18 jul. 2018

Gilberto Santa Rosa y su histórico viaje a Cuba


Gilberto Santa Rosa en La Habana al lado de Issac Delgado, uno de los "culpables" de su visita a Cuba

En 1983 Oscar D'León conmocionó Cuba con una serie de presentaciones que, según los testigos de la epoca, causaron una suerte de revolución en el ambiente musical de la isla.

En el libro de William Briceño acerca de la vida del sonero venezolano se lee lo siguiente: "La visita de Oscar D'León a esa isla tuvo una significación extraordinaria tanto para su carrera como para la propia Cuba. Para Cuba, porque la música que él interpretó fue la de ella, que vivía una época sombría con una clara tendencia a desaparecer en su país de origen y para Oscar, porque en las cuatro presentaciones que tuvo a la que asistieron más de un millón de cubanos, le dieron el reconocimiento de haber contribuido al resurgimiento y a sacarle esplendor del brillo a la lamentablemente tan opacada en el ámbito internacional para ese momento, música cubana"

35 años después, la visita de Gilberto Santa Rosa a Cuba (que ha ocurrido en los días previos) también tiene ribetes históricos, al tratarse de uno de los salseros más importantes de la actualidad que por primera vez actúa en La Habana y Varadero convocando a miles de personas. Es de esperar que Gilberto abra las puertas a otros grupos de Puerto Rico para que el pueblo cubano pueda ver en directo a estos artistas cuya música le debe tanto a la isla.

A continuación compartimos el recuento que el propio Santa Rosa ha realizado de su viaje y la reseña de la actuación de la noche del lunes en La Habana



Gilberto Santa Rosa hace un balance de su histórica visita a Cuba
Fuente: El Nuevo Día, Puerto Rico. Por: Raiko Martín

La Habana, Cuba - Gilberto Santa Rosa se niega a repetir las cifras que le han dicho, porque casi 24 horas después, se resiste a creerlas. En la noche del lunes subió con sus músicos en un escenario flanqueado por el emblemático Malecón habanero y el no menos famoso Hotel Nacional de Cuba, y nunca llegó a ver el final del mar de pueblo que coreó durante poco más de dos horas muchos de sus temas.

“Fue una respuesta fuera de todos los cálculos. Ver toda esa gente disfrutar fue maravilloso”, repite, como si el concierto tan esperado y disfrutado por muchos –incluso por el recién electo presidente Miguel Díaz-Canel-, fuera obra de la ficción.

Un día después, el "Caballero de la Salsa" y el grupo que le acompaña tuvo la oportunidad de conocer a muchos músicos y artistas cubanos, en un encuentro  marcado por la rumba y en el que disfrutaron el talento de muchos jóvenes que cultivan el género. Antes, en un aparte con El Nuevo Día, el cantante boricua compartió las impresiones sobre sus primeras actuaciones en la mayor isla del  Caribe.

- En una carrera de cuatro décadas debe haber pensado alguna vez que este momento llegaría… ¿cómo imaginaba que podía ser este encuentro?

- “Yo me lo imaginaba mucho más pequeño. Tenía referencias de la popularidad de mi música aquí a través de compañeros míos, cantantes y músicos, y de muchos cubanos que conocí fuera de la isla. Pero no tenía ni idea. Las declaraciones de cariño fueran ante de cantar incluso la primera nota. Eran tantas que yo no me lo creía. Cuando trabajamos en Varadero, que era un festival en un lugar un poco más pequeño, pues la gente me decía que era como un ensayo, que yo iba a ver. Y llegó el momento y vi.¡Yo nunca había cantado delante de tanta gente!  Y luego del concierto, la gente… esta mañana por ejemplo, la gente me da las gracias. Y yo digo,  pero si es al revés, yo soy el que tiene que dar las gracias. Es difícil expresar tanto agradecimiento”.

- Pasó el momento que mucha gente  esperaba… ¿Qué sensaciones le ha dejado el concierto en La Habana?

- “Yo tengo un refrán que dice que la primera es la más difícil y ya vivimos la primera. Cuba es un país muy musical y esto me ha dejado la sensación –modestia aparte- de una misión cumplida. Yo estaba preocupado porque tanto cariño, tanta buena vibra, entonces yo quiero llenar las expectativas de la gente, porque nosotros tenemos nuestra responsabilidad. En ese aspecto me deja esa sensación de misión cumplida y deseo de volver para poder hacer más música. Curiosamente, en un país que es tan rumbero me pidieron mucho los boleros. Entonces yo me quedé con un par de boleros que les debo.  Así que   quiero regresar”.


- En un momento del concierto miles corearon “Te queremos, Gilberto, te queremos…” ¿Qué pasó por la mente de Gilberto Santa Rosa en ese momento?

- “Yo me niego a repetir las cifras que me dieron porque yo no me lo creo todavía. Pero escuchar un coro de todas esa gente diciendo que te quiere… lo primero que me vino a la mente fue mi mamá. Porque ella iba a gozar este momento… tú sabes…  Y luego… ¿a quién no le gusta que lo quieran? Es como si hubiese nacido aquí, como si hubiese vivido la vida entera. ¡El trato que me dan! En Puerto Rico me dicen Gilbertito y aquí me dicen Gilbertico… así que me llevo ese amor y además completo la triple corona del cariño. Tengo la dicha de haber cantado en las tres Antillas mayores, y que las tres me hayan dado  su amor”.

- En varios momentos del concierto hizo mención a varios autores y cantantes cubanos… y algunos de ellos estuvieron presentes… ¿Por qué las referencias y que opinión le merece ese gesto de acompañarlo en un momento que marca su amplia trayectoria?

- “En primer lugar, porque sabía que estaban transmitiendo el concierto en vivo y quería llevarles mi cariño a muchos de ellos, que se que viven lejos de La Habana y no pudieron estar. Hice la salvedad, en Varadero y anoche, porque el que conoce mi discografía sabe que la música cubana ha estado presente siempre.
“No preparé esa música para adularlos. Es parte de mi repertorio y mucha de esas canciones han sido populares también en mi voz. Entonces yo respeto la música cubana, la he hecho, he hecho muchas versiones, y la gente que mencioné, aparte de admirarlos mucho, tengo mucho aprecio por ellos y lo hice pensando también en que si me estuvieran viendo sintieran un poco de mi cariño y mi respeto. Se me quedaron un montó por mencionar porque yo tengo aquí muchos amigos.
“Para mi fue un gran honor ver allí al maestro “Pupi” Pedroso, ver a Alain Daniel, que somos amigos desde hace muchos años, Isaac Delgado, que fue el arquitecto de todo esto, fue el que logró que yo llegara aquí, porque el viene desde hace muchos años invitándome a muchos eventos ,y por fin se dio. A Giraldo Piloto, por el que siento gran admiración, y ahora fue que lo pude conocer personalmente. Tony Ávila estaba ahí…son muchos que tienen mi cariño y mi agradecimiento por sacar de su tiempo y compartir conmigo ese concierto”.


- Siendo tan admirador de la música cubana ¿qué letra de algún cubano le hubiese gustado escribir a Gilberto Santa Rosa?

- “Me hubiese gustado escribir alguna de esas bellas canciones románticas de Polo Montañés, inclusive de Adalberto Álvarez, a quien musicalmente  conocí por grabaciones que me llegaban y sentía gran afinidad con su música que era muy interesante. Como era sonero, su manera de expresarse, muy buenas letras, pero también ese corazón sonero muy interesante… creo que por ahí iría el asunto”.

- Después de triunfar en medio mundo ¿qué lugar ocupa ahora una experiencia como esta en una carrera tan exitosa?

-c“Esta experiencia ha marcado un hito en mi carrera y en mi vida personal. Yo no me imaginé que iba a ser así y me emociona ver a la gente emocionarse, y me emociona ver como responden a la música, y me emociona caminar por la calle y que a gente me quiera saludar y que me digan que nunca soñaron con que esto fuera a pasar. Y eso para mí es mucho.
“Además, está en el marco de la celebración de mis 40 años de carrera, que sin lugar a dudas esto ha puesto un broche de oro para una cosa tan especial para mí como el hecho de cantar por 40 años, tener un oficio de 40 años, de un sueño… Definitivamente es uno de los momentos más importantes de esta carrera”.

- Después de vivir está experiencia ¿qué le diría a sus amigos cantantes que no han actuado aun en Cuba?

- Lo primero que le diría es que lleguen. Fíjate que a través de la música yo he hecho amistades muy bonitas. Yo he hecho grandes amigos que solo conocía musicalmente, pero ha bastado solo un primer encuentro para darnos un abrazo como si nos conociéramos la vida entera. Así me pasó con muchos acá, con Isaac que conocí en Panamá, a Adalberto que conocí en un aeropuerto.. Yenni Valdés, Aimé Nubiola, Alexis Valdés que es músico y es de todo… son gente que nos admiramos y ya solo con vernos somos amigos.
“Por eso yo agradezco mucho y reconozco que no me mintieron. Ellos me dijeron: ‘Gilberto, cuando tú vayas allá, tú verás lo que va a pasará allí’ y todo pasó. Más de lo que yo esperé”.

- ¿Qué tiene que pasar para que se repita otra experiencia de Gilberto Santa Rosa en Cuba?

- “Pues mira, yo no lo sé. Esa sería una buena pregunta para Isaac, que es quien me ha invitado unas cuantas veces. Creo que se dio en un buen momento. Qué bonito que hemos podido venir y todos los que formamos este equipo estamos agradecidos y nos vamos asombrados de la respuesta del público”.

Giraldo Piloto, Alain Daniel, Gilberto Santa Rosa y César Pupy Pedroso


Reseña del concierto en La Habana
Fuente: Granma, Cuba. Por: Michel Hernández

Lo mejor del concierto de Gilberto Santa Rosa, aparte de su contagiosa música que reivindicó la fantasía y el poder de la salsa, fue la posibilidad de mirarle a los ojos a  decenas de cubanos que iban en retirada después de la descarga de adrenalina que vivieron con las canciones del boricua. Todos destilaban sudor, alegría y esa reconfortante sensación de quien pudo aliviar la rutina en una noche en la que el cantante y compositor puertorriqueño celebró el lugar de respeto que ocupa en la música popular.  «Yo había oído y bailado todas esas canciones, pero no sabía de quién eran. Verdad que el tipo es tremendo músico», comentaba una pareja de jóvenes que le habían puesto esa noche rostro a las canciones que le prendieron fuego en los pies durante tantos años.

Como ellos,  había una ola creciente de personas, calculadas en decenas de miles, que pudieron disfrutar de uno de sus cantantes de cabecera y sin saberlo mostraron la fisonomía de una sociedad cubana diversa. Ese pueblo recóndito que ha esperado tantos años por ver a varios de sus ídolos musicales, sean del género que sean, y al menos esta noche cumplieron con Santa Rosa y Santa Rosa, qué duda cabe,  cumplió con ellos.

Y lo hizo con un concierto en el que en vez de un salsero de estirpe parecía un atleta de alto rendimiento. No importaba que el sudor le corriera por el cuerpo como un aguacero de mayo y tuviera que ir a la esquina para quitárselo de los ojos, de la cara, de la frente, como un boxeador dispuesto.

Gilberto le entraba a las canciones con la energía de quien sale a conquistar el título y las devolvía con esa pasión sonora que radica en los mismos orígenes de la salsa, un movimiento que nació como forma de expresión de las capas más populares y fue creciendo hasta convertirse en un lenguaje universal que exportó América Latina hacia el mundo y tuvo una perfecta rampa de lanzamiento e hibridación en la escena neoyorkina, cuando fijaron su residencia en Estados Unidos varios de los principales exponentes de este género,  que ha venido sufriendo transformaciones rítmicas y el duro empuje de otros estilos urbanos que tras el cambio de siglo obligaron a los salseros a dar pelea o reinventarse.



El show de Gilberto Santa Rosa es de primera división. Impecable. Se hace acompañar de su grupo de músicos, todos instrumentistas virtuosos que, con un exacto despliegue rítmico,  potencian el alcance de la voz y de esas canciones del boricua que han puesto a bailar a medio mundo.

No fue una sorpresa lo que ocurrió cuando el puertorriqueño arribó al escenario para hacerse dueño de la noche al saludar al público y agradecer a Issac Delgado la invitación para cantar en Cuba.

El músico recordó a Polo Montañez con su veloz versión de Un montón de estrellas, acudió a Lluvia, de su amigo, Adalberto Álvarez, hizo guiños al popular tema Hasta que se seque el Malecón, de Jacob Forever,  y repasó un par de estribillos que Issac Delgado pegó en la historia de la escena bailable cubana.

También se mostró agradecido por conocer en este viaje a Giraldo Piloto, el carismático director de la orquesta Klimax, de quien, dijo, solo había escuchado su obra. Ese es otro amigo que ya tengo en Cuba, afirmó el boricua.

«El Caballero de la Salsa» no dejó respirar al público. Engarzó un tema tras otro como si la palabra descanso no estuviera en su diccionario. Tocó las pailas como un experto, acudió en los primeros momentos a Déjate querer, del cubano Donato Poveda –uno de los grandes trovadores del país– y siguió la consumación del ritual bailable con Yo no te pido y Conciencia. Pero cuando llegaron sus clásicos el público era un volcán en erupción. «Gilberto te queremos» le lanzaban desde el medio de un río de gente que no dejó de darle al cuerpo al ritmo de  Amor mío no te vayas, Vivir sin ella, No quiero na regalao y Perdóname.

El atleta de alto rendimiento después de casi dos horas tenía para más. Y remató el último tramo con la fuerza de Usain Bolt. La agarro bajando, con la banda a todo tren, fue una de las últimas bazas con que Gilberto calentó una noche ya caliente y puso a reventar el termómetro de las expectativas de los cubanos.



Suma y resta le pedían desde el fondo y el músico sabía que no podía faltar en el repertorio. El tema que grabó con el reguetonero El Micha, radicado en Miami, está encendiendo las listas de éxitos en Estados Unidos y Puerto Rico y cuenta con más de dos millones de visualizaciones en internet,  y claro está, no pocos cubanos lo han bailado hasta el cansancio. De ahí que echó mano a otro de sus éxitos en un concierto que mostró como el boricua  ha asumido la salsa cómo un elemento vital y como ese género sigue documentando detalladamente la vida en las urbes.

El concierto fue cuesta arriba desde el inicio y no descendió ni cuando el boricua hizo un hueco para darse el gusto de enseñar su afición por los  boleros. En la noche hizo continuamente guiños a la música cubana hasta que Issac Delgado irrumpió en el escenario para hacer dúo con Gilberto y seguirlo en el estribillo de Lluvia que puso en evidencia la perfecta comunicación entre ambos cantantes. «Yo subí a decirle a Gilbertico que los cubanos te queremos», dijo Issac y el  boricua sabía que para sacarse la emoción de encima tenía que seguir cantando y poniendo caliente el escenario. Por eso también se montó una coreografía con varios de sus músicos que  salieron desde el fondo para acompañarlo y completar otro de los momentos que enardeció al  público.

Gilberto Santa Rosa es un artista que se mueve entre la tradición y la modernidad de la salsa. Llegó a Cuba con su gira 40 y contando, pero su actuación fue la de un músico que está en plena forma y ha adquirido la categoría de clásico de la música popular latina. El boricua no sufrió la etapa de declive de una parte de la escena de la salsa durante la mitad de los años 90, marcado por el tránsito de la industria musical  hacia géneros que por ese entonces comenzaban a cobrar fuerza como el reguetón, una época que relegó la carrera de varios artistas que defendían la salsa, el son y la música romántica.

Santa Rosa sobrepasó  esa etapa con una carrera fortalecida para coronar su nombre junto a leyendas como el Gran Combo de Puerto Rico o La Sonera Ponceña. De hecho el boricua no vino a La Habana a revivir viejas glorias, sino en un  momento de su carrera en el que sigue reventando los escenarios en muchas partes del mundo. Y para mejor prueba solo habrá que preguntarle a algunos de los cubanos que gozaron este concierto como solo se puede vivir esa música hecha con elegancia, arresto y una energía que desborda.

Para más méritos, Santa Rosa cerró con un tema antológico de la música cubana,  Canto a La Habana, mientras el público inmortalizaba el concierto en sus celulares, porque esa noche, también, muchos querían seguir la fiesta en casa con  Gilberto Santa Rosa.

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