20 mar. 2019

Larry Harlow cumple 80 años



Hoy es un día especial para la Salsa pues el célebre pianista Larry Harlow está cumpliendo 80 años. Harlow fue, hace pocas semanas, motivo de preocupación para sus fanáticos debido a su estado de salud y hoy es motivo de alegría poder celebrar sus ocho décadas de vida.

A continuación, recordamos el capítulo referido a "El Judío Maravilloso", tomado del libro Historia de la Salsa de Hiram Guadalupe.  ¡Larga vida para Larry Harlow!

Larry Harlow: maravillosa leyenda de la música latina 


Larry Harlow es la figura más excéntrica de la salsa. Su estilo singular le ganó distinción en los años 60, en medio de un ambiente musical formal y clásico cuyos protagonistas se destacaban por ser prudentes y circunspectos, aunque se conocía de sus demencias.

De ascendencia judía, este hijo de las calles de Brooklyn fue un digno representante de la imagen vivaz que dominó los escenarios juveniles en la década de 1960. Es recordado por su extravagante indumentaria, con colores siempre llamativos y su rostro maquillado, como si se tratara de burlar de la decadencia de la vida urbana neoyorquina de su época.

Tras esa imagen, muchas veces alocada e impetuosa, se encontraba una de las personalidades más instruidas de la música popular latina.

Graduado de la High School of Music and Art de Nueva York, este virtuoso del piano ostenta una maestría en filosofía de la New School For Social Research y una del Institute of Audio Research, donde se especializó en jazz, piano clásico, dirección, composición, orquestación e ingeniería de sonido. También posee un bachillerato en música de Brooklyn College.

Pero más allá de todo su bagaje académico, el denominado "Judío Maravilloso" ostenta el mérito de ser uno de los principales precursores del sonido de la salsa y el más fiel a los patrones tradicionales de la música cubana.

Su herencia musical

Nacido un 20 de marzo de 1939, en Nueva York, Lawrence Ira Kahn-Sherman ("Larry Harlow") se crió en el seno de una familia muy musical, en el 446 Park Place en Brooklyn, un barrio que colindaba con los sectores residenciales de negros y latinos.

Su padre, Nathan Kahn ("Buddy"), de ascendencia austríaca, fue un prestigioso bajista que trabajó en hoteles y convenciones a lo largo de la frontera de Nueva York interpretando música popular de todos los países, en sus respectivos idiomas. Mientras, su madre, Rose Sherman de descendencia rusa y hebrea, fue cantante de ópera.

Una de sus tías también se destacó como pianista y su abuelo se desempeñó como teatrero.

En ese contexto, no era para menos imaginar la afición del pequeño Larry por las artes, como sucedió, además, con su hermano Andy, quien luego resaltó como músico, arreglista y líder de orquesta.

"Mi papá era director musical en un club que se llama Latin Corner y yo crecí escuchando a Jerry Lewis, Frank Sinatra y Dean Martin. En mi casa habían muchas expresiones de arte, así que empecé a tocar piano de niño, en especial el jazz porque me gustaba el proceso creativo y las construcciones que permitían hacer esa música", sostiene.

Aun cuando gozó de vasta formación musical en su casa –suele recordar con placer las horas de práctica junto a su padre y hermano en el basement de su residencia–, no fue hasta que cumplió 13 años que inició estudios formales en música en la escuela High School of Music and Art, ubicada en la calle 137 del barrio de Manhattan.

Esa oportunidad lo acercó a la multiplicidad de prácticas sonoras que dominaban los escenarios artísticos neoyorquinos de principio de los años 50.

Larry Harlow recuerda con placer cómo de camino a la escuela atravesaba por el barrio del Harlem hispano deleitándose con la música latina que se escuchaba desde los negocios de la zona, al punto de convertirse en fanático de los temas "Abaniquito" de José Curbelo y "Ay castellano" de Tito Puente.

"Antes me gustaba tocar la música de negros, pero cuando escuché la música latina por primera vez, me fasciné", cuenta el artista, quien visitó el prestigioso salón El Palladium por primera vez cuando tenía 15 años de edad.

"Yo quería aprender jazz y ser músico de jazz pero en esa época si no eras negro y no usabas droga no eras aceptado. Entonces vi que la música más cerca del jazz es la latina", añade.

Su debut orquestal

En 1955, Larry Harlow fue convidado a participar de un grupo musical con jóvenes de su escuela y cuyo repertorio estaba más centrado en la ejecución de mambos.

El junte se conoció como Hugo Dickens y su orquesta y entre sus integrantes se destacó el percusionista Willie Bobo.

"Fui al primer ensayo y tocaba malo. Los muchachos me dijeron: 'Tú tocas horrible chico, fuera de la orquesta'. Me puse muy triste, pero fui a las tiendas y compré los discos de Noro Morales y Xavier Cugat y me aprendí los solos de piano de memoria, nota por nota, y los hacía bien rápido. Entonces regresé al grupo y, claro, en ese momento no era Larry Harlow, era yo tocando como ellos lo hacían", acota.

Esa experiencia no tuvo mayor repercusión, aunque le sirvió de escuela para familiarizarse más con las expresiones rítmicas latinas que eran dominantes en el mundo latino y caribeño de Nueva York.

Un suceso, en cambio, fortaleció su visión musical. En 1956 Larry Harlow visitó la ciudad de La Habana por primera vez, en medio de las festividades navideñas. Su encuentro con las expresiones rítmicas cadenciosas de la isla caribeña lo condujeron a dibujar la propuesta del proyecto artístico que años después construyó.

"Yo fui a Cuba con unos amigos judíos y quedé sorprendido con la avalancha de música que encontré en las calles: el Conjunto Aragón, Benny Moré, el Septeto Nacional de Ignacio Piñero. Me encantó tanto que cuando terminé la high school (en mayo de 1957) me fui a la Universidad de La Habana a estudiar y allí estuve hasta el triunfo de la Revolución (1 de enero de 1959)", narra el pianista.

La experiencia musical que obtuvo en uno de los entornos socioculturales más ricos del Caribe, y bajo la tutela académica del maestro Fernando Ortiz, quedó plasmada en el proyecto que creó, con su propia orquesta, en 1964.

Un judío con sabor cubano 

En medio de la vorágine de tendencias y experimentos sonoros en el ambiente musical latino de Nueva York al arribo de la década de 1960, Larry Harlow optó por ser fiel a las formas más clásicas de las armonías del conjunto cubano, el que innovó con trombones y sintetizador, además de alterar las formas interpretativas.

Este joven norteamericano de Brooklyn vivía enfrascado del trabajo artístico que desempeñó el tresista cubano Arsenio Rodríguez ("El Ciego Maravilloso"), a quien escuchó tocar por primera vez en 1957, en la Provincia de Matanzas, en Cuba.

Entonces, el joven pianista de 18 años de edad había decidido radicarse en la más grande de las Antillas para estudiar música, luego de haber enloquecido con las propuestas musicales de ese país cuando lo visitó por primera vez en la Navidad de 1956.

El proyecto creativo que construyó a principio de los años 60 perpetuó los valores de la música cubana, muy próximo al trabajo de Arsenio Rodríguez, de quien confiesa aprendió el tumbao del son montuno. Las innovaciones, en cambio, se perciben en la armonización de las trompetas y la combinación con el trombón, provocando un sonido más grueso y punzante que el de las grandes orquestas de la época.

"En ese tiempo nadie usaba trompetas con trombones y yo tenía un sueño genial de grabar esa combinación. Y desde ahí todo el mundo lo empezó a hacer", sostiene Larry Harlow.

En efecto, su proyecto partió del sonido del son típico que había logrado Arsenio Rodríguez y que en Nueva York se mantenía vigente en la propuesta de Johnny Pacheco y su tumbao añejo, aunque para este caso alteró el tradicional formato de un conjunto, resultando en una sonoridad novel, lo que algunos estudiosos han catalogado como "el sincretismo instrumental característico de la salsa".



Puso a bailar a sus paisanos

El virtuoso del piano encontró en las montañas de Catskill, al norte de la ciudad de Nueva York, el espacio de experimentación y formación musical más crucial en su desarrollo artístico.

Esa zona, donde ubicaban cerca de un centenar de hoteles y que estaba dominada por la población judía, se destacaba por sus paisajes turísticos y porque hasta mediados de la década de 1960 fue un centro de trabajo importante para los músicos latinos y caribeños en los meses de verano.

"Los judíos iban a veranear a los hoteles de Catskill y lo que querían era bailar cha cha chá, mambo, son y toda la música latina. Era una cosa fantástica. Allí también trabajaba Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito (Frank Grillo), Ray Barretto y Joe Cuba y yo hice mi orquesta y conseguí trabajo en el Schenck's Hotel", narra.

Para la grey de intérpretes de música caribeña fue sorprendente el entusiasmo y esmero que empleaba un hombre judío por unas sonoridades que le eran "ajenas" a su idiosincrasia. 

Larry Harlow fue haciendo un nombre entre el ambiente de latinos interpretando los temas más cadenciosos del repertorio de las bandas más famosas, aunque con una sonoridad más cubana. Junto al "judío latino" había un equipo de seis músicos, cuatro judíos y dos italianos.

Un día el Schenck's Hotel se convirtió en el escenario preferido para los músicos puertorriqueños, cubanos y dominicanos de Nueva York, quienes al concluir sus trabajos en sus respectivos hoteles aterrizaban en la planta de labores de Larry Harlow.

"Era tradición llegar todas las noches a ese hotel (Schenck's Hotel) a hacer nuestros primeros jam sessions. Allí estábamos horas, sin público, tocando y cantando. En ese momento nos compenetramos más los músicos y eso fue el preámbulo de lo que vino después", contó el veterano vocalista José "Cheo" Feliciano, en entrevista con PRIMERA HORA.

"Después de Catskill, poco a poco fui subiendo más y tocando con orquestas mejores. En 1962 toco con Tito Rodríguez por seis meses y después, en 1964, estuve con (Johnny) Pacheco en la inauguración de la Feria Mundial de Nueva York, pero tenía una idea para hacer un sonido diferente", asegura el músico.

Su sueño "genial", apunta, era lograr fusionar las expresiones melódicas que cargaba consigo de su experiencia en Cuba y fusionarlas con combinaciones modernas, perpetuando el sonido tradicional del son.

Ese proyecto quedó consolidado en la creación de su nueva orquesta, en 1964, el mismo año que Johnny Pacheco le ofreció firmar un contrato con la recién fundada empresa de discos Fania, convirtiéndose en la primera agrupación, después de Pacheco, en formar parte y grabar para el nuevo sello discográfico.

Incansable obrero de las artes 

La lista de contribuciones del pianista, arreglista, productor, ingeniero y compositor Larry Harlow a la salsa es interminable.

Como primer artista en grabar para el sello Fania –después del cofundador de la empresa Johnny Pacheco– fue responsable de impulsar el género, en momentos en que aún no se definía con claridad su identidad sonora y cuando el imperio musical caribeño de Nueva York estaba dominado por las grandes orquestas de Tito Puente, Tito Rodríguez y Frank "Machito" Grillo.

El éxito de su primer álbum, Heavy Smokin', fue el sello de garantía para Fania, que despuntó comercialmente con el trabajo de Larry Harlow como referencia.


El "Judío Maravilloso" fue, a su vez, quien impulsó el 26 de agosto de 1971 la celebración del evento artístico del salón Cheetah, ubicado en la calle 52 y Octava avenida, y donde formalmente se constituyeron Las Estrellas de Fania. Además, fue quien sedujo a Jerry Massucci, jeque de la empresa disquera, con la idea de filmar la película "Our Latin Thing".

"Él me planteó la idea y me convenció. Me llevó donde Leon Gast (director de la cinta) y ahí comenzamos a hacer la película", manifestó Massucci durante una intervención fílmica en 1998. 

Ese filme, del que Harlow fue coproductor, le abrió las puertas a la internacionalización de la salsa. El músico también ideó la producción de la película "Salsa" en 1973.

Ese mismo año se convirtió en el primer salsero en realizar un espectáculo en el prestigioso Carnegie Hall, el jueves 29 de marzo de 1973, con la ópera "Hommy". Esta pieza, además, sirvió para promover a la cantante cubana Celia Cruz como exponente de la salsa, lejos de lo que había sido su experiencia como representante de los ritmos tradicionales cubanos. 

Sobre los hombros de Larry Harlow también recae el reconocimiento que hoy gozan los artistas latinos en la ceremonia de premiación "Grammy".



"La música latina no era reconocida y nuestros trabajos se incluían como música étnica. Yo me comuniqué con Felipe Luciano y juntos levantamos dos mil firmas en una campaña para que la ceremonia de los 'Grammy' reconociera nuestro trabajo. Lo logramos y en 1975 Eddie Palmieri ganó un 'Grammy' por su disco Sun of Latin Music", narra el músico, que también se destaca como ejecutante del oboe, el cuerno inglés, la flauta, el bajo, el vibráfono y la percusión.

Como embajador del sonido caribeño, Larry Harlow ha viajado por Europa, Centro y Sudamérica, Finlandia, África, Japón y Estados Unidos. Asimismo, ha dejado consignada su huella e ingenio creativo en cerca de 200 producciones que ha realizado para otros artistas, además de a sus 30 álbumes y los 15 trabajados para Fania.

En 1994, el músico judío fundó, junto a su colega Ray Barretto, la orquesta de Las Leyendas Latinas que incluye la participación de Ismael Miranda, Adalberto Santiago, Junior González, Alfredo de la Fe, Jimmy Bosh, Giovanni Hidalgo, Sony Bravo, Johnny Pacheco, Yomo Toro, Bobby Valentín, Ismael Quintana y Andy Harlow, entre otras estrellas del sonido del Caribe. A su vez, también realizó el espectáculo pedagógico para niños "Sofrito", un concepto musical bilingüe que educa a los infantes, con cuentos y canciones, de la cultura de los países latinoamericanos.

Revolcó el sonido caribeño 

LARRY HARLOW logró su primera producción discográfica en 1965 para el sello Fania, Heavy Smokin', el segundo álbum del catálogo de la empresa y del que derivó un fuerte impacto en ventas.

En este trabajo participó como vocalista Felo Brito, un antiguo bailador de la orquesta de José Fajardo que el pianista reclutó para la interpretación de "La juventud", "María la O", "Mi guaguancó" y "El lorito y el carbón", entre otros.

La parte armónica estuvo dominada por dos trompetas, a cargo de Alfredo "Chocolate" Armenteros y Ralph Castrello, y dos trombones, al mando de Marc Weinstein y Julian Preister. Esta formación sonora revolcó la musicalidad caribeña de la época, moviéndose hacia la conformación de una nueva propuesta rítmica, nunca antes escuchada, y que ha logrado mantenerse hasta nuestros días como el patrón básico de las orquestas salseras.

Heavy Smokin' tuvo un gran respaldo del público y su éxito abrió la puerta para la eventual consolidación de la Fania y el reclutamiento de figuras que también impactaron el ambiente musical caribeño de Nueva York como Bobby Valentín, Ray Barretto y Willie Colón.

El segundo disco del pianista salsero fue Gettin' Off, en el que aparece como vocalista Monguito Quián ("El Único"), cuyo timbre de voz se asemejaba al fraseo nasal de Miguelito Cuní.

Empero, el gran éxito de la Orquesta Harlow le advino en 1967 tras el ingreso de un joven cantante natural de Aguada, que antes había trabajado con la agrupación de su hermano, Andy Harlow, y que gozaba de la recomendación de Ismael Rivera ("El Sonero Mayor"). Su nombre, Ismael Miranda, quien en un principio acompañó en la banda a Monguito Quián hasta que se quedó solo con la responsabilidad vocal.

Larry Harlow e Ismael Miranda hicieron una combinación musical perfecta, que para muchos seguidores del género presagió el éxito obtenido por los binomios de Frank Machito Grillo y Mario Bauzá y Tito Puente y Vicentico Valdés.

Su primer álbum fue El exigente (1967), seguido de Larry Harlow presenta a Ismael Miranda (1968), Me and My Monkey (1969), Electric Harlow (1970), Abran paso (1970), Tribute to Arsenio Rodríguez (1971) y Harlow's Harem (1972).

Tras cinco años de éxitos, Ismael Miranda se marchó de la orquesta decidido a emprender futuro como solista. En cambio, antes de partir reclutó a Junior González, quien se inauguró como vocalista junto al famoso pianista con la obra Hommy: A Latin Opera, en 1973.

Su trayectoria discográfica continuó con Salsa (1974), un trabajo que se consideró como el más sólido del catálogo salsero del músico y productor judío, quien siempre lo ha definido como "mi revolución".


La secuela de triunfos de Harlow y González continuó con las producciones El judío maravilloso (1974), Live in Quad (1974) y El jardinero del amor (1977), momento en que el vocalista se marchó para ser sustituido por una de las voces melódicas más encantadoras de la salsa, Néstor Sánchez ("El Albino Divino"), quien se introdujo en la banda con el álbum La raza latina (1977).

Constante innovador salsero

EL PIANISTA Larry Harlow es un músico inquieto y mañoso. Sus hazañas le han ganado el sitial como uno de los más impactantes revolucionarios de la salsa, siempre a la sombra del sonido tradicional de la música cubana.

Aun cuando posee un catálogo extenso de éxitos, uno de sus más grandes logros lo obtuvo al crear la primera ópera salsera Hommy, una producción de 1973 que incluyó, por primera vez en el género, la participación de una orquesta sinfónica.

Este trabajo, una adaptación de la ópera de rock Tommy que hizo el grupo The Who y que fue creada para la salsa por Larry Harlow y Genaro "Heny" Álvarez, representó la elevación de la nueva propuesta del sonido caribeño a las dimensiones de música de arte.

Hommy: A Latin Opera, arreglada magistralmente por Marty Sheller, se montó sobre la narración de una historia que va hilvanando cuentos y experiencias en torno al nacimiento y crianza de "Hommy". Algunos de los 20 temas del álbum son "El mantecadito", "Soy sensacional", "Caridad", "No queremos sermón" y "Gracia divina", bien logrados en las voces de Cheo Feliciano, Adalberto Santiago, Justo Betancourt, Pete El Conde Rodríguez, Heny Álvarez, Junior González y Celia Cruz.

La tendencia innovadora que mostró Larry Harlow con este trabajo se consolidó en el álbum Salsa (1974), en el que aprovecha para revivir la sonoridad de las charangas, incorporando a su formación orquestal dos violines en la interpretación de "La cartera" y "El paso de encarnación", en una explosión rítmica.

Ese mismo año logró otro trabajo característico de su ingenio creativo: la realización del primer disco de salsa cuadrafónico, Live in Quad (1974).

Antes, el "Judío Maravilloso" había enternecido al público salsero con el primer tributo post-mortem que se le ofreció al "Padre del Son", Arsenio Rodríguez, quien falleció el 31 de diciembre de 1970.

Tribute to Arsenio Rodríguez, publicado en 1971 y en el que participa Yomo Toro tocando el tres, era un compromiso moral para el artista, quien ha insistido en sus trabajos el valor de resaltar la esencia musical cubana, como base fundamental de la salsa neoyorquina.

Un año antes, en 1970, había lanzado al mercado la producción Abran paso, un álbum en el que se asomaba el enfoque salsero de los nuevos tiempos que representaba el virtuoso pianista.

Otra seña de su constante innovación fue el disco La raza latina (1977), una excelsa producción que intentó testimoniar la forma en que el músico concibe los orígenes de la salsa ofreciendo su perspectiva historiográfica. Este trabajo contó con la participación del cantautor panameño Rubén Blades y gozó de una nominación a los premio "Grammy".

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