31 ene. 2018 0 comentarios

Presentan en Medellín el libro "Héctor Lavoe - La Voz del Barrio"


El pasado viernes 26 de enero se presentó en Medellín el libro "Héctor Lavoe - La Voz del Barrio" de Sergio Santana. Dentro del evento, realizado en el auditorio de la Biblioteca Pública Piloto, el periodista Juan Carlos Mazo brindó a los asistentes unas palabras en torno a esta nueva obra literaria de Santana.

Compartimos con Ustedes el texto completo de Mazo, repasando el libro dedicado al "Cantante de los Cantantes



HÉCTOR LAVOE, LA VOZ DEL BARRIO
Por: Juan Carlos Mazo

Para mi amigo Sergio Santana,
cariño, aprecio y admiración
para un salsero en tono mayor.

Héctor Lavoe fue el gran ícono de la salsa, fue el Che Guevara de la clave y el soneo, fue el guapo que se creó y se auto destruyó, fue el hombre que convivió con el infierno y la gloria en 5-8 de estatura y por eso su nombre se hizo mítico, fue capaz de llegar a extremos que ni él dimensionó, para bien y para mal.

Su vida no fue una línea recta, fue una historia llena de recovecos y entre telones, que lo llevó desde Machuelo Abajo en Ponce, Puerto Rico, hasta cualquier barrio del mundo entero.

Acercarse para compilar su vida es un reto, su historia es como un espejo roto en mil pedazos que cada biógrafo debe comenzar a armar, porque dejó historia en África, pero también en Nueva York y ni qué decir de Latinoamérica y el Caribe. Pero también se puede contar la historia de su gesta artista en estricto orden, o de la persona, en estricto desorden, o la visión de sus amigos, o de sus compañeros de lides, o desde sus debilidades e inseguridades que lo acompañaron siempre, o desde su legado y la interpretación de su obra, y todas estas miradas poseen valor y dan cuenta de su grandeza.

Cada uno tiene uno tiene su propio Héctor Lavoe, de acuerdo a como lo vivió o lo soportó, o lo que le inspiró y le impregnó cada canción, cada soneo, cada una de sus frases memorables. Su mundo fue tan diverso y amplio que aún hoy estamos descubriéndolo.

Y henos aquí ante Héctor Lavoe, la voz del barrio, un acercamiento de Sergio Santana y sus colaboradores por la vida del Cantante de los cantantes. Primero diré lo que este texto no es. No es un libro carroñero enfrascado en los caminos más oscuros del ídolo a pesar de su convivencia con el bajo mundo, historias callejeras entre las que se cruzan verdades y exageraciones, datos sin verificación y chismes sin valor. Sergio trató de ser cuidadoso para no presentar un Héctor en su lado B y sin ocultar sus vicios, impuntualidades, inmadurez y demás defectos, tampoco se ensañó en hacerle lupa a lo peor del ser humano.

En contraste, tampoco es un texto de exaltación y descarga de adjetivos, algo en lo que quienes escriben de músicos y artistas suelen caer con tanta facilidad. Y mucho menos es un libro que trae la verdad revelada sobre el ídolo de Ponce.

A mi parecer es un libro sincero, sin pretensiones más allá de tratar de hacer un relato lo más fiel posible desde una persona que como el autor ha vivido inmerso en la rumba desde hace varias décadas, pero que no se quedó ahí, sentado desde el recuerdo con las historias que ha intercambiado entre disco y disco sino que además recurrió a fuentes primarias de la información y despojado de orgullos literarios abrió la puerta para que otros también nos dieran a conocer ese Lavoe que les tocó vivir.


El libro comienza con un rastreo de lo que es Ponce, con los primeros años de Héctor en esas calles, lleno de ausencias y necesidades, criado por sus familiares, porque de niño mamá se murió y solito con el viejo lo dejó, historia sustentada a través de la entrevista que el autor le hizo a Pricilla Pérez, hermana del cantante, y de la conversación con otras personas del lugar que aún recuerdan ese Ponce de los años 40 y 50.

Posteriormente la historia nos va llevando por los años adolescentes cuando Héctor encuentra en la música su motivo y razón para salir adelante, hasta el día que decide que Nueva York es su mundo y con una mano adelante y otra atrás y más flaco de la cuenta, llegó a la Gran Manzana.

A partir de entonces comienza la historia más conocida del artista, cuando de toque en toque, tratando de abrirse un espacio en la fiesta y la farra latina conoció a Willie Colón, mancuerna que fue proyectada para poco tiempo y que terminó durando toda la vida.

Nunca sabremos qué hubiera sido de Héctor sin Willie, porque él no sólo lo puso a brillar al frente de su orquesta sino que después, cuando terminó oficialmente la vinculación artística, Colón siguió como su productor, el hombre detrás del mago del micrófono. Fue su gran soporte, al lado de un puñado de músicos que tuvieron que soportarlo.

El libro nos habla de la época de oro con Fania, y la manera como Héctor se volvió la mascota de la orquesta, al que le perdonaban o permitían los excesos, el hombre que siempre cerraba los shows con su clásico Mi gente. Fueron momentos en los que tocó el cielo con sus manos, a fuerza de talento, gracia y soneo.

Pero Héctor tuvo un designio, estar condenado a vivir lo que cantaba y muchas de sus letras fueron verdaderas sentencias que Santana logra recopilar y sin aspaviento nos va llevando también por la vorágine que fue su final, producto del vicio, la mala suerte, el destino, los empresarios y un alma de niño llena de fragilidad.

Luego de esta interesante biografía viene en el libro un refrescante intermedio fotográfico que nos ayuda a ubicarnos en la historia, después Santana hace un acercamiento al Héctor bolerista, para luego pasar a la parte de cómo se vivió a Lavoe en diferentes ciudades y países latinoamericanos. Como decía, cada uno tiene un pedacito del Lavoe que le tocó vivir y este me parece un mérito importante del libro, pues recoge los pedazos de su historia por Latinoamérica, para armar el gran collage que nos da dimensión del artista.

Inicialmente nos traslada a Venezuela, en un momento en el que el país era potencia, y las orquestas, los cantantes y el espectáculo estaba a la cabeza del continente. Gherson Maldonado Moncada, licenciado, melómano, productor musical, presentador e investigador nos cuenta lo que significó el paso de Héctor por ese país, haciendo un recuento cronológico de sus presentaciones y la relación estrecha que tuvo con la movida musical, como los encuentros con los músicos de la Dimensión Latina y la manera como Venezuela se convirtió en uno de sus principales mercados en la venta de discos.

Después, de la mano de Diógenes Iván Riley, docente universitario, coleccionista e investigador musical, viajamos a Panamá, el país que inmortalizó con su murga, uno de los primeros destinos musicales con la orquesta de Willie Colón y la manera como se volvió un constante invitado para los carnavales de su capital.

Otra historia interesante fue el paso de Lavoe por La Habana, relatado por Rafael Lam, periodista, cronista, comentarista radial y escritor, que nos narra la trascendencia que tuvo el Habana Jam de 1979, un importante intercambio musical de la salsa de Nueva York con una de las generaciones más brillantes de la música cubana, cuando se fletó un avión lleno de músicos desde Estados Unidos a La Habana y sólo hubo una ausencia, adivinen, Héctor Lavoe, quien finalmente arribó a La Habana antes de comenzar la presentación de la Fania, sin que nadie supiera cómo apareció, anécdota que ha producido más misterio que certezas y cuya verdad Héctor se llevó a la tumba.

Y ni qué decir de Lavoe en Colombia, donde incluso vivió, fue protagonista del desarrollo salsero de Cali y hasta actuó para la mafia paisa. El escritor y periodista Umberto Valverde nos cuenta la historia de Héctor en Cali, llena de detalles, de anécdotas buenas y malas, de excesos, y cómo fue necesario enviarlo de nuevo a Nueva York, antes de que se destruyera en Colombia, lo que a la postre sólo fue un cambio de domicilio para la misma tragedia.

El periodista y escritor pastuso José Arteaga se encargó de reconstruir el paso del cantante por Bogotá, que no empezó nada bien, con disparos y hasta la suspensión de conciertos, y que también puso a Héctor en los musicales de la televisión colombiana.

Y Medellín tampoco se queda atrás. En un texto preparado para el libro Medellín tiene su salsa, Santana y el periodista Octavio Gómez relatan lo que fue la llegada de la salsa a Medellín y las historias alrededor de Lavoe, cuando se relacionó con la mafia de los años 80 en la ciudad y protagonizó una famosa anécdota por cuenta de esos encuentros, que Santana y Gómez reconstruyeron en el texto con testigos presenciales que narraron lo sucedido. 

Otro investigador y amigo de la casa, el ingeniero y productor de radio Rafael Bassi, hizo la recopilación histórica de Lavoe en Barranquilla, una ciudad salsera por excelencia, en la que llenó estadios y también mostró su decadencia cuando se cerraban los años 80.

Eduardo Livia Daza, ingeniero, escritor y productor radial, nos trae el paso de Lavoe en Perú, un país que cautivó desde el comienzo, tanto con Willie, con Fania y como solista.

Y finalmente, el comunicador y hombre de radio, el dominicano Alexis Méndez, describe las actuaciones de Lavoe por Santo Domingo en franco reportaje con sus amigos y culmina con el paso por Guayaquil y otras ciudades ecuatorianas del jibarito con paseo incluido en prisión.

El libro finaliza, como debe ser, con una completa discografía que termina por ubicar al lector en la obra musical de Lavoe para darle un cierre a este esfuerzo investigativo que reúne interesantes datos de una vida tan rica como triste.

Felicito a Sergio por el sexto libro de esta camada, luego de la publicación de Pérez Prado, qué rico el mambo; Tito Rodríguez, en la vida hay amores; Mi salsa tiene sandunga y otros ingredientes; Lucho Bermúdez, Cumbias, porros y viajes y Benny Moré sin fronteras.

La suya es una pasión por la clave y sus protagonistas que muy seguramente nos ha contagiado a muchos de los que nos ha reunido hoy y que esperamos seguir compartiendo desde la cercanía de una conversación o desde el tono amable y juicioso de un libro.

Gracias por acercarnos al más díscolo de los protagonistas de la salsa, al infaltable sonero que no le faltó nada por vivir, al hombre que respiraba por debajo del agua al genio y figura que aún nos sigue llenando con su ingenio y sabor.

Y ahora, no sólo que cante, sino que también lo lea su gente.


JUAN CARLOS MAZO

Comunicador Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana, con una experiencia laboral de más de 20 años en medios escritos, audiovisuales y electrónicos. Ha laborado para medios como El Espectador, Publicaciones Semana y el periódico El Colombiano, donde estuvo al frente de los proyectos de la Revista Viernes y el periódico La Chiva (hoy Quiubo). Ha sido productor de radio y televisión. Así mismo, se desempeña como artista multidisciplinario combinando la música, la fotografía y la escritura, obteniendo diversos reconocimientos en certámenes internacionales y nacionales. Actualmente es el Jefe de Comunicaciones del Teatro Metropolitano
29 ene. 2018 0 comentarios

Wilfrido Vargas regresó a Barranquilla



Fuente: El Tiempo, Colombia. Por: Carlos Polo

Tengo un jardín de rosas / hermosas / son todas para ti / tengo un jardín de rosas hermosas / son todas para ti...

Sobre nuestras cabezas, un bombillo pintado de color rojo le regalaba a la estancia un ambiente de intimidad. O, por lo menos, eso era lo que perseguían los organizadores de la verbenita Las Palmas. Al otro lado de la pista estaba Anita, en minifalda, enseñando las mejores piernas del barrio. Su risa coqueta iluminaba cada rincón de la pequeña sala devenida en bailadero para la época de carnaval.

Tengo claveles / claveles / tengo violetas / violetas / tengo pompones / pompones / también miosotis / miosotis...

Atacaba todo el sabor de Wilfrido Vargas los bafles del Koreanito, el pequeño picó que amenizaba la fiesta. La wilfridomanía se había tomado por asalto las emisoras y todos los sistemas de sonido de los hogares de Colombia y buena parte del Caribe.

Anita me soltó una risa teledirigida. Yo la conocía del colegio y de las tardes de básquet en el parque. Ella era más grande que yo, y “yo no bailo”. Era más grande que yo, “y yo no bailo”.

Yo las cultivé / porque un día te quiero ver a ti y te entregaré en mis flores todo mi amor por ti / te veré caer en mis brazos loca de amor por mí...

Envalentonado, luego de un ataque sistemático y cruel de los pelaos de la cuadra, atravesé la pista con paso tambaleante: “Era más alta que yo, y yo no bailo”. Anita, rodeada de chayanes de barriada que ya tenían bigote y pelos en los sobacos, me recibió con una mirada de infinita ternura. Su risa era como de almanaque. Mientras, ese ‘jardinero’ y genio musical del momento nacido en Altamira (República Dominicana) mantenía las revoluciones de nuestras hormonas a mil. Ese merengue acelerado estaba revolucionando la música tropical. En otros tiempos quedaba la suave cadencia acompasada y aliñada de acordeones de un merengue más típico, como el de Ángel Viloria o Johnny Ventura.

Wilfrido Vargas nació el 24 de abril de 1949. Es hijo de Ramón Vargas, administrador de correos diestro en el acordeón y la guitarra, y de doña Bienvenida, un ama de casa con talento para el canto y la interpretación de la guitarra y la flauta. Ellos se convirtieron en la fuente primaria de su inspiración, en la génesis que llevaría a aquel niño humilde de Alta Mira a convertirse en máximo monarca del merengue y en la constelación más rutilante del cielo que cobija la isla del Caribe.

“Todo lo que soy es resultado de lo que ellos eran: músicos”, dice el mismo Wilfrido.

En el centro de la pista, mis primeros escarceos de bailarín frustrado solo daban para unos torpes intentos de matar cucarachas. Mis pies eran varillas puntosas, rígidas, y Anita, sin dejar de sonreír, me sobrellevaba con paciencia. De repente, a un genio entrometido se le dio por encender y apagar la vieja bombilla pintarrajeada. Sucedió lo inevitable: mi pie, como una lanza guerrera, como un pequeño yunque, cayó sobre el delicado pie de Anita, y hasta ahí llegaron mis posibilidades. Su rostro contraído lo dijo todo. Y para qué contar la lata, el taller que me esperó una vez volví con la pequeña pandilla que reía a carcajadas de mi trastada.

Soy un rico jardinero / que vive regando flores y escojo la más bonita p’al amor de mis amores...

Wilfrido Vargas fue un niño adelantado. A los 6 años descubrió el llamado de la música y a los 10 inició sus estudios en la Academia Musical de su ciudad. Dos años después ya era trompeta de una agrupación local.

“Sabía que el saxofón alto y el tenor estaban desempatados, no encajaban en la pieza musical que interpretaban en la banda de Altamira, y se lo dije a mi mamá. Ella me dijo: ‘Mira, muchacho, tú no sabes de eso’. Wilfrido recuerda aquellos duros inicios, cuando apenas era un muchacho que soñaba con alcanzar algún día esos niveles estratosféricos a los que llegaron genios como Louis Armstrong, Miles Davis, Dizzy Gillespie o Wynton Marsalis. Por otro lado, estaban Chico Buarque o Caetano Veloso. El jazz y la bossa nova fueron sus primeros amores y, con el tiempo, esas influencias potenciaron una propuesta totalmente novedosa que terminó en revolución musical.

Son muchos los temas que Wilfrido Vargas, a lo largo de su trayectoria musical, ha convertido en clásicos inmortales de la música bailable y tropical: Abusadora, El hombre divertido, El loco y la Luna, Volveré, El africano, por nombrar algunos de los más representativos. Pero solo hay uno que el ‘rey del merengue’ considera que le abrió las puertas definitivas de la gloria musical: Las avispas.



“Es una composición de mi papá, donde me dio permiso para hacer todas las travesuras que hasta entonces no formaban parte del código natural del merengue como género. Hice todo lo que me dio la gana en una música que tiene sus reglas. Por lo que se pudo ver al Wilfrido Vargas como irreverente ante el folclor de la República Dominicana”, cuenta el músico que hoy es considerado uno de los más innovadores, no solo del género que representa a su tierra, sino de todo el espectro de la música del Caribe y el mundo entero.

El merengue hip hop. La fiesta estaba en pleno furor, hacía un par de años que había superado el nivel amateur en el bembé juvenil del bailoteo y el arte sutil de brillar hebilla. Aún no tengo idea de por qué le decían la venezolana, pero todos en el barrio estaban pendiente de la niña bonita de cabello azabache que tenía al lado. Justo en ese momento, El jardinero alcanzaba ese extraño momento en que el merengue se mezcló por primera vez con el rap, un extraño híbrido que luego se repetiría en otros géneros, tal como lo hizo la banda Aerosmith cuando, en 1986, regrabó la canción Walk This Way junto a los raperos Run DMC. Recuerdo que Eddie Herrera, por ese entonces uno de los cantantes de la nómina de Wilfrido, soltaba su andanada en inglés. Y este pecho, dizque para impresionar a la venezolana, que en realidad era una niña criada en Palm Beach, empezó a regurgitar en el más maltrecho y patético ‘wachu wachu’, lo que Herrera rezaba en medio de la canción: ‘aindan bran wachu bech’. Recuerdo que la niña me miró como quien mira a un marciano y volteó la mirada hacia otro lado.

Para colmo de mis males, al enterarme de que no conseguía la atención de la chica, levanté mucho más la voz, soltando la endemoniada jeringonza: “¡usamiratrae alvol dol val trit!”. La chica volvió a mirarme y, con cara de sorprendida, se llevó la mano derecha hasta los labios como si fuera una especie de muro de contención, que no le sirvió, porque su estrepitosa carcajada aún continúa zumbando en mis oídos.

Wilfrido es un innovador, un avanzado, un músico experimental que removió los cimientos de la música típica de su pueblo. Él mismo asegura que no era egresado del merengue como género, que trataba de interpretarlo como lo concebía. “El resultado, entonces, fue una cosa extraña que pudo haber llamado la atención, precisamente, por esos códigos extraños que no procuré adrede. Sencillamente, no era un merenguero. Paradójicamente, esto pudo haber llamado la atención en términos armónicos, melódicos, líricos y estructurales. Todo era como al revés”, asegura el trompetista, arreglista, intérprete y director de orquesta que le dio un vuelco a la manera de hacer y concebir un género, lo que le ha ganado miles de admiradores en todo el globo, pero a la vez detractores que no conciben el cambio.

“Para unos era un delito, porque se alegaba que estaba dañando la música dominicana, y para otros fue una expresión joven y refrescante del género. Yo diría que los seguidores superaron a los detractores”. Para muchos, Wilfrido no es más que el decano de una universidad universal, la de la música. Y no son pocos los nombres de intérpretes que iniciaron sus exitosas carreras en las filas del rey. Mickey Taveras, Eddy Herrera, Jorge Gómez, Belkis Concepción –quien estuvo al frente de Las Chicas del Can–.

“Apoyé a Jorge Gómez, que fue el cantante de El jardinero. Lo mismo a Eddy Herrera, que hizo el rap en esa misma canción, y lo mismo con todos los cantantes que han desfilado por mi orquesta. Todo era ilusión y el enamoramiento que penetraba en mi corazón cuando un talento tenía esas condiciones. Luego fue que le di carácter comercial a esto, y se formó la Corporación Wilfrido Vargas”.

El ‘rey del merengue’ fue una de las estrellas especiales invitadas al XII Carnaval Internacional de las Artes. El viernes en la noche se presentó ante miles de fanáticos en el Parque Cultural del Caribe, en Barranquilla. De Colombia, lugar que llama su segundo hogar, atesora gratos recuerdos y una conexión que es imposible de romper. De Barranquilla... sobre eso es mejor que lo diga él mismo.

“Cuando me di cuenta de que Rafael Orozco y Diomedes Díaz se sabían mis canciones más que yo y me trataron como hermano, yo dije: ‘Llegué a mi casa’. Yo no sabía lo que era Wilfrido Vargas. Vine a entender un poquito cuando todo mundo cantaba mis canciones y a conocer realmente cuando cada Congo de Oro era mío, sin importar rival alguno que estuviera en el coliseo Humberto Perea. Allí entendí que Barranquilla había inventado a Wilfrido Vargas, porque digo de corazón que no era para tanto”.

Wilfrido Vargas, en resumen, podríamos decir, tal como él mismo lo asegura, que es un invento del Carnaval de Barranquilla, que es la banda sonora de la película de más de una generación, que es el artífice o, por lo menos, el celestino de enamoramientos, de barrigas, bautizos y rumbas eternas. En mi caso, después de los desencuentros de mi infancia y de mi adolescencia, puedo decir que bailando una de sus eternas canciones, bajo la luz de la luna, este loco encontró aquellos ojos que justifican mi permanencia en este mundo.



Fuente: El Heraldo, Colombia. Por: Estefanía Fajardo de la Espriella

El merenguero conversó con Roberto Pombo, director de El Tiempo acerca de su origen, su música y contagió a todos los asistentes con su ritmo y carisma.

“Es un hombre divertido”, con ese canto y aplausos en la plaza del Parque Cultural del Caribe empezó el conversatorio con Wilfrido Vargas.

“A mi la música se me hizo fácil desde el principio, yo no sé porqué. Yo entendía todas las notas que estaban contenidas en cualquier melodía a los seis años”, confesó entre risas el dominicano, hijo de padres guitarristas y criado en un hogar donde “no había otra cosa que no fuera la música”.

Él empezó en la Banda Municipal de Música y supo desde su primer contacto con la trompeta que ese sería su futuro. “¿Has visto cómo se desmayan las niñas cuando ven a Justin Bieber?, así mismo yo me desmayaba cuando veía la composición de la trompeta”.

De su canción ‘Abusadora’ contó que el hombre despechado “es capaz de hasta cometer un delito. La palabra abusadora es un poema frente a lo que un hombre despechado le quisiera decir a la mujer”, dijo mientras el público estalló en risas. Posteriormente su orquesta la interpretó y las palmas y el baile no se hicieron esperar.

Habló además de la revolución que le dio al merengue, diciendo que muchas veces sugirieron que debían deportarlo porque no entendía el merengue tradicional. Posterior a ello cantó ‘Palo bonito’ y ‘Comején’ con una orquesta con integrantes barranquilleros los cuales presentó a los asistentes.

Su experiencia con el tema de Calixto Ochoa ‘El Africano’ fue curiosa. Iba en un taxi, la escuchó verso a verso, llamó a su ‘ejército’ de orquesta y “en 18 minutos estaba la canción grabada, en media hora mezclada y en 24 horas ya era un hit internacional con la emisora de Raúl Alarcón”.

“Si a mi me preguntaran por la canción más exitosa yo diría que sí a El jardinero, Comején, Abusadora, El africano, porque todas marcan un hito”, afirmó.

“Le canto a uno y también le canto a otro”, decía el dominicano y el público le respondía “Wilfrido Vargas se queda con nosotros”, una constante interacción bajo el cielo barranquillero.

“El loco y la luna no se llama así”, confesó . “Había una canción cuando tenía 7 años que se llamaba ‘Llanto a la luna’ de José Manuel Calderón. Era una canción sincera e ingenua… Y que preguntándole a la luna si ella me quiere”, relató con gracia.

“Cuando crecí seguí con la admiración, cuando ya Wilfrido Vargas es una institución quiere hacerle un homenaje aje a ese tema”.

Terminó llamándose así por los sonidos que hacía Wilfrido a su orquesta para indicar los momentos de las improvisaciones y que al final terminó dejando el ingeniero de sonido y cambiando todos los planes para que fuera “un loco hablándole a la luna”.

Su romance con Barranquilla empezó luego de un par de viajes. “Todo el mundo sabía quién era Wilfrido Vargas, menos Wilfrido Vargas”.

“Diomedes Díaz, Rafael Orozco, Juancho Rois , todos se se sabían las canciones mías y yo decía que las estrellas eran ellos”.

¿Qué va a pasar después de la música urbana?, se planteó el artista. A lo que respondió “sería como pensar qué va a pasar con la gasolina, con Google o con los taxis… Ya veremos”

La velada terminó con el coro “otra, otra, otra” por parte del público.

Fue inevitable para Wilfrido contar la historia de ‘El baile del perrito’ y el origen de la expresión “por la plata baila el mono” que es social y político y al final terminó en cómico.
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Rubén Blades es el salsero que más Grammys americanos ha recibido



35 años después que postulara por vez primera a los Grammys (en 1982 con su disco Canciones del Solar de los Aburridos, junto a Willie Colon) ayer Rubén Blades obtuvo el noveno Grammy americano de su carrera (dentro de diecisiete nominaciones) al ganar en la categoría Best Tropical Latin Album con su disco Salsa Big Band, grabado con la orquesta de Roberto Delgado.

De esta manera el panameño "rompió el empate" que tenía con Eddie Palmieri y se convierte en el artista de Salsa y/o Latin Jazz que más Grammys americanos ha ganado en la historia del premio.

Los nueve Grammys americanos de Blades son:

1986 BEST TROPICAL LATIN PERFORMANCE: Escenas

1988 BEST TROPICAL LATIN PERFORMANCE: Antecedente

1996 BEST TROPICAL LATIN PERFORMANCE: La Rosa De Los Vientos

1999 BEST LATIN POP PERFORMANCE: Tiempos

2002 BEST WORLD MUSIC ALBUM: Mundo

2004 BEST SALSA/MERENGUE ALBUM: Across 110th Street, con Spanish Harlem Orchestra

2014 BEST LATIN POP ALBUM: Tangos

2015 BEST TROPICAL LATIN ALBUM: Son De Panamá, con Roberto Delgado & Orquesta

2017 BEST TROPICAL LATIN ALBUM: Salsa Big Band, con Roberto Delgado & Orquesta

Los ocho de Palmieri son:

1975 BEST LATIN RECORDING: Sun Of Latin Music

1976 BEST LATIN RECORDING: Unfinished Masterpiece

1984 BEST TROPICAL LATIN PERFORMANCE: Palo Pa Rumba

1985 BEST TROPICAL LATIN PERFORMANCE: Solito

1987 BEST TROPICAL LATIN PERFORMANCE: La Verdad - The Truth

2000 BEST SALSA ALBUM: Masterpiece/Obra Maestra

2005 BEST LATIN JAZZ ALBUM: Listen Here!

2006 BEST LATIN JAZZ ALBUM: Simpático, con Brian Lynch

Aunque es tema de discusión el hecho que (desde 1996) cada vez que ha sido nominado gana premio por tratarse simplemente "de ser Rubén Blades", debe reconocerse que se trata de uno de los artistas importantes del género musical que nos gusta y que los premios son solo otros reconocimientos a su obra.

Este recuento no incluye los Grammys Latinos ni los honorarios.
27 ene. 2018 0 comentarios

La Malanga: músicos peruanos en rescate de la salsa dura



Fuente: Revista Somos del diario El Comercio, Peru. Por: Gabriela Machuca

Trombón. Historia de la música latina. Lectura y entrenamiento auditivo. Esas eran las tres materias que tenía a cargo Fernando Flores Pérez (42) cuando dictaba en la UPC, no hace tanto tiempo. Fue durante el ejercicio de aquella chamba, la de formar músicos en el claustro académico, que tuvo una revelación: caminaban por el mundo algunos millennials a los que les gustaba demasiado la salsa. No cualquiera, además. La dura. La de culto hoy. La de los años 60 y 70. La que a él le corría por las arterias al compás de la sangre. Con la dirección adecuada, pensó, estos chicos podrían convertirse en los nuevos cultores de aquel sonido antiguo, fuerte, elegante. Los rescatistas. Pero, sobre todo, los nuevos gestores. El eureka, entonces, sonó allí mismo. Había que reclutarlos ya. Sa. Sa. Sa. Al grupo lo llamó La Malanga. 

“Yo venía de integrar una agrupación que tenía la misma intención, tocar salsa fundamental. Se trataba de La Efectiva, que se disolvió en el 2014. La diferencia con La Malanga es que en aquella todos los músicos eran mayores que yo. Aquí ocurre lo contrario. La mayoría son jóvenes egresados de la carrera de Música de la UPC, la PUCP y el ex Conservatorio. Algunos incluso siguen estudiando, como nuestro tecladista, de 18 años. Uno de nuestros miembros fundadores, Edoard Sánchez, también tenía 18 años. Él lamentablemente falleció, pero siempre le dedicamos nuestro trabajo. Y así, todos poseen muchísimo talento”, narra Flores, también trombonista de la Orquesta Sinfónica Nacional.  

El grupo se presenta una vez al mes en el Jazz Zone de Miraflores y en eventos privados con un repertorio que es pura música y miel para los oídos de entendidos y entusiastas. Eddie Palmieri y La Perfecta, Johnny Colón, Ray Barretto, Willie Colón. Usted pida la leyenda de la interpretación o la composición. Es probable que tengan más de un tema preparado. Por lo pronto, ya se están volviendo caseritos de las hermandades salseras, estas comunidades de aficionados que se localizan en varios distritos de la ciudad. El 28 de enero, apunte en la agenda, tienen presentación pactada con Salseros de Acero, en Surquillo. 

Entre el aula y la calle

Antony Borda Telles (22) y Josué ‘Skott’ Dávila (23) son percusionistas. El primero ya es bachiller en Artes Escénicas con mención en Música y ha elegido como tema de investigación para obtener el título la historia de la salsa en el Perú. “A pesar de que soy joven, el género me llama tremendamente la atención. Conforme más lo conozco, más quedo prendido. Creo que esto podría pasarles a tantos otros como yo”, narra.  

La Malanga tiene sonando tres años y, aunque cada vez más va afianzando su sitio en el ruedo del swing, aún tienen que ir por ahí derribando mitos. Esos referidos a que la salsa no se puede aprender en salones de clase, sino en la calle. “Creo que, como en todo, es necesario el balance. Cuando uno estudia Música, eres más consciente de lo que haces. Todas las herramientas aprendidas las puedes usar para expandir el conocimiento en cuanto a rítmica y armonía. El músico empírico, sin embargo, no se limita a las reglas. Se ‘manda’ no más. Lo ideal es que se tenga un poco de los dos”, indica Dávila.  



Tradición presente

Es cierto que este tipo de música no es de las predilectas hoy por las masas. “Una de las características más resaltantes de la salsa dura, que va desde fines de los 60 a inicios de los años 80, es que intenta ofrecer un punto de vista sobre el mundo desde los sectores populares, en los que se insertan grupos fundamentalmente marginados étnicamente (como el afroamericano) o por clase (como la obrera). A veces, incluso, se confunde o compara con la realidad delincuencial en lugares como Nueva York o Puerto Rico. Entonces muchos se identificaban con sus letras y sonidos porque les eran familiares. No obstante, esta salsa se va haciendo más comercial y va perdiendo esa conexión especial con la gente”, explica el historiador Jesús Cosamalón, invitado especial de la orquesta. Con ellos toca campana y bongó. 

Flores, sin embargo, cree que este subgénero musical ganaría mucho más adeptos si hubiera más canales de difusión. Después de todo, no se quiere lo que no se conoce. “Los jóvenes, aun aquellos a los que les gusta la salsa, no tienen información sobre la ‘fundamental’. Cada vez que tocamos ante un público nuevo, este termina siendo atraído. Es así. Así podría ir creciendo. Pero las radios no apoyan, hay unas cuantas en Internet, pero no es suficiente”, comenta.  

Para poner el grano de arena, ellos ya preparan su primer disco, el cual saldría este año. “Incluiría canciones nuevas hechas por compositores peruanos. Queremos innovar, sí, pero siempre conservando aquel sonido añejo tan especial ”. Que así sea.
25 ene. 2018 0 comentarios

Establecen acuerdo entre la EGREM y la Sony


Mario Escalona Serrano, Director General de la EGREM, y Juan Alonso Puig, Director General de Sony ATV Music Publishing, se saludan tras firmar el convenio de representación internacional entre ambas disqueras


La Habana,  Cuba.- La multinacional Sony se alzó ayer miércoles con uno de los mayores tesoros de la música tropical caribeña, al acordar convertirse en el representante internacional del catálogo de la empresa cubana Egrem, el cual cuenta con sobre 10,000 canciones repartidas por todo el abanico de ritmos cultivados en Cuba.

Así, Sony ATV Music Publishing, la división encargada del marketing y manejo de los derechos de autor para la empresa de entretenimiento, se hace con un contrato de representación para la mayoría de los más célebres compositores cubanos del pasado y del presente.

El acuerdo, anunciado en La Habana por ejecutivos de Sony y Egrem, entregará a la empresa multinacional el manejo de la música creada por compositores como Sindo Garay (“La Bayamesa”, himno nacional cubano), Benny Moré (“Mata Siguaraya” y “Castellano qué bueno baila usted”), Ignacio Piñero (célebre por su Septeto Nacional), entre muchos otros, incluyendo los más presentes César “Pupy” Pedroso (miembro fundador de Los Van Van y actual director de su banda Pupy y Los Que Son, Son) y David Calzado (director de La Charanga Habanera).

“Nos sentimos muy entusiasmados y honrados porque la Egrem haya decidido confiar en Sony ATV el más importante y extenso catálogo de música cubana en el mundo. Estamos convencidos de que estas increíbles canciones representan un potencial enorme para ganar nuevos públicos fuera de Cuba, atrayendo un reconocimiento global para lo mejor de la música y la cultura del país”, dijo el director general de Egrem, Miguel Ángel Escalona Serrano.

El acuerdo abrirá un universo no conocido para los músicos cubanos, pues a partir de ahora sus creaciones estarán accesibles para todos los artistas que conforman Sony, desde Ed Sheeran hasta Shakira, así como para bandas sonoras de películas, series de televisión y todo tipo de oportunidad en el amplio menú de posibilidades de entretenimiento que tiene la empresa multinacional.

“En Sony tenemos los derechos de bandas sonoras épicas, como ‘New York, New York’, ‘Misión Imposible’, ‘La Pantera Rosa’, o clásicos de la música como The Beattles o los Rolling Stones, pero no teníamos música cubana, como son, salsa, chachachá o danzón. Este es, por lo tanto, un acuerdo muy beneficioso para ambas partes, se han juntado el hambre con las ganas de comer”, manifestó el director general de Sony ATV para España y Portugal, Juan Ignacio Alonso Puig.

El plan de Sony ATV es comenzar a promocionar activamente su nueva adquisición, colocando el catálogo a disposición de creativos que usan sus servicios a nivel global, además de activar toda la red global de entretenimiento de Sony y mercadear activamente la música cubana a través de servicios digitales como Spotify y iTunes.

“Es sorprendente que la riqueza musical de Cuba no se haya explotado a nivel global y esa es la motivación de este acuerdo, de expandir la música cubana yque el resto del mundo la disfrute como los cubanos”, dijo el presidente de Sony ATV, Guy Henderson, quien vino a Cuba para firmar personalmente el acuerdo.   
22 ene. 2018 0 comentarios

Luis Perico Ortiz: sobrevive la fama y apuesta a más música



Fuente: El Nuevo Día, Puerto Rico. Por: Aurora Rivera Arguinzoni

Luis Esteban “Perico” Ortiz Ruiz llega a su cita solo, de buen ánimo y complaciente. Presto a ser fotografiado, cede sus aparejos: la llave del auto, el reloj, una bolsa pequeña, pero no el estuche con su trompeta, ese es sagrado. Tan pronto saca la reluciente pieza y la sostiene con su diestra, mueve los dedos rápida e instintivamente, pero sin oprimir los pulsadores de pistón. A la hora de posar con ella en la escalera de su alma máter, el Conservatorio de Música de Puerto Rico, comienza a sacarle música con ojos cerrados, como si entrara en un trance, hasta que lo interrumpe el fotoperiodista para darle instrucciones.

Un joven se acerca sigiloso y lo contempla con devoción. El maestro lo saluda con cariño, recreando en otro tiempo el momento en que la leyenda de la salsa, Ismael Rivera, se le acercó un día y lo bautizó Perico. Tenía apenas 10 años y lo espiaba desde una verja cercana a su lugar de ensayos en Tras Talleres, repitiendo con la maltrecha trompeta que le asignaron en la entonces novel Escuela Libre de Música de San Juan las notas de “Quítate de la vía Perico”, tema que quedaría grabado en la historia de la música popular, y en la suya. “Me dijo: ‘No te van a llamar Luis Esteban, te llamarán Luis ‘Perico’ Ortiz y vas a ser grande”, recordó sobre la segunda gran memoria de sus inicios musicales. La primera fue en su hogar.

Nació el 26 de diciembre de 1949 en la pobreza extrema que arropaba a tantas familias de Puerto Rico. Su amor por la música le alimentaba sueños, aunque sin que pudiera imaginar el ídolo que llegaría a ser, un artista que este año celebra 55 de una fructífera carrera que lo llevó a viajar el mundo e impulsar más estrellas.

“Vivimos en un cubículo que todavía está, es en la calle Solá, en Tras Talleres. El cubículo era esto (señala el área que ocupa la mesa). Era para la camita, se cocinaba con leña afuera (en un fogón comunal), y un barril de agua, ahí era que se bañaban. Eran muchos cubículos. Vivimos así por mucho tiempo. Tengo memorias, siento que estuve allí. Un día choqué con un documento que decía dónde (nací) y quién fue la comadrona que me trajo al mundo, Julia. Entonces, como Andy (Montañez) es de Tras Talleres, le dije “Andy, ¿dónde queda esto?”. Y me dice: ‘Detrás de casa’. Y me llevó. Busqué el sitio y yo tengo una fotografía en pañales agarra’o del cubículo”, relata Luis Perico.

“Me la pasaba tocando latitas, oyendo música. Mi vida siempre ha sido el Señor (Dios) y la música. No supe lo que era jugar baloncesto, jugar pelota”, dice sobre su vida, “una vida muy interesante”.

Talento de Fania convertido en empresario, maestro y promotor cultural, el asesor de eventos y cultura del municipio de Carolina, donde por 10 años ha encabezado el Festival de Jazz y dirige su Orquesta de Conciertos, no se regodea repasando sus muchas glorias del pasado. Parece entusiasmarle más su agenda de nuevos proyectos. Anoche mismo, estrenó en el Lehman Center de Nueva York su serie de conciertos de aniversario “Hasta siempre”, la que espera llevar a “países que me dieron la oportunidad y apostaron a mí cuando empecé, para decirles gracias”. Contempla llevarla a Perú, Colombia y Panamá, y traerla a Puerto Rico.

“Tiene todos los colores de la música, desde ‘big band’, tríos, boleros, salsa, los trabajos que hice para muchos compañeros, más es un conversatorio con el público de muchas cosas que no saben. Tiene un libreto maravilloso porque no es un show de salsa, es un espectáculo de trayectoria de vida, está la parte ministerial para yo poder sembrar semilla de que todo se puede en la vida”, anticipa.

Temas recurrentes para Luis “Perico” Ortiz son su fe y la familia, desde el humilde hogar en que creció con sus padres -Esteban Ortiz y Natalia Ruiz- y hermanas, hasta el núcleo constituido hace 48 años con su esposa y colega clarinetista Diana Vías, tres hijos y ocho nietos.

¿Qué memoria recurrente guarda de sus inicios musicales?

—(Pausa, emocionado casi hasta el llanto, y se disculpa). Eee… Es emotivo… Mi padre falleció ya hace unos 12 o 13 años, mi madre ya está encamada, está en proceso de encontrarse con el Señor, y ellos fueron mis mejores aliados. A los cinco años mi padre puso una guitarra en mis manos y años después me dijo: “Quiero que seas la extensión de lo que yo no pude ser”. Recuerdo que con unos 10 añitos, algo que ahora no se puede hacer, yo salía solo por las mañanas con mi trompetita, que todavía la tengo, y media libra de pan con pasta de guayaba del gobierno, me ponía mis zapatitos de trilón que le costaban cinco chavos a mi papá, y me iba a caminar las emisoras de radio. Los sábados tenían radioteatro, y veía las mejores orquestas de Puerto Rico.

¿Y la trompeta cómo llegó?

—Por accidente. Quería ser saxofonista, pero cuando llego a la Escuela Libre de Música (es egresado de la clase de 1966) se habían acabado los instrumentos y lo que había era una tuba, que es un instrumento sumamente grande, y una trompeta que parecía que le habían pasado como 40 carros por encima. Yo digo: “Bueno, no me queda de otra, a mí me gusta la música”, y por ahí es que nos vamos, y el amor hacia el instrumento fue creciendo en mí.

¿Cómo mantuvo su raíz espiritual? ¿Cómo ha sido?

—Hay una dualidad de lo que es la música y Cristo en mi corazón. Empecé en el catolicismo. A los 5 años era paje del altar. Lo que soy se lo debo a nivel espiritual a Cristo y a todos ustedes. Cristo ha puesto una serie de ángeles alrededor mío: mi familia, el público, la industria, todo el que ha sabido recibir mi propuesta musical. Ha habido momentos difíciles donde Cristo ha tenido que sacar las manos de encima de mí para yo poder tener la experiencia y que Él se glorifique. La sabiduría de la vida es a través de la experiencia. Hay quienes me dicen: “Oye, pero tú hablas de Cristo y después te vas a tocar a un club donde hay gente bebiendo y metiéndose droga”, yyo les digo: “Ese es el libre albedrío. Yo solamente voy a dar un buen ejemplo, y si me preguntas te voy a decir que Él existe en mi vida”.

Habló de momentos en que Cristo tuvo que soltarlo. ¿Qué nos puede contar de ellos?

—Llegó un momento en que la fama era la cosa del momento, puedes mencionar cualquier nombre (de famoso) que te venga a la mente, pues hace 40 años yo era ese nombre. Yo era la noticia. ¿Cuál es el primer problema que viene? Egocentrismo, mala administración de tus poderes, la vanidad… ¡Uf! Te pones vanidoso, te crees que te la sabes todas y por más que yo tuviera a Cristo en mi corazón, eso me trastocó de una forma violenta. Como tenía un poder dentro de la industria, me reían las gracias los payasos del circo y el Señor tuvo que sacarme las manos, (y dijo:) “Voy a sacarte las manos para que entiendas cómo es el asunto y que el clamor es hacia mí”. De repente, hubo un silencio en las llamadas, en las cosas, en buscarme, y empecé a entender poco a poco que era la voluntad de Dios que ejerciera una retrospectiva de qué había pasado y cómo iba a mejorar. Hace como 30 años tuve esa experiencia y me llevó a renacer y ser el que soy ahora. Proyecto el mañana, pero vivo el día con intensidad.

¿Cuánto duró ese limbo?

—Como algunos cinco años.

¿Cómo recuperó el camino?

—Me senté a analizar cómo había pasado y cómo iba a reestructurar mi vida. Dejé todo lo que había hecho en Nueva York (donde estuvo radicado desde 1970) y me relocalicé. Fui a Miami, no me gustó. Fui a California, no me gustó. Vine a Puerto Rico a visitar a mis padres y se abrieron todas las puertas. Llevo 25 años de regreso a Puerto Rico (desde 1993) y han sido los 25 años más fructíferos que he tenido a nivel espiritual y económico, y camino tranquilo por ahí.

Entró en una faceta pedagógica, de servir como mentor, ¿qué experiencia lo han tocado, qué discípulo ha visto florecer?

—Tengo muchos, pero todo es lo mismo, que tu conducta sirva para edificar. El asunto no es cuánto toques, cuán lejos llegues, sino cómo te conduces como persona; te van a llamar a hacer un montón de cosas por el carácter que demuestres. Así que tengo mucha semilla sembrada y ya estoy recogiendo frutos porque tengo excelentes músicos, no solo en Puerto Rico, en Europa, Estados Unidos, Suramérica. No sé si te fijaste que había un niño allí que me miraba con mucho anhelo. Toqué la trompeta y vino a oír rápido... Yo le toqué a él. Fui donde él, no esperé a que él viniera. (Le pregunté:) “¿Cuánto tiempo llevas tocando la trompeta?”. Así que hoy, (lo más maravilloso de esta cita) no fue reunirme contigo, fue lo que pasó en el corazón de ese niño. Ahí es que está el proceso de Dios.

Ha tenido una trayectoria riquísima, pero ¿hay alguna otra cosa que quiera hacer?

—Mi libro. Espero que (esté listo) antes de que llegue a los 70 (en 2019) si le place al Señor. (Ha hablado de este proyecto antes, pero va evolucionando). Cada capítulo va a tener mi relación personal con el artista “X”. No voy a contar que hice “Quimbara”, voy a contar cómo fue vivir con Celia Cruz, cómo fue con Tito Rodríguez, con (Tito) Puente, con Rubén Blades, con Marc Anthony… Yo descubrí a Marc Anthony jovencito, tendría como 20 años, iba a casa a jugar Atari con mi hija. Trabajaba para mi compañía haciendo ‘jingles’, los coros, y ahí fue que lo identifiqué y lo llevé al productor; el primer contrato de él lo tengo yo. Y a la India, también. Todos esos muchachos que los viernes se iban a comer pizza y bizcocho, y leche con nosotros.

¿Qué lo motivó a crear su propio proyecto empresarial (hoy LPO Events)?

—Fui miembro importante de la Fania, del sello Fania (cofundado por Jerry Masucci y Johnny Pacheco) y todas sus subsidiarias a partir de 1970 hasta 1978, y durante esos años intensos era productor, arreglista, compositor. Tuve la oportunidad de hacerle muchos millones de dólares a la compañía. ¿Usted se acuerda de “Pedro Navaja”, de “Plástico”, “Canta” de Cheo Feliciano? Hice tantas y tantas canciones exitosas... Entonces, llegó un momento en que dije: “Bueno, es tiempo de hacer lo mío”. Y fui donde el presidente de la compañía y me dijo que él me veía como un excelente trompetista, arreglista y productor, pero no como un artista. Entonces, tuve que tomar una decisión inmediata y le dije esto que hoy en día prevalece en el corazón de muchos: “Prefiero tener las llaves de mi Volkswagen y no estar en el asiento de atrás de tu Rolls-Royce”. Y me retiré (para crear por cuenta propia) hasta el día de hoy. Empecé ganándome 10 pesitos la noche, yendo a visitar gente con los disquitos, pero prevaleció el talento, porque el talento no es una cuestión creada por el hombre, fue un regalo de Dios, y soy el mejor administrador que puede tener nadie.

¿Qué aconseja a cualquiera que quiera trascender, llegar lejos?

—Pasión, disciplina y contenido.

¿Cómo ve el futuro de Puerto Rico a nivel musical, cultural?

—Bien. Somos “fajones”, no tenemos miedo a hacer lo que tenemos que hacer. Hay muchas cosas que tenemos que poner en orden y esta situación (la crisis económica agudizada por los estragos de huracanes y mayor emigración, hasta de artistas) nos ha dado el espacio para mucha reflexión de cómo vivir el nuevo Puerto Rico, porque el viejo, ya María, Irma, lo borraron. Y 65 años de un grupo de irresponsables que trastocaron la confianza de este país dentro del ámbito político, ya eso no existe. Cuando llegas al fondo, te quedas ahí o subes. Puerto Rico va a subir. ¿Que va a tomar tiempo? Va a tomar tiempo. Pero vamos a poder. Lo estamos haciendo motu proprio.

¿Qué le hace creer eso?

—El carácter artístico, de los compañeros artistas y el mío, de que es el momento de decir presente porque a la que yo imparto un grado de felicidad, recibo de ti ese grado de felicidad multiplicado. No podemos darle cabida a un espacio negativo porque, entonces, ¿a dónde vamos a llegar? Hay que echar pa’lante. Eso es muy de nosotros.
17 ene. 2018 0 comentarios

Bobby Carcassés inauguró Festival Jazz Plaza en La Habana



Fuente: Cubadebate, Cuba

La trigésimo tercera edición del Festival Internacional Jazz Plaza arrancó ayer martes 16 con un recital del maestro Roberto Arturo Carcassés Cusa, más conocido como Bobby Carcassés, prestigiada figura del panorama musical cubano.

El compositor de Blues guaguancó hizo gala de sus dotes para la improvisación y el scat, ingredientes indispensables del buen jazz. Otra de sus creaciones, Scatmaninoff, fue la pieza escogida por Carcassés para dar inicio a la velada en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba.

Luego siguió el tributo a un grande la música cubana, José Antonio Méndez, de quien tomó prestado Mi mejor canción para una sentida versión a piano en la que se hizo acompañar del saxofonista Yosvany Terry, un músico de una interesante y prolífica carrera.

Carcassés cedió el escenario al Quinteto de Vientos Santa Cecilia, que transportó al auditorio a las coloridas calles de Nueva Orleans, ciudad donde comenzó todo, al interpretar American feeling, del italiano Ilio Volante.

Sin perder el ritmo el Premio Nacional de Música convocó a su agrupación, Afroswing, para terminar de moldear la entrega inaugural del Jazz Plaza con temas de su más reciente producción discográfica, titulada Blues con montuno, en el mercado desde el año pasado acuñada por el sello BisMusic.

Se escucharon así Cubana y sensual y Thelonious Monk-Tuno, un tributo al creador de Round Midnight y Ask.
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Fallece el compositor y director cubano Tony Taño


Fuente: Granma, Cuba. Por: Pedro de la Hoz

Próximo a cumplir 80 años de edad, falleció en La Habana este martes Tony Taño, compositor, arreglista y director orquestal que durante la segunda mitad del siglo pasado dejó su impronta en numerosas grabaciones, conciertos y espectáculos musicales.

Más que su nombre muchos identificarán un tema suyo, de fácil pegada y simple factura, que hizo época, La batea. Popularizada a finales de los 60 por los Hermanos Bravo, esa tonada de aires carnavalescos, en la que se advertía por detrás la célula rítmica del cha cha chá, saltó muy pronto a la arena internacional por un costado imprevisto para su autor, cuando en 1971 el conjunto chileno Quilapayún la versionó para la campaña política por la Unidad Popular de Salvador Allende. Hubo muchas más apropiaciones de La batea, una de ellas muy particular incluida en uno de los últimos discos grabados en vida por el salsero puertorriqueño Tito Rodríguez  en 1972 junto a su colega Louie Ramírez.

Pero a Tony, natural de Caimito, localidad hoy perteneciente a la provincia Artemisa, habrá que recordarlo también por la multiplicidad de su labor en el panorama musical cubano. Se formó como trompetista pero muy pronto estudió disciplinas con reconocidos maestros (Félix Guerrero, Serafín Pro, Manuel Duchesne Cuzán, Carlos Fariñas, Dolores Torres) que lo llevaron a la dirección y los arreglos instrumentales.

Fue el primer director  a quien Alfonso Arau confió el podio de la orquesta del Teatro Musical de La Habana en 1962. Asumió la conducción de los espectáculos que dieron a conocer la nueva realidad cubana en el Olympia, de París, y la Expo Universal de Montreal en los años 60. Representó a Cuba en los más importantes certámenes de la canción en los países del campo socialista y dirigió las orquestas de las dos ediciones iniciales del Festival de Varadero. Trabajó con frecuencia para la radio y la televisión y lideró diversas agrupaciones en los estudios de la Egrem  -ese sello cuenta en su catálogo con el disco donde acompañó a la vedete afronorteamericana Josephine Baker. Fue un activo defensor del derecho de autor de los compositores cubanos en foros internacionales.

A mediados de los años 90 durante una larga estancia en México colaboró en conciertos del tenor Fernando de la Mora y resultó designado para la dirección musical del  espectáculo que llevó ese país a la Expo Universal de Hannover.

No debe obviarse su presencia indeleble en el cine cubano. Escribió las bandas sonoras de Manuela (1966), de Humberto Solás; El huésped (1967), de Eduardo Manet –incluye una de las canciones más hermosas de la época, Tema que no fue, en la voz de Luisa María Guell-, De tal Pedro tal astilla (1987) y Vals de La Habana Vieja (1988), ambas de Luis Felipe Bernaza y en las que sumó a su hijo Aneiro Taño.

Pero la joya de la corona fue y seguirá siendo Un día en el solar (1965), de Manet, versión fílmica de una de las más originales comedias musicales cubanas que unió a Tony Taño en la composición y dirección orquestal, al novelista Lisandro Otero en el libreto y al coreógrafo Alberto Alonso en las danzas.   
16 ene. 2018 0 comentarios

"Papá Dios es Salsero", Manolo Rojas y Melcochita en Salsa




El fin de semana pasado el comediante nacional Manolo Rojas estrenó el tema "Papá Dios es Salsero", que trae como invitado especial a Pablo Villanueva "Melcochita".

Composición del propio Rojas, la canción es un homenaje a muchos músicos y cantantes ya fallecidos tales como Cheo Feliciano, Héctor Lavoe, Beny Moré, Ismael Rivera, Celia Cruz, Tito Puente, Ray Barretto, Frankie Ruiz, Tito Gómez, Yomo Toro, Junior Gonzales, Juan Formell, Jairo Varela, Joe Arroyo, Pablo Lebrón y Louie Ramírez. Entre los peruanos, el homenaje es para Aníbal López, Luis Rospigliosi, Julio Barreto y Luis Delgado Aparicio "Saravá". Todos ellos "arman una rumba en el cielo, pues todos dicen que Papá Dios se volvió Salsero"

El tema forma parte del nuevo disco de Manolo Rojas titulado Mixtura Musical y el video del mismo (filmado en Las Caras de Atahualpa en el Callao) ya está publicado en su canal de Youtube.

Dos observaciones a la edición del video: al momento en que Rojas menciona a Louie Ramírez aparece la foto de Chamaco Ramírez (bueno, en realidad Chamaco se llamaba Luis Ramírez Toro pero no sé si Manolo se haya querido referir al cantante de "Planté Bandera") y cuando Melcochita hace referencia a Luis Rospigliosi (salvo que la vista me falle) la imagen que aparece es la de Carlos Loza. ¿Se podrá corregir?

El arreglo de "Papá Dios es Salsero" le pertenece a Oscar Pitín Sánchez y el marco musical lo pone la Orquesta Sabrosura Para Ti. Más Salsa peruana....
15 ene. 2018 0 comentarios

La audacia de ser Cortés



Fuente: Granma, Cuba. Por: Pedro de la Hoz

El Premio Nacional de la Música tenía que llegarle un día –y así acaba de suceder— a José Luis Cortés. Personalidad polémica, controvertida, transgresora, si se toma en cuenta, más allá de filias y fobias, el peso específico de sus aportes a la música cubana contemporánea, sus méritos poseen una densidad indiscutible.

En el vórtice de la timba –nombre con el que se conoce la corriente evolutiva del son cubano, en sintonía con la salsa, de los 90 a esta parte— comparte protagonismo junto a Juan Formell, quien con Los Van Van había avanzado esa línea desde mucho antes con el songo.

Es más, José Luis gestó la sonoridad timbera a partir de la experiencia de un ineludible precursor, el Chucho Valdés que en Irakere dedicó una importante parcela a la música bailable. No por gusto él mismo integró la espectacular banda, donde a mediados de los 80 como autor logró pegar Rucu rucu a Santa Clara.

Pero sin lugar a dudas el gran salto renovador lo dio cuando armó NG la Banda. Hay que recordar la significación de esas iniciales: Nueva Generación. Era, en efecto, una nueva generación la que irrumpía en el panorama sonoro de la isla. Y uno de sus más conspicuos representantes, nacido en 1951 en Santa Clara, egresado de la Escuela Nacional de Arte en la especialidad de flauta y rebautizado allí con el sobrenombre de El Tosco, por unas botas rusas que le quedaban grandes, ejercía un liderazgo apreciable en un grupo de músicos que sentía la necesidad de un cambio.

La investigadora Rosa Marquetti sitúa ese tránsito en las grabaciones que en 1986 produjo el músico en los estudios de la Egrem de la calle San Miguel. Fueron cuatro discos que se convirtieron en objeto de culto: Siglo I a.n.e; Siglo II a.n.e; Abriendo el ciclo y A través del ciclo. Compañero de aventura, el saxofonista Germán Velasco, coproductor y autor de algunos de los temas. La mayor parte del material fue aportado por El Tosco. A la temeraria empresa sumó los talentos de varios de sus colegas de Irakere y de otros que luego devendrían figuras claves en la música cubana actual, como los pianistas Miguelito Núñez, Gonzalo Rubalcaba, Miguel Ángel de Armas (Pan con Salsa); y Ernán López Nussa; el bajista Feliciano Arango, el baterista Osmany Sánchez, y el violinista Dagoberto González.

Todo estaba listo para que NG la Banda comenzara su andadura el 4 de abril de 1988. El compositor, instrumentista, orquestador y cantante –esto último con un inconfundible modo de decir— creció y se consolidó a base de ingenio y giros sorprendentes, no siempre bien comprendidos en su momento, pero a final de cuentas, contundentes y definitorios.

En las letras de sus canciones se ubicó el campo más proceloso –recuérdense las polémicas en torno a La bruja, tema que no hizo más que reflejar críticamente la deplorable actitud de ciertos personajes en tiempos de crisis-, pero debe reconocerse su agudeza para captar situaciones y atmósferas de la vida cotidiana y abordarlas desde la ironía y la picaresca.

Por esa cuerda pasan Échale limón y Picadillo de soya, Santa palabra y La cachimba, sin obviar una de las mejores páginas del pop de linaje latino, Necesito una amiga, o una infaltable cumbre del jazz latino, Mambo Murakami.

Se baila con NG y El Tosco, pero sobre todo entra por el oído una tremenda cantidad de música propositiva, mediante los atrevidos arreglos de los metales, el tejido ritmático y las variables temáticas de los coros y montunos.

Formell fue concluyente al decir: «José Luis Cortés fue el que aglutinó, amarró y concretó el boom de la salsa cubana. Nosotros sembramos la base: Irakere y Los Van Van, pero José Luis fue el genio que se encargó de inventar el motor sonoro que hizo internacional nuestra música bailable».

Luego están otras contribuciones: la concepción de espectáculos, el desarrollo de conjuntos de jóvenes flautistas en formación, la forja de solistas vocales e instrumentistas, la producción de discos a cantantes foráneos y del patio, sus descargas jazzísticas y la incursión en el bolero.

Este es un apretado perfil del recién proclamado Premio Nacional de la Música, un artista que todavía tiene mucho que decir.
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Bobby Carcassés, el hombre-jazz de Cuba


Bobby Carcassés (a la derecha), creador del Jazz Plaza


Fuente: Granma, Cuba. Por: Ricardo Alonso Venereo

Padre espiritual del hoy mundialmente conocido Festival Internacional Jazz Plaza, cuya edición 33 tendrá lugar en La Habana y Santiago de Cuba, entre el 16 y el 21 de enero de este año, Bobby Carcassés es –sin lugar a dudas– uno de los artistas imprescindibles a la hora de abordar la historia del jazz en la Isla.

Premio Nacional de Música, este «hombre-leyenda, hombre-jazz de Cuba», tiene el don de atrapar con su voz y su actuación, tanto a espectadores nacionales como extranjeros. Bobby deja una huella, un halo de luz que encandila nuestros ojos en todo lo que asume con gran dosis de talento y profesionalidad. Llámese la música, el canto, la actuación o la pintura.

A un pedido de Granma, el maestro accedió a concedernos esta entrevista que quisiéramos sirviera de preámbulo a tan importante evento que organizan el Centro Nacional de Música Popular, el Instituto Cubano de la Música y la AHS.

–Su nombre es Roberto Arturo Carcassés Cuza. ¿Quién le puso Bobby Carcassés?

–Nací en Kingston, Jamaica, el 29 de agosto de 1938, porque mi abuelo, mambí, fue el cónsul general de Cuba allí desde 1936. Era una colonia inglesa, por lo que a los Roberto les decían Bobby o Robert. Llegué a Cuba a los cuatro años de edad hablando más inglés que español.

–¿Qué es el jazz para usted, cuándo tuvo su primer acercamiento al género y por qué lo prefirió entre tantos otros?

–El jazz, más que un ritmo o un género musical es una filosofía, la de la libertad. El swing, su energía vital y la improvisación, lanzan al jazzman al espacio, vuela libre por los arcanos de la creación, y, cargado de amor a esa filosofía, entrega luz al que escucha y participa de manera activa en ese raptus mágico, ese momento milagroso de la improvisación. El jazz y yo nos encontramos en 1956 a través de un gran músico, Armando Sequeira Romeu, el cual me develó los misterios del swing y las maravillas rítmicas, armónicas y melódicas de esos temas.

«Comprendí, luego de tantos años, que el jazz verdaderamente nació en África, desde el momento en que los negros fueron convertidos en esclavos y obligados a abandonar a la fuerza su cultura, familia y costumbres, pero impusieron al final su genio musical a través del ragtime, los góspels, espirituals, y los blues, donde volcaban sus sentimientos, tristezas y eventuales alegrías, siendo los verdaderos creadores, a través de toda esa historia, de esa maravilla llamada jazz».


–¿Cómo y cuándo surgió la idea de hacer el Festival de Jazz Plaza?

–Me llamó Bárbara Castillo, responsable de eventos de la Casa de Cultura de Plaza, para que liderara unos jamsessions (descargas) semanales, cosa que acepté enseguida convirtiéndose estos en un verdadero suceso por la participación de grandes músicos cubanos. Debido a esto se me ocurrió llevar a efecto un festival nacional.

«Comenzamos el 14 de febrero (día de los enamorados) de 1980, precisamente por el vínculo que tiene el jazz con el amor».

–¿Cuándo tuvo carácter nacional e internacional? ¿Está de acuerdo con la decisión de hacer el festival Internacional Jazz Plaza 2018 en enero o cree positivo volverlo a su fecha original?

–Comenzamos oficialmente el 14 de febrero. Así estuvimos tres años de forma nacional, hasta 1984 en que apareció la gran pianista y cantante brasilera Tania María y otros músicos checos y norteamericanos. Este año va a celebrarse en enero del 16 al 21, pero la pretensión es volver a ubicarlo en la fecha iniciática, cosa que considero muy acertada.

Volverlo a su fecha original sería un verdadero atino porque regresaría a su punto de partida, y esa fecha tenía una razón lógica.

–Tantos años después, ¿qué recuerdos le trae el Festival de Jazz?

–Los recuerdos más hermosos son precisamente los de la primera etapa, cuando era nacional y no teníamos otra pretensión que divertir y dar amor con sencillez, a través del jazz cubano a nuestro público de a pie y totalmente gratis.

Los momentos no gratos empezaron cuando el festival perdió la humildad y sencillez y se convirtió, simplemente, en otra cosa. A pesar de todo, me he mantenido siempre participando, apuntalándolo, y presente siempre, cuidándolo con afecto y cariño, como padre, en definitiva, de la criatura.


–¿Cómo ve el nivel del jazz cubano con relación al mundo?

–Es nuestra persistencia la que nos mantiene al más alto nivel, hasta el punto de habernos sido conferida la sede, en abril del pasado 2017, del Día Internacional del Jazz, en La Habana. Un acontecimiento trascendental.

«El festival para los jóvenes Jojazz asegura, a través de nuestras escuelas de arte (importante logro de nuestra Revolución), un nivel internacional de altísima calidad.

«El jazz en Cuba nació en el mismo momento en que surgió en New Orleans hace más de un siglo, y la presencia cubana en aquel momento histórico se manifestaba a través de geniales músicos como el trompetista cubano Manuel Pérez y otros. Hoy sigue igual de sólido, y a pesar de momentos de grandes conflictos con EE.UU., el jazz no ha dejado de fluir en ambas direcciones.

No obstante, hace años que vengo planteando la necesidad de una federación de jazz que garantice una organización máxima, como existe en otros países.

–¿La composición, qué lugar ocupa en su vida, y la pintura?

–Yo nací cantando. Soy el showman de Cuba, me formé definitivamente en el Teatro Musical con el gran comediante mexicano Alfonso Arau, Leo Brower, Tony Taño, Federico Smith, y otros grandes maestros. Toco varios instrumentos complementarios a mi trabajo, pinto y dibujo desde niño, expongo en galerías nacionales y foráneas, compongo de todo un poco, soy arreglista (orquestador), escribo, me van a publicar mi primer libro, Jazz en el Maxim, en la editorial Caserón de Santiago de Cuba. Y luego de 62 años de trabajo, sigo entregando mi arte con el mismo entusiasmo y amor a Cuba y al mundo.

–Algún consejo a los jóvenes jazzistas de hoy, a partir de su experiencia.

–Siempre me he sentido cómodo y feliz en escena, haciendo lo que sé hacer, y como cubano, orgulloso de pertenecer a la tierra más hermosa que ojos humanos vieran. Mi mejor consejo es trabajar sin descanso, superarse física y espiritualmente, para brindar lo mejor del arte a quien escucha, observa y aprecia nuestra obra.