un fogueo.

Lo que hizo en Miami Natalia, sin embargo, le permitió alzarse con el trofeo e imponerse ante 30 expertas bailarinas de diferentes países, incluidas las favoritas de eventos como este, llegadas de Colombia, Cuba y Puerto Rico. Pero ella probó que las mujeres peruanas también tienen fuego. Ese dice es su mayor logro. Haber demostrado que por acá también hay candela.

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