10 jul. 2016

Bobby Valentin: "En el nivel en que estoy, sigo siendo el mismo"




Fuente: El Nuevo Día, Puerto Rico. Por: Rafael Vega Curry

Conversar con Bobby Valentín es entrar en contacto directo con uno de los principales hacedores de la cultura musical puertorriqueña de las últimas décadas. Muchos de los temas grabados por su orquesta –“Soy boricua”, “La boda de ella”, “Nací moreno”- forman parte hace años de nuestro imaginario popular. Algunos de sus arreglos, como “Quítate tú”, “Mi gente” o “Juan Pachanga”, son clásicos absolutos de la salsa. Temas inolvidables de otros géneros, como “Caramelo y chocolate”, de  Iris Chacón, y “Amor por ti”, de Pellín Rodríguez, también fueron fruto de su genio como arreglista.

Miembro por derecho propio de la realeza salsera, Valentín recorrió el mundo en la década de 1970 junto con las Estrellas de Fania, en el momento en el que el género afrolatino alcanzó su mayor apogeo. Previo a ello, y desde muy joven, formó parte de las orquestas de Tito Rodríguez, Willie Rosario y Ray Barretto, entre otras.

Curiosamente, su apodo, “Rey del bajo”, no le hace entera justicia a su quehacer e inclinaciones musicales como director de orquesta, productor y dueño de su propio sello disquero, además de músico y arreglista. De hecho, su primer amor no fue el bajo, sino más bien la guitarra y, sobre todo, la trompeta, instrumento que aún le fascina.

Natural de Orocovis pero coameño de corazón, pues allí se crió desde pequeño, Valentín es padre de cinco hijos, dos de los cuales son médicos y la menor es artista gráfica en Food Network. Con 75 años cumplidos, y 50 de carrera musical, cuida su dieta y se ejercita diariamente.

Como buen puertorriqueño, amable, conversador y serenamente orgulloso de sus logros, este legendario músico conversó con El Nuevo Día sobre su trayectoria, su nuevo disco, “Mi ritmo es bueno” -el cual presenta nuevamente el clásico sonido robusto de su orquesta- y sus planes inmediatos, entre los que figura la grabación de un álbum de jazz latino junto a músicos jóvenes del patio. Además, está pendiente del lanzamiento del nuevo disco del cantaor flamenco Diego el Cigala, en el cual participa junto a otras de las Estrellas de Fania como Larry Harlow y Nicky Marrero, y que fue grabado en San Juan.



- ¿Cuáles son los primeros recuerdos de tu vida musical?
- Desde chiquito yo tocaba guitarra, con un trío que hicimos en Coamo. Hay dos momentos que nunca se me olvidan. Cuando, bien jovencitos, viajamos al programa de Rafael Quiñones Vidal, Tribuna del Arte, y nos ganamos el primer premio, que él le decía la Pesetita Voladora. Luego, cuando nos presentamos en las fiestas patronales en Coamo. Allí estaba el profesor Suárez, que vio que teníamos talento y nos dijo que debíamos ir a la Academia José I. Quintón, donde nos enseñarían los primeros pasos formales en la música. Allí el maestro me dio un saxofón, que a mí no me gustaba. Yo quería estudiar trompeta. Le insistí y poco después pudimos hacer nuestro grupo de marquesina, como se dice. Seguí estudiando lo básico hasta que me trasladé a Nueva York. Allá terminé mi escuela superior.

- ¿Siempre supiste que te dedicarías a la música?
- Oh, sí. Tú sabes, cuando uno tiene pasión por algo, aunque no supiera a dónde podía llegar o qué podía hacer. Me llamaba la atención todo tipo de música, de tríos, el rock, la música tropical allá en Nueva York, que antes se le llamaba mambo y ahora es salsa. Tuve la oportunidad de agarrar los últimos años del Palladium. Fue una experiencia bien bonita. Muchos compañeros me ayudaban en mis comienzos como músico, tuve mucha suerte.

- Empezaste tocando trompeta y trombón de pistones. ¿Cambiaste al bajo por gusto o por necesidad?
- La guitarra tiene una similitud con el bajo, el que toca guitarra toca bajo. Solo tiene que aprender las posiciones y la clave de fa. Y así fui yo. Mientras estaba allá en Nueva York, tocando con diferentes agrupaciones, me llamaban para tocar bajo o trompeta, cualquiera de los dos. Tú sabes, había que sobrevivir.

- ¿Te gustaba más el bajo o la trompeta?
- La trompeta, que es un instrumento libre, con el que uno se puede expresar como solista, tocando cosas “mellow”, bien sutiles. (Admiro a) esos músicos de antes, como Chet Baker, el mismo Miles Davis, que tocaban con una dulzura… Yo compartí mucho con Art Farmer (uno de los grandes maestros del ‘flugelhorn’). Practicábamos juntos en un sitio de estudio que había en la 48, entre Séptima y Sexta (avenidas). Pagábamos 25 centavos la hora. Cuando yo empecé a tocar el ‘flugelhorn’ fue porque él me inspiró a hacerlo. Hacíamos cuartetos o tríos de trompeta para practicar y cada uno pagaba 25 centavos.

- ¿Siempre quisiste tener tu orquesta?
- Ese es el anhelo de muchos músicos. Yo toqué con estos grandes directores y aprendí muchísimo. Logré tener mi propia orquesta y formar mi propia compañía de discos. Me gustó siempre estar en este giro. Dios me dio lo de músico y comerciante.



- Tu faceta de arreglista ha sido muy productiva.
- Mira, yo no estudié arreglo. Tuve la dicha de que, en el trío que empezamos en Coamo, tocaba primera guitarra y hacía tercera y cuarta voz. Eso me ayudó mucho con la armonía. Tampoco estudié armonía, eso lo recogí en la calle. Prácticamente aprendí en la calle. Traté de ir a Juilliard School, pero valía mil dólares el año, y conseguir mil dólares en el ’57 o el ’58 era bien difícil. Y cuando me fui a Nueva York yo fui con otra mentalidad. Yo quería estudiar música para películas. Pero no tenía los recursos para nada. Cuando tenía mi dinerito cogí algunas clases privadas.

- ¿Hay alguno de tus arreglos de los que te sientas particularmente orgulloso?
- Hay muchos, pero me llama mucho la atención lo que hice en “Préstame tu caballo”, “El jíbaro y la naturaleza” y “Huracán de pasión”. Son arreglos que hice para la década del 70 y tú los tocas hoy día y están actualizados. Son como si fueran de ahora.

- ¿Qué te produce más satisfacción, arreglar, tocar, dirigir la orquesta?
- Lo más que me gusta es tocar, y arreglar para mí. Me encanta, porque sé lo que quiero.

- Algunos de tus arreglos emplean elementos jazzísticos, como por ejemplo, el “riff” de saxofones en “Jacobo Basura” sobre el que suena el solo de trompeta.
- A mí me encanta el jazz. En momentos como ese, trato de sonar como un big band, con la trompeta por un lado, los saxofones por otro, el trombón por otro.

- ¿Cómo definirías tu sonido?
- Que la instrumentación que tengo cubra casi todo, con las trompetas, el área del trombón, que todo se oiga grande.

- Por tu orquesta han pasado muchos grandes cantantes de salsa, como Marvin Santiago, Frankie Hernández, Johnny Vázquez, Luigi Texidor, el Cano Estremera, Luisito Carrión o Rafú Warner. ¿Cómo los eliges?
- Yo digo que las orquestas, no tanto la mía, sino la de Willie (Rosario), la Sonora Ponceña, El Gran Combo, son base para los músicos y cantantes. Somos como una universidad. Pero las cosas han cambiado. Antes, cuando tenía un cantante, tenía que cantarlo todo, bolero, merengue, son montuno, cha-cha, chá, como hacían Frankie y Marvin. Pero entonces, me puse a pensar que un solo cantante es bueno y es malo a la misma vez. Porque tienes que recostarte de uno solo y cuando se va, te deja un hoyo grandísimo. Me vi en la obligación de tener tres (cantantes). Los busco de forma de que cada uno tenga un timbre y un estilo distinto. Claro, es más trabajoso para mí, porque tengo que escoger los temas de cada uno de ellos. Pero todo sin perder la esencia de lo que es la orquesta de Bobby Valentín. Al tener tres cantantes, para mí, tanto el disco como las presentaciones suenan refrescantes.

- ¿Qué recuerdos guardas de las Estrellas de Fania?
- Esto comenzó en el 67, con el concierto que hicimos en el Red Garter allá en Nueva York y fue un éxito. El sitio era pequeño, cabían 700 u 800 personas, aquello explotó. Lo siguiente que hicimos fue en el (club) Cheetah. Ahí ya había más directores de orquestas y cantantes reconocidos. Eso fue otra explosión. Se hizo la película (“Our Latin Thing”), tocamos en el Yankee Stadium, en Japón, África, Inglaterra, Francia, Sur y Centro América, fue una explosión mundial. Yo comparo a las Estrellas de Fania con una época como la de los Beatles. Tú ves que todavía se sigue tocando esa música. La generación nueva la busca. Fue una época en que cada uno de nosotros dio el máximo.
Nosotros nos considerábamos como una familia, y todavía lo hacemos, los que quedamos. Yo mantengo la comunicación con (Johnny) Pacheco, con Ismael Miranda, con Adalberto Santiago, Larry Harlow, Papo Lucca, RobertoRoena, Nicky Marrero, Reinaldo Jorge, Bomberito Zarzuela…

- Cuéntame alguna anécdota divertida que les sucediera.
- Ray Barretto, por ejemplo, era una persona bien seria. A él no le gustaba vacilar mucho. Siempre recuerdo (cuando tocaba en su orquesta) que a la hora de pagarnos uno protestaba y él decía “It’s better than nothing!” (“¡es mejor que nada!”), como diciendo, “agarra lo que haya”. Barretto fue una persona con un conocimiento musical amplio y grabó con un sinnúmero de jazzistas importantes en los años 50. Otra anécdota: cuando fuimos a África (en el marco de la pelea entre Muhammad Ali y George Foreman, en Zaire, 1974) nos tuvimos que quedar 11 días adicionales porque hubo una revolución contra el gobierno y no podíamos salir. Entonces nos quedamos consumiendo en el hotel. Massucci tuvo que pagar $18,000 extra porque nos reuníamos en los cuartos a pedir comida y vaciar las neveritas (risas). Siempre había alguien que decía “mañana nos toca en el cuarto mío”. Los del hotel estaban muy contentos. Recuerda, la Fania era un grupo de más de cuarenta personas. ¿Tú sabes lo que gasta un grupo de cuarenta personas en un hotel?

- ¿Héctor Lavoe estaba en ese grupo?
- Sí, estaba. Fíjate, todo el mundo cree que Héctor Lavoe era un tipo desorganizado, o loco, pero no… Hubo varias  ocasiones en que algunos  compañeros cantantes no llegaban a los ensayos y el que llegaba era Héctor. Pacheco, bien exigente, empezaba a preguntar por los demás cantantes y Héctor le decía, “dale Pacheco, que yo me sé los temas de todos, el de Celia (Cruz), el de Adalberto (Santiago), todos”. Y se hacía el “soundcheck”, con Héctor cantando las canciones de todo el mundo.



- Pasando al disco nuevo, ¿por qué decidiste rehacer números que ya habían sido grabados antes, como “Mentiras tuyas”, o el que le da título al disco, “Mi ritmo es bueno”?
- Son temas que siempre me gustaron y quise hacer arreglos más refrescantes para la nueva generación, con otra voz y otro toque. Así suenan como si fueran de hoy. En cuanto a “Mentiras tuyas”, yo siempre fui un admirador de Rolando Laserie. Todo lo que hacía lo hacía bien, con una gracia y una guapería… Por eso se lo di a Norberto “El Indio” Rodríguez, que canta con esa guapería.

- Llama la atención la foto de portada del disco, que te presenta como un “viejo sabio”, algo así como el jefe de una tribu.
- Yo busqué eso a propósito, para llamar la atención. Quería una imagen que reflejara carácter y trayectoria.  Y ha impactado, todo el mundo me comenta esa foto. El diseño lo hizo mi hija Orialys.

- ¿Cuáles son tus bajistas favoritos?
- En el ámbito latino, Bobby Rodríguez y Julio Andino, que tienen dos estilos totalmente distintos. Y en el jazz, Jaco Pastorius, que era un genio; Stanley Clarke, Eddie Gómez, John Patitucci y Ron Carter, que es capaz de unas sutilezas increíbles. Déjame decirte, mi primer bajo se lo compré a Adalberto Santiago (quien llegaría a ser una de las voces más privilegiadas de la salsa).
Él hacía como Oscar D’León, cantando, bailando y tocando el bajo a la vez.

- ¿Crees que la música ha cambiado para bien o para mal?
- Diría que ahora el público tiene más opciones para escoger. La música se ha diversificado, la gente puede comparar entre los distintos estilos. Eso ha sido bueno, porque la gente puede escoger lo que le gusta.

- ¿Sigues teniendo la misma ilusión, la misma alegría, a la hora de tocar o de grabar?
- Sí, quiero seguir haciendo cosas nuevas para el público, que lo que haga no se parezca a lo anterior. Y así deja de ser uno más.

- ¿Cómo Bobby Valentín define a Bobby Valentín?
- Es el mismo de siempre. En el nivel en que estoy y con los años que han pasado, sigo siendo el mismo. Sencillo, con el pueblo. Me gustan las cosas hechas con honestidad y responsabilidad. Le agradezco a Dios y al público lo que soy.

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