7 mar. 2010

Palmieri en México

Fuente: Notimex

El músico neoyorquino de jazz latino Eddie Palmieri, ganador de nueve premios Grammy, al frente de su banda Afro Caribbean Jazz Septet, dejó constancia el pasado viernes de su enorme talento y virtuosismo en el concierto que ofreció en un conocido centro de espectáculos en esta ciudad.

Ante un gran número de asistentes, el concierto que abrió con el reconocido mexicano Héctor Infanzón Cuarteto como telonero, cautivó a los asistentes que ovacionaron a ambos exponentes de jazz en una memorable presentación.

En el José Cuervo Salón, Héctor Infanzón y su cuarteto inició la velada musical, y de arranque interpretó un tema extraído de su disco "Citadino", con el que plasmó el ritmo contagioso del jazz, que incluyó un sección de improvisación, para gusto de los asistentes.

"Gracias por invitarme a este concierto y estar en el escenario, abriendo a un gran artista como es Palmieri, así como ejecutar piezas de mi reciente producción discográfica", comentó Infanzón.

Y sin perder minutos, el grupo interpretó enseguida "Zócalo", dedicado especialmente a esta plaza del Centro Histórico, que sobresalió por el ritmo del género sincopado con las consecuentes improvisaciones.

El talento del pianista Infanzón se mostró una vez más al ejecutar otra muestra de su reciente álbum, dedicado a los recintos culturales, la cual inició en solo para ratificar su lugar dentro de este género musical, como uno de los exponentes mexicanos más importantes.

La excelencia jazzística continuó por varias piezas más, en las que el pianista y su cuarteto plasmaron su calidad técnica y de improvisación, lo que el público reconoció en cada corte con ovaciones cada vez mas sentidas hasta el final de su participación.

Entonces el ambiente estaba creado para la aparición de Eddie Pelmieri y su septeto. El músico llegó al escenario una vez que sus músicos se habían instalado y como introducción agradeció a los asistentes y dejó patente su honor por estar en el lugar.

La gala jazzística con esa amalgama de sabor latino que sólo el ganador de nueve Grammy le sabe dar dio inicio con piezas como "In Walked Bud", música que cautivó rápidamente a los presentes, por el gran talento de cada uno de los músicos, en especial del pianista estadounidense.

Palmieri, acompañado por Conrad Herwig, Rubén Rodríguez, Michael Rodríguez, Yosvany Terry, Jose Claussell, Vicente Rivero y Orlando Vega, pusieron a bailar al público a ritmo de jazz latino, que ejecutado por estos músicos fue una cátedra de cómo tocar este género.

El virtuosismo del pianista y la alta calidad de los integrantes del Septeto se plasmó cada vez más en composiciones como "Crew", "Bolero Dos", "Picadillo" y "Palmas", que, entre otras, se escuchó la improvisación de los músicos. Los presentes respondieron con ovaciones.

Luego siguieron temas como "La libertad" y "Lógico", que con ritmos latinos, sin perder la esencia del jazz, fueron nuevas muestras del talento del Septeto y su líder Palmieri.

Para concluir el concierto, el pianista neoyorquino y los músicos ejecutaron "La comparsa", para llevarse fuertes aplausos del público, que los ovacionó de principio a fin.

Eddie Palmieri tiene medio siglo de carrera, 36 discos y un innovador impulso que sigue retando convencionalismos, y es famoso por liderar el legendario conjunto La perfecta. Ha sido nominado en 15 ocasiones a los premios Grammy, de los cuales ha obtenido nueve.

En 2007 fue acreedor de este premio dentro de la categoría de Mejor Album de Jazz Latino, con el disco "Simpático", en el que colaboró el reconocido trompetista Bryan Lynch.


Otra reseña del concierto del viernes…

Noche de jazz con Eddie Palmieri
Por: Azul Del Olmo

El pianista neoyorquino se presentó en el José Cuervo Salón, donde sus más fieles seguidores disfrutaron de su talento, a pesar de los problemas técnicos

La noche prometía ser una velada perfecta para realizar un viaje por los ritmos latinos, el jazz y la salsa de la mano de Eddie Palmieri y el Afro Caribbean Jazz Septet, quienes se presentaron en el José Cuervo Salón.

El pianista mexicano Héctor Infanzón y su cuarteto fueron los encargados de abrir la noche con piezas de su más reciente disco, Citadino.

“Es un enorme placer estar aquí, es memorable para muchos. Nos corresponde comenzar esta velada a nosotros”, dijo Infanzón antes de entonar las primeras notas de El Vago.

Una vez que concluyó la actuación del mexicano, quien fue muy bien despedido por el público, Eddie Palmieri y su septeto tomaron el escenario del lugar para continuar con la fiesta.

“Estamos encantados de estar en México con ustedes, muchas gracias”, fueron las palabras que dieron paso a In Walked Bud, el primer tema de la noche del nueve veces ganador del premio Grammy.

Sin embargo la habilidad de las manos de Palmieri no se logró escuchar en la primera pieza ni en la segunda, Slowvisor, ya que hubo un problema técnico con la conexión del piano acústico que utilizó el músico y el concierto fue interrumpido.

Después de 15 minutos, el recital se reaundó con piezas como Crew y Bolero dos, que invitaban a los presentes a disfrutar de cada nota emitida por la trompeta, las percusiones, el trombón, el contrabajo y el saxofón.

Pero fue con Picadillo, de Tito Puente, que Eddie Palmieri recibió el primero de varios “¡maestro!” que el público le regaló por su talento, a la vez que comenzó a aplaudir al unísono.

Varios de los presentes en el José Cuervo Salón abandonaron sus asientos y comenzaron a bailar en la pista que se encontraba en la planta baja del lugar, así como en el primer piso, mientras que Conrad Herwig (trombón) y Michael Rodríguez (trompeta) aplaudían a ritmo del público.

La velada continuó con temas como Palmas y La Libertad, en las que Yosvany Pérez (saxofón), Herwig y Rodríguez ejecutaron un llamado —respuesta con sus instrumentos intercalando los sonidos de cada uno.

Eddie Palmieri y su Afro Caribbean Jazz Septet se despidieron recibiendo una ovación por parte del público, por lo que antes de abandonar el escenario, tomaron sus instrumentos nuevamente y con un solo ejecutado por Vicente Rivero (congas), seguido por Orlando Vega (bongós) y José Clausell (timbales) reiniciaron el baile.

Lógico fue el preludio al final de la velada, en el que Pérez hizo gala de su talento mientras que más de 50 personas mostraban sus mejores —y peores— pasos de baile. Al concluir con La Comparsa Eddie Palmieri y su septeto agradecieron al público con una reverencia y abandonaron el escenario.

Eddie en México

La duración del concierto fue de dos horas.

Durante 15 minutos se suspendió el recital por “fallas técnicas”.

Eddie Palmieri interactuó con el público en dos ocasiones, y dos más para presentar al septeto.

Al término de la velada, el pianista neoyorquino hizo una reverencia y salió del escenario sin decir una sola palabra.

El público estuvo contento y entregado desde el inicio hasta el final, sin expresar molestia por el retraso ocasionado por fallas técnicas.


Fuente: La Jornada
Por: Ernesto Márquez

Eddie Palmieri es uno de los pocos dioses que quedan de la música caribeña. Y luego de toda una vida dedicada al arte musical, aún tiene mucho que decir. Eso se demostró la noche del viernes en el salón Vive Cuervo con un soberbio concierto de latin jazz, y lo refrendó 24 horas después en el salón La Maraka, donde brindó una de las actuaciones más emotivas con un repaso por su dilatada carrera musical.

El primer concierto fue un viaje emocional por medio de un paisaje sonoro pleno de atmósferas melódicas-armónicas y giros rítmicos finos e intensos, bordados con temas de sus álbumes Arete, Palmas y Listen Here. El segundo, uno pleno de salsa dura, de buen soneo y descargas instrumentales elevadas a la décima potencia por una banda cuyo nombre esta inscrito en la historia musical del Caribe: La Perfecta.

Dos momentos y dos repertorios para ¿distintos públicos? No, en este caso para un mismo público: el de Palmieri. Ese que le sabe, lo conoce, lo quiere, lo disfruta y al parecer no ve barreras entre el latin jazz y la salsa

La música de Palmieri no es fácil, tiene un alto nivel de elaboración que asume influencias que van desde el Rythym & Blues, el funky y el soul, hasta Bach y Debussy. Él mismo, como pianista, manifiesta al tocar su admiración por Bill Evans y Thelonious Monk, con apertura modal y reminiscencias del estilo de McCoy Tyner, así como un desarrollo solista elaborado a partir de patrones clásicos.

Nuevo jazz latino

Con su octeto de jazz afrocaribeño, Eddie desarrolla piezas de compleja estructura que acaso se podrían resumir en una historia única: la de todas las corrientes musicales que confluyen en el nuevo jazz latino. Con La Perfecta: una sonoridad gozosa, que narra distintas historias en las que cuerpo y alma se reconcilian

En la gala de jazz, nuestro héroe abrió con In Walked Bud, del álbum Listen here (2005) para luego continuar con Crew, de Arete (1995), Slowvisor, Bolero dos y Palmas, del disco homónimo. Fue ovacionado en los temas clásicos Picadillo y La libertad, y por su arreglo a La comparsa.

Los solistas, como siempre de primera; esta vez invitó a diestros jazzistas, entre quienes sobresalieron los cubanos Yozmani Terry, en el saxo tenor y chékere, y el trompetista Michael Rodríguez. Impresionante, el primero desplegó escalas majestuosas en un ir y venir de accionar preciso y metiendo sandunga con el chékere. En tanto, el trompeta Rodríguez, quien sustituyó a Barry Linch y es colaborador habitual de Charlie Haden, logró imponer su jerarquía.

El público, que llegó desde temprano a La Maraka, permanecía caliente y expectante. Abrió Herman Olivera con Malanga, escoltado por una decena de músicos puertorriqueños y estadunidenses, entre ellos la destacada flautista neoyorquina Karen Josephs y el contrabajista mexicano Rubén Rodríguez.

Poco a poco llegaron los temas clásicos de La Perfecta: Cuídate Compay II, Sujétate la lengua, Vámonos pa’l monte… Eddie aclaró que el programa era una selección de temas que grabó con La Perfecta entre 1961 y 1968. Esta es una canción de esa época, dijo, y arrancó con Muñeca. “Ay mi muñeca perdóname/Me encontraste en los brazos de otra nena… y yo te juro que no lo hago más…”, soltó Olivera.

Sobrio, dosificando su peculiar timbre de voz, Olivera alternaba su soneo con solos de los músicos, mientras Palmieri entraba en trance sobre el piano. El maestro sonreía al público, que lo observaba alelado. Miradas que se multiplicaban en las decenas de celulares que registraban para la historia personal el gesto y la musicalidad del maestro.

Ahí está la trombanga: el trombón de Herwig Conrad y José Dávila, al unísono con la flauta de Karen Josephs. Buenos vientos, buena mar. Palmieri sossostuvo el tumbao con la base rítmica que lo acompaña y el bajo de Rubén Rodríguez. Nelson González treseó frente al piano en un contrapunto de miradas y sonrisas cómplices. Las cuerdas, al igual que las teclas y los cueros, bailaron de mano en mano ante un público absorto.

La candela continuó. Arriba de una silla, Deborah Holtz bailó. Un bongó suelto se aceleró llamando al arrebato. El muchacho que lo ejecutó es Orlando Vega, mulato de cara angelical que por lo mismo no parece rudo, pero que al sonar los cueros despierta todos los demonios. Deborah gritó y se solazó.

Más candela

Vino más salsa, más candela. Eddie presentó uno de sus temas más queridos, Azúcar, compuesto en honor de Azuquita Porte, su ahijada. A esta altura la gozadera era espléndida. La gente estaba emocionada, llevaba la clave con las palmas. Palmieri se levantó. Alguien gritó extasiado: ¡Es La Perfecta, maestro! Otro más allá exclamó: ¡Esto sí es salsa! Mientras, Herman Olivera, El sonero del siglo XXI, soneaba: “El ritmo que traigo es azúcar, azúcar pa’ti”. Karen, la de la flauta, bailó. La morena tiene su tumbaíto. Olivera pregonó: “melao pa’l sapo, el sapo quiere melao”. En tanto, Conrad con Pepe Dávila se la sirveron en riffs trombonísticos.

Llegó el final. Nadie quería moverse de la pista. Palmieri y su banda estaban en trance, el público también. Hay que terminar. Vino la conga Camagüeyanos y Habaneros. Un solo de José Clausell, a manera de despedida en los timbales y, por último, una descarga inolvidable del Pequeño Johnny, volando muy alto sobre las tres tumbadoras.

Hora y media fue insuficiente. Nadie se quería mover.

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