11 sept. 2016

Recordando a Marco Motroni, el cantante que murió en las Torres Gemelas



Hoy se conmemoran quince años de los fatídicos atentados a las Torres Gemelas de New York, donde miles de personas perdieron la vida. Una de las víctimas fue el cubano Marco Motroni, quien trabajaba en una de las oficinas del World Trade Center pero que a su vez fue el cantante de la recordada Típica Novel.

A continuación comparto un artículo de Rosa Marquetti Torres, publicada en la web desmemoriados.com

En la persona de Marco rendimos un homenaje respetuoso a todas las personas que perdieron la vida aquella triste mañana del 2001 y a sus familiares que hasta ahora los extrañan


Marco Motroni: el músico cubano que murió en las Torres Gemelas
Fuente: Desmemoriados.com Por: Rosa Marquetti

A finales de 2002 hurgaba en los orígenes de mi primer apellido, de evidente procedencia italiana. Me quedaba claro de qué modo surgieron los Marquetti negros, porque mis padres fueron previsores en satisfacer mi innata curiosidad y me contaron lo que sabían de Patrocinia y Marcelino Marquetti, mis bisabuelos lucumíes traídos como esclavos, y sobre nuestros ancestros africanos. Pero quería saber más: debía conocer    cómo llegaron los primeros Marquetti blancos, presumiblemente italianos, a la Isla.

En ese punto de la indagación supe de la existencia de la familia Motroni-Marchetti y, aunque no estuvieron vinculados a mis antepasados, su relación con Cuba despertó mi más viva curiosidad.  

Gracias a Annette Motroni entré en contacto con su historia y los vestigios de su presencia en Cuba. Supe que sus troncos primigenios italianos fueron Federico Motroni Rigali, nacido en Piano Di Coreglia, y Amelia Marchetti Cristofani, natural de Pisa, de quien no se tienen más datos, sólo que ambos deben haber arribado a Cuba a inicios del siglo XX; que su hijo, un escultor llamado Rolando Motroni Marchetti, nacido también en Cuba, dejaría su huella en muchos de los edificios construidos en la Isla por los arquitectos Govantes y Cavarroca y en esculturas diversas, y que sus restos yacen en un panteón del habanero Cementerio Cristóbal Colón. Y el más conmovedor de los hallazgos: que un nieto de ese escultor, un cubano, músico por demás, había muerto durante el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

En ese momento, Annette Motroni había conseguido crear un sitio web familiar que honraba la memoria de aquel primo trágicamente desaparecido. Ese fue mi punto de partida en el conocimiento de la vida de Marco Motroni y su vínculo con la música cubana.

A medida que encontraba referencias sobre él, aumentaba el asombro ante mi propia ignorancia sobre la existencia de este hombre que, desde la afamada Orquesta Novel, defendió sin parar, por más de veinte años, la música cubana que conoció en los años de su infancia insular, ahora proyectada desde la ciudad que lo había acogido en los albores de su pubertad: Nueva York.

El sábado 19 de mayo de 1945 nació en La Habana Marco Alberto Motroni Suárez, segundo hijo de Marco Antonio Motroni y Lilia Inés Suárez. Los años tempranos de su niñez, que transcurrieron en esta ciudad, marcaron la vida futura del pequeño, pero en 1955 la muerte de su padre sacudió a la familia. Este hecho y la situación de creciente confrontación política en la Isla motivaron, un año después, el traslado de Lilia con sus hijos Héctor  Juan y Marco Alberto, y más tarde, otros miembros de la familia, al Upper West Side en Nueva York.    

Con apenas once años, Marco Alberto continuó su educación en Estados Unidos, llegó a dominar el inglés, y en 1963 se graduó en el George Washington High School, en Manhattan, pero sus raíces cubanas permanecieron intactas y afloraron.

Por esos mismos años, un muy joven Marco Motroni comenzó a cantar en una agrupación típica cubana… formada en Nueva York. Era la Orquesta Típica Novel, fundada en 1961, y una de las formaciones que brilló en el espacio neoyorkino de la música latina, asumiendo conscientemente la mejor influencia de la música popular cubana a través de los predecesores y exponentes más auténticos de los formatos del conjunto sonero y de la charanga: el conjunto de Arsenio Rodríguez, así como las orquestas Aragón y Fajardo y sus Estrellas. Marco fue uno de sus primeros integrantes y permaneció allí como cantante durante casi dos décadas.

Más allá de la información discográfica, no abundan datos acerca de la Orquesta Típica Novel. Encuentro interesantes los que en 2011 aportaba el periodista e investigador José Arteaga en su programa radial “La hora faniática”, de la emisora Radio Gladys Palmera, dedicado a la amplia discografía del sello Fania.

Según Arteaga, “la Típica Novel se ajustaba al formato de la charanga y su formación inicial incluía al cantante Eddie Rodríguez y el timbalero Héctor Zeno, además de otros nueve músicos, entre ellos el violinista Oscar Bouffartique, el violinista y flautista Henry Álvarez, y el pianista Gil Suárez. Casi en sus mismos inicios, se incorpora Marco Motroni como cantante”.


La primera foto de la Típica Novel.  Marco Motroni es el primero de derecha a izquierda en la fila delantera. Foto cortesía de Annette Motroni


A finales de la década de los ´60 hubo frecuentes cambios en la formación hasta que permanece de manera estable un grupo de músicos jóvenes encabezados por el pianista cubano Willie Ellis, quienes deciden en lo adelante nombrar a la banda como Típica Novel.

Apunta Arteaga que los primeros discos sencillos de 45 rpm los grabaron para el sello Fonseca, pero después fueron firmados por el sello TR (Tito Rodríguez Records), ambos de Nueva York, con el que registraron varios singles con temas como “No me regañes”, “Canto a Puerto Rico”, “Juguete”, “Que viva el son montuno”, “Traigo un guapachá”, “Las penas de Teresa”, “Tierra bendita” y “Total”.

En esos años el boogaloo copaba la preferencia entre los bailadores de ritmos latinos en Nueva York y, de algún modo, la nueva sonoridad se iba imponiendo. El formato de la Típica Novel seguía siendo el de la charanga, lo que la ponía en cierta desventaja a la hora de encontrar contrataciones para los night clubes y salas de baile, ya que sus dueños preferían sonidos más metálicos, donde predominaran la trompeta y los trombones, ausentes en el formato de la charanga. Eso los obligó a adaptarse a las exigencias del mercado: incorporaron bongós, campana y un trombón en algunos temas del repertorio. De hecho, será de las primeras charangas neoyorkinas en adaptarse al nuevo formato salsero.

Marco Motroni intervino como cantante en los cinco LP que la Típica Novel grabara con el sello de Tito Rodríguez (TR Records): Se coló la Novel (de 1973), Super Típica (1974); Tipicante y Sabrosa Novel (1975) y With a Touch of Brass(1976), antes de que ocurriera un cambio que sería trascendente en su historia: el fichaje de la Típica Novel por la Fania en 1976.


 LP “Supertípica”(Marco Motroni, en la cuarta imágen de izquierda a derecha)


El famoso sello disquero vivía su mejor etapa: tenía virtualmente el monopolio de la difusión y las ventas de todos los estilos de la llamada “salsa” en Nueva York. Aun así,    necesitaba incorporar charangas a su catálogo de artistas y eligió a la Típica Novel, que se convierte a partir de entonces en Orquesta Novel.

Con el sello fundado por Johnny Pacheco y Jerry Masucci, la Orquesta Novel se estrenó con el disco Salsamanía, grabado y lanzado al mercado en 1976, con un sonado éxito por aquellos años.

De inmediato la agrupación trabaja en su siguiente disco para Fania, que salió dos años después, en 1978, bajo el títuloSalud, dinero y amor, con Marco Motroni, Alberto González y Felo Barrios en las voces.

Siguen los éxitos y, prácticamente de año en año, Fania pone en el mercado nuevos discos de la Orquesta Novel: Canta y encanta (1979), Novel Invite you to a Novel Experience (1980), Que viva el son montuno (1980), A mí me gustó (1981) -con la participación del importante percusionista cubano Ignacio Berroa- y Prestige (1984). En esos cinco discos se escucha la voz de Marco Motroni, uno de los dos cantantes solistas, validada en los créditos.


 LP Prestige, Orquesta Novel. Marco Motroni es el segundo a la derecha, de abajo hacia arriba


Después de la grabación del LP Prestige no se registra la participación de Motroni en otros fonogramas con la Novel hasta 1989, fecha en que ya había abandonado el lugar como cantante en la orquesta, tras participar en las grabaciones de siete discos de larga duración para Fania.    

En ese año, la Novel registra –también para Fania- el disco From New York, en el que Marco Motroni compartió el crédito de productor con su coterráneo Willie Ellis. De este modo prolongó su vínculo entrañable con la agrupación y con la música cubana por casi tres décadas.  

Según el flautista Néstor Torres, la Orquesta Novel fue de mediados de los ´70 a principios de los ´90 una de las más importantes formaciones de su tipo en el ámbito de la música latina en Nueva York.[3] El sonido salsero de sus discos traspasó fronteras y alcanzaron éxitos en Colombia, Venezuela, Panamá, Francia, Japón y otros países. Sin embargo, en Cuba eran desconocidos. El radical distanciamiento que se produjo a partir de 1959 entre los músicos cubanos que continuaron su carrera en Estados Unidos y el público de la Isla, la suspensión del comercio, que incluía la importación y exportación de discos, y los escasos contactos personales, caracterizaron las tres décadas siguientes.

Esto influyó en el hecho de que el público cubano tuviera muy poco conocimiento entonces de lo que verdaderamente se cocinaba en la escena musical neoyorkina, y por tanto, el boogaloo primero, y la salsa después, nos llegaron como un eco retardatario y enajenado con respecto al nivel de éxitos que ya habían cosechado estos estilos y sus cultores en todo el continente.

De ahí que el trabajo de la orquesta Novel, y el de Marco Motroni en particular, fueran poco conocidos, por no decir desconocidos para el gran público que en esos años seguía y bailaba acá hasta el delirio con Juan Formell y Los Van Van, y también con Irakere  de Chucho Valdés.


 Marco Motroni bailando con su madre, Lilia I. Suárez.  Foto cortesía de Annette Motroni.


Marco Motroni con sus hijos Christopher, Mark y George, y su hermano Héctor. Foto cortesía de Annette Motroni


Cuando declina el boom de la salsa neoyorkina y de la Fania, la popularidad y la demanda comercial de sus orquestas portadoras también cae en picada. A partir de ese momento -cuenta también José Arteaga- Marco Motroni, que ya trabajaba desde hacía algún tiempo en paralelo como agente-operador en Wall Street, se vincula con la compañía de finanzas Carr Futures, cuyas oficinas, en el año 2001, se encontraban en el piso 92 de la Torre Norte o Torre 1 del World Trade Center.

Cuando el 11 de septiembre de ese fatídico año, a las 8:46 am, el Boeing 767 que cubría el vuelo 11 de America Airlines fue estrellado contra los pisos del 93 al 98 de esa torre, Marco se encontraba laborando en el turno de la mañana.

En el tema “No me regañes”, Marco Motroni retoma una frase de una conocida canción cubana: “El día que yo me muera, no quiero llanto, no quiero flores”.  Sin embargo, tuvo miles de ellas, junto a la esperanza de los suyos en encontrar, en alguna parte, algo más que su voz limpia y melodiosa de cubano.