28 nov. 2012 1 comentarios

Mi(s) foto(s) con Rubén



Mediodía del Sábado. Camino al Sheraton a recoger el carro que habíamos dejado la víspera para ir al Nacional a ver el show de Fania con la Spanish Harlem. Faltando tres cuadras para llegar me llama Norma al teléfono y me dice: “apúrate que Rubén Blades ha salido a firmar autógrafos a la gente”.

¿Blades en la puerta del hotel firmando discos? El taxi apura un poco y al llegar a la puerta comprobamos que era cierto. Ahí estaba, Rubén Blades y la gente haciendo cola para el autógrafo respectivo. Pienso: “no tengo en mis manos ni disco ni una hoja para que me firme”, pero igual me acerco al grupo.


El miércoles en la Conferencia de Prensa ya había estado cerca al panameño. Yo había sido quien le hiciera la pregunta que ocasionó que se explayara varios minutos antes de finalizar aquella reunión. Y ahora lo tenía nuevamente al frente, rodeado de gente y de los 911.

Llegado el momento, quedo frente a él y le digo; “Hola Rubén solo quiero una foto”. La seguridad me dice que no está tomándose fotos, solo firmando autógrafos, pero me dirijo nuevamente a él y le digo: “Rubén, si no me recuerdas, yo fui quien te hizo la pregunta en la Conferencia de Prensa”.


Es ahí que él me mira y me dice: “Hey!, disculpa que ese día no terminé de responderte, ‘me fui por otro lado’”. Para seguir la pequeña charla le recordé las “dos preguntas en una” que le había hecho ese día y me dice: “está bien, un instante que ahorita mismo vamos con la foto”. Termina de firmar y me dice, “Ok, ¿donde está la cámara?”.

En realidad fueron dos las cámaras que registraron ese momento, que no me esperaba cuando salimos para el hotel, pero que se dio.

Algo ha cambiado en Rubén. Tiempo atrás era inaccesible para el público, decían que casi no salía de su habitación pero ahora tiene esos detalles que caen bien, 911s aparte. Mi(s) foto(s) con Rubén hizo/hicieron que se “rompa el hielo” y que vinieran más fotos. Que lo digan Pablo, Norma, Isabel y Rigoberto, quienes también pudieron tener un recuerdo con el “papá de Pedro Navaja”.


Blades estuvo unos minutos más departiendo con la gente. Y el grupo de salseros seguíamos ahí, con las fotos ya tomadas pero viéndolo (como si no creyéramos) terminar de atender a la gente. Cuando veo que ya va regresar al hotel, me doy media vuelta también para entrar. Es ahí que ocurre algo muy especial: una mano en el hombro que hace que me voltee. Era Rubén quien me extiende la mano y me dice “Gracias de nuevo por la pregunta del otro día y por el apoyo a nuestro trabajo”.

“Gracias a ti, Rubén” atino a decirle mientras le estrecho la mano, antes de que arranque, escoltado por la seguridad, de regreso al interior del Sheraton.

Hay momentos especiales que la música te da (“te da, te quita / te quita y te da”), como aquella con Palmieri en Medellín o mis encuentros con Willie Colon.

El del sábado al mediodía fue uno de esos. Que uno de tus héroes musicales (quien ha escrito tantos clásicos que están grabados en la memoria del puebo latino dejando una impronta especial en la historia Salsera de todos los tiempos) te dedique unos instantes y de esa forma. La vida me dio una sorpresa ese sábado temprano. Satisfecho.


27 nov. 2012 0 comentarios

La taquilla del viernes 23



Más allá de las impresiones o comentarios periodísticos, esta es la información oficial de APDAYC acerca de la asistencia a los espectáculos internacionales que el fin de semana acontecieron en Lima:

Asistencia Fania All Stars: aprox. 15,000 personas
Asistencia Lady Gaga: aprox. 17,000 personas

En esta página (y en todos los medios en los que participo) siempre procuro alentar con entusiasmo la movida salsera dentro y fuera del Perú, pero con objetividad.

Dentro de esta línea (y entendiendo que la competencia y comparaciones son inevitables) me alegra la asistencia al show de Fania el viernes, que me parece superó a la del año anterior, aún no haya sido mayor (según APDAYC) a la del otro show de la misma noche.

Agradecezco a All Access por el esfuerzo en traernos nuevamente a nuestros héroes musicales e invitarlos a que, en corto plazo, apuesten nuevamente por la Salsa en el Perú....
26 nov. 2012 0 comentarios

La Riverside es de Cuba




DENUNCIA CUBA INTENTO DE ESCAMOTEAR EL PATRIMONIO CULTURAL DE LA ISLA
Orquesta Riverside: un sello con sonoridad propia
Fuente: La Jiribilla. Por: Yinett Polanco • La Habana, Cuba
Fotos: René Pérez Massola
 
Un nuevo intento desde los EE.UU. de escamotear el patrimonio cultural cubano con la fundación de una orquesta Riverside en Miami, fue denunciado por el Instituto Cubano de la Música en una conferencia de prensa realizada en la mañana de este viernes 23 de noviembre.

Fundada en agosto de 1938, la orquesta Riverside ha estado indisolublemente ligada a la historia de una época de la música cubana. Llegó a ser la más aclamada de Cuba en los años 40 y 50, y fue la primera orquesta que en 1950 actuó por televisión. Durante las décadas del 70 y 80 animó ininterrumpidamente fiestas en La Habana y fuera de la capital. Su nómina la integraron Peruchín, Cachaíto, Joseíto González, el “guajiro Mirabal”, Enrique González Mantici, Adolfo Guzmán y otros. Al decir de Orlando Bistel, Presidente del Instituto Cubano de la Música, la orquesta es un sello que identifica una sonoridad propia de la Isla.

Por ello, según anuncia una declaración del ICM, la creación de una orquesta en Miami con el mismo nombre resulta “un hecho repudiable que traspasa las fronteras del elemental respeto a la nación cubana, y que solo intenta confundir a la opinión pública internacional”.

Después del difícil contexto por el que atravesara la agrupación durante los años 90, Raúl Nacianceno Miyares, uno de sus saxofonistas más destacados, fue transcribiendo, a partir de grabaciones, pieza por pieza e instrumento por instrumento, el repertorio tradicional de la orquesta. Luego de acuerdos con el Ministerio de Cultura, fue continuada oficialmente en Cuba la labor de la Riverside.

En la actualidad, la Riverside está conformada por jóvenes músicos graduados de las academias cubanas que interpretan piezas antológicas con la sonoridad de la orquesta de antaño. El próximo año deben grabar un disco con el sello Colibrí que reunirá los temas clásicos de la orquesta, los mismos que ya se pueden escuchar en sus presentaciones en vivo en la radio, la televisión y los centros nocturnos donde han vuelto a sonar.


“Nuestras orquestas son el fruto de procesos de desarrollo musical inherentes a nuestra cultura”, aseveró el presidente del ICM, quien insistió en que el término “refundar”, usado por las agencias de prensa internacionales en relación con la orquesta de Miami, hace pensar en la desaparición de algo que nunca se perdió realmente.

Para Bistel, la fundación de la Riverside de EE.UU. intenta ofrecerle una sonrisa al mercado y calmar cierta nostalgia que existe en una parte de la población que vive en la Florida por la música cubana. Siguiendo la declaración del ICM, cuando Cuba “apuesta por una agrupación musical, se hace desde la esencia de sus valores culturales y no para coquetear con un mercado inculto y banal diseñado al gusto de los intereses comerciales de las más bajas filiaciones políticas”.

Ante una pregunta de La Jiribilla, el presidente del ICM aseguró que Cuba no está en contra de que ningún creador del mundo “utilice la música cubana”, pero “no estamos de acuerdo con que se trate de usurpar nuestro patrimonio”. Bistel aseguró que el objetivo de esta denuncia es intentar que se respete el derecho de nuestro país, aunque no descarta la posibilidad de entablar un pleito legal si hubiese que llegar a ello.

Para Raúl Nacianceno, la Riverside “no necesita reconocimiento legal, el reconocimiento ha sido histórico, cultural, nunca la orquesta ha dejado de estar presente en el gusto del público cubano”. El actual director de la agrupación afirmó que, más que con un proceso legal, esta lucha “se gana en la medida en que la orquesta siga estando presente en el gusto del público, en Cuba y en el exterior”.

Nacianceno recordó que cuando la Riverside se fundó, inmediatamente estuvo acompañando a figuras como Pedro Vargas, Armando Bianchi, Rosita Fornés… “Esa orquesta fue una institución”, sentenció, y aseguró que sería imposible desligarla de Cuba.

Jorge Reyes, quien integrara durante cuatro años la agrupación en su segunda época, rememoró cómo durante la grabación de “Vereda tropical” pudo introducir el bajo eléctrico. “La Riverside es una sola”, aseguró, y “es tan auténtica como que Jorge Reyes es auténticamente cubano”, afirmó.

Marcos Antonio Urbay Serafín, trompetista de la Riverside, recordó los tiempos fundacionales de la orquesta, “la época de oro”, como se le conoce y apuntó que en el video que ha estado circulando de promoción a la Riverside de Miami se hace evidente que esta tiene problemas de afinación, algo imperdonable en una agrupación que pretende nombrarse como aquella otra de sonoridad impecable.

“La vida ha demostrado que nosotros no hemos impedido nunca el intercambio cultural entre Cuba y EE.UU.”, afirmó Orlando Bistel. “Nosotros no iniciamos la ruptura de relaciones culturales, ahora mismo acaban de regresar de respectivas giras por territorio norteamericano la Orquesta Sinfónica Nacional que ofreció 24 conciertos, la Schola Cantorum Coralina y la orquesta Aragón”. “Con el pueblo norteamericano no tenemos ninguna diferencia y culturalmente menos —explicó el presidente del Instituto Cubano de la Música— porque tenemos una larga tradición de raíces e interacciones comunes”.

Sin embargo, como indica la declaración del Instituto, en el caso de la Riverside: “Pretender promover una orquesta con igual nombre y repertorio, haciendo uso de los mismos arreglos en un país que quiere hacer suyo lo que no le pertenece, lo que no gestó su cultura propia, viola los convenios internacionales en materia de derechos, de los que tanto Cuba como EE.UU. somos signatarios”.
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Con música de Lavoe velarán al "Macho" Camacho




Con música de Héctor Lavoe recordarán a Héctor “Macho” Camacho durante su velatorio en el Departamento de Recreación y Deportes, en San Juan.

Una persona que forma parte del equipo que coordina el acto fúnebre  indicó a Primera Hora que las exequias incluirán la música del fenecido salsero,  tras una petición de sus familiares.

Además, se prevé que a las afueras de la agencia se vendan camisetas con frases célebres del púgil, entre ellas las famosas “It’s Macho Time” y “Segudooo”.

Se indicó que el velatorio- el cual fue auspiciado como un homenaje póstumo por la Comisión de Boxeo, el cual está adscrito a Recreación y Deportes- se llevará a cabo desde mañana martes a las 11:00 de la mañana hasta las 10:00 de la noche. A partir de las 2:00 de la tarde se llevará a cabo una ceremonia con guarida de honor que contará con mensajes de familiares, portavoces de la comisión de boxeo, entre otros. Mientras, el miércoles, el horario de velatorio se llevará a cabo de 9:00 de la mañana a 1:00 de la tarde. “Y a las 2:30 hay tentativa una misa”, indicó la fuente.

Se aclaró, además, que los gastos de féretro y preparación del cuerpo del Macho fueron costeados “por el bolsillo del alcalde de Bayamón” (Ramón Luis Rivera, hijo) a través de la Funeraria Alternative & Torres Memorial, de Bayamón.

De hecho, la autopsia del púgil se realizó el pasado sábado por la patóloga Edda Rodríguez. El cuerpo fue entregado hoy a la funeraria donde durante el día se iniciará el proceso de preparación y embalsamamiento.



‘Macho’ ayudó económicamente a Héctor Lavoe
Rafy Rivera, El Vocero

En junio de 1988, Héctor Lavoe intentó suicidarse al lanzarse desde el balcón de un hotel en el Condado.

Lavoe sobrevivió la caída, pero quedó incapacitado de caminar normalmente y nunca más volvió pisar un escenario.

Para ese entonces, la figura de Héctor ‘Macho’Camacho, ya era una famosa en el boxeo y en todo Puerto Rico. ‘Macho’era campeón superpluma.

Durante la transmisión hoy del programa Entre Nosotras de Wapa TV canal 4, el exentrenador de Camacho, Ismael Leandry, reveló el dato de que ‘Macho’había ayudado económicamente a Lavoe.

“Una de las cosas buenas de él fue cuando su amigo Héctor Lavoe tuvo un problema en un coliseo, donde le apagaron la luz, estaba lloviendo y el concierto no se pudo dar. Eso provocó que Lavoe se deprimiera y se tirara del edificio. Lavoe jamás volvió a caminar bien, jamás pudo trabajar. Entonces Camacho, que ya era un campeón grande, estuvo ayudando a Héctor Lavoe en todos los gastos que él necesitaba y todos sus compromisos”, dijo Leandry.

“Esto mucha gente no lo sabe”, agregó.

Lavoe murió en 1993, sin embargo, siempre recibió apoyo de ‘Macho’, quien incluso cantaba en público la famosa lírica de ‘El Cantante’.

25 nov. 2012 1 comentarios

Inolvidable para siempre: La Fania nuevamente estuvo en Lima


Una imagen vale más que mil palabras. Si son más de una imagen, mejor.

Este es un recuento parcial y visual de la noche del viernes 23 de noviembre, la noche en que Fania All Stars y Spanish Harlem Orchestra convirtieron a Lima en el epicentro salsero mundial.

Spanish Harlem Orchestra. Temas:

1) Intro SHO



2) Salsa Dura
3) Son de Corazón
4) Se Formó la Rumba
5) Ahora Sí
6) Sácala a Bailar
7) La Banda
8) Ariñañara


Fania All Stars. Temas:

1) Descarga Fania



 2) La Cartera

3) Quitate La Máscara

4) Medley El Rey de la Puntualidad - El Cantante

5) Mi Gente

6) Señor Sereno

7) Borinquen Tiene Montuno



8) La Palabra Adiós



9) Sin tu Cariño

10) Juan Pachanga



11) Nina

12) Encantado de la Vida



13) Anacaona

14) Richie's Jala Jala

15) Ahora Vengo Yo



16) Sonido Bestial

17) Quítate Tú

18) Ponte Duro

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"Oye lo que te conviene" (23 Noviembre 2012)


Si no pudieron verlo, este fue el reportaje sobre la Conferencia de Prensa de Fania All Stars emitida el pasado viernes 23 en "Oye lo que te conviene"


23 nov. 2012 0 comentarios

Hoy será la gran noche de un gran día



Pocas horas para una noche de Salsa que promete. En el Nacional Fania All Stars volverá a hacer historia con "Cheo", Miranda, Adalberto, Domingo Quiñones y el reencuentro, veinte años después, con Rubén Blades.

El preámbulo será sensacional, a cargo de Spanish Harlem Orchestra de Oscar Hernández. Todo empieza a las 8:00 p.m.¡Vamos Salsero!
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Muere Sammy Ayala



Fuente: Inter News Service. Por Hiram Guadalupe


El legendario músico, cantante y compositor puertorriqueño Sammy Ayala falleció anoche, cerca de las 9:00, mientras se encontraba recluido en el hospicio del Hospital de Veteranos, en San Juan.

Aún no se han revelado detalles de las exequias del artista, quien murió de cáncer a los 79 años de edad.

Su partida tomó por sorpresa a sus familiares y allegados porque, aún cuando se conocía de su enfermedad, su condición era estable, según indicó a Inter News Service Olga Villa, íntima amiga de la familia y líder comunitaria del sector Trastalleres, en Santurce, barrio en el que creció el exintegrante de Rafael Cortijo y su Combo.

“Para hoy teníamos preparado un rumbón (fiesta musical) como un homenaje a Sammy por ser el Día de Acción de Gracias. La semana pasada estaba bien y hasta asistió a cumplir con un compromiso en un canal de televisión. La noticia nos sorprendió y nos llena de mucha tristeza porque era una de las personas más queridas en nuestra comunidad”, señaló Villa.

Esta madrugada, su nieto, el músico Marcos López Ayala, quien estudia percusión en Berklee School of Music, compartió en su cuenta de Facebook su dolor ante la muerte de su querido abuelo.


“Hoy he perdido a una de las personas más importantes en mi vida. Mi padre, mi abuelo, mi inspiración, mi mentor. Él me crió con mi abuela y mi madre. El hombre de la casa, quien a través de su legado y su sangre me dio el amor por la música. Estoy eternamente agradecido por lo que hizo por mí, por mi educación y todo lo que me enseñó”, escribió el joven músico.

Carlos Samuel (“Sammy”) Ayala Román es recordado, ante todo, por su participación con Rafael Cortijo y su Combo, grupo donde destacó desde 1954 como bolerista, corista y güirero, y en el que conformó una alineación magistral junto a Ismael Rivera que se convirtió en la gran atracción musical de la época.

Su trabajo junto al maestro Rafael Cortijo quedó consignado en las producciones discográficas que hizo el grupo hasta 1966, así como en anuncios de televisión y películas.

En 1969, el artista, que nació en el sector Ballolita de la calle Loíza, en Santurce, se mudó a la ciudad de Nueva York donde, además de comenzar a trabajar como marino mercante, se integró al sexteto musical de Gilberto Colón, junto al que grabó los discos “Chanchullo”, “Yes, I will” y “Póngase duro”.

Luego, en 1972 se volvió a juntar con su compadre Ismael Rivera en su grupo Los Cachimbos, en el que permaneció hasta 1978, fecha en que regresó a Puerto Rico.

En esos años, Sammy Ayala participó de la grabación de varios discos, entre ellos “Esto fue lo que trajo el barco”, “Por la maceta”, “De todas maneras rosas”, “Traigo de todo”, “Soy feliz” y “Feliz Navidad”.

En su tierra natal, el artista pasó a trabajar en las oficinas centrales de la Lotería de Puerto Rico, al tiempo que creó su primera agrupación, Bombazzo, que se convirtió en un proyecto de remembranza de sus años de gloria.

En 1980, el cantante apareció en la grabación del último disco que produjo Rafael Cortijo, “El sueño del maestro”, y años más tarde se incorporó al Grupo ABC de Jesús Cepeda, con el que grabó los álbumes “La historia se repite”  y “Amor de mascarada”.

Una década después, en 1997, el veterano artista reapareció en un nuevo proyecto musical que se conoció como Plenarium y en el que produjo los discos “Navidad con Plenarium” y “Hacia el nuevo milenio”.

Sus últimas actuaciones artísticas, en tanto, se dieron a la sombra del grupo Herencia, colectivo que formó junto a su hijo Carlos Luis Ayala, a la vez que actuaba como artista invitado de varias agrupaciones de bomba y plena.

Entre sus aportaciones, Sammy Ayala enriqueció el cancionero puertorriqueño con letras como “Lo dejé llorando”, “Lo mucho que te quiero”, “Dios los cría y ellos se juntan”, “Pónganse duro”, “Lo sabía” y “El que lo hereda no lo hurta”.
20 nov. 2012 0 comentarios

"Oye lo que te conviene" (16 Noviembre 2012)


Si no pudiste verla, esta es la más reciente edición de "Oye lo que te conviene" que tuvo como tema central el próximo show de Fania All Stars (Viernes 23 Noviembre, Estadio Nacional) y como invitado a Papo Lucca



Videosalsa from lamula on Vimeo.
18 nov. 2012 0 comentarios

Eva Ayllón cantará con Fania All Stars



El show de la Fania tendrá sabor nacional.

Eva Ayllón pondrá el toque peruano la noche del viernes 23 en el Estadio Nacional durante el show de Fania All Stars.

La gran cantante peruana hará dúo con Cheo Feliciano el tema "Encantado de la Vida" que Cheo hiciera a duo con Celia y Tito Puente en uno de los homenajes a Bny Moré.

Faltan solo cinco días y las sorpresas siguen sumándose para una noche que será inolvidable para siempre.....
16 nov. 2012 0 comentarios

Los Ganadores del Latin Grammy


Anoche en Las Vegas se llevó a cabo una nueva edición de los Latin Grammy. Para los peruanos fue motivo de alegría el triunfo del nacional Gianmarco en la categoría Mejor Album Cantautor



También debemos mencionar el premio para "El Conguero" Poncho Sánchez, durante la pre-ceremonia de Persona del Año


A continuación la lista de ganadores en las categorías que son interés de este blog:


Mejor Álbum de Salsa
Ganador: Soy Y Seré - Luis Enrique [Top Stop Music]

Mi Última Grabación - Tito Nieves [TNM]
Busco Un Pueblo - Víctor Manuelle [Sony Music Latin]
Watch Out! ¡Ten Cuidao! - Mambo Legends Orchestra [Zoho Music]
Eba Say Ajá - Rubén Blades & Cheo Feliciano [Ariel Rivas Music]



Mejor Álbum Tropical Contemporáneo
Ganador: Aquí Estoy Yo - Milly Quezada [Venemusic/Vecinos Enterprises/Universal Music Latin Entertai]

Instinto - Maía [Sony Music]
Caminos - Gaitanes [Gaitan Bros Productions Corp./Crescent Moon Inc.]
La Maquinaria - Juan Formell y Los Van Van [EGREM / ACDAM]
Volando Alto Made On The Road - Elain [Melomania Productions]


Mejor Álbum Tropical Tradicional
Ganador: Un Bolero Para Ti - Eliades Ochoa [EGREM / ACDAM]

Bolero - Son De Tikizia [Importadora Monge Le Tengo Fe!]
La Trova De Siempre - Quinteto Criollo [Insitu]
Soy Yo! - Plenealo [Plenealo Music]
Guarachando - Miguel García [MG Music]



Mejor Álbum de Jazz Latino
Ganador: Dear Diz (Every Day I Think Of You) - Arturo Sandoval [Concord Jazz]

Live In Chicago - Chuchito Valdes [Music Roots Records]
= Chano Y Dizzy! - Poncho Sanchez And Terence Blanchard [Concord Picante]
Tempo - Tania Maria [Naive]
Jerry González y El Comando De La Clave - Jerry González y El Comando De La Clave [Sunnyside]


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Johnny Pacheco: "La Fania puso a la música latina en los ojos del mundo"




Fuente: El Comercio, Peru. Por: ANTONIO ÁLVAREZ FERRANDO

Este 23 de noviembre, la Fania All Stars regresará al Perú para presentarse junto a Rubén Bladés en el Estadio Nacional. Antes de ello, el “Zorro de plata” conversó con elcomercio.pe sobre sus más de cuarenta años de actividad musical, su percepción de la influencia de la orquesta en el mundo y el futuro de la misma

¿Qué los incentivó a tocar en el Perú por segundo año consecutivo?
Es que la cosa estuvo buena.

¿Y cómo surgió la idea de tocar nuevamente junto a Rubén Blades después de tantos años?
Bueno, Rubén estaba haciendo conciertos con el mismo promotor, así que lo invitamos a que se uniera a nosotros. Nos juntamos en Nueva York y le dije que sería un placer estar con él de nuevo. Somos amigos de años, tiene un talento increíble.

Hablando de los buenos cantantes de la Fania, ¿Qué cree usted que hizo a Héctor Lavoe tan especial para su gente?
Como todos los cantantes que componen la Fania, cada uno tiene su estilo propio. Y cuando nos presentan, el público te deja saber cuál es su favorito con sus aplausos. Héctor, por ejemplo, era uno de los que se daba a querer más. Tenía un sentido del humor bien chévere. La mayoría de ellos son simpáticos y eso es lo que yo le quiero enseñar a la juventud. El público es el que te hace y te mantiene; quiero decir, siempre complace a tu público y durarás años.

¿Conoció usted a algún cantante más querido que Héctor Lavoe?
No, Héctor no solo era querido por los miembros de la Fania, sino en general. Era tan simpático que se le aguantaban todos los chistes que decía, pero la verdad es que fue único.

¿Johnny Pacheco ya lo logró todo en la vida artística?
Yo me siento tan dichoso porque todo lo que he anhelado en la música se me ha logrado. Quería tener una orquesta, la tuve. Hasta que empecé mi propia compañía que fue un éxito. Hasta la fecha en la parte musical me siento muy alegre, especialmente ahora que me están otorgando reconocimientos. Eso me hace sentir bien. Ahora estoy trabajando en un libro que espero terminar pronto.

¿Podría darme más detalles sobre el libro? ¿Es sobre la historia de la salsa, de la Fania?
De todo eso. Solo le voy a mencionar que tiene de todo un poco. ¿No sería bueno ese título: “De todo un poco”? (Risas).

Cuando usted empezó el proyecto Fania All Stars junto a Jerry Masucci, ¿pensó que llegarían a ser tan reconocidos mundialmente?
Uno siempre aspira a ser mundialmente reconocido, pero lo de nosotros fue un fenómeno. Igual nunca imaginé que iba a ser tan grande.

¿La Fania revolucionó la música latina?
Fue la que la puso en el mundo. Empezamos a viajar a otros continentes. Una salsa se hace con diferentes condimentos y la Fania tiene músicos puertorriqueños, cubanos, dominicanos, ingleses y de otras nacionalidades. Otro factor que consideramos para ponerle salsa al género es que cuando empezamos a viajar la gente estaba muy confundida, había rumba, guaguancó, así que decidimos poner todo bajo el techo de salsa y finalmente nos resultó.

¿La Fania revolucionó la industria musical como lo pudieron hacer los Beatles a comienzos de los años sesenta?
Seguro que sí.

¿De no haber existido la Fania, la salsa hubiera sido la misma?
No hubiera habido cambios, porque yo cambié el estilo. Le dimos un sonido único brindándole una cosa nueva al público.

Usted está cerca de cumplir 80 años…
Setenta y siete, pero no me pongas tanto… todavía tengo un saldo.

El día en que Pacheco se nos vaya ¿qué pasará con la Fania? ¿Dejará a alguien para que siga con el proyecto o ahí terminará el ciclo de la agrupación?
Ahí están Papo Lucca (pianista), Bobby Valentin (bajista)... Hay ciertos músicos que están en la orquesta, no lo van a hacer igual pero tienen la capacidad de coger la batuta.

¿A usted, personalmente, quién le gustaría que tome la batuta para dirigir a la Fania?
El primero que me viene a la mente es Bobby Valentín, porque fue mi mano derecha cuando hicimos la primera grabación y la película (“Our Latin Thing”).

¿Se reclutará a nuevos músicos o seguirán con los actuales?
Vamos a seguir con los mismos porque la combinación es fantástica.

Si hubiera la oportunidad de armar una nueva Fania All Stars ¿con qué cantantes contaría usted?
Yo me quedaría con los mismos porque en realidad lo hacen tan bien. Cada día maduran más. ¿Para qué buscar otros si se tiene a los mejores? A veces me quedo sorprendido cuando veo que cantan con el mismo tono números que se grabaron hace como 45 años. Yo no sé si es que se cuidan mucho o están comiendo algo especial.
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La película del Sonido Bestial



Ya se estrenó en Cali la película acerca de Richie Ray & Bobby Cruz. Aquí unos avances de la misma y el artículo del realizador Sandro Romero







Richie y Bobby: un retrato a cinco centímetros
Fuente: Elmalpensante.com Por: Sandro Romero Rey

Tras once años de tumbos y retumbos, Sonido Bestial, el documental sobre Ricardo Ray y Bobby Cruz, será estrenado en noviembre durante el Festival de Cine de Cali. Sandro Romero Rey (codirector de la película junto a Sylvia Vargas) repasa la aventura de este rodaje al lado de los reyes de la salsa.

Hay dos razones por las cuales uno hace un documental: la primera, para contar una historia que uno se sabe de memoria y quiere compartir. La segunda, para tratar de averiguar un secreto. En el caso de Sonido bestial, el largometraje que realizamos con Sylvia Vargas y que por fin verá la luz en el Festival Internacional de Cine de Cali, las razones fueron múltiples pero, de repente, uno no las pone sobre el tapete sino mucho después, quizás once años más tarde, cuando la película ya se encuentra en las latas. Sí. Las latas. Suena un tanto anacrónico que un documental del tercer mundo exista en 35 milímetros pero, cuando empezamos a gestar este proyecto, en el año 2001, el cine se hacía de una manera y la convivencia entre el celuloide y la imagen digital era la de un matrimonio que se miraba aún con desconfianza. Hoy, gracias a las altas definiciones del destino, podemos decir que la imagen proyectada es una sola y ese desprecio entre los formatos cada vez se borra más, hasta el punto de que uno se encuentra, en los créditos de muchas obras audiovisuales realizadas en video, este encabezamiento galante: “Una película de…”.

Sonido bestial, la película, es, a no dudarlo, producto de una pasión. Richie Ray y Bobby Cruz se convirtieron en leyenda en mi ciudad natal, Santiago de Cali, desde que aparecieron por primera vez en una caseta en las ferias navideñas de 1968. El mundo no volvió a ser el mismo y el pedestal fue rápidamente construido. Regresaron un año después y fue más que suficiente. La literatura local los convirtió en mitos incuestionables, gracias a los libros de Umberto Valverde y de Andrés Caicedo. Un afiche callejero suplicaba en la ciudad para que los músicos regresasen a Cali. Pero esto ya no sería posible porque Dios les habló desde 1974, y quienes fuesen los reyes absolutos de la música latina entre 1963 y 1973 terminarían convirtiéndose en pastores de sendas iglesias evangélicas hasta el día de hoy. ¿Qué pasó con ellos? Esa era una de las primeras respuestas que queríamos obtener a través del documental. Pero, ¿por qué a través del cine? ¿Por qué no un simple artículo, una reseña, un pequeño relato, incluso una novela al respecto? La respuesta se encuentra en la curiosidad que genera el poder de las imágenes. Con el rock, la nostalgia de lo que no vivimos nunca ha sido grande. Al contrario, quienes éramos unos niños en l’âge d’or de los Beatles, o en la prehistoria de los eternos Rolling Stones, siempre tendremos una compensación puesto que sus batallas musicales fueron lo suficientemente filmadas y, aún hoy por hoy, siguen apareciendo momentos inéditos, a todas luces fascinantes. Pero con la salsa o, mejor, con la música antillana, el asunto ha sido a otro precio. Y con Richie y Bobby mucho más.

Cuando nos pusimos de acuerdo con Sylvia Vargas para hacer un documental sobre los dos músicos que habían empalagado mi juventud, tenía mucha desconfianza. Porque guardaba quizás el caprichoso prejuicio de que los mitos, para que sean mitos, hay que mantenerlos lejanos. En la época de sus legendarias presentaciones decembrinas, yo era un niño. Y los vine a conocer mucho después, en 1978, gracias a mi madre. Estuvieron en mi casa, fuimos a comer juntos y me parecieron muy amables, pero demasiado celestiales. Estaban rodeados de pastores, había que rezar antes y después de cada acontecimiento, y sus discos, a pesar de que yo seguía comprándolos religiosamente, cada vez me interesaban menos. La noche en que los tuve frente a frente, a mi hermana le dio un ataque de risa, porque en esa época le producían cosquillas las solemnidades y tuvo que salir corriendo. Por mi parte, oí pacientemente la historia de la conversión que Bobby nos contó con lujo de detalles y, al final de la velada (que terminó en desvelada), ambos músicos me firmaron las carátulas de los cincuenta y tantos acetatos que tenía en aquel momento. Uno piensa que unas cuantas dedicatorias son más que suficientes para el archivo de un fanático. Pero no. El fan fatal siempre quiere más, mucho más. En aquel tiempo, Richie y Bobby tocaron sus canciones religiosas en el Gimnasio El Pueblo, con un pésimo sonido, acompañados por la Gran Banda Caleña. Veinticinco años después, Rafael Quintero, el dueño de la desaparecida discoteca Convergencia, me regaló un caset que él mismo había grabado de semejante experiencia. Sí. Los fans de Richie y Bobby, a pesar de la conversión, estuvimos presentes en el evento, escondidos pero activos, porque nunca se sabe lo que pueda pasar.

En 2001, pocos meses antes de la odisea sin espacio de las Torres Gemelas, hicimos maletas para Nueva York: Richie y Bobby aceptaron la idea de que un par de cineastas colombianos se metieran en sus vidas. Nos propusieron empezar filmando el concierto que darían en el Carnegie Hall junto a Papo Lucca. Tengo el 20 de julio metido en mi cabeza, pero no sé si fue la fecha de nuestro viaje o la fecha del concierto. Escribo apoyado en mi mala memoria. Lo que sí recuerdo muy bien es la noche en la que llegamos al sitio de ensayos. Nos recibió un señor mayor, con una chaqueta azul y una gorra de beisbolista. Tardé un buen tiempo antes de darme cuenta de que se trataba del mismísimo Bobby Cruz. Habíamos ido con un camarógrafo norteamericano y capturamos las primeras imágenes. Yo había estado, en el lejano 1978, en un ensayo de Richie y Bobby en Cali, en una iglesia evangélica. Pero ahora el asunto era a otro precio: pasarían casi cinco lustros para que los dos músicos se dieran cuenta de que la salsa y la religión no iban en contravía. Y, mejor aún, que no había necesidad de cambiar “Agúzate” por “Arrepiéntete” para que las canciones cumplieran su misión. En Nueva York, los llamados reyes de la salsa tenían de nuevo en su repertorio “Sonido bestial” y “Gan Gan y Gan Gon”, “La zafra” y “Bomba camará”. Esa noche conocimos a Angie Ray y a Rose Cruz, las esposas de los músicos. Conocimos a Richie Viera, quien fungía por aquel entonces como mánager. Los músicos que los acompañaban, casi todos norteamericanos, eran los mejores exponentes disponibles para el concierto del Carnegie Hall. Esa noche comenzó a gestarse nuestro insomnio cinéfilo.

Al día siguiente, les hicimos extensísimas entrevistas en un hotel cercano al Lincoln Center. Esa noche grabamos como pudimos en el Carnegie Hall, luego de mil tropiezos e impedimentos. Comenzaba, sin que midiéramos las consecuencias, la pesadilla de los derechos de imagen. Para un documentalista del siglo xxi el problema radica, no en cómo se filma, sino en la estrategia para pagar los derechos de cualquier cosa. Y en Estados Unidos y sus satélites todo tiene derechos: el peatón que cruza, las butacas del Carnegie Hall, la marca de una gaseosa que consume un curioso frente a la cámara. Y la música. Sobre todo la música. Algún día habrá que escribir un libro sobre los derechos musicales de Sonido bestial. Pero volvamos a Ricardo Ray y Bobby Cruz, las sagradas razones de estas líneas.

¿Qué fue lo que más me sorprendió de ellos? En primer término, la evidencia de saber que ese par de venerables caballeros eran los mismos que interpretaban las canciones que me sabía de memoria desde la adolescencia. Esas canciones que son himnos en Juanchito y en el barrio Salomia de Cali, en San Nicolás y en Zaperoco, esas mismas canciones habían sido creadas por ese músico gordito, egresado de la Juilliard School de Nueva York, verdadero obrero de la música, que no descansa un segundo y que está siempre de pie en todos los conciertos, listo para echar a rodar el carro de la dicha. Por su parte, Bobby es una mezcla de rigor y de extroversión. De superestrellato y de extraño silencio. A quien lo ve por primera vez, le sorprende el brillo de sus indiscretas pelucas (en todos estos años nunca he visto a Bobby Cruz igual: siempre está mutando físicamente y casi nadie se atrevería a afirmar la contundencia de todos los años que lleva encima). Me atrevería a sospechar que ambos viven sorprendidos del éxito descomunal construido alrededor de su leyenda. Nunca han entendido del todo por qué en un país tan lejano como Colombia, y en una ciudad tan poco caribe como Cali, se pudo haber construido una historia tan grande como la que ellos atesoran. Ambos han leído los libros que les han consagrado y todavía les agradecen a esos “catedráticos” que “saben más de nosotros que nosotros mismos”, como dice Richie en alguno de los momentos del documental.

Tras el impecable concierto del Carnegie Hall (que, como dato curioso, prácticamente desechamos del filme luego de organizar las más de cien horas de material grabado, junto al editor y coproductor Marius Wehrli), nos fuimos para Elizabeth (Nueva Jersey) a un concierto en un pequeño club de la localidad llamado Coco Bongo. Allí nos encontramos a los verdaderos Richie y Bobby. Bestias de la escena, acostumbrados a tocar después de la una de la madrugada, los músicos se entregan al público íntimo que los rodea, un público que casi no baila porque le encanta (nos encanta) ver a Richie en el piano, demostrando que quien les toca no es Stravinsky, y a Bobby sereno, en cámara lenta, tan poco parecido a la euforia de su voz intacta. Ellos son, a no dudarlo, piezas esenciales del museo de la llamada “salsa golda”, como le dicen en Puerto Rico a la salsa brava, a la salsa clásica. Ellos siguen siendo los reyes indiscutibles del género y, según lo confiesa el mismo Bobby Cruz en el documental, ellos fueron incluso los inventores del término “salsa”, aunque algunos especialistas lo pongan en duda. Eso ya no importa. Para nosotros, lo importante fue que en ese verano nació nuestro documental. Ya teníamos el alma, ahora nos faltaba el cuerpo de todo el asunto. Sylvia regresó a Europa y yo regresé a Colombia. Pocos meses después, Richie y su esposa estuvieron en París, atendiendo sus obligaciones religiosas en un templo de la ciudad. Sylvia los siguió con su cámara. Un año después, Richie y Bobby estuvieron en el Estadio El Campín de Bogotá, con camisas fosforescentes y nuevas tinturas en el pelo, acompañados por Pete “el Conde” Rodríguez, Ismael Miranda y un par de músicos más de las llamadas Estrellas de Fania. La evidencia de la pasión por la música de Richie y Bobby me lanzó a un segundo impulso para no dejar morir el proyecto.

Pocos meses después, las dos estrellas celebrarían sus cuarenta años de actividades, con un inmenso concierto en San Juan de Puerto Rico, donde una multinacional de altos quilates iba a registrar el acontecimiento en el que compartirían escenario con Johnny Pacheco, Bobby Valentín, Alex D’Castro, Luisito Marín, Papo Lucca, Nydia Caro y, sobre todo, los músicos originales con los que se gestó el álbum El bestial sonido de... en 1970. Esto es, Charlie “el Pirata” Cotto, “Manolito” González, el gran Mañengue y la mítica Miki Vimari, a quien todos dábamos por muerta. No había que pensarlo dos veces. Hicimos maletas a San Juan de Puerto Rico. Llegamos unos días antes del concierto y, gracias a sus ángeles de la guarda y a la siempre amable colaboración de Richie & Bobby, nos instalamos en los estudios A-tempo, donde se adelantaban los ensayos para el gran concierto que tendría lugar en el coliseo de la ciudad de Bayamón. La posibilidad de filmarlos con calma, sin tensiones, durante todo el proceso de reconstrucción de sus viejas canciones, fue un regalo del cielo (otro regalo fue que la multinacional encargada de filmar el concierto se echó para atrás y los únicos que lograron registrarlo a cuatro cámaras fuimos nosotros). Para completar, una tarde llegamos muy temprano con Marius Wehrli, dispuestos a instalar con tiempo nuestras cámaras en el salón de ensayos. Cuál no sería nuestra sorpresa al encontrarnos a Richie (que no descansa nunca) próximo a comenzar el trabajo con los viejos músicos con los que se inventó el tema “Sonido bestial”. En ese momento Marius, suizo de nacimiento, radicado en Barcelona, entendió a ciencia cierta de dónde venía la pasión por Richie y Bobby. Era demasiado. Estos viejos muchachos felices comenzaron a improvisar la descarga inicial a capela del tema “La zafra” y en el corazón se nos hizo un hueco de alegría. No exagero si digo que tuvimos todo el tiempo nuestras cámaras encendidas con lágrimas en los ojos. Esos ensayos y las dos jornadas (con cuatro horas cada una) de los conciertos celebratorios se convertirían en la base estructural de todo el documental. Lo que pasó durante esas noches ya lo conté en otro artículo publicado en El Malpensante en mayo de 2003 y no pienso repetirlo. Lo que sí quisiera contar es lo que no está en el filme, porque la memoria es rápida y poco a poco se desdibujan las síncopas del pasado.

¿Cómo son ellos en la intimidad?, me preguntan con frecuencia. La verdad, no lo sé. Pero puedo dar algunas pistas: ambos viven en Miami, muy lejos el uno del otro. Richie no tiene hijos y vive en una casa con Angie, puertorriqueña, de estupenda voz, quien a pesar de haber sido cantante de otras músicas terminó haciendo coros para la orquesta de su marido. Ella siempre está al tanto de todo. Si uno quiere saber lo que sucede con Richie, lo mejor es ser un buen amigo de Angie Ray. Con ellos, siempre está la silenciosa Rose Cruz, esposa de Bobby desde el principio de los tiempos. Tienen tres hijos y atraviesan sin problemas los cincuenta años de matrimonio. Sus iglesias (al menos cuando las conocimos) revelan, de alguna manera, las personalidades de ambos. Mientras la de Richie es una casa de campo, sencilla, sin ningún tipo de ostentación, la de Bobby es un inmenso templo, con columnas griegas e interior de discoteca de los años setenta. Mientras Richie canta sus canciones religiosas con una sencillez que aturde, Bobby, elegantísimo, como el Richard Gere del American Gigolo, está al frente de sus oficios evidenciando su presencia con su silencio reverencial. Y la elegancia no la pierde nunca: al día siguiente del segundo concierto en Bayamón, nos fuimos muy temprano con Bobby, en un carro que él mismo consiguió, hasta el pueblo donde había nacido: Hormigueros. Durante las varias horas que duró el viaje, no paró de hablar ante la cámara. Pero solo hablaba de religión. Como un poseído, totalmente convencido de su discurso, habló y habló de parábolas y de designios, de oraciones y de conversiones, hasta el punto de que llegamos a pensar que en cualquier momento iba a salir volando. Para completar el recuerdo, puedo asegurar que, al comenzar el milenio, Bobby tenía una singular Bobby Cruz Collection, con ropa diseñada por él mismo. Bobby no puede vivir sin su propio concepto de la elegancia.

En Hormigueros, conocimos la casa donde nació el joven Roberto Cruz Feliciano, las playas que frecuentaba y, lo mejor, fuimos escoltados por Gan Gan y Gan Gon, sus hermanos gemelos, policías de la localidad. Quienes conocen la legendaria canción: “El viejo cacique / Ya está medio loco/ Nunca sabe si lo hizo Gan Gon / O si lo hizo el otro…”, entenderán que se refiere, por supuesto, a las travesuras que los jovencitos hermanos le hacían al papá de Bobby, quien se llenó de hijos y de leyenda, gracias a las canciones de su primogénito. Ahora bien: comencé estas líneas con la nostalgia de un secreto. Y el secreto, valga la verdad, giraba en torno a encontrar imágenes de los gloriosos años sesenta de Richie y Bobby. En ese momento, nunca aparecieron. No había imágenes de nuestros músicos, a pesar de que escarbamos en los archivos de las iglesias adonde nos mandaron, en las colecciones de sus amigos, en los viejos baúles empolvados de los coleccionistas de Nueva York, Miami, Cali, Barranquilla, San Juan (incluso, sus respectivas apariciones en la película Nuestra cosa latina, de Leon Gast, son fantasmas desincronizados en el laberitno de YouTube). Así que decidimos armar el documental con el alud de imágenes que habíamos registrado. Una primera versión quedó lista con Marius Wehrli en Barcelona y luego vino el calvario de conseguir todos los derechos (tanto los editoriales como los fonográficos) para que la película viera la luz. Resumiendo: nos ganamos un premio de posproducción con Proimágenes Colombia, pero ubicar los dueños reales de las canciones era tan difícil como encontrar el Santo Grial. Por fin, gracias a la cacería de abogados cómplices y de negociaciones que no vienen al caso, Sonido bestial tenía el derecho de ver la luz.

Junto al editor colombo-franco-alemán Etienne Boussac le dimos una última mirada en la sala de montaje, durante un par de meses, para que la película tuviese una versión más ajustada al paso inclemente de los días (el año próximo se celebrarán los cincuenta años de Richie Ray & Bobby Cruz). Y cuando cerrábamos la edición, aparecieron nuevas sorpresas: las imágenes del pasado saltaron por casualidad sin que las estuviéramos buscando y el ritmo de nuestro biopic salsero comenzó, por fin, su viaje hacia los espectadores. ¿Cuáles son esas imágenes? Están en Sonido bestial, the movie.

Un par de anécdotas finales: en agosto de 2012, nos pusimos una cita con Richie y Bobby en un hotel de Cali, aprovechando que venían a Colombia a dar un concierto en Bugalagrande. Necesitábamos la bendición final. Hacía un año no los veía (la última vez fue en un concierto en el Downtown Majestic bogotano, época en que les vi la cara de escepticismo y de que Sonido bestial debería pasar a peor vida). Pero terminar este viaje era un asunto de honor. Nos pusimos la cita. Vimos la peli con ellos y, satisfechos, nos dieron el permiso de acabar sin tropiezos. Respiramos felices. Para terminar había que hacer la corrección de color, la mezcla de sonido en España, las copias en México. Faltaba mucho, pero ya habíamos esperado demasiado. El resto sería leve.

Esa tarde, acompañé a Richie a un barrio popular caleño donde ensayaría con un grupo de jóvenes músicos de la ciudad. Corrí a llamar a mi amigo, el fotógrafo Eduardo “la Rata” Carvajal. “¿Querés tomarle fotos a Richie Ray?”, le dije, sin saludarlo. Eduardo debió pensar que le estaba preguntando si quería ir a conocer a Jesucristo en persona. No tardó ni diez minutos en aparecer. Cuando llegamos al ensayo, mientras Eduardo le hacía cientos de fotos al pianista de nuestros delirios, mientras sonaban nuestros viejos clásicos dirigidos por su propio gestor, no pude evitar una sonrisita de triunfo y de entender, muy para mis adentros, por qué once años de tensiones y de migrañas estaban más que justificados. Entonces recordé los versos: “Se reían del bugalú y mira ahora qué”.
13 nov. 2012 0 comentarios

El Gran Combo celebró en Puerto Rico




Fuente: El Nuevo Día, Puerto Rico. Por: Carmen Graciela Díaz

El concierto de los 50 años de El Gran Combo de Puerto Rico fue una celebración tan grande como el aniversario que se festeja.

Una casa llena en el Coliseo de Puerto Rico, José Miguel Agrelot de Hator Rey, fue testigo de una veintena de canciones que resumieron medio siglo de historias y mucho baile liderados por Rafael Ithier y los mulatos del sabor, tuvieron como invitado a Rosario Flores, Gilberto Santa Rosa, Luisito Carrión, Nora de la desaparecida orquesta La Luz, Giovanni Hidalgo, El Guitarreño, Prodigio Claudio, Sebastián González de Idol Kids y la sorpresa de la velada, Carlos Vives.

Canciones como "Acángana" y "Ojos chinos" protagonizaron un concierto de puro baile y hasta momentos espontáneos como cuando Carmen Yulín Cruz, la alcaldesa electa de San Juan, llegó al escenario y bailó con los cantantes Charlie Aponte, Jerry Rivas y Luis "Papo" Rosario, así como con el exgobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá.

Pautado para las 4:00 de la tarde, el concierto del Gran Combo, comenzó a las 4:49 y concluyó a las 8:30 de la noche.

Por Carmen Graciela Díaz / Especial El Nuevo Día

Eso de una sección de arena quieta es un mito en un concierto como este. La cola de esta sección era una pista de baile porque donde va El Gran Combo de Puerto Rico es imposible que la gente no baile. Máxime cuando la ocasión que convocó a una casa llena en el Coliseo José Miguel Agrelot de Hato Rey era el concierto del 50 aniversario de la legendaria orquesta.

Así como Inglaterra y el mundo festejan los 50 años del primer concierto de los Rolling Stones, Puerto Rico (y también el mundo) celebran medio siglo de sabor y canciones de El Gran Combo.

Pautado para las 4:00 p.m., fue a las 4:49 p.m. que las luces se apagaron para anunciar la llegada de los Mulatos del Sabor. Un vídeo de “la égida El Gran Combo” mostró a estos ‘jovencitos’ en bata, listos para fugarse incitados por la llamada de Rafael Ithier, fundador y director musical del grupo, porque tenían un show que no se podía dejar pasar. Las risas no faltaron ante las ocurrencias de este combo que salió de la “égida” en una ambulancia.

De inmediato, los muchachos de la Universidad de la Salsa arribaron en esas mismas batas a la tarima. Nada más verlos, la audiencia gritó, aplaudió y hasta una vuvuzela sonó por los salseros que dejaron ver sus conjuntos de chaqueta dorada y pantalón negro. El Gran Combo ahí fue la canción que abrió el concierto a modo de poner en contexto estas cinco décadas de gesta.

Acángana y Ojos chinos se transformaron en el saludo de la orquesta configurada por Ithier, Willie Sotelo (director musical “on tour” y pianista), Charlie Aponte, Jerry Rivas y Papo Rosario (cantantes); Taty Maldonado (trompeta); Víctor Rodríguez y Moisés Nogueras (trombón); Freddie Miranda (saxofón), Freddie Rivera (bajo); Miguel Torres (congas); Domingo Santos (timbales) y Richie Bastar (bongó).

Pese a que Ithier experimenta dificultades al hablar, el que recién terminó un tratamiento de radioterapia contra una lesión cancerosa en su garganta invitó a la tarima a Eddie “La Bala” Pérez, miembro fundador que sufre enfisema pulmonar. El abrazo entre ellos y el aplauso grande fue, sin duda, uno de los instantes más emotivos.

Rosario, la hija de Lola Flores “La Faraona”, fue la primera invitada de la jornada para darle voz a Meneíto mé. “Los dejo con los grandes”, dijo ilusionada luego de entregar su talento -y vamos, su meneíto-, y hacerle reverencia a Ithier.

Invitados de lujo

Más adelante llegó la japonesa Nora, quien fuera cantante de la Orquesta La Luz, para cantar y bailar La salsa no tiene fronteras y El menú con Charlie, Jerry y Papo. Luego que Ithier lo llamara, Luisito Carrión enardeció al público con Brujería.

Posteriormente, tras Compañera mía se produjo uno de los momentos más disfrutados cuando, aludiendo a la letra de ese tema, Charlie comentó: “Aunque a veces nos hagan llorar… pregúntale a Carmen Yulín”, comentario que provocó que el público aplaudiera sonoramente cuando vieron que la alcaldesa electa de San Juan saludaba. Carmen Yulín Cruz no demoró en llegar al escenario y bailar con Papo, Charlie y Jerry, y hasta con el exgobernador Aníbal Acevedo Vilá.

El concierto, que incluyó visuales de la agrupación, animaciones y bailarines en tarima, tuvo además a Gilberto Santa Rosa, quien cantó temas como Y no hago más na junto a los Mulatos del Sabor.

Una figura extrañada tanto en el público como entre El Gran Combo, cuando Charlie lo procuró entre la audiencia, fue Andy Montañez, exmiembro de la agrupación, quien estuvo ayer en la plaza de Ceiba en la celebración del cumpleaños 105 de la líder nacionalista Isabel Rosario.

Agradecidos

“Queremos agradecer a Dios, al público por estos 50 años y a la familia nuestra, que son los que nos cuidan”, pronunció Charlie mientras más adelante Jerry agradeció que, aunque muchos no son profetas en su tierra, ellos se sentían dichosos por el calor de los boricuas.

Carlos Vives fue el invitado sorpresa de la noche que llegó para cantar Nido de amor y recordar hasta qué punto este grupo provoca “locura” entre sus seguidores en Colombia.

Un reconocimiento de El Gran Combo a Ithier y canciones como el bolero Falsaria y Timbalero con Giovanni Hidalgo avivaron una noche llena de emociones para los cocolos.

A mí me gusta mi pueblo cerró, a las 8:30 p.m., una jornada difícil de olvidar por esos “muchachitos” inquietos que, de solo respirar, exhalan rumba a su paso.

Repertorio

El Gran Combo ahí
Acángana
Ojos chinos
Boogaloo del Gran Combo
Meneíto mé (Rosario Flores)
No dudaría (Rosario Flores)
Los zapatos de Manacho
El alcoholado Juana
Julia
La salsa no tiene fronteras (junto a Nora de la desaparecida Orquesta La Luz)
El menú (junto a Nora de la desaparecida Orquesta La Luz)
Es la mujer
Brujería (con Luisito Carrión)
Carbonerito
Compañera mía
Se me fue
Te regalo el corazón
Guaguancó (con Gilberto Santa Rosa)
Y no hago más na' (con Gilberto Santa Rosa)
La loma del tamarindo
La fiesta de Pilito / No hay cama
Me liberé
Nido de amor (con Carlos Vives)
Falsaria
Arroz con habichuelas
Timbalero (con Giovanni Hidalgo)
A mí me gusta mi pueblo
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La ruta del sonido bestial: El paraíso según Richie Ray y Bobby Cruz

Se anuncia para este mes el estreno de un documental sobre Richie Ray y Bobby Cruz. Esta nota del recuerdo, escrita por uno de los realizadores, es la génesis del mismo, nueve años atrás...





Fuente: Elmalpensante.com Por: Sandro Romero Rey (Año 2003)

La ruta del sonido bestial
El paraíso según Ricardo Ray y Bobby Cruz
Sandro Romero Rey

El 1° de febrero de 2003, en el Coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón, en Puerto Rico, Richie Ray y Bobby Cruz celebraron los primeros cuarenta años de una de las asociaciones más felices en la historia de la música salsa. Allí estuvo el escritor, dramaturgo y ahora documentalista Sandro Romero Rey para contarnos el milagro. Lo que sigue es su arrebatada declaración de amor a los dos músicos.

Puerto Rico es un pedazo de tierra rodeado de salsa por todas partes. Cada flecha de sus autopistas conduce a un lugar que el amante de la música antillana reconoce: Bayamón, Puerta de Tierra, Santurce, Monteadentro, Calle Luna, Calle Sol, Ponce de León, Trujillo Alto, Río Piedras. Si uno no es de Puerto Rico, es muy probable que pueda inventarse la isla gracias al sabor inobjetable de sus canciones. Ahora bien, si el viajero que arriba a San Juan es colombiano, tendrá que abrocharse muy bien los cinturones del alma, porque la agotadora sensación del déjà vu lo va a atacar desde que respire los primeros sonidos de su aire. No, no es la primera vez que uno desciende de un avión a esta descarga caliente. Uno ya ha estado allá mil veces. Uno ya ha bailado en este suelo. Uno ya se ha divertido en Borinquen, la tierra que quiero yo. Y en la Isla del Encanto lo saben. Si el que llega es, además, caleño, la clave está marcada. Hay un brillito en la mirada, un saber de qué estamos hablando, un abran paso porque nos vamos de vacilón.

Era el final de una aventura. O, al menos, el inicio de un final. Entre el 19 de enero y el 5 de febrero de 2003, quien esto escribe, en compañía de los cineastas Sylvia Vargas y Marius Wehrli, terminábamos dándonos respiración boca a boca una aventura de dos años tras Ricardo Ray y Bobby Cruz, los reyes inconfundibles de Puerto Rico. Bueno. Reyes de Puerto Rico pero también de New York, de Venezuela, de Colombia a Panamá. Habíamos estado armando un rompecabezas que daría como resultado un extenso documental sobre sus vidas y milagros. Llegar a Puerto Rico representaba el cierre del primero y más importante de los círculos, puesto que se celebraban los cuarenta años de Richie y Bobby en su aventura musical (al igual que los Rolling Stones, el año anterior) y la grabación en vivo del disco número cien, en un elefantiásico concierto (que se convertiría en dos) en el coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón. Me voy pa Bayamón a comer chicharrón. Ai na má. Na má qué decir. Allá llegamos. Del documental no hablaremos en estas líneas, porque de ello se encargarán las imágenes. Lo que me propongo es ensayar una respuesta para explicar por qué me gasté una fortuna en tiempo, paciencia, nervios y verdes, persiguiendo a dos músicos convertidos, a dos leyendas perdidas en la maraña de la historia, a dos pastores que persiguen ovejas de otro corral.

En otras palabras, estas notas pretenden abrirle un espacio a la memoria y tratar de racionalizar lo importante que ha sido para una generación la música de estos colosos de la salsa. La música de un pianista, arreglista y compositor sobrenatural, y de un cantante hierático, con una voz prodigiosa aún después de los 65 años. ¿Cómo se celebraron los primeros cuarenta años de Richie Cruz, Bobby Ray, Richie Ray, Bobby Cruz? ¿Cómo se grabó el disco número cien? ¿Cómo es este Dúo Dinámico en la tierra de sus raíces más profundas? Vamos a responder estas preguntas. Pero antes, un poco del pasado. Ahora vengo yo.


Si te contara

En 1965, cuando Ricardo Maldonado cumplió veinte años en el condado de Brooklyn, los Rolling Stones estaban preparándose para sacudir al mundo con el riff de “(I can’t get no) Satisfaction” y los Beatles eran los reyes de la comedia torciendo las estructuras del Shea Stadium. Ray Maldonado tocaba la trompeta, y su hermano Richie se comía el piano con desespero porque no quería perder el tiempo más en el Conservatorio de su barrio, ni se iba a desesperar inútilmente con los profesores de Juilliard School. Richie y Ray comenzaron a tocar juntos la música de su Puerto-Rico-del-alma, mezclándola con el jazz de sus mejores victorias nocturnas y con el sonido de las orquestas cubanas, tan impecable, misterioso y perfecto como siempre. And now, ladies and gentlemen, ¡la orquesta de Richie y Ray!... ¡Richie y Ray!... Ray hizo mutis, pero la orquesta se quedó siendo la de... ¡Richie Ray! El yin y el yang convertido en el yinyang, los siameses unidos antaño por el vientre materno ahora serían una sola cabeza y un solo corazón.

Richie había conocido en 1963 al malandro Bobby Cruz y le había enseñado pacientemente a tocar el bajo. Pero Bobby quería tirar por lo alto. Y sin pedirle permiso a Ricardo, aprendió a cantar. Al pianista, en un principio, le dio cierta indisposición, me imagino, porque él quería que se cumplieran sus órdenes desde que estaba muy joven. Pero Bobby no llevaba en vano la Cruz a cuestas y se logró colocar al frente de la orquesta, quieto, impávido, aquí estoy, aquí me quedo, aferrado a este micrófono y a estas descargas que me aprendí de memoria para no tener que compartir esto con nadie más. Ni con Chivirico Dávila, que estuvo alternando voces in the beginning, pero que luego seguiría su propio camino. El chivo no tiene nombre, bongó.

Comején fue el primer álbum y allí ya estaba todo. Desde la juvenil descarga “Viva Richie Ray”, donde se condensaban la esencia del pianista y el súcubo del cantante: megalomanía desenfrenada, arreglos impecables, pachuquería latina y letras convertidas en lo que deben ser: pretextos para llevar un ritmo. Claro que encantaba Ricardo. En ese disco (¿cómo se llamaba finalmente?, ¿Ricardo Ray Arrives? ¿Comején?, ¿Viva Ricardo Ray?) uno se fascina por el lado que quiera: con la inocente bacanería de “El mulato”, con la melcocha fatal del “Amor de juventud”, con el mapa fantástico de Cuba en la “Pachanga Medley”, con el mensaje fraterno de Ray Maldonado en “Brother Ray”, con el “Mambo jazz” al estilo moderno (de cuál modernidad estarán hablando, se preguntarán mis amigos, los que bailan pensando), con la sencilla genialidad de “Suavito”, con la ilusa “Si te contara” (¿será que el buen Ricardo sí pretendía que ella regresara arrepentida?), con la plaga del “Comején” y con la contundencia final de “Pa’ chismoso tú”. No había de qué quejarse. Ya todo estaba dispuesto para que el mito se inventase. Y Richie and Bobby se lo creyeron.


Que viva Cali, Cali, Chipichape y Yumbo

En la segunda mitad de los años sesenta, en la capital del departamento del Valle del Cauca en la República de Colombia la gente estaba dividida, no por clases, sino por la clase de música que escuchaba. Había festivales de arte que organizaba una apetecida argentina llamada Fanny Mikey. Ahí se escuchaba música clásica en el Teatro Municipal de la ciudad. Pero también existía el Teatro al Aire Libre Los Cristales, donde la Orquesta de Cuerdas de Cali alternaba sin prejuicios con las agrupaciones folclóricas. Existían aún las veladas donde se cantaban bambucos y pasillos alrededor de copas de aguardiente. Los melómanos de buena estirpe sabían de Bach, Mozart, Beethoven, Tchaikovski, Dvorak y Debussy, como debe ser en los ambientes más prestantes.

Sin embargo, nadie sabe cómo, o sí saben pero les da pereza recordar, de La Habana vino un barco cargado de... música popular antillana. Llegó al puerto pacífico de Buenaventura; luego de atravesar el Canal de Panamá, atravesó la franja occidental de la cordillera de los Andes y se instaló en los barrios populares de la muy tranquila ciudad de Santiago de Cali. Cuando los cubanos ya estaban muy bien ambientados en los tocadiscos de los prostíbulos locales, llegó el comandante Ricardo Ray con su lugarteniente Bobby Cruz, y las cosas fueron a otro precio. Cali levantó un estandarte de pasión a la música ardiente del pianista y sus notas encantadas.

Muchas descargas, decían las divinas niñas-bien de finales de los sesenta en los clubes de la burguesía local. No les gustaba Richie Ray. No les gustaba eso que se dio en llamar después salsa. Pero Ricardo siguió tocando y grabando descargas y solos y acelere y claves y ritmos y trompetas que se enredan en arreglos perfectos, como si fueran los ángeles y los demonios del Apocalipsis compartiendo micrófono con los poetas del desastre.

Ellos estuvieron en Cali en las Navidades del 68/69 y en las del 69/70, destruyendo la moral, las buenas costumbres, desconcertando con su música, Richie feliz frente a sus teclas, con un extraño parecido al maestro Antonio María Valencia, gozando en su piano de cola, mirando sin cesar a Bobby, inmenso y estático como una momia, moviendo tan sólo los labios y chasqueando de vez en cuando el pulgar y el dedo corazón de su mano derecha. Los nombres de Cándido, Ismael Maelo Rodríguez, Russell Farnsworth, Cocolía Rodríguez, Miki Vimari, El Pirata Cotto, se hicieron muy populares, popularísimos, entre los amantes de la música de Richie y Bobby. Pero, ante todo, el sonido inconfundible del piano de Maldonado (ya se sabe, “quien les toca no es Stravinsky”), sus trompetas bestiales, sus desnudos cueros, las dos voces siamesas de Ricardo y su Cruz, todo ello quedó en la memoria de los iniciados. Umberto Valverde comenzó a inmortalizarlos en su libro titulado, justamente, Bomba camará (como la canción que concluye el álbum Jala jala y boogaloo), y Andrés Caicedo pondría el punto final al homenaje con los delirios de arrepentimiento de su personaje Rubén Paces en la novela ¡Que viva la música!

Ricardo le había cantado a Amparo Arrebato, y ahora Cali le cantaba a Ricardo. Richie y Bobby, jurábamos los caleños, nos pertenecían. Pero Ricardo no volvió. Quedaron sus discos en 33 y en 45 rpm y algunos, como Bella es la Navidad, bailada en 45 cuando el disco era en 33, para que los danzantes sudaran como sólo Dios sabe. ¿Cuántos discos de Ricardo Ray y Bobby Cruz se habrán escuchado en Cali? Es mejor no calcularlo.

Colombia’s boogaloo

El tiempo pasa. Y los discos se rayan, así como la memoria. Pero los ídolos no nos quedan mal y le hacen piruetas a la muerte para poder seguir acompañándonos. 35 años después, después de Comején, 37 años después del coup de foudre, Richie y Bobby estuvieron en Bogotá en la gira promocional de su álbum Un sonido bestial (no confundir ni con El bestial sonido... ni con El sonido de la bestia), en el estadio El Campín el 17 de junio de 2000. A quien esto escribe siempre le había ido mal con Richie Ray. En 1978, cuando lo vi, los vi, en Cali por única vez, el señor Ricardo Maldonado y su fiel escudero estaban poseídos por la palabra divina y actuaban como teloneros (óigase bien) de un ex pandillero atracador de almas llamado Nicky Cruz. Ignoro el parentesco de este personaje con el cantante, pero no tuve la paciencia para permanecer en el Coliseo del Pueblo e hice mutis. Qué vergüenza. En aquel entonces debí reconocer que tenía los peores ídolos del mundo. El concierto era una mezcla de aleluyas y gemidos cuasirreligiosos, mezclados con algunas canciones de los álbumes Reconstrucción y Viven. A los puristas no les gustaban estos discos, pero yo tengo que reconocer que me entusiasman algunas canciones (“Algo diferente”, “La oportunidad”, “El rey David”...). Sin embargo, esa vez la experiencia era bastante deprimente: Richie & Bobby comenzaban cantando un temita denominado “Algo nuevo” en compañía de la Gran Banda Caleña. En efecto, algo nuevo. La acústica pésima, los arreglos rebuscados para nada, la energía deplorable. Cuando Nicky Cruz comenzó a lanzar sus aullidos triunfales a un Jesucristo que no me pertenecía, regresé a mi casa. Había perdido a Ricardo Ray y a Bobby Cruz, por culpa de Dios, para siempre.

Pasaron los años y yo me resistía a divorciarme de mi parejita. De hecho, nunca dejé de escucharlos en solitario y nunca dejé de murmurar para mis adentros: “¿Pero cómo es posible? ¡Si son unos genios! ¿Cómo es posible que en vivo sean una cosa y en los discos sean otra? ¿Serán unos impostores? ¿O será que Dios, en su divina omnipotencia, les quitó todos sus poderes musicales para castigo de los pecadores que los escuchamos?”. No encontraba la respuesta. Richie Ray y Bobby Cruz eran un par de fantasmas que sobrevivían en mi felicidad gracias a las gracias geniales de sus grabaciones. Nada más.

En 1987 regresaron a Colombia, peor que antes. Promocionando el álbum Más que vencedores, los músicos habían hecho versiones de sus grandes clásicos (“Sonido bestial”, “Bomba camará”, “Jala jala”...) ¡con letras místicas! Los diablos haciendo hostias. Decidí olvidarlos para siempre. ¿Cómo era posible que no se dieran cuenta de que la salsa y el proselitismo (sea de Rubén Blades, Celia Cruz o los Van Van) son como el agua y el aceite, como Stalin y Trotsky, como el sida y el amor? Era muy tarde para explicarlo. Era un caso peor que el de Cat Stevens (convertido ahora en Yusef Islam), que el de Robert Zimmerman (quien volvió al redil de la música para seguir siendo el inmenso Bob Dylan), que Yuri o, peor, que José José (convertido ahora en Sejo Sejo).

Pero no perdí la fe. Treinta y cinco años después, quizás siguiendo la nueva ola del renacimiento musical, gracias al cd y a las más recientes generaciones, los dos inmensos músicos (porque lo siguen siendo, ya lo van a ver) hicieron un gran concierto de resurrección en Puerto Rico en el año 2000, y el mundo volvió a bailar de alegría bajo sus notas. El resultado fue el álbum doble VIP, donde el bestial sonido de Richie y Bobby es un ejemplo patente de que la historia de Lázaro en el Antiguo Testamento es, en efecto, posible. Ellos han regresado con todo, guardando las debidas distancias. Porque una cosa es “La zafra” y otra “Cipriano”. Una cosa es “El diferente” y otra “Los fariseos”. Ambas pueden convivir en armonía si no se confunden los territorios. Pon cuidado si vas por el Guarataro.

Bueno, algo es algo. Un disco nuevo de la dupleta feliz es un pequeño regalo del Señor. Pero el premio sorpresa estaba por venir. Y vino, primero, directo a Bogotá al estadio El Campín, a la “Colombia de mis amores”. El 17 de junio de 2000, con Ismael Miranda, Pete El Conde Rodríguez (última visita a Colombia antes de su convergencia con la muerte), Henry Fiol y Cheo Feliciano, Ricardo y Bobby cantaron “Para ti Colombia”, “Agúzate”, “Sonido bestial”, “Gangán y Gangón”, “Jala jala”, “Juan en la ciudad” y “Ahora vengo yo”. Es decir, la titular, como dicen en el fútbol. En ese momento comenzó a gestarse la idea de indagar, desde adentro, en qué consiste la fascinación por la música de los dos puertorriqueños.

Puerto Rico me llama

Lo que sigue me lo salto. Lo que no me voy a saltar, ni por asomo, es la experiencia del concierto de los cuarenta años y los cien discos en Bayamón. Fue el primero de febrero de 2003. Una semana antes, cuando llegué con mis compañeros documentalistas a San Juan desde Miami, la boletería estaba agotada y hubo que organizar una nueva velada para el día siguiente. Así se nos informó en Viera Discos, el mítico almacén de salsa, en Santurce, cuyo lema es “si está grabado, lo tenemos”. Si usted, paciente lector, va a Puerto Rico en busca de salsa, tiene que conocer a Rafael Viera. Allá se reúne todo el mundo y todo el mundo te recibe con la felicidad a flor de piel.

Richie y Bobby llevaban en la isla varios días ensayando. Yo realmente creía que ellos ya habían tocado el cielo con las manos luego del legendario concierto del verano de 2001 en New York, en el Carnegie Hall, durante el Latin Jazz Festival donde compartieron escenario con la Sonora Ponceña, y Richie y Papo Lucca se trenzaron en un duelo de blancas y negras que sólo los que lo vivimos podríamos dar cuenta de su perfección. En aquella época, el documental en el que nos habíamos sumergido estaba rodando y, en sus imágenes, espero quede consignada con fidelidad la experiencia de ver a don Ricardo coronado en el Olimpo de los grandes músicos. Sin embargo, en Puerto Rico las sorpresas iban a continuar. Gracias al privilegio de andar cargando cámaras y equipos, pudimos ser testigos de los ensayos del concierto durante varios días y tuvimos la fortuna de oír temas que luego no serían incluidos en la maratón de los cuarenta años. Me refiero a canciones fundamentales de la época de la conversión, como el polémico “Adiós a la salsa” que, me imagino, fue omitido de la selección final de canciones por razones estratégicas.

Ya desde 2001 habíamos oído la idea de la grabación en vivo del disco número cien, con la presencia de otras grandes estrellas de la salsa de Puerto Rico y New York. La fecha inicial para la realización de esta fiesta tuvo que ser pospuesta, y nombres como el de Rubén Blades no pudieron participar en el homenaje. Sin embargo, los escollos fueron sorteados y Richie y Bobby, en compañía de toda su familia musical (donde se destacan Angie Ray, la esposa del pianista; Richie Viera, el productor, hijo de Rafael Viera; Luis García, el director musical, y una procesión de genios del sonido que va y viene, entra y sale, sin ningún rigor, pero con las pilas armónicas puestas), se lanzaron a la celebración.

La idea es que hubiese representación de cada una de las épocas en la vida musical de Los durísimos. La selección fue un problema pero, por fortuna, no se omitió ninguno de los nombres disponibles, y el resultado se sintió en el concierto que se extendió por más de cuatro horas. El público lo adivinaba así desde el momento en que comenzó a ingresar al coliseo de Bayamón con un fervor y un cariño que más parecía el de un rebaño de fieles que el de unos fanáticos de la salsa. Cuando la tarde languidece y la oscuridad se cierra en el cielo de Borinquen, comenzó la bacanal. Los músicos se acomodaron en la penumbra, Richie se instaló de pie frente a su piano eléctrico (de hecho, no se sentó nunca) y sin mayores preámbulos arrancó con los primeros acordes de “Comején”. Si usted conoce la canción, lector, sabrá lo que representa oírla en vivo, en especial el puente entre la primera y la segunda parte, cuando los vientos parecen alcanzar el cielo con las manos y, de un momento a otro, Bobby Cruz hace su entrada en escena y el mundo se mide, a partir de ese momento, en otro tiempo. Hoy se diluye el “huye pate’palo que viene comején” de la versión del álbum Décimo aniversario, pero no se ha perdido la sencillez sonora del elepé de cuarenta años atrás. Sin ninguna explicación, la orquesta se lanza con “Traigo de todo” de tiempos pasados. Aunque esta vez ya el cantante ni trae ron ni trae cerveza, sí trae los mismos arreglos y la misma felicidad, el mismo matrimonio entre cueros y trompetas. Allí, en medio de la emoción y el acelere, uno mira el escenario y trata de grabar en la memoria todo lo que sucede: Richie a la izquierda, comandando el ataque, con su entusiasmo inconfundible. Bobby al centro, inmutable, aunque esta vez yo lo notaba un poquitín más eufórico, haciendo mínimos pasitos de baile, chasqueando los dedos y sonriendo por encima de su nuevo peinado. Tras él, la sección de vientos, los cuatro coristas, el bajo eléctrico, los gigantescos percusionistas, la dirección musical de Luis García, todo ensamblado bajo las luces, ya no en la secreta intimidad de la sala de ensayos A Tempo, sino en la realidad de la comunión con sus devotos. Una vez terminado el segundo tema, un saludo rápido al Puerto Rico del alma y, sin dar tiempo a la respiración, siguieron con “Guaguancó raro”. Éste es el tipo de conciertos que me gustan, pensé, donde no hay que limitarse a los himnos archiconocidos, a los “catorce cañonazos bailables”, sino que uno se puede dar el lujo de disfrutar joyas como ésta, con sus complejos arreglos y sus descargas atravesadas. El solo de piano de Richie parecía calcado de la grabación original: versiones que se vuelven clásicas y en las que insisten mucho ambos compositores. “Si uno no le canta a la gente hasta el último respiro, hasta el último ¡sambumbia! que esté en los discos, te pueden matar”, me dijo Bobby alguna vez.

Que estamos en un concierto de remembranzas se adivina en el cuarto tema. El cantante habló de sus viejas épocas en New York y de la gente que los acompañó. Todo como pretexto para presentar el himno que nadie esperaba: la “Pancho Cristal” que tanto aman los que aman a Richie. A partir de ese momento, el público estaba en el bolsillo y el Dúo Dinámico había puesto las condiciones. Luego, Mr. Bobby Cruz dio una breve explicación sobre los orígenes del ritmo de “Jala jala”, sobre Roberto Roena y el Gran Combo, e hizo mutis. Richie se zambulló en su piano y martilló el inició de la canción para que todo el público saltara de sus asientos. El tema fue cantado por el solista Charlie Cruz, sonero de las nuevas generaciones, aclamado por las jovencitas. Acto seguido, el mismo Charlie Cruz improvisó pregones en una deliciosa versión de “Bomba camará”, donde ya no se habla del emba-jador del piano, sino que el cantante juguetea con las letras, contrapunteando el asalto de los teclados. Ovación cerrada. Cuando Charlie se fue, una pantalla comenzó a contar la historia de Richie y Bobby en el New York de mediados de los sesenta. Allí, con ellos, estuvo la hermosa Nydia Caro, la primera voz femenina que endulzó la pandilla. Nydia subió al escenario seguida del aplauso general del respetable. Ella, junto a Bobby, interpretó a dos voces el bolero “Yo sé que te amo”, y la lágrima brotó de los corazones que abarrotaban el coliseo de Bayamón. Nydia Caro tiene una sonrisa triste y franca que hace una perfecta combinación con el cantante. La nota melosa, como dicen por ahí, estaba puesta. Todos estábamos dispuestos a quedarnos a vivir en aquel tiempo.

Bobby volvió a tomar las riendas de su micrófono con “Juan en la ciudad” del álbum Algo diferente, quizás el tema más popular de su período religioso, junto a “Los fariseos”. Siempre suena muy bien y los espectadores lo reciben con entusiasmo profano; Borinquen no fue la excepción. Felices, satisfechos por dejar colar el mensaje del-que-sabemos, los músicos continuaron con el viaje a través de la máquina del tiempo. Regresaron los invitados. Luisito Carrión se unió a la fiesta. Al término de sus dos canciones, el comentario unánime era que se trataba del mejor de los solistas invitados. Luisito inició su turno con la legendaria “Cristóbal Celai” de Roberto Angiero, del álbum 1975, un clásico con homenajes a Johann Sebastian Bach. La canción es fuerte, de violentos golpes de timbal que el cantante recibe con estoicismo y sabe devolver con maestría. Tras el redescubri-miento de “Cristóbal”, Luisito Carrión se descarrió con una versión contundente de “Amparo Arrebato” que, para un colombiano colado en medio del delirio puertorriqueño, era más que un homenaje. “Pa Juanchito me voy, a pescar al río”, cantaban los coros, y yo me preguntaba si Luisito conocía las claves del tema, si Cali, Chipichape y Yumbo habían zumbado por sus venas. No importaba. El tema saltaba por los aires con la misma gracia y el mismo goce de la grabación original, insertada en tantas compilaciones. Luisito Carrión se dio por bien servido, y Amparo Arrebato ascendió a los cielos entre diamantes tropicales.

Siguieron las sorpresas. Si uno ha oído hablar de Richie Ray, ha oído hablar de Miki Vimari. Pero nadie había vuelto a saber de su existencia. La daban por muerta, la daban por una invención, la daban por un artificio de las grabaciones. Pues resulta que los productores del concierto la resucitaron para la escena. A pesar de que en un principio ella estuvo reticente, al final se dejó convencer y, hela aquí, en el coliseo cubierto Rubén Rodríguez, muy tímida, ya no como la Lolita impávida que adorna la contracarátula del Bestial sonido, sino como una mujer cargada de experiencias que regresa al escenario con recurrente modestia. Bobby la presentó con entusiasmo y ambos entonaron el bolero “Cuando me digas sí”, que todos coreamos con ella para darle confianza, para que se diera cuenta de que el tiempo de las canciones no es el tiempo de la realidad. Tras los aplausos, la orquesta comenzó con los acordes de “La Vimari”, el travieso himno que concluye la cara A del disco que la inmortalizó. Todo muy bien, todo sabrosito, el público se sentía ya instalado en la felicidad, pero no sabía, ni por asomo, de la tormenta de dicha que se le venía encima.


Vamos tocando como bestias

Ya llevábamos doce temas y quien esto escribe se estaba preparando para lo mejor. Días atrás, en la sala de ensayo, yo había tenido la fortuna de quedarme paralizado filmando y disfrutando los ensayos con los músicos originales de La Orquesta del Sonido Bestial. Así quedaron bautizados: José Hidalgo Mañengue, Charlie El Pirata Cotto, Polito Huertas, Manolito González, quienes habían ensayado solos, con Richie, y parecían una orquesta de cien músicos. Hacía cerca de treinta años que no se reunían y yo fui testigo del arranque. Se lanzaron sin papeles con una versión alucinante del tema insignia de don Ricardo Maldonado y allí fue Troya. El mismo Richie quedó con la boca abierta en el estudio. “Chicos, parece que no hubiera pasado el tiempo”, les dijo el que no es Stravinsky. Ese día, acomodaron los detalles para una versión de “La zafra” igual de escalofriante. Así que, la noche del concierto, yo estaba preparado para que el coliseo se hundiese en sus propios cimientos. Palabra de Dios. Sólo el hecho de verlos aparecer marcó la diferencia: Mañengue, conocido como “El alcalde de La Perla” (el barrio caliente de San Juan), con sombrero blanco y chaqueta alada, Manolito González con esparadrapos en los diez dedos, El Pirata Cotto con su ojo que sólo mira hacia adentro, Maelo Rodríguez entre el público, muy enfermo, los gritos cerrados de los espectadores incrédulos, la señal de Richie, el estremecimiento general y ¡zum! las trompetas de la felicidad rompieron el aire con el “Sonido bestial”, Miki Vimari en los coros, los viejos muchachos descargando como sólo ellos lo saben, la baba de la rumba, la agonía y el éxtasis, Richie Ray y Bobby Cruz bajando de los cielos, enseñándole a la eternidad quiénes son los dueños de las celebraciones.

Nadie lo podía creer: ver a Mañengue conversando con sus cueros, bailando, levitando, El Pirata dibujando serpentinas en el aire con sus baquetas, el cencerro de Manolito marcando la parada, era el punto final y el punto de partida para demostrar por qué diablos existe la magia infinita en la música de nuestros convidados. Por supuesto, siguió “La zafra”, con las voces de todos los intérpretes imitando los cuchicheos de las percusiones, y luego, escucha una canción allá por la seee-rra-nía ¡pum! el acabóse, canonizados estuvieron los buenos muchachos del pasado, bienvenidos al presente, Richie se los debía meter en el bolsillo y no dejarlos salir nunca: el concierto ya estaba más que justificado.

Pero esto no paraba, seguía y seguía, y los asistentes al templo, al tempo de Richie, Richardine, ya nos estábamos acostumbrando a que había que quedarse a vivir allí. Cuando se fueron los viejos maestros, siguieron los estrenos. Canciones compuestas especialmente para la fiesta. La primera se llama “Doña Catalina”, un tema críptico, con secretas y discretas alegorías religiosas. Pero con el punch que ya sabemos. La segunda se denomina “Chan chan”, que no tiene nada que ver con la canción que inmortalizaran Compay Segundo y la pandilla de Buena Vista. En este caso, se trata de un travieso lullaby que Bobby hizo a partir de los arrullos de su madre en la infancia. Sin objeciones. Los presentes seguíamos respirando a tumbos y esperando a ver cómo se podía superar lo vivido hasta el momento. Un nuevo invitado pasó al tablero con una canción que no visitaba la memoria de los amantes de (la música de) Richie desde hacía bastante tiempo: “El yambú”, incluida en el ya citado Décimo aniversario. Bobby la iniciaba y luego, cuando comienza el pregón, hace la segunda para Alex de Castro, otro de los cantantes de salsa convertido en pastor. Aunque en esta ocasión (y yo diría que por fortuna) el proselitismo se dejó a un lado. La concentración estuvo en el estribillo, en el aé, qué rico yambú, que sonó fresco y diáfano, para tranquilizar la respiración. Alex de Castro se encargó también de resucitar el hermoso “Guaguancó triste”, una de las primeras composiciones del entonces anónimo Rubén Blades, que Richie y Bobby incluyeron inaugurando la cara B del Bestial sonido. Una lástima que no la hubiese cantado el señor Cruz, el de la Santa Cruz. Sin embargo, los solitos saltones de Richie, que no descansa ni para tomar aliento, hacen las delicias de los remembrantes. De la tristeza, pasamos a la alegría de la “Bomba de las Navidades”, de nuevo con los coros de Miki Vimari, los pregones alucinados de los hermanos Sanabria y los espectadores deambulando por los resquicios del pasado.

Un nuevo impulso y vinieron los covers. Primero, el himno de Frank Sinatra convertido en “A mi manera” (entre los fans de Richie y Bobby, “My way” no existe: la canción es de nuestros héroes), con el duelo de voces entre los mismí­simos protagonistas de esta saga. De hecho, Ricardo Maldonado siempre le ha hecho la mejor segunda a su compadre. Pegadita, sacaron a la luz la versión de “Señora” que, según cuentan, poco entusiasmó en su época al autor, Joan Manuel Serrat, pues la reinterpretación de los nuestros terminó siendo mucho más popular en los países del Caribe. Ese ladrón que os desvalija de su amor soy yo, señora... Canciones que sirvieron de tránsito para luego entrar en un nuevo territorio fascinante: el trío de pianos de Richie con Papo Lucca, el líder de la Sonora Ponceña, y el gran Luisito Marín, una sorpresa prodigiosa del latin jazz. Entre los tres se encargaron de resucitar a “María Cervantes” y de reproducir eso que, en su momento, en el álbum On the loose, don Maldonado denominó la “Suite Noro Morales”. Los tres, que no se sentían en una competencia, ni leal, ni desleal, cumplieron con la cuota reposada y elegante. Reposada tan sólo por unos instantes, porque los que subieron acto seguido al escenario fueron las grandes ligas de la Fania All Stars: Johnny Pacheco, en la simbólica dirección musical, y el bajista Bobby Valentín, listos para lanzarse al vacío con la composición de Ray y Cruz para la constelación de estrellas de los setenta: “Ahora vengo yo”, con los solos y las descargas intactas. Luego, la dicha se consolidó con el tema “Hermandad Fania”, del cual se habían olvidado hasta los mismísimos miembros de la Vía Láctea de la salsa. Pacheco, lento y pausado, con sus canas plateadas, se encargó de dirigir un nuevo arreglo de un nuevo tema, especial para el cumpleaños: se llama simplemente “40 años”, con fragmentos de los grandes clásicos de don Ricardo. El laberinto sonoro recuerda al antiguo clásico “Bembé en casa de Pinki”, con sus jugueteos en los que una melodía le muerde la cola a la otra, para delicia de los que se encantan con los códigos cifrados. A estas alturas del partido, todos nos preguntábamos si la maratón musical iba a ser para toda la eternidad. Y la sensación se mantuvo con una canción más titulada “Celebrando el número cien”, con más citas y más homenajes extasiados. La ovación fue total al fin de la francachela, y aún hubo tiempo para que Bobby se envolviera en la solitaria estrella de Puerto Rico e interpretase “Mi bandera” para agradecer con creces tanta dicha y tanto frenesí.

Los espectadores, los ángeles, los querubines, todos, salimos aullando de felicidad. Richie y Bobby hicieron mutis por el foro, listos para repetir la dosis al día siguiente, aquí estamos, señores, diferentes pero iguales, con tinte en los cabellos pero con sonrisas en el alma, no se vayan que al final la vida sigue igual. Azucaré y bongó, Richie ya llegó. El día que usted se muera quiero que todos lloren, murió el rumbero mayor, el hombre de mil amores. Colorín colorao, cuento acabao.
Bueno, quedaron faltando “El mulato”, “Pachanga Medley”, “Pa’chismoso tú”, “No me dejes”, “Swedish Schnapps”, la perfecta “Cabo e”, el himno “Lo altare la arache”, mi favorita “Gentle Rain”, “Tin marín”, “Iqui con Iqui”, “Vive feliz”, “¡Ay compay!”, “A jugar bembé”, “Ricardo y Chaparro” (nunca la explicaste, Bobby, nunca la explicaste), “El Abacuá”, “Wakamba”, “Aé cumayé”, “Feria en Manizales”, “Que se matan tres”, “San José”, “El conde”, “El cencerro de Shingaling”, “El guaguancó”, “Mambo en París”, “Yo soy Babalú”, “Agallú solar”, “Guaguancó in Jazz“, la saga de “Juan Sebastián”, “Chiviriquitón”, “La timba”, “La oportunidad”, “El rey David”, “Adiós a la salsa” (¿todavía lo crees, Richie?), “Baba Coroco”, “Mírame”, “Seis chorreao” en 45, “Bella es la Navidad”, “La lluvia”, “Siguaraya”, “Yényere”, y así. Y así. Qué pena que falte tanto, Ricardo Maldonado y Bobby Cruz. Pero los fanáticos tampoco nos damos nunca por satisfechos. Nos veremos en el cielo, porque allá nos espera otra jam session. ¿Será que puedo pedir alguna?

Hay más, mucho más: la verdadera historia de Gangán y Gangón, los hermanos gemelos de Bobby, policías ambos. Los secretos de don Pacífico Maldonado, el padre de Richie, aún vivo. La vida y milagros de las iglesias de las dos super-estrellas. Las películas perdidas. La colección de ropa de Bobby Cruz (¡sí, hay una Bobby Cruz Collection!). Los misterios aún no resueltos. En fin. Guardemos material para las imágenes. Por lo pronto, quedémonos con la música, que es lo único que, en última instancia, justifica todos los medios
12 nov. 2012 0 comentarios

Richie Ray: "Ahora tengo los pies sobre la tierra"



Fuente: La República, Perú. Por: Estefany Barrientos


Ricardo Maldonado, más conocido como Richie Ray, es hoy más que un ícono de la salsa. En esta entrevista responde con voz segura sobre aquellos años de bohemia que pudieron acabar con su brillante carrera. Este 23 compartirá escenario con la Fania All Stars.

¿Por qué en algunas de sus canciones se escuchan piezas de música clásica? En ‘Sonido bestial’ hay una parte de Chopin...

Sucede que yo estudié para ser concertista, pero viví una vida protegida, no hice deportes, no sabía de la vida, tal vez por eso busqué lo popular (la salsa), pero quería ser versátil y recurrí a Chopin. La salsa es como la comida, hay secretos de chef. Los condimentos dan sabor y cuando se mezclan las culturas se crea lo rico.

Si usted fuera solo un melómano, ¿con quién se quedaría: Eddie Palmieri, Larry Harlow, Papo Lucca o Richie Ray?

(Ríe). Cuando comenzábamos, los Palmieri ya estaban establecidos. Me fascinó Eddie porque hacía cosas raras, diferentes, fue un mentor musical, me encantó su curiosidad. En mi caso, yo creo que soy un eterno estudiante, me falta mucho, pero sí, seguro que me encantaría Richie.

¿Qué significa para usted Bobby Cruz?

Muchos puertorriqueños  como mis padres fueron a New York en busca de algo mejor. Pero Bobby tuvo una vida aún más difícil, tuvo una madre soltera. Nuestras mamás trabajaban juntas como costureras... Él tuvo más exposición a la vida que yo, andaba con muchas mujeres, era el líder de una pandilla. Pero era un talento. Sin haber estudiado, terminaba dictándome las melodías. ¿Te imaginas eso? Como músicos también tuvimos que luchar contra el sistema. Él traía al proyecto cosas que yo no tenía, era una combinación fundamental...

Un tiempo se dijo que había algo más que amistad entre ustedes…

(Ríe). Sí, dijeron que éramos homosexuales porque todos (los grupos) se peleaban y nosotros estábamos felices haciendo música. Como digo: lo que funciona no se cambia. Bobby es un hermano, un amigo, un mentor o un padre. Yo no me hubiera desarrollado como artista sin él.

¿Nunca les afectaron esos  rumores?

No, estábamos muy ocupados con todas las mujeres del mundo (ríe). Fuera de eso, me crié conservador. Claro, ahora todo el mundo hace lo que quiere y no tengo problemas con ese tema (homosexualidad). Nosotros trabajamos duro y Richie es nuestro producto.

Entonces ¿qué buscaron en la religión?

Es complejo. Mi papá era ateo, machista. Mi mamá era calladita y tenía que aguantarlo. Mientras escribía mis memorias, todo fue cayendo en su lugar. Comencé a sentir que faltaba algo. Como que trataba de llenar un vacío con la música, haciendo y vendiendo discos. Entonces pensé: “Mejor me caso y tengo hijos”. En ese momento tenía ‘amiguitas’ y entre ellas vi a una con la que podía tener algo más. Al principio todo fue muy bien pero ella era más joven que yo y talentosa. Ella no quería casarse, tenía que seguir su camino y hacer una carrera profesional… y evidentemente no sentía lo mismo que yo.

Usted no estaba preparado para esa respuesta...

¡Por supuesto que no lo estaba! Tenía 30 mil mujeres que eran como juguetes, pero esa vez no fue así. Me sentía como la ópera ‘Payaso’, que en la noche se va al camerino a llorar, así me sentí de mal. Bebí mucho ron, empecé a ‘jugar’ con las drogas…

¿Lo llama ‘jugar’ porque considera que no tocó fondo?

Lo digo porque no creo que haya sido un borracho y drogadicto arrastrado, pero sí tuve momentos muy oscuros. ¿Cuáles? Llegué al extremo de decir que la iba a matar y que yo me iba a meter un tiro. No solo lo dije, lo tenía planeado.

Y fue, como muchos dicen, que sintió el ‘llamado de Dios’.

Pensé que era producto de haber fumado tanta marihuana, pero pasó así. Aunque digamos que el proceso también empezó cuando conocí a una novicia –que estaba en la iglesia buscando refugio–; ella hacía música y me llevó en 1974. Bobby también siguió el camino.

¿Qué tanto ha cambiado como músico y como hombre?

Cuando nos establecimos, nos fanatizamos, pero ahora en los conciertos tocamos primero los éxitos y cuando el público está abierto buscamos la forma de llegar. En lo personal, no soy un ángel ni un demonio. Si pasa una muchacha con pantalones cortos, claro que la miro, pero recapacito y sé que tengo mi mujer. Ahora tengo los pies sobre la tierra. No canto música cristiana pero no voy a ir en contra de lo que creo. La santería ya se eliminó.

Ahora tiene más de 30 años con su esposa...

¡Y nunca le he sido infiel!  María de los Ángeles y yo somos felices, pero los hijos nunca llegaron. Recuerdo que la mandé al médico, muy machista, pero el problema no era ella sino yo. Mi esposa quería tener cinco hijos y enterarse de eso fue un golpe muy duro para ella. Pero bueno, el no tener hijos nos ha permitido trabajar más en la Iglesia.