27 may. 2017

El mambo de Genaro


Ha muerto Genaro Delgado Parker, indudablemente el más importante broadcaster en la historia de la televisión peruana. Controvertido por sus excesos y estilo de hacer negocios Delgado Parker convirtió a Panamericana Televisión en la estación más importante de su época, eterna competidora de América entre las décadas del 60 y 80 del siglo pasado.

Sin embargo Delgado Parker no solo fue hombre de televisión. Fue quien trajo los primeros celulares al Perú en 1990 y, en sus inicios fue un entusiasta hombre de radio, al comienzo bajo la tutela de su padre y al lado de sus hermanos Héctor y Manuel.

Sus comienzos radiales se dieron (a comienzos de la década del 50) en Radio Callao y Radio Central para luego ganar fama dirigiendo Radio Libertad. Es por esos años en que se ambienta el siguiente pasaje que aparece en el libro Genaro, publicado el año 2015 por Hugo Coya, donde se relata la forma en que Genaro difunde y populariza el mambo en Lima:


LA AYUDA DIVINA

A comienzos de 1951, la vida de Genaro continuaba alegre y tranquila. Iba a trabajar todas las mañanas, volvía a la noche a su casa y paseaba los fines de semana con su familia, hasta que su rutina fue interrumpida un típico día de llovizna, en mayo. Lo recuerda porque llegó empapado a la radio. Un discjockey se le acercó para consultarle si podía tocar un disco que había traído una aeromoza desde Miami. No controlaba ni censuraba el material por emitir, pero, tratándose de un disco impreso en el extranjero, hacer la consulta se volvió necesario para evitar una multa.


Lo escuchó con atención, y de la curiosidad pasó al éxtasis. Nunca había oído algo semejante. Una orquesta integrada por cinco trompetas, cinco saxofones y cinco trombones, aunque de la mano de una letra monótona y repetitiva, hacía derroche armónico. desplegaba melodía original y emanaba gran energía tropical.


"José, tú tienes la bemba coloraá....", repetía una y otra vez el estribillo. Tarareando la pegajosa canción, autorizó su incorporación al repertorio de la radio. Las personas llamaron una y otra vez para pedir que la vuelvan a tocar. Otra canción con letra escueta llegó a sus manos al poco tiempo: "Caballo negro, tú tienes la co... la cola blanca". Otro nuevo éxito.


Con la obtención del tercer disco del mismo ritmo, creó un programa de canciones que apelaba a los oyentes para que presten o donen discos con canciones similares. Las personas aseguraban que, al escuchar ese tipo de música, se olvidaban de sus pesares.



Dámaso Pérez Prado "El Rey del Mambo"


El mambo había llegado a Lima, causando entusiasmo entre los jóvenes y escándalo entre algunos adultos por sus cimbreantes movimientos de cadera.


Después de haber permanecido algunas semanas entre los programas más populares de la emisora, las represalias se desencadenaron.


Algunos llamaron a la radio para quejarse por la propalación de ese ritmo, y otros publicaron artículos y editoriales que referían que el mambo fue "concebido por el diablo". y condenaban a los jóvenes Delgado Parker por "impulsar el pecado".


Las crónicas de la época dieron cuenta de señoras vestidas de negro riguroso, ataviadas de mantillas y rosarios, rezando en la puerta de la radio para pedir que "Dios ilumine a sus dueños" y eviten "darle gusto al demonio".


El padre de Genaro se mostró preocupado por el inesperado protagonismo de sus hijos y trató de persuadirlos de que disminuyan los decibeles del ensordecedor ritmo que su osadía estaba provocando. Los muchachos, por el contrario, se sintieron emocionados por el revuelo causado.


Cierta mañana de domingo, ellos recibieron un inesperado y enorme espaldarazo de Juan Guevara, nada menos que el ultraconservador primer cardenal de Lima. Indignado porque muchos jóvenes se escabullían los fines de semana de sus casas para bailar mambo en lugares semiclandestinos, ordenó que en todas las parroquias de la capital se lea una drástica advertencia.


Amenazó con la excomunión a quienes promovieran " los bailes que [...] estimulan los instintos bajunos y excitan las pasiones funestas [y] las audiciones radiales que difundan los programas de letras y música nauseabunda".


La condena se convirtió en propaganda y bendición para los bolsillos de Genaro y Héctor. Los jóvenes que nunca habían escuchado radio o mambo se volcaron a hacerlo. La audiencia subió, las horas dedicadas a esa música se multiplicaron y los Delgado Parker aprovecharon la ocasión para organizar fiestas y congregar a los "mamberos" en lugares como el rimense Club de Tiro del Ministerio de Hacienda.


Como si se tratara de una secta, muchos jóvenes se escapaban de sus casas para ir a divertirse en las fiestas, mientras Genaro y Héctor incrementaban sus ganancias.


Genaro comenzó a descubrir que, muchas veces, ir contra los prejuicios puede atraer una luminosa bonanza, en un país donde los mojigatos tienen la capacidad de encender los fósforos para que los demás sientan el calor del fuego de la libertad. Un ritmo había abierto los oídos y las mentes, y despertado, además, otros sentimientos que Genaro desconocía hasta ese momento, pero estaba a punto de descubrir.

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