27 jun. 2013

Héctor Lavoe cantaba bolero



Fuente: El Comercio, Por: AGUSTÍN PÉREZ ALDAVE
Estas líneas van dedicadas a Hugo Abele Maldonado.

“Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia”
(El mito de Sísifo: Albert Camus)

Héctor está bailando con su sombra en el escenario de La Feria del Hogar. Hay en ese baile el mismo alarde de los guapos de barrio ante la rocola, sea guaracha, sea bolero. Baile que nace de una lírica arisca, bochinchera. Lírica con rasgo autobiográfico. Es que Héctor cantaba bolero, su propio bolero.

El discurso más socorrido sobre “El Cantante” es aquel que idealiza su vida signada por la tragedia, por la mala racha, como el referido a la algarabía sonera y pendenciera en su obra. Pero en verdad, todo esto ha transitado de la mano con el bolero. Difícil es hablar de su trayectoria y prescindir de la faceta romántica. Ambas están entrelazadas. En ciertos boleros usa incluso recursos del soneo y en otros números de ritmo ligero exhibe, a veces, una lírica cercana al bolero: “Tu amor es un periódico de ayer…”.

Sus boleros no hablan de la felicidad y tienen como una de sus constantes el recurso de la lágrima, las heridas de su penar. Malquerencias. En la galería de temas que aborda están lo fugaz, transitorio y efímero (¿Por qué te conocí?, Sombras nada más), los celos (Tú bien lo sabes), lo dramático (Pobre del pobre), apelación al poder divino para sus dilemas sentimentales (Plazos traicioneros, Castigo y, en especial, De ti depende), irreflexión en sus convicciones machistas (No cambiaré, Don Fulano de tal) y despecho y revanchismo (Un amor de la calle). Destaca también aquello que Ángel Quintero Rivera en su libro Salsa, sabor y control: Sociología de la música “tropical”, resalta en Rafael Hernández: cantarle a lo social desde la intimidad. Ahí están El retrato de mamá, Pobre del pobre, Seguiré mi viaje y Consejo de oro.

En especial en su etapa solista hay predilección por temas que abarcan desde la melancolía y su mala fortuna hasta la fatalidad e interrogantes sobre su existencia (Soy vagabundo, y en sus propios temas La fama, Loco, Paraíso de dulzura) ¿Y el verso de El Cantante que dice: “Y nadie pregunta si sufro si lloro/ Si tengo una pena que hiere muy hondo“…

A veces las letras le van cantando su vida, como un oráculo. Escuchen Comedia: “Supe de la vida lo que nunca quise oír, mucho has de llorar poco has de reír”. Como el destino impuesto en las tragedias griegas. Ese destino que, con sus plazos traicioneros, siempre estaba de su lado. Como Sísifo, que fue condenado por los dioses a llevar hasta la cima de la montaña una enorme roca que siempre volvía a caer.

EN EL ALMA TENGO UN SUFRIMIENTO
La generación de la salsa clásica estuvo muy ligada al bolero. No sólo hizo una recreación del repertorio conocido sino que, además, contribuyó a la expansión del género con nuevos temas.
Agite y arrullo iban de la mano. Hasta que este circuito fue interrumpido con la llegada del estilo llamado, paradójicamente, “salsa romántica”. Sin embargo, algunos salseros, como Lavoe, siguieron grabando boleros.

Del bolero arrabalero en su etapa con Willie Colón (Soñando despierto, Seguiré sin ti y, en especial Ausencia) pasa a otro más elaborado, pero sin perder su sello de calle.

Esta vena queda reafirmada en los títulos de boleros que da a dos de sus principales discos: De ti depende y Comedia. Como en el hecho de grabar, en pleno furor de su retomada carrera, un disco entero de boleros: Recordando a Felipe Pirela, el cantor venezolano que tuvo trágico final. Es el Héctor Lavoe que canta en Sombras nada más: “Pude ser feliz y estoy en vida viviendo el pasaje más horrendo de este drama sin final…sombras nada más”. Es el Lavoe que una tarde limeña bajó al bar del hotel donde se alojaba a cantar boleros acompañado en el piano por el Profesor Joe Torres, simplemente porque le dio la gana.

“SOY UNA SIMPLE COMPARSA”
El Cantante une al continente, desde el Bronx hasta Perú a ritmo de bolero. “Música de la emigración”, ha dicho de Lavoe el profesor Angel Quintero Rivera. Le canta a Venezuela en boleros de Felipe Pirela. A Cuba a través de Plazos traicioneros de Luis Marquetti. A México vía boleros de José Alfredo Jiménez y Alvaro Carrillo. A Argentina con “Sombras nada más” de Contursi y Lomuto. A Perú con “Emborráchame de amor” de Mario Cavagnaro. A su Puerto Rico con “De ti depende”. Con esa virtud de los grandes boleristas e intérpretes de rehacer o reinventar.
Precisamente, un bolero que Lavoe hizo suyo fue “Emborráchame de amor” (incluido en su primer disco solista) de Mario Cavagnaro. En este tema supo retratar su extravío, como vagando entre las sombras.

_“No me preguntes qué me pasa
tal vez yo mismo no lo sé
préstame unas horas de tu vida
si esta noche está perdida
encontrémonos los dos._

(…)

_No sé, quién eres tú y no interesa
solo sé que mi tristeza necesita tu calor
y al esconder mi cara en tu cabello
pensaré que sólo es bello
este instante del amor”._

A propósito, César Miguel Rondón anota en su “Crónica de la música del Caribe urbano: El libro de la salsa”: “Si el Caribe conoce constantes en su música, el bar como aliciente a los amores perversos y/o perdidos, es una de las más fuertes y determinantes. Y para cantar esta circunstancia acude “Emborráchame de amor”, un bolero sin concesiones, directo, desgarrado, agresivo e hiriente”.

El bolero no sólo le sirvió para canalizar sentimientos amorosos casi siempre de desencuentros sino sentimientos maternales, como los telenovelescos “El retrato de mamá” y “Consejo de oro”. También fue vehículo de sus sentimientos autodestructivos. Ahí está Taxi: “.... lléveme al número trece de la esquina agonía que allí moriré”. Y para filtrar su visceralidad toda en esa obra maestra del desparpajo que es Pasé la noche fumando: _“Ya me pasé fumando la noche entera sin disipar tu imagen dentro de mí, he bebido de vino un mar de botellas y sólo he conseguido pensar en ti”.

Áspero canto. Es que Héctor cantaba bolero, su propio bolero. ¡Hey Taxi!

EMBORRACHAME DE AMOR: UN BOLERO PERUANO
No son pocas las composiciones de don Mario Cavagnaro Llerena grabadas por renombrados artistas internacionales. Una de ellas fue el visceral bolero que Héctor Lavoe incluyó en su primer disco como solista.

Es sabido que el ilustre compositor arequipeño no empezó en el criollismo sino en la música tropical, escribiendo boleros como Osito de felpa. Tocaba saxofón e hizo historia con su Sonora Sensación. Los valses vinieron después.

Entre los célebres artistas internacionales que han interpretado y/o grabado sus canciones, podemos citar a Libertad Lamarque, Armando Manzanero, Rolando La Serie, Julio Jaramillo, Celio González, Fetiche, José Mangual Jr. y el grupo rockero venezolano Desorden Público.

Su bolero “Emborráchame de amor” fue grabado, primero, por el gran cantante nacional César González en los años 60s y, en el 1974, Héctor Lavoe lo incluyó en su primer disco solista, titulado La voz.

Nunca supo don Mario cómo llegó su canción a oídos de “El Cantante de los Cantantes”, pero me confesó que dicho bolero: “Trata del marinero que baja de un barco en la madrugada, entra en una casa de placer y le pide a su compañía ocasional que lo emborrache de amor. Y entonces comienza la canción”: “No me preguntes qué me pasa, tal vez yo mismo no lo sé. Préstame unas horas de tu vida, si esta noche está perdida encontrémonos los dos”.

A LA MEDIDA DE LAVOE
Con el paso de los años ha adquirido casi carácter de “bolero de culto” y lo interpretan personajes como El Cano Estremera en Puerto Rico, Pacho Hurtado en nuestro país, y se deja escuchar en toda reunión de melómanos exigentes.

Cavagnaro se enteró de la grabación de Lavoe muchos años después. Por eso, cuando ya corrían los años 80s, aprovechó un paseo por la ciudad de Nueva York para acudir, a insistencia de Melcochita, a la disquera Fania a reclamar sus derechos: “Tenía una muy significativa suma de dólares que se había acumulado por la venta del disco”, dijo don Mario.

Solía recordar también que “aquí no caminó este tema. Por eso digo que las canciones que tienen un cierto valor no mueren”. Y agregaba: “Es un bolero hecho, efectivamente, a la medida de un gran cantante como Héctor Lavoe. Eso me agrada más a que pongan La historia de mi vida en tango”.

Estando en “La ciudad que nunca duerme”, Cavagnaro llegó a comunicarse telefónicamente con Lavoe, pero no pudo sostener un diálogo como corresponde. Es que, paradójicamente, El Cantante no era precisamente el alma de la fiesta: Era un ser huraño.

Emborráchame de amor supo retratar el extravío del cantante salsero, como vagando entre las sombras: “No sé, quién eres tú y no interesa/ sólo sé que mi tristeza necesita tu calor / y al esconder mi cara en tu cabello/ pensaré que sólo es bello este instante del amor”.

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