7 mar. 2017

Sergio Santana: "Pérez Prado es un héroe de la música cubana que no debemos olvidar"


Fuente: El Heraldo, Colombia. Por: Rafael Bassi Labarrera

Una entrevista a Sergio Santana Archbold, autor de ‘Pérez Prado ¡Qué rico el mambo!’, libro que coincide con el centenario, este 2017, del nacimiento del genial músico cubano Dámaso Pérez Prado, el chaparrito con cara’e foca.

- ¿Por qué un libro sobre Pérez Prado?

- Soy sanandresano, de la generación de la salsa de comienzos de los 70 en Medellín, adonde me llevaron mis padres a estudiar la universidad. En programas radiales de salsa escuchaba los mambos de Pérez Prado que se colaban como los numerados 5 y 8 y, sobre todo, Qué rico mambo. Pero en esos años la que sonaba por todos los lados era el Mambo del mercado la Merced y ahí quedé atrapado. Desde entonces he sido un admirador de Pérez Prado y su obra. Cuando celebramos en 2007 su natalicio 90, me propuse escribir un ensayo que quedó inconcluso y fue publicado en varios periódicos y revistas. A partir de ese año comencé una recopilación discográfica y bibliográfica sobre el matancero para «algún día escribir algo extenso». El año anterior algunos amigos me motivaron para que por fin me decidiera a escribirlo y se aprovechara la coyuntura del centenario, teniendo en cuenta que solo había un libro biográfico, escrito por el mexicano Carlos Justo Sierra, sin reedición posible, y unos ensayos sobre el mambo recopilados por Radamés Giro. Luego me llegó el libro de Yanira Marimón y Ulises Rodríguez, y la motivación fue definitiva porque por fin se corroboraba su fecha de nacimiento, el 11 de diciembre de 1917, y no en 1916 como siempre se dijo, y el ensayo de Pérez Firmat me animaba a comenzar la faena de escritura. Su obra será inolvidable por mucho tiempo, pero muchos aspectos de su vida merecen conocerse. Esa es la razón de este libro.

- Dámaso Pérez Prado es considerado por los entendidos como un genio musical, sin embargo tuvo que emigrar de su natal Cuba para lograr desarrollar sus ideas musicales. Alrededor de 1945 Pérez Prado, que era reconocido por su tremenda habilidad como arreglista, comenzó a plasmar sus primeros experimentos sonoros incorporando elementos de la música norteamericana a las sonoridades afrocubanas. Muchos de los músicos cubanos de ese tiempo consideraban sus ideas musicales como extravagantes. ¿Cuáles fueron sus primeras grabaciones?

Las primeras grabaciones de Pérez Prado como pianista y arreglista se dieron cuando integró la Orquesta Casino de la Playa. Si se escuchan, se nota que ya la idea del mambo le rodaba por la cabeza. El productor de radio Fernando Montilla le secundó la locura de grabar y le permitió hacia 1945 realizar cuatro temas con una orquesta que no se ha dado a conocer y que fueron publicadas en un sencillo de Discos Cafamo a su nombre. Esas las consideramos en el libro como las primeras de Pérez Prado como líder, y fueron los mambos Azuquita con leche y Tú ve, tú ve y las rumba-bebop La clave y Así, así. Posteriormente la RCA Víctor le organizó en 1946 el Conjunto Pérez Prado para grabar con los afamados Tito Guízar y Myrta Silva. Todo esto en Cuba.

Pérez Prado se presentó en Barranquilla el 12 de noviembre de 1966 en el Coliseo Cubierto. Llegó a la ciudad procedente del Reinado de Belleza de Cartagena con un ‘show’ denominado Ballet Momo a Go Go. ¿Qué relación tuvo Pérez Prado con la música colombiana?

La primera relación de Dámaso con la música colombiana se dio en febrero de 1950 cuando grabó, con la voz de Benny Moré, Pachito E-che, de Álex Tovar. Luego, con el mismo Benny grabó La múcura, de Salcedo. Importante fue la presencia, durante una temporada en 1953, de Carmencita Pernett, cantante cartagenera criada en Barranquilla. Además grabó un baión titulado Anna, con segunda voz de Tony Camargo. Después de su primer viaje a Colombia, que como sabemos fue en noviembre de 1966, muy tardío pues desde 1951 los empresarios lo buscaban para traerlo al país, grabó Ay cosita linda, de Galán, y luego un tema titulado Colombia y Venezuela. Regresó en diciembre de 1983 y solo estuvo en Bogotá y Cali, era otro Pérez Prado. 

El cine mexicano con su escenografía cabaretera y sus despampanantes rumberas como Ninón Sevilla, María Antonieta Pons y Tongolele, entre otras, contribuyó a que el mambo sirviera de banda sonora para el sabroso meneo de caderas de esas ‘vedettes’ y las acrobacias danzarias de Adalberto Martínez, ‘Resortes’, monarca del nuevo baile que Pérez Prado ofrecía con su orquesta. ¿Cuál fue la importancia del mambo en el cine mexicano?

El mambo llegó al cine mexicano en 1949, en el cenit de la llamada ‘Época de oro del cine mexicano’. Ya se había iniciado el llamado ‘cine de las rumberas’ con las citadas y quedaba atrás ese cine bucólico, a lo ranchero. El cine ahora se contextualizaba alrededor de la gran ciudad en que se estaba configurando el DF, en ese entonces con unos 3 millones de habitantes, y el mambo le dio ese vigor, esa presencia de personajes de ciudad en desarrollo. De ruleteros y de nacientes sectores de la sociedad. El mambo le dio una nueva imagen llena de frescura y vitalidad. El chaparrito cubano entregó un ritmo fresco, alegre y sensual que reunió a varias generaciones, y el cine fue culpable. Además ayudó a que se conociera en Latinoamérica. Colombia es un ejemplo claro. Antes de que llegaran los discos de Pérez Prado ya habíamos visto, oído y aprendido los pasos de baile en películas como Al son del mambo, de 1950, que fue un éxito taquillero en Barranquilla, Medellín, Bogotá y Cali.

El genial y temperamental músico cubano tuvo problemas en México que lo obligaron a vivir un tiempo en los Estados Unidos. La celebridad de Pérez Prado alcanzó ribetes universales en 1958 con el tema ‘Patricia’, que llegó al cine nada menos que en ‘La dolce vita’, de Federico Fellini. Además Pérez Prado fue el primer artista latino en tener un número uno en el ‘Billboard Chart’ norteamericano por 26 semanas, con el número titulado ‘Cerezo rosa’. ¿Cómo fue el periplo de Pérez Prado en los Estados Unidos?

El periplo Made in USA fue definitivo, fue su proyección mundial, o mejor, universal. Con la poderosa RCA Víctor que le puso a disposición los mejores estudios de Nueva York y Hollywood, con la mejor tecnología de punta, con los mejores músicos en sus instrumentos y Dámaso con su genialidad. ¿Qué más podía esperarse? Estos factores lo proyectaron a Europa, Asia y el resto de América, continuando lo que ya había hecho el cine mexicano. Estuvo en Estados Unidos desde comienzos de 1954 hasta finales de 1964, una época muy productiva donde exploró otras locuras rítmicas y desarrolló sus proyectos sinfónicos, siempre respaldado por la disquera y sus productores.

Pérez Prado adquirió la nacionalidad mexicana en 1980 y falleció en ciudad de México el 14 de septiembre de 1989. Había llegado al país azteca en 1948. ¿Qué encontraste sobre su expulsión de México y cómo se dio su regreso a estas tierras?

La expulsión se dio porque se conjugó una serie de adversidades, desde las envidias de algunos colegas, el descuido de la actualización de su condición de inmigrante, la disputa entre empresarios que querían su exclusividad, hasta un celoso ex presidente de la república, amante de una de sus bailarinas, que intercedió para que lo expulsaran. El regreso contó con la ayuda de otros empresarios, de los músicos que lo querían volver a ver, de la nostalgia por sus mambos y también por las gestiones del presidente de turno de 1964, Adolfo López Mateos. Todo esto lo relatamos en el libro como si se tratase de un cuento kafkiano.

Hay tantos mitos e historias alrededor de Pérez Prado. ¿Qué anécdotas recuerdas te impresionaron del cubano? 

La primera que me impresionó fue la forma como lo buscó Igor Stravinsky en un club de Los Ángeles solo para darle la mano y decirle: «Vengo a conocer al hombre que me ha desplazado como el músico más importante del siglo». En otra ocasión el productor de la disquera, Herman Díaz, le encomendó preparar una obra orquestal de corte sinfónico y al día siguiente Pérez Prado le tenía lista la famosa obra Voodoo suite, un poema de ritmo y melodía con el trasfondo de música clásica, percusiones afrocubanas, mambo y jazz, todo un concepto de genialidad y locura de 23 minutos de duración creado en 24 horas. Una vez un periodista le preguntó por qué numeraba sus mambos, a lo que contestó: «Si Beethoven numeraba sus sinfonías, ¿por qué yo no puedo numerar mis mambos?».

Un mensaje para los futuros lectores de tu libro.

Hay que conocer la vida y obra de nuestros héroes musicales. Pérez Prado fue uno de los grandes de la música cubana de todos los tiempos, un inamovible en la cumbre. Es una lectura que invita a escuchar su obra, a valorarla e impulsar los sentidos hacia dimensiones sonoras que vivieron nuestros padres en su momento y que ahora, a través de tantas magias sonoras, podemos disfrutar. La música de Dámaso Pérez Prado no lo decepcionará.