20 ago. 2017

Gilberto Santa Rosa, "El Caballero de la Disciplina"



Fuente: El Nuevo Día, Puerto Rico. Por: Rosalina Marrero Rodríguez

Gilberto Santa Rosa vive el presente valorando el pasado. Para él, es importante reconocer el trabajo que hicieron “Las Vacas Sagradas” de la salsa, como Héctor Lavoe, Willie Colón, Cheo Feliciano, Ismael Rivera, El Gran Combo de Puerto Rico... y tantas otras estrellas de la música a quienes les dedica un espacio en la oficina de su hogar.

Es consciente que los 40 años que celebra de carrera artística tienen raíces en el trabajo de esos colegas a quienes siempre vio como sus maestros. “No vivo en el pasado, pero sí lo valoro mucho porque es la base de lo que pasó después”.

Aquí tienes a la gente que admiras, pero habrá quienes coleccionen tu música. Llegada esta etapa de 40 años de carrera y 55 de edad, ¿estás complacido?

—Sí. Cuando empiezas a cantar o cualquier oficio, siempre te dan un manual de las cosas y recuerdo que me decían que uno no podía decir que se sentía realizado porque eso era como detener el proceso. Yo estoy un poco en contra de eso, porque sí me siento realizado, porque cuando empecé a cantar en una marquesina en Country Club, yo ni soñaba con esto que pasó después y pasaron cosas bonitas, y pude desarrollar una carrera. Y lo más que me gusta es que haya podido manejar todo este asunto con los pies en la tierra.

¿Qué ha sido fundamental para mantenerte vigente?

—La disciplina y la claridad de mente. Nunca he sido un tipo vicioso, no me dejé tentar por las drogas ni por el alcohol. Siempre he sido un tipo disciplinado para el trabajo, porque cuando empecé siendo un niño, empecé a trabajar con hombres y la decisión era clara: O te afincas o te quedas, no había tiempo (para perder).

¿Ha valido la pena el éxito alcanzado en contraste con los sacrificios personales?

—Sacrificio es una palabra que a mí nunca me ha gustado usar. Escuchaba a artistas decir ‘me perdí jugar pelota porque tenía que estar en un ensayo’, pero es que yo no quería estar jugando pelota, yo quería estar en el ensayo, o sea, para mí ir a un ensayo a los 11 o 12 años, era Disney. Ojalá todos los niños del mundo tuvieran la niñez que yo tuve. Mi niñez fue espectacular, llena de amor. No teníamos lujos, pero no teníamos carencias y de ese momento crítico, de los 11, 12 años, que mi familia empieza a ver ‘este va pa’ eso’, y en una época en la que todavía quedaba el estigma de que los músicos se morían de hambre, que esto no era una profesión ni un oficio, sino que había que estudiar para tener una carrera, mi familia siempre me apoyó.

Entraste a la música en un momento en que quedaban los grandes nombres de la salsa  y se levantaba tu generación. ¿Cómo eso definió el artista que eres?

—Yo vi y aprendí de lo bueno y de lo malo. Vi grandes figuras de nosotros perderse y vi cómo el producto de la disciplina y la entrega daba frutos, y yo estaba en una etapa de formación. Yo era un ‘teen’ (14 años). Vengo de una casa donde mi papá y mi mamá se ocuparon. Pero de momento entré a esta selva, porque yo cantaba en la esquina de mi casa y de momento estás con este montón de hombres, con las cosas buenas, las malas, las regulares, y las peores,  pero fue la mejor época. Mi mejor universidad fue esa.

¿Has considerado abandonar todo esto?

—Abandonarlo no, modificarlo sí. Pienso que algún momento llegará en el que  uno tiene que aguantar un poco, no insistir en cosas que posiblemente ya no funcionen. Yo le pido a Dios todos los días que no tenga que salir un día a trabajar por necesidad y que lo que haga ahí sea una cosa que la gente lo recuerde por malo, no por bueno, que a veces resulta hasta trágico.

¿Qué reconoces como tu aportación a la salsa?

—En términos generales, seguí una tradición de seriedad y respeto para esta música. Recuerdo cuando empecé a cantar con la orquesta de Willie Rosario, y él me dijo que Tito Rodríguez le dijo a él que había dos grupos entre los músicos y cantantes, los que le daban prestigio a la profesión y los que la desprestigiaban, y que yo tenía que decidir a qué grupo quería pertenecer, y a mí se me quedó eso aquí (en la mente). Y, honestamente, uno de los mayores orgullos también es que eso de “El Caballero de la Salsa” no queda nada más en un título o un personaje, sino en mi carrera y en mi manera de vivir.

¿Te ha pesado el título del Caballero de la Salsa?

—No me pesa porque pienso que eso también ayuda a uno canalizar, pero sí, el Caballero tampoco es perfecto ni es un santo. He tratado de mantener una conducta y una manera de vivir, porque ya se convirtió en un estilo de vida que venía de otra cosa, no venía de la música, y en eso me he mantenido lo más firme que pueda.

Santa Rosa procura  apoyar el trabajo de talentos jóvenes. Lo ha hecho en la salsa y también en el género urbano. Sin embargo, reconoce que el camino no es fácil para esta generación.

“Toda esa gente (La Fania, etcétera) cuando fueron muchachos, innovadores, tuvieron resistencia del público de la época y de los artistas que los precedieron”, apunta. “Ese es el reto que tiene la nueva generación, cómo yo me traigo mi generación, que es lo que ha hecho el género urbano. Ellos nacieron, crecieron con eso y han traído su público. Así que los artistas nuevos no traten de convencer a los salseros viejos, traten de comunicarse con su generación, que nosotros vamos a ir detrás cuando las cosas están bien hechas”.

 Un talento cuyo trabajo le parece “una joya” es Juan Pablo Díaz. Lamenta, sin embargo, que su música, como la de otros, surge en tiempos en que se apuesta más al entretenimiento, a lo liviano, a la vez que se compite con el “boom” de  fusionar lo urbano.

 “No todo el mundo tiene que ser Rubén Blades ni Juan Pablo Díaz, ni René Pérez. La gente tiene que hacer música y hacer lo mejor que pueda”, advierte. “La gente en vez de preocuparse por estar, tiene que preocuparse por ser. Si usted es un urbano genuino y tiene la capacidad de innovar y de poder ir pa’ lante, dele pa’ lante. Pero si eres un salsero bueno, no trates de ser un urbano. ¡Ojo! Eso no quiere decir que no colabores, lo que quiere decir es que cuando terminas la colaboración, te pones a trabajar en lo tuyo”.

¿Qué comentario tienes ante los recortes a las entidades culturales?

—El gobierno tiene una responsabilidad y tiene que atenderla, pero nosotros tenemos una responsabilidad con el pueblo y también tenemos que atenderla. Hay una cantidad de talento aquí, por ejemplo en las artes plásticas, que yo que no soy conocedor, puedo entrar a un lugar y veo una obra exquisita e impresionarme. El público en general puede dar ese primer paso de darle ese apoyo, de darle prioridad a las cosas nuestras que son buenas. Y una vez nosotros tengamos esa base, creo que el asunto gubernamental es una consecuencia que no puede fallar, porque hay una fuerza detrás.

¿Hacia dónde encaminas la carrera ahora?

—A disfrutar la madurez de un artista de 40 años y eso quiere decir muchas cosas. No quiere decir que me voy a parar aquí a cantar ‘Conciencia’ hasta que me muera, que sí la voy a cantar, sino que uno siempre tiene planes. Pero de un tiempo para acá estoy tratando de disfrutar mi madurez artística haciendo proyectos que a veces por los compromisos que uno tiene con las disqueras no tiene tiempo de hacerlos.

El primero de tres proyectos será la salida del sencillo “El amor de los amores” junto con La Sonora Sanjuanera; el segundo, “un disco de salsa para bailar” titulado “Colegas” y el tercero será lo que resulte de una mezcla de músicos y un intérprete de música urbana. “Vamos a ver qué sale”.

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