17 nov. 2019

La Habana, a cinco siglos de sus primeros músicos


La Habana celebró anoche los 500 años de su fundación. Fecha historica


Fuente: Granma, Cuba. Por: Guille Vilar

Si usted quiere conocer más de cómo somos los habaneros, acérquese al gran movimiento cultural que, desde la capital de todos los cubanos, se desprende hacia el resto de la Isla. Pero si dispone de tiempo para escuchar los centenares de canciones que se le han dedicado a esta populosa ciudad caribeña a través de los años, prepárese entonces para contactar con la confluencia de los más diversos géneros y estilos que tienen en común el amor por La Habana.

El hecho de que por la inmediatez con que vivamos, fijemos en la sensibilidad primaria de nuestra memoria al más caro afecto por emotivas canciones como Habáname, de Carlos Varela, Hoy mi Habana, por Xiomara Laugart, o la Hermosa Habana, de Los Zafiros, esto no es óbice para recrear el abarcador universo de emociones convertidas en melodías a La Habana. En tal sentido, hace tan solo algunos años Manolito Simonet y su Trabuco alcanzaron la mayor popularidad con su tema Locos por mi Habana, mientras que Pupi y los que son Son propuso Vino a comerse La Habana, a la vez que Adalberto Álvarez y su Son nos entregó Mi linda habanera. Al dejar atrás tan solo unos cuantos almanaques, quién no recuerda lo que nos divertimos con la crónica de La Habana no aguanta más, por Juan Formell y los Van Van, o del canto de Equis Alfonso a su ciudad en la pieza Habana. Durante mucho tiempo, los capitalinos tuvimos una especie de himno que se hizo muy popular con Irakere por el estribillo de «que se sepa, yo soy de La Habana».

Del mismo modo encontramos esta fascinación por la halagada capital durante el recorrido del trovador Ireno García al Andar La Habana, en el Canto a La Habana de la Señora Sentimiento, Elena Burque, y en el florecimiento de un amor en La Habana de febrero, según Liuba María Hevia. Si profundizamos tan solo un poco en dicha búsqueda, hasta podemos descubrir que agrupaciones como la Orquesta Jorrín también le dedicaron una pieza a la ciudad, incluso Pérez Prado tiene un tema muy poco divulgado bajo el nombre de En las calles de mi Habana. Hasta ahora aparentemente hemos hablado de canciones dedicadas a la capital cubana, aunque a la vez hemos sido testigos de ese profundo amor por lo nuestro, sentimiento que implica un modo de amar a la Patria. Es la dimensión expandida desde la perspectiva del músico cubano en su apego a la ciudad que nos contiene en sí misma. Es la concreción del previsor amor soñado por Gerardo Alfonso en Sábanas blancas, de lo mal que nos sentiríamos, si algún día nos alejáramos definitivamente de los arrecifes del Malecón habanero.

Coincidamos entonces en que los primeros cuatro músicos de La Habana –que, según una crónica de Hernando de la Parra en 1512, fueron el malagueño Pedro Almanza (violín); el sevillano Pascual de Ochoa (contrabajista); el portugués Jácome Viceira (clarinetista) y la dominicana Micaela Gómez (vihuelista)–  nunca se imaginaron que sus sucesores, cinco siglos después, manifestaran tanta devoción por La Habana.

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