20 may. 2012

Oscar D'León: "Que el público me retire"



Fuente: El Universal, Venezuela. Por: Angel Ricardo Gómez

Es lunes 7 de mayo. Oscar D León tiene un día de descanso para retomar una gira que lo lleva por ciudades de Estados Unidos y México. Atiende desde el hotel la llamada de El Universal. "Los medios son nuestro punto de apoyo, hay que atenderlos bien. Uno se debe a ustedes", dice.

Inmediatamente pasa a narrar la agenda: tras conciertos en ciudades como Washington, Nueva York y Miami, en EEUU, y Veracruz, Boca del Río, Querétaro, Distrito Federal y Pachuca (hoy), en México, el salsero regresa este lunes a Miami para grabar con Don Francisco. "El miércoles estaré en estudio grabando un nuevo disco; el jueves 24 de mayo, a Los Ángeles, porque el 25 estaremos en el Congreso de la Salsa; el 26, en San Diego; el 27, en Las Vegas y el 29 estoy en Caracas".

Y es que el 1 de junio, a las 8:00 p.m., el "Sonero del Mundo" se presentará en el Centro de Convenciones del Eurobuilding, junto con La Billo s, Los Melódicos y el Grupo Mango.

Tan nutrida está la agenda del artista que no logra precisar la fecha del concierto de junio; tampoco menciona  el disco en vivo que acaba de salir al mercado, con sus grandes éxitos; y sobre un proyecto con Gustavo Dudamel, apenas dice: "Se está comentando algo por ahí". Luego reconoce, medio en broma, medio en serio: "Casi nunca me informo de las cosas porque como yo soy el llavero de Oswaldo Ponte (su mánager), él habla y me dice una hora antes y ya yo estoy listo".

El próximo 11 de julio arriba a los 69 años de edad. Y parece que los compromisos aumentan como la edad para el caraqueño, que salió de Antímano para brillar en las marquesinas de los escenarios más importantes del planeta.

¿Cómo reacciona el público de hoy en día con su música?
Muy bien. Estoy viendo que me siguen muchas mujeres, vale, y eso me causa bastante agrado.

¿Cree que la salsa tiene mayor aceptación ahora que hace unos años atrás?
No creo que sea la salsa. Yo creo que es mi persona: el contacto por el Twitter y lo que le puedo dar al público en tarima, todas esas cosas que quizás los otros artistas no les están dando.

¿Planea un concierto para celebrar otro aniversario artístico?
Es un reencuentro con el público. Ya yo celebré en el Teresa Carreño y no celebro más.

¿Por qué? ¿Es pavoso?
No pavoso, sino que cada vez que uno celebra 30, 40, comienzan a sacar cuentas.

¿Y qué trae de nuevo ese disco que comienza a grabar este miércoles?
Trae cosas nuevas, como temas de Frank Sinatra. Voy a cantar en inglés, con una big band estadounidense. Rodolfo Castillo es el productor del disco. Él tiene buenos contactos y entre esos está la organización grande. Entonces puede que haya una nominación por ahí.

¿Y la salud cómo va?
Bien, hasta ahora chévere. Me he sentido bien, lo más importante es aprovechar el momento para descansar, tomar mi vitamina, mi régimen medicinal, hacer ejercicios...

¿Qué ha reflexionado tras los infartos de 2003 y 2009?
Lo único que me ha enseñado es mi régimen medicinal, que no lo debo parar, porque de la primera incidencia a la segunda, fui muy desordenado. Ahora estoy más riguroso y dentro del rigor están las citas médicas, hacerme la prueba de fuerza... Me siento bien, con deseos de cantar en tarima todo el tiempo, no hay esa nostalgia cada vez que salgo, como antes, y mientras eso sea así y el público vaya a mis presentaciones, habrá Oscar para rato.

Al volante
Hay una diferencia sustancial entre el Oscar D León que conducía un taxi en los años 60, al de hoy en día. Y no se trata sólo de dinero... "Yo siempre ando por ahí, manejo suave, disfruto de eso, ahora con el Ipad escucho música. Ni chofer ni guardaespaldas; yo no uso eso. Cuando era taxista no había hora, arrancaba y le daba hasta que el cuerpo aguantara.

¿Cómo era esa ciudad?
Era una Caracas tranquila. Como no existía el teléfono celular tampoco existían esas grandes colas. Yo atribuyo todo eso al celular, que vino a cambiar, en el mundo, el tráfico, porque antes no podías salir esperando una llamada en la oficina o en la casa; hoy, la oficina está en los carros o en el teléfono. Cada día, con este modernismo, la gente está más cómoda, pero eso trae como consecuencia que hay más gente en la calle y la delincuencia se organiza con mayor facilidad.

Escuchando a la Sonora Matancera o a la Orquesta Aragón en su radio, ¿se imaginaba que sería tan grande como ellos?
Nadie se puede imaginar, sí puedes ambicionar. Como cantante nunca me erigí, hasta que llegó el momento de ponerme a cantar por una necesidad y vi que a la gente le gustó y por ahí me fui. Mi atracción fue la percusión, el bajo; nunca director de orquesta, mucho menos tener mi orquesta. Me gustaba la música, pero nunca pensé que iba a ser cantante.

¿Quiénes conforman la generación de relevo de la salsa?
Es difícil. Yo he sentido en mi carrera que hay que echarle pichón y hay que tener fuerza de voluntad porque hay escollos, tropezones, que pueden hacerte sucumbir. Por mi cabeza pasó en algún momento, y apareció la Dimensión Latina. Hoy en día, como para hacerte la promoción, tienes que sacar de tu bolsillo; es difícil sacar un disco. Por otra parte, oigo en la radio que están desconceptualizando la forma de hacer la música, hay muchos errores: la percusión que no respeta al cantante, un alboroto, una estridencia, no hay una conciencia para acompañar.

¿Grabaría reggaetón?
Ya grabé, pero yo creo que eso ya va en decadencia. La parte jocosa del reggaetón, los que inspiran, eso es un asidero para los que no saben cantar, allí  pueden ser artistas de alguna forma.

¿Cómo está la salsa actualmente?
No está muy bien, porque los exponentes son hechos como de cartón, no son auténticos, mucho físico pero nada de arte, y falta mucho para ser lo que otrora hacían Celia Cruz, Tito Rodríguez, Héctor Lavoe, Ismael Rivera... Difícil suplantar esos valores, nadie ha podido llenar ese hueco.

¿Piensa en el retiro?
No. Me gusta lo que hago. Espero que sea el público el que me retire... El público es el que te dice el pedestal que te toca, y si tú no estás pendiente te sacan del juego, te olvidan.

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