30 abr. 2017

Así fue el Día Internacional del Jazz en La Habana, Cuba


Mira el show que acaba de terminar en La Habana, Cuba, con motivo del Día Internacional del Jazz 2017:



Fuente: Granma, Cuba. Por: Pedro de la Hoz

Los participantes en el concierto global por el Día Internacional del Jazz, que tuvo lugar este domingo en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, enaltecieron los valores de la música como plataforma global para la promoción de la paz.

Convocados por la Unesco, cuya directora general, Irina Bokova, viajó a la capital cubana para ser testigo del acontecimiento, y con los auspicios del Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano de la Música y la colaboración del Instituto Thelonious Monk, la velada se nutrió de  las contribuciones de más de 50 destacados creadores de Estados Unidos, América Latina, Europa, África y Asia, encabezados por el norteamericano Herbie Hancock y el cubano Chucho Valdés, y en calidad de presentador, el popular actor estadounidense Will Smith, quien como intérprete de rap ha conquistado cuatro Grammy.

El espectáculo, que contó con la presencia de Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y Abel Prieto, ministro de Cultura, fue un ejemplo de lo que puede y debe lograrse en términos de cooperación para el crecimiento espiritual.

«Mientras algunos baten los tambores de la guerra, aquí, ahora y en muchas partes solo habrá oídos para escuchar los tambores que nos invitan a la convivencia y la solidaridad, a la concordia y el entendimiento», recalcó el poeta Miguel Barnet, al introducir el concierto.

El presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba recordó a los presentes y a quienes disfrutaron la transmisión del espectáculo en más de un centenar de países cómo «el jazz se ha hecho parte de nuestra identidad, dialoga con el son y el bolero, cobra sentido en lo que llamamos descarga cubana, se hermana con los toques y cantos rituales trasplantados desde África por nuestros ancestros, se funde con la rumba, encuentra caminos inéditos en la creación de los jóvenes formados en nuestras escuelas de arte y nos representa con dignidad y altura en numerosos escenarios dentro y fuera de la Isla».

Al dirigirse al auditorio, tanto la Bokova, como Hancock y el notable productor y compositor Quincy Jones, especialmente invitado a la cita, coincidieron  en resaltar el compromiso del jazz con la libertad, el respeto a la diversidad y la ética.

Varios momentos, desde el mismo inicio –importante fue ver en proscenio a un incombustible Oscar Valdés-  hasta el cierre, celebraron la saga histórica y actual de la vertiente que se conoce como jazz afrocubano, a partir de Manteca, creación de 1947 donde confluyeron los genios de Mario Bauzá, Chano Pozo y Dizzy Gillespie para estremecer la escena neoyorquina,  la explosión timbera de un todos estrellas insular liderado por Orlando Valle, Maraca, y la recreación coral, de cubanísimo acento, que arropó el clásico Imagine, de Lennon, derivado hacia la Guantanamera,

En medio de la trama, como para iluminar raíces comunes y diálogos posibles, el Bilongo, de Rodríguez Fife, cantado por el camerunés Richard Bona, y un changüí con sabor magrebí aderezado por la cuerdas del tres de Pancho Amat, el laúd del tunecino Dhafer Youssef, vocalista de impresionante registro, y el violinista William Roblejo.

Del jazz afrocubano a otras zonas del jazz latino hubo un trío de interesantes desplazamientos: por una parte el brasileño Iván Lins con Soberana rosa, difundida en el ámbito anglosajón en versiones de Sting y Dione Warwick; por otra la infaltable Bésame mucho, de la mexicana Consuelo Velázquez, en la voz de la coreana Youn Sun Nah y las sutiles invenciones de la gran violinista Regina Carter y la contrabajista Esperanza Spalding, y luego el fraternal duelo de improvisación vocal (scat) entre esta última y el inefable Bobby Carcasés.

Hancock situó en una exacta perspectiva lo que sucedió cuando, pianos de por medio, Chucho Valdés y Gonzalo ­Rubalcaba acometieron Blue Monk, de Thelonious Monk: el arte de dos criaturas que han ensanchado el legado del maestro y, por sí mismo, son íconos indiscutibles del jazz contemporáneo.

Los asistentes al concierto seguramente guardarán en su memoria los ­desempeños de los saxofonistas norteamericanos Kenny Garrett y Antonio Hart, de sus compatriotas Cassandra Wilson –dorada y profunda voz-, Christian Sans (piano), Ambrose Akinmusire  (trompetista), los bajistas Marcus Miller y Ben Williams y el baterista Carl Allen y el vocalista Kurt Elling, y reconocerán cómo el jazz se ha expandido con fuerza y originalidad en otras latitudes representadas por el pianista libanés Tarek Yamani, la saxofonista peruana Melissa Aldana,  el baterista mexicano Antonio Sánchez, el saxofonista ruso Igor Butman, el trombonista italiano Gianluca Petrella, el trompetista japonés Takuya Kuroda y el guitarrista francés Marc Antoine.

Si la velada fluyó se debió también al empeño de sus directores musicales, Emilio Vega y el maestro norteamericano John Beasly, y del responsable de la puesta en escena, Alexis Vázquez.

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