3 oct. 2016

A la calle con Zaperoko




Fuente: La República, Perú. Por: Renzo Gómez Vega

Mientras el pueblo los goza, en el Perú y el extranjero, los conocedores son severos: reconocen su apuesta por la salsa dura, pero creen que es una fiebre que pasará. En dos semanas, sin embargo, sonará en las radios su primer tema propio. Domingo acompañó en una noche de rumba a la orquesta Zaperoko. Sí, tocaron La Revancha.

Dos de sus cinco cantantes son peloteros frustrados; cuatro de sus cinco vientos han tocado en procesiones; del resto, algunos se han recurseado como soldadores y operarios de montacarga, otros como profesores, y otros –porque la necesidad aprieta– como músicos de cumbia y timba.

El director vendió CD y DVD piratas durante diez años; su animador (Dante Corrales) diseña polos; y su mascota, la Pantera Rosa Zaperokense (Henry Tapia), sepulta y exhuma cuerpos en el cementerio Baquíjano y Carrillo, cuando se despoja de su uniforme de dunlopillo.

El ingenio los une. Las calles también. Los quince músicos, el presentador, la mascota, los tres utileros y el ‘caña’ han vivido, sobrevivido, sufrido y gozado en el Callao. Todos, absolutamente todos, han armado alboroto, bochinche, zaperoko –como dicen los venezolanos– en el mismo puerto.

Precisamente, en aquel puerto, que escupe balas, esta tripulación se ha hecho merecedora de un galón: silenciar las ráfagas, aunque sea por unas horas, con esos ritmos tropicales, furiosos , violentos, elegantes y achorados a la vez, que llamamos salsa. Alegría en pote musical.

Una tarde de mayo de 2014, Jhonny Peña mandó los instrumentos pa’ fuera y los montó en la cuadra 3 de Zarumilla, en la Perla Baja; bautizó el acto como ‘Salsa en mi puerto’, lo subió a YouTube y, de repente, la orquesta que dirigía desde marzo de 2009 zafó del anonimato, y comenzó a existir. Y, claro, a sonar.





Primera parada

“Me gustaría vivir 20 años para cuando Zaperoko haga historia pero la vida sigue su curso”.

La amargura de Luis Peña (70) suena clara a pesar del Sonido Bestial (Richie Ray & Bobby Cruz) que escapa de los parlantes de El Pérsico, uno de los últimos bares salseros en el Callao que aún no ha sido barrido por la modernidad.

Luis es el padre de Jhonny (aunque la ortografía lo traicionó, le puso así por Johnny Pacheco, el director de la Fania All-Stars); y el Pérsico (en honor a su época de marino mercante), el punto donde la agrupación se junta cada noche para iniciar su maratónica jornada de conciertos. El último verano llegaron a ocho en un día.

Este jueves tendrán solo tres: a las 7 am volarán a Piura para presentarse el viernes en la capital y el sábado en Talara. El domingo regresarán a Lima para seis shows; y el lunes tendrán uno más en Villa El Salvador, previo torneo de fulbito intermúsicos.

“Antes chiveaba en tres o cuatros orquestas para llegar a fin de mes. Ahora, en Zaperoko, no bajamos de las 20 horas semanales”, señala el cantante Miguel Noriega (52), el de mayor kilometraje del grupo, y uno de los cinco fundadores que permanecen .

A inicios de 2015, Peña le mandó un ultimátum a los músicos: Zaperoko requería exclusividad, y debían decidirse. La mayoría fue a lo seguro, y se inclinó por el renombre.

“No lo dicen pero se lamentan. Los que arriesgamos estamos cosechando. Jamás pensé conocer la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo”, celebra el pianista Harold Widdup (21).

Zaperoko simboliza un pasaporte milagroso: la gran mayoría viajó al extranjero por primera vez por la orquesta. A Chile y Argentina el año pasado, y hace unas semanas a Italia, con escala en Francia. En dos semanas partirán a Estados Unidos, luego a Japón, después repetirán Chile y Argentina, y en enero visitarán España. Su agenda está resuelta hasta febrero y, además, están montándose en tarimas impensadas, como en estos momentos: el terciopelo rojo del casino Fiesta en el salserísimo Miraflores.

La gente baila en su sitio, pero, de pronto, el grito encendido de la venganza desciende de los balcones. Las máquinas se detienen, los cuellos giran.

Sigue así
búrlate de mí
mañana será mi revancha
y verás lo que es sufrir.

La Revancha, el tema de las 70 versiones que compuso Hugo Almanza en 1987, éxito en la voz de Cuco Valoy, y ahora en la de Manuel Martínez.

Una hora y seis canciones después, apachurramientos mediante, el bus zaperokense, escandalosamente colorido, enrumba hacia Dubai, una discoteca de Comas. Es medianoche.




No al cover

“Zaperoko es el resultado de un Callao en crisis social. Pero musicalmente es solo divertimento de domingo. Si no estudian serán una fiebre pasajera”. Martín Gómez, editor de la web Salserísimo Perú.

“Desplazaron a la timba mal tocada que se apoderó del Callao, pero aún no lo representa. Deben sacar sus temas propios”. Arnaldo Aliaga, productor y mánager de la orquesta Vaya.

“Han pegado porque su estilo de marquetearse es efectivo, y al público peruano le atrae lo simple, solo quiere tonear”. Angelina Medina, melómana y programadora radial.

Así como el gran público se queda sin pulmones y sin suela de zapatos, los conocedores son escépticos, cuando menos. Valoran que ejecuten hits de hace 50 años como los de La Perfecta de Eddie Palmieri o ‘caletas’ como los del Conjunto Clásico y la orquesta Zodiac, pero solo hasta cierto punto. Hasta la frontera entre la creatividad y la copia.

El bus estaciona al final de la Universitaria, en Comas, frente a un edificio. El segundo piso le pertenece a Dubai. De la tierra de los jeques, poquito.

Mientras la orquesta se acomoda como puede en un escenario pequeñísimo, el cantante más bailarín Diego Horacio Chuquitaype (24), autobautizado como ‘Dieghorá’, pone el parche antes de entrar en escena.

“Alberto Barros se pasea por el mundo interpretando covers. ¿Por qué tanto maleteo? Además, ya rendimos tributos, ahora toca lo propio. Queremos forjar una cultura salsera”, asegura ‘Dieghorá’, quien arregló Gracias, uno de los dos temas inéditos de Zaperoko.

El repertorio en Dubai es menos ‘duro’ y más romántico. Infaltables, eso sí, Mala mujer y La Revancha. A las 2 y cuarto, ‘Cachay’, el chofer, le mete quinta para cruzar el continente salsero y llegar a tiempo a Kali, en la cuadra ocho de Venezuela, en Breña.

Los músicos se abren las camisas y se desparraman en sus asientos. Cada minuto si no es reparador, por lo menos engaña. Cuatro meses atrás hubiese sido imposible: viajaban en una cúster todo La Marina-Javier Prado.

La espera es precisa para escuchar a Jhonny Peña y todo lo que tenga que decir. Sobre el origen de la agrupación, pues existe un afamado trombonista boricua Edwin Feliciano ‘Zaperoko’ con 30 años de trayectoria y sobre el mote que algunos salseros les han puesto, en redes sociales, como los ‘reyes del cover’.

“Hace unos días, Feliciano se contactó conmigo por Facebook. En un inicio, no le cuadró, pero luego todo bien. La palabra Zaperoko la escuché en los siete años que viajé a Venezuela. Que quede claro”.

Respecto a lo segundo: “En dos semanas, las radios pasarán nuestro primer tema inédito: ‘Rumbero’, letra del conguero Luis Torres. ¿Qué dirán ahora? Callaremos muchas bocas”.

Peña, a quien su madre le prohibió tocar trompeta, porque a los diez años le extirparon un tumor a los ganglios, asegura que el siguiente paso será grabar la primera producción.

“Muchos se llenan de plata y no piensan en el futuro. Nosotros sí. Ya lo verán. Paciencia”.

Acabado el concierto, la tropa se marcha hacia el aeropuerto. La promesa está hecha. Y no habrá revancha.