25 may. 2017

Los 55 años de El Gran Combo de Puerto Rico


Don Rafael Ithier, legendario fundador y director de El Gran Combo de Puerto Rico, orquesta que cumple 55 años


El Gran Combo de Puerto Rico está cumpliendo 55 años y en tiempos en los que lo efímero se vuelve costumbre, es necesario celebrarlo. Aquella osadía de reunir a los músicos del Combo de Cortijo que quedaron “al aire” tras los problemas con la justicia de Rafael e Ismael y armar un grupo nuevo bajo el “pomposo” nombre de El Gran Combo fue tarea atrevida que en Mayo de 1962 comenzó bajo el mando del pianista Rafael Ithier.

Tras un comienzo difícil el grupo comenzó a ganarse el cariño del boricua en base a una discografía dirigida al bailador. Desde el comienzo Ithier tuvo claro que el protagonista era el Combo completo, en conjunto. Eso no impidió que Andy Montañez y Pellín Rodríguez se convirtieran en figuras y que el público acogiera las ocurrencias del siempre jovial conguero Martín Quiñones, los pasos de baile de Roena con la campana y la voz nasal de “La Bala”.

Para los 70s, la banda ya tenía disquera propia y un nombre ganado: El Gran Combo de Puerto Rico. Tal es así que la poderosa Fania los invitó para la ambiciosa película “Salsa”. Como pasa en la vida, algunos de los músicos salieron a buscar nuevos retos pero Don Rafael supo mantener la esencia. Incluso cuando Venezuela tentó (primero) a Pellín y (luego) a Andy, Charlie Aponte y Jerry Rivas tomaron el puesto sin problemas y se convirtieron en los cantantes más importantes que ha tenido la orquesta.

Acabando esa década ya eran parte del catálogo de Combo Records y ya eran muy populares en Colombia, Venezuela y Panamá, lo mismo que en los Estados Unidos.

El Gran Combo empezó su romance con Perú en 1980. El comienzo fue tímido, puesto que pasaron ocho años para que regresaran a la Feria del Hogar de Lima. Desde entonces se han convertido en uno de los grupos salseros con más arrastre en todo el territorio peruano, Machu Picchu incluido.

Cuatro generaciones han bailado con su música, decenas de éxitos son cantados de memoria por sus fanáticos y miles de escenarios alrededor del Mundo han gozado con su swing.

Estoy convencido que “El Gran Combo seguirá” con jóvenes como Anthony García que aseguran el relevo. Y estoy convencido que el público seguirá queriendo a sus integrantes no solo por su calidad como músicos sino por su don de gente. Ya lo he escrito antes, ellos no le niegan una foto ni un saludo a nadie. Son El Gran Combo del pueblo.

Don Rafa va a cumplir 91 años y ya es leyenda. Su principal virtud como hombre de música ha sido mantener vigente y cohesionado a su Combo. Bueno, me equivoco, no es su Combo. Es El Gran Combo de Puerto Rico y del Mundo entero. Leyenda también.


Celebremos los 55 años de “La Universidad de la Salsa” como a ellos les gusta, celebremos bailando. 



Fuente: El Nuevo Día, Puerto Rico. Por: Tatiana Pérez Rivera

Diez gobernadores y cuatro huracanes después de que en el 1962 Rafael Ithier Natal fundara El Gran Combo de Puerto Rico, aún la orquesta colecciona dos cosas: el sabor original y el cariño del pueblo al que representa. Y aquí estamos, 55 años más tarde, aplaudiendo a esta agrupación igualmente bautizada como “La Universidad de la Salsa” o “Los Mulatos del Sabor”, por el orgullo que provoca su consistencia en el terreno musical.

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El aniversario lo festejarán con el concierto This Is It!, que en el Coliseo de Puerto Rico tendrá lugar el 27 de mayo, a partir de las 8:30 de la noche. Como invitados figuran la India y Gilberto Santa Rosa.

Ithier ya tiene 91 años. Es caballeroso, cauteloso al responder y con la seguridad que los años le otorgan reconoce sus aciertos y desaciertos como creador y director musical de una orquesta considerada por sus fanáticos como patrimonio nacional. En medio de un aguacero torrencial nos recibe amable y agradecido de que retáramos el clima para encontrarlo. La claridad molesta sus ojos, así que pone y retira sus gafas oscuras con frecuencia. Cuando comienza a hablar “del Combo”, tiene la misma sonrisa que exhibe en tarima al dirigirlos.


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La orquesta ha vivido tiempos gratos y ha desafiado viento y marea,  pero  al repasar su historia  en la entrevista el saldo queda en positivo. “Yo creo que El Gran Combo, sin ser santos, ha sido un buen ejemplo. Yo hablo con los muchachos con mucha frecuencia y me siento muy orgulloso del comportamiento de El Gran Combo, de lo que significa para Puerto Rico. ¡Nosotros vamos por los aeropuertos y ni nos registran! Eso de verdad es un gran logro, porque nos hemos portado bien, hemos sido gente responsable con nosotros mismos y con lo que representamos y eso a mí me llena de un orgullo enorme, porque yo soy muy puertorriqueño. Olvídate de colores, no creo en nada de eso, yo creo en Puerto Rico, yo adoro a Puerto Rico y a mí me importa lo que pasa en Puerto Rico”, afirma convencido.

Cuando Ithier quiere relajarse escucha jazz y música romántica o “romanza”, como le decían cuando su tío fundó el primer trío del compositor Rafael Hernández, el Trío Borinquen. “Ahora le dicen balada. Te tengo que ser honrado, aquello eran poemas con música”, dice el hijo de padres mayagüezanos -Nicolás y Mérida-, quien creció en Monacillos, Río Piedras.

Las etiquetas musicales le causan risa porque considera que “la música es como una centrífuga”. “Nosotros cantamos No hay cama pa’ tanta gente. Esa canción yo la oí estando en San Francisco, California, y dije ‘me gusta’. Era de Ramito, era una canción de Navidad. Nosotros grabamos eso y se convirtió en un himno, ¡hasta nos llevaron a Barcelona a una despedida de año a cantarla! Ahora a eso le dicen salsa”, cuenta.

“A esto primero le decían música afrocubana, afroantillana, tropical, pero es música de los latinos y va a seguir siéndolo,  porque es la que más asimilamos. Esta música tiene vida si tú se la das con respeto y con conciencia de que a la gente hay que complacerla. Yo creo que no tendremos problemas con eso”, vaticina.

Como tampoco los tendrán si siguen aferrados al rigor con que operan. “La disciplina es la fuerza de El Gran Combo y el legado que podríamos dejar. Tocar bien o mal es un legado que deja cualquiera, yo creo que la durabilidad de El Gran Combo, su fuerza, está en su organización. Los muchachos me respetan mucho, yo los respeto mucho a ellos y para tomar una decisión esto no es así porque lo dije yo. No. Cuando hay que tomar una decisión, y creo es un poquito difícil, me siento con ellos y lo discutimos. Siempre ha sido de esa manera, pero hay una parte bien importante en esto”, alerta sobre la segunda parte de una historia.

“Normalmente se hace una orquesta y tiene un director y ese es el que manda, dice lo que va a pasar y paga. Aquí, desde el tiro, el director soy yo, para los efectos me hicieron el dueño de El Gran Combo y así lo entendí yo, pero aquí nos dividimos los éxitos y los fracasos. Hemos tenido muchos éxitos, modestia aparte, porque en 55 años decir que no hemos tenido ninguno sería yo hipócrita, pero también hemos tenido fracasos”, acepta.

Ithier diferencia una vivencia de la otra. Afirma que “el éxito tú lo disfrutas” mientras que “de lo que tú aprendes es de los fracasos”.“Y esos fracasos han sido bastantes, no tantos en comparación con los éxitos. Por ejemplo, hemos ido a tocar en una actividad y el que iba a pagar desapareció. Pues nos vinimos para la casa y nadie cobró. Pero entonces hay otro que me dice ‘te voy a dar $100 mil porque hagas el baile tal’, y le sacamos los gastos y nos dividimos los cien mil dólares en partes iguales. O sea, cuando hay mucho nos lo dividimos igual y cuando no hay na’ nos lo dividimos también”, detalla.

Para este aniversario le ilusiona haber invitado a la India (“¿quién iba a pensar que ella estaría con nosotros?”) y a Gilberto Santa Rosa, de quien aclara, “ese es de la casa”. “Y puede que haya una sorpresita”,  deja el tema en suspenso.


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Amenazado el sabor

Piénselo bien. Son 55 años procurando mantener vigencia en la cambiante industria musical. Fugaces no han sido, pero Ithier ha estado con el oído en tierra todo el tiempo para saber cuándo hacer los cambios apropiados.

“Siempre hemos tratado de dar un poquito más de lo que hemos dado”, reflexiona. “Aquí hubo una época en que el merengue se metió de tal manera que yo quiero que tú sepas que fue fuerte; íbamos a tocar en los bailes  y la gente se quedaba sentada, pero subía Wilfrido (Vargas) o Johnny (Ventura) y aquello se quería caer. Pues yo mandé a hacer cinco merengues y empezamos a tocar los bailes con un merengue y, después que los tenía en el salón, pues ya eran míos, de ahí yo me encargo”.

Los años en que se impuso la denominada salsa romántica también trajeron una alteración en el camino. Ithier reconoce que “muchas personas y fanáticos” le dijeron que “había que hacer otra cosa”.

“Incluso dentro del mismo grupo había gente que pensaba eso”, confiesa.

“Mandé a buscar un señor a quien admiro de una manera bárbara y le dije: ‘El Gran Combo es patrimonio nacional y hay que mantenerlo, hay que hacerle una serie de cosas que yo no puedo,  porque no tengo la preparación (musical), pero ustedes que son muchachos con una preparación grande, son los que tienen que coger este patrimonio’. Él me dijo: ‘lo que yo voy a hacer, don Rafa, le va a gustar’ y yo le dije: ‘te lo agradezco’. Ahí hicimos Ámame y Aguacero, que son de los estándar (clásicos) más grandes de El Gran Combo. A ese tipo le agradezco infinitamente porque más que ser un servidor de nosotros hicimos una hermandad, aprendí mucho de él”, cuenta.

¿Quién fue, don Rafa?, queremos saber. “No, no quiero herir sensibilidades”, despacha el tema con una sonrisa.Pedir ayuda no atacó su orgullo. Ithier aceptó que otra gente podía ayudar al Combo. “Pues lógico, si tú no puedes busca alguien que lo haga; lo entendí y nos dio muy buen resultado, aprendimos un montón. Había que hacer unas cositas para evolucionar dentro del estilo de El Gran Combo, sin dejar de serlo, y aquí estamos”, cuenta feliz de haber pasado el aguacero.


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Todavía tocan “amarraíto”, lo que significa que deben sonar “como una marcha”. “Es la manera de nosotros. Quien venga aquí tiene que adaptarse a El Gran Combo no El Gran Combo adaptarse a él”, dice.

A quienes han cuestionado cuánto más soportaría la orquesta con ese estilo, Ithier responde que quien decide es el público. “Las combinaciones ganadoras no se cambian”, insiste.


Chao Bach, hola Ramito

A los diez años, Ithier coqueteó con la guitarra y la dominó. El contrabajo lo espantó por sus dimensiones hasta que el piano que tocaba  su hermana lo cautivó.

¿Aprende rápido a tocar un instrumento?

No se me hace muy difícil aprender los instrumentos, no es que sea un virtuoso, pero resuelvo. Yo me puse por mi cuenta a tocar el piano y ahí me quedé.

¿Qué pianistas le gustan?

Mi ídolo grande se llamó Luisito Benjamín, un pianista puertorriqueño que de este género es el más grande que yo he visto.

¿Cómo uno encuentra su estilo?

A cantazos, porque uno no tiene la preparación musical como para decir ‘me voy a agarrar de Beethoven o de Bach’. A uno se le ocurre lo que se le ocurre y hace un estilo. Conozco músicos que han estudiado y se agarran mucho de la música clásica  y pueden llevarla a la música popular. Cuando yo me siento a hacer un arreglo pienso mucho en “Ramito” (Flor Morales), en “Chuíto el de Bayamón” (Jesús Sánchez Erazo), en el Cuarteto Marcano, que es lo que conozco. Me agarro de lo que oigo.

Quizás por eso su música conecta con puertorriqueños de todas edades.

Seguro, hombre. Y no estoy diciendo que soy el grande. He hecho una contribución ínfima, pero la he hecho de acuerdo a mi capacidad; yo tengo fe y creo en mí, porque soy positivo.

Complacer porque sí

Lo de “Timbalero” ya es epidemia. Una presentación sí y otra también, el Combo recibe la petición de cantar el pegajoso tema y la orquesta responde porque, según su líder, complacer y respetar al público está en su ADN.

¿Han pensado no tocarlo?

Óyeme había un pueblito -no te voy a decir el nombre- al que vamos a tocar fiestas patronales y la gente siempre quería que tocáramos el “Timbalero”. Había dos personas que siempre decían ‘yo no los traería más nunca’ porque se endiablaban. Un día tocamos “Un verano en Nueva York”, porque tiene un solo de timbal, y le gustó mucho a la gente. Cuando fuimos a acabar el público empezó: ‘¡Timbalero, Timbalero!’. Yo le dije a las dos personas: ‘¿Ustedes se dan cuenta de por qué  tenemos que tocar el Timbalero"?

¿Qué debe tener una presentación para que le satisfaga?

Yo miro  la reacción del público, si entiendo que no está muy conforme con la actuación de nosotros no me satisface porque pienso que no logramos el cometido.  Mi ambición es prepararnos para los distintos gustos del bailador.Nos respetan porque nosotros los respetamos a ellos. Nosotros tenemos que tener un respeto enorme por esa gente que está ahí, tocar ante 50 personas te parte el corazón -acuérdate que el fracaso artístico duele más que el económico- pero si hay cuatro ó diez ó veinte hay que tocar, y si hay cinco mil pues mejor todavía, es cuestión de respetar.


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El difícil adiós

Hay integrantes que han tocado toda su vida musical, o la mayoría, con la orquesta. Otros han decidido crecer en otra dirección y esas partidas suelen ser dolorosas; caldean ánimos entre los fanáticos y despiertan cobertura mediática. Sobre estos temas, don Rafael Ithier respondió.

¿Cómo se toman  las partidas?

Cada vez que ha sucedido eso a mí, y a mis compañeros, nos afecta. Vivimos más entre nosotros que con la familia y cuando tienes 20, 25 años con una persona y se te va del lado tienes que ser de hierro para no sentirlo. Quizás a mí me afecta un poquito más por una razón. Ninguno de los músicos que han entrado a El Gran Combo yo los conozco, sobre todo los cantantes. Nadie los conoce y cuando salen años después ya los conoce medio planeta. Nadie tiene un contrato que dice que tiene que estar todo el tiempo aquí, se puede ir cuando quiera, no tengo ninguna objeción a que cualquiera piense que mejor es estar siendo solista o salir de El Gran Combo. Sí, me duele, cómo no, pero si lo haces de la manera correcta me duele menos. Si te he dedicado 20 años a ti como compañero, me merezco que me digas ‘mira, no quiero seguir más’, pero no sigas andando porque yo creo que me merezco que lo hagas chévere.

Usted conoce las personalidades de todos los músicos como un padre.

Tienes un señor que tiene 44 años aquí, otro tiene 35, otro 28. ¿Por qué no se van? Porque quieren El Gran Combo, lo que representa para Puerto Rico y lo respetan. Ellos tienen una responsabilidad adicional, porque mucha gente, cuando llega una etapa de aceptación, se le van los humos a la cabeza, pero aquí no. Aquí hay una estrella grande que se llama El Gran Combo de Puerto Rico y somos como parásitos de El Gran Combo.

En el caso del pianista  Willy Sotelo, identificó en él habilidades administrativas  y confió en él.

Por una razón muy sencilla. Nosotros tuvimos bastantes managers y te tengo que ser honrado, con todos tuve algún problema porque llega un momento en que se creen con la autoridad de decir lo que hay que hacer. Llegó un momento que dije, ‘yo solo no puedo bregar con El Gran Combo’. Cuando me enfermé, William me fue a sustituir a Canadá y los muchachos estuvieron muy contentos con su actuación. Como estábamos haciendo un álbum le dije ‘quédate ahí un rato’. Él me dijo que había estado cinco años dirigiendo la orquesta de Frankie Ruiz y el Apollo Sound de Robertito Rohena. Tiene el conocimiento y, con los míos, lo voy a usar para manejarnos nosotros mismos. Te puedo decir que es cuando mejor ha funcionado El Gran Combo.

¿Qué le gustaría hacer?

Esto es un poquito difícil  admitirlo, pero  debe haber una unión de músicos. No es una casa que nos represente, es algo que cuando tú tienes una orquesta y está la situación difícil que yo te pueda ayudar y cuando yo esté pilla’o, entonces tú me ayudes a mí y al otro. A esa unión es a la que me refiero. He tratado, pero no he podido lograrlo porque no es fácil. En muchas ocasiones se ha logrado, pero no como yo quisiera que fuera.

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