24 mar. 2016

Johan Cruyff (1947 - 2016)



Al nivel de Pelé, Maradona, Di Stefano o Messi. Sin exagerar, Johan Cruyff ha sido uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Tal vez el mejor que concibió Holanda y Europa. Líder indiscutido de esa gran generación de futbolistas holandeses que fueron dos veces subcampeones del Mundo (1974 y 1978) e ídolo del Ajax, el club que lo vio nacer, y del F.C. Barcelona al que llegó, primero como jugador, en los 70s y luego como entrenador, a fines de los 80s.

Representante principal del Futbol Total, brilló como jugador por su finura e inteligencia y luego volcó esa idea como entrenador del Barcelona, siendo el precursor de lo que luego Pep Guardiola establecería, ese estilo que actualmente reina en el fútbol de hoy.

Los peruanos recordamos esa temporada en el equipo catalán, donde coincidió con nuestro Hugo Sotil, aunque se dice que "jugó en contra" del peruano y a favor de Neeskens, compatriota suyo. Años después, el propio Johan desmintió eso e incluso Hugo le puso a su hijo mayor el nombre del holandés.

En palabras de Gary Lineker, el fútbol ha perdido a un hombre que hizo mas que nadie en la historia para hacer del fútbol un deporte hermoso. Una lástima que el cáncer al pulmón lo haya derrotado esta mañana. El fútbol mundial está de duelo.

A continuación algunas crónicas de El País de España acerca de Johan Cruyff. Descanse en Paz!

Johan Cruyff y el peruano Hugo Sotil, compañeros de equipo en el F.C.Barcelona de los 70s


MUERE JOHAN CRUYFF

Johan Cruyff ha fallecido este jueves en Barcelona a los 68 años de edad después de una dura lucha contra un cáncer, según ha anunciado su familia en un comunicado difundido a través de su página web. El pasado 22 de octubre de 2015, también su familia, confirmaba que al mítico jugador del Barcelona y la selección holandesa de fútbol se la había diagnosticado un cáncer de pulmón solo dos días antes.

Formado en la escuela del Ajax -vivía a la vuelta de la esquina del club-, Cruyff siempre destacó con la pelota entre los pies. Quemó etapas a una velocidad de vértigo y se asentó en un equipo profesional que prontó sería la envidia de Europa por su juego un tanto anárquico pero definitivo porque todos hacía de todo. Así, a las órdenes de Rinus Michels, quien es considerado su padre futbolístico [al menos en cuanto a idea y desarrollo del concepto del juego], conquistó tres Copas de Europa consecutivas entre 1971 y 1973, además de múltiples títulos nacionales, liderando a un equipo que pasó a la historia.

Nadie duda de que Cruyff es uno de los mejores futbolistas de la historia, galardón que comparte con figuras como Pelé, Di Stéfano, Maradona y Messi, entre otros. Parte de ese reconocimiento le llegó con la selección holandesa. Fue, sobre todo, en el Mundial de 1974, cuando a los oranje se les bautizó como a La Naranja Mecánica por la extensión del fútbol que practicaba el Ajax, por un fútbol rebelde que incluso acompañaban con largas melenas y cortes de pelo a lo Beatle. Aunque perdieron en la final ante la Alemania capitaneada por Beckenbauer, quizá es la derrota más triunfadora que hay en el mundo del fútbol.

Acabado el torneo de Alemania, Cruyff firmó por el Barcelona convirtiéndose en el fichaje más caro de la historia del club, que pagó al Ajax 60 millones de pesetas. Como jugador del Barcelona agrandó su leyenda y conquistó un título liguero, en 1974, y una Copa del Rey cuatro años después. Pasó también por Los Ángeles Aztecas y Washington Diplomats (EEUU), jugó varios meses en el Levante en Segunda División y regresó a Holanda. Y, en lo que fue en un gesto de despecho porque no le quisieron en el Ajax, optó por firmar por su mayor enemigo, por el Feyenoord [gesto que en Holanda aún se lo recriminaba hoy en día parte de la cúpula directiva ajacied], donde colgó las botas pero no su pasión por el balón.

Así, regresó al Ajax como técnico entre 1985 y 1988 para después firmar por el Barcelona, donde empezó su verdadero reinado -por más que el presidente Josep Lluís Núñez se lo discutiera- azulgrana. Junto a Charly Rexach, que le hacía de segundo, empezaron a implantar la filosofía del rondo en el fútbol español. El equipo tocaba siempre desde atrás, buscaba al menos tener tres posibilidades de pase en cualquier parcela del campo y gobernaba los encuentros. Ocurrió, sin embargo, que los títulos tardaron en llegar, porque en los dos primeros años se salvó de la quema en la Copa de 1990. Aunque le sirvió para coger carrerilla porque luego ganó cuatro Ligas seguidas y llevó al Barça a ganar la primera Copa de Europa de su historia, el 20 de mayo de 1992 frente a la Sampdoria de Lombardo. Perdió, sin embargo, en 1994, otra final de la Orejona en un duelo terrible ante el Milan, que le aplastó por 4-0.

Acabado su periplo en el Barcelona por decisión de Núñez, decidió abandonar el fútbol y ayudar tanto al Ajax como al Barcelona en diferentes épocas como asesor a la dirección deportiva. E incluso aceptó entrenar a la selección de Catalunya de 2009 a 2013. Pero el tiempo se lo dedicaba a su familia, al golf y a sus negocios -una empresa de calzados, una universidad, una fundación...- hasta que el cáncer ha dicho basta.

Cruyff y su momento de gloria como entrenador del FC Barcelona, ganando la Champions de 1992


MUERE JOHAN CRUYFF - El realismo mágico del fútbol
Por JUAN CRUZ

Era el García Márquez del fútbol, un perfume extraterreste que dejaba cabriolas en el campo con el aire ceñudo de un intelectual enfadado con el mundo. Calmaba la ansiedad de ver jugar con la memoria de lo que él inventó y gracias al tabaco, que al fin fue su enemigo mortal. Su manera de jugar remitía al realismo mágico del de Aracataca, pero, como Gabo, engañó a todo el mundo haciendo creer que esos inventos procedían del cielo, o de la magia, y no de la tierra.

La imaginación que aplicó Gabo a sus relatos tenía la parte de invención que le daba el trabajo, pero la metáfora de la que partía estaba a ras de tierra, junto a su casa polvorienta del Caribe, en los árboles enormes de su patio trasero, en el riachuelo donde convivían piedras minúsculas que él hizo enormes en Cien años de soledad, o en el hielo de verdad que él convirtió en un hielo prehistórico como los huevos enormes o las mariposas que parecían milagros cuando en realidad cubrían, como la lluvia de improviso, el cielo de Aracataca.

Con Cruyff, este mago, pasaba lo mismo: en los entrenamientos se fijaba en la posición de los pies propios y de los pies ajenos, y de ahí extrajo una teoría de los espacios, propios y ajenos, que le dio autoridad en los partidos. De ese modo, aunque no estuviera, estaba en todas las jugadas, y cuando se arriesgaba a saltar ya sabía el rédito, y cuando pasaba sin mirar (como hacía luego Laudrup, o como hizo hasta el fin Xavi Hernández, o hacen ahora Messi o Neymar o Isco o Modric, entre otros muchos) estaba inaugurando una escuela que también fue una fábrica de trampantojos que luego parecieron reproducirse cuando Ronaldinho introdujo los malabarismos.

Pero el de Cruyff, como la literatura más extraterrestre de Gabo, era puro realismo, tocaba la tierra, aunque su perfume pareciera venir del séptimo cielo. Él llevó hasta las últimas consecuencias la concepción del fútbol como el resultado de una gran orquesta, sabía por dónde se pulsaba el viento, conocía a la perfección que un balón en los pies de un portero es más que un balón despejado al aire como si no fuera un tesoro, y conocía, porque lo practicó, el juego de los medios volantes (como Guardiola, como el propio Xavi, que fue su discípulo más aventajado) como la base fundamental de lo que luego él convertía en arte de la cabriola.

A todas esas características de fútbol perfectamente realista pero mágico le añadía Cruyff un factor más que lo emparentaba con Gabo: de todo eso hacía en el campo, pero le costaba muchísimo ponerse a hablar de ello, porque las magias se aprenden haciéndolas o mirándolas, pero si las cuentas pierden por completo el perfume. Y a Cruyff, como a Gabo, lo distinguía su perfume increíble.

Para que las comparaciones no sean finalmente ociosas, u odiosas, una odiosa coincidencia los distingue ahora al de Aracataca y al de Holanda: los dos han muerto un jueves santo. Se quedó otra vez el cielo roto.

Cruyff brilló en el Mundial Alemania 74, líder de la Selección de Holanda bautizada como "La Naranja Mecánica". Acá anotándole un gol a Argentina


El día que Cruyff paró el reloj en Highbury
Por: LUIS MARTÍN

Dicen que hasta el reloj del campo se paró al ver jugar a Johan Cruyff, pero como nadie lo puede probar, es solo leyenda. El 12 de marzo el Barcelona jugó en Highbury contra el Arsenal para honrar los 14 años y 500 partidos en el Arsenal de George Armstrong. Era el primer partido internacional de del holandés con el Barcelona, que solo un mes antes había logrado el histórico 0-5 en Chamartín.

Armstrong nació en Hebburn, Durham. De joven fue electricista y probó fortuna en el Newcastle hasta que a los 17 años, el 24 de febrero de 1962, jugó su primer partido con el Arsenal, contra el Blackpool. Geordie, asi le llamaban, llegó a disputar 621 encuentros con los gunners; a día de hoy solo le han superado David O’leary (722) y Tony Adams (624). Típico extremo capaz de jugar por las dos bandas, usaba bien los dos pies, y generó muchísimas más ocasiones de gol con sus centros que tantos celebró con sus remates (68). No participó mucho en la selección, porque en aquella época Inglaterra prescindió de los extremos, pero solía ir convocado.

Ganó la Liga y la FA Cup del 71, y la Copa de Ferias del 70 con el Arsenal, y su participación fue decisiva. El Arsenal fue su único club de verdad y su melena icónica en las bandas de Highbury hasta 1977, cuando fue traspasado al Leicester por 14.000 libras. Jugó 16 partidos. Al año siguiente colgó las botas en el Stokport. Ejerció de entrenador de diversos equipos antes de emigrar a Kuwait. Tras la guerra del Golfo, volvió a casa y trabajó para el Arsenal. Uno de los campos de entrenamiento de la ciudad deportiva de los gunners lleva su nombre.

Con motivo del homenaje a Geordie, Cruyff jugó en Highbury en 1974. Fue el primer partido internacional de Johan con el Barcelona. Fue una noche inolvidable de buen juego al norte de Londres, una soberana lección de Cruyff, entonces probablemente el mejor futbolista del mundo. Escrito quedó en The Times que el Barcelona barrió al Arsenal y Geoffrey Green, así lo firmó al día siguiente: “El juego de los azulgrana produjo vértigo, por la rapidez de su iniciativa”. Green llama “patilargo” a Rexach, de quien destaca su buen fútbol. Rexach recuerda vagamente aquel partido.

"Fue fiesta para el homenajeado, pero una noche de luto para el meta Rimmer y los colores del Arsenal”, escribió el 'Mirror'

Cruyff como jugador del Barcelona, en 1978, el año que se negó a jugar el Mundial de Argentina


Los cronistas destacan también a Marcial en un partido en el que Ball, de penalti, adelantó al Arsenal en el inicio del segundo tiempo, pero los goles de Asensi, Sotil y Tomé dieron la vuelta al viejo marcador del estadio del Arsenal. Los tres goles fueron servidos por Cruyff, que aglutinó todos los elogios: “Obsequió con 70 minutos de fútbol impagables en los que era difícil para el ojo seguir sus destellos”, escribió David Miller, en The Daily Express.

En el Mirror, Jack Steglles sostiene que el maestro Cruyff destrozó al Arsenal en 15 minutos” y que el Barcelona se dio una fiesta: “También fue fiesta para el homenajeado, pero una noche de luto para el meta Rimmer y los colores del Arsenal”, escribe el periodista. “La magia de Cruyff fue demasiado para el Arsenal” o “el maestro Johan deja 12.000 libras a George” fueron alguno de los titulares de portada.

Al volver de Kuwait, tras la guerra del Golfo, en 1990, George Graham, antiguo compañero de equipo que formaba parte del entramado técnico del Arsenal, lo incorporó al club. Por sus manos pasaron entre otros Ray Parlour, Paul Dickov o Sthepen Morrow. El 1 de noviembre de 2000, falleció a los 56 años mientras dirigía una sesión de entrenamiento del equipo reserva en la ciudad deportiva de Herdfordshire.

Highbury, el Barcelona, Armstrong, Cruyff y aquella noche de 1974. Londres y el fútbol.





La mirada de Cruyff
En el 20 aniversario de su destitución como entrenador, conviene reivindicar su obra revolucionaria en el Camp Nou
Por: RAMON BESA

El club ya no ficha técnicos ingleses o alemanes sino que es la Premier y la Bundesliga las que contratan jugadores y entrenadores del Barça.

La vida de muchos barcelonistas cambió radicalmente cuando aprendieron a mirar el fútbol con los ojos de Cruyff. El juego siempre había sido muy coyuntural hasta su llegada al Barcelona. Hubo un tiempo en que el club tenía la vista puesta en la cabeza y la punta de la bota de Samitier, después en la carrocería y los pies de Kubala y más tarde, cuando reaparecieron las dudas, en las piernas y la barriga de Ronaldinho. También se dieron años en que la institución se cegaba con Herr Lattek o en Sir Buckingham, naturalmente en HH, precursor de Mourinho, y en Menotti, un trovador que con su pitillo conquistó a socios y socias del Barcelona. La institución se entregaba a la figura del momento hasta que Johan Cruyff se sentó en el banquillo y creó el Dream Team. El Camp Nou quedó impregnado desde entonces de la personalidad del exjugador y exentrenador del Barça.

La mirada de Cruyff sirve también de ejemplo para afrontar la vida desde el optimismo y si se quiere la ingenuidad.

El mundo está lleno de apóstoles del cruyffismo y el Barça no ha parado de dar vueltas sobre la idea de juego que alcanzó la cumbre cuando conquistó Wembley con un tiro de precisión de Koeman en 1992. A buen seguro que sin Cruyff, los azulgrana no habrían reparado en la bondad de Rijkaard, difícilmente verían que Van Gaal tenía la cabeza cuadrada, puede que Guardiola fuera poeta o actor y hubiera sido más difícil aceptar a Luis Enrique, por más que haya renegado del Madrid. El mayor mérito de Cruyff fue iluminar el estadio y numerar el fútbol, definir las funciones de cada uno de acuerdo al puesto que ocupa en el campo, y organizar el juego a partir del rondo, el espacio justo y necesario para dar precisión y velocidad al balón, la suerte máxima del Barcelona.

Nadie adivinó mejor en el diario el impacto de la obra de Cruyff que Santiago Segurola en un artículo del año 1993: “Hay algo en sus equipos que les entronca con una visión pop de la vida: el gusto por la diversión, la búsqueda de la brillantez y un lado ingenuo, juvenil y despreocupado. Los buenos partidos del Barça se sienten como las buenas canciones de los Beatles o los Kinks: rápidas y directas al corazón. Y todo eso porque a Cruyff le gustan el balón y los futbolistas, y no anda preso de la murga que nos mata: sistema, sistema, sistema”. Aunque sus discípulos han atendido al equilibrio, a la tensión defensiva y a los detalles tácticos, ninguno se ha olvidado del estilo y del mensaje lúdico de Johan.





La fidelidad se expresa en la creatividad, la belleza y la fascinación que provoca habitualmente el fútbol del Barça. Ya no se trata de una cuestión resultadista, que también, sino de confianza en un plan que después de acabar con el victimismo, las urgencias históricas y la indefinición, camina de nuevo hacia la cima del mundo, que futbolísticamente está en Japón, la tierra que precisamente no pudo conquistar el Dream Team. El Barça dejó de ser un equipo acomplejado para convertirse en campeón y el solfeo sigue funcionando como el abecedario, de manera que su sonoridad depende de los instrumentalistas, ninguno mejor que Messi.

Cruyff está en cada partido del Barça y su obra le sobrevivirá sin necesidad de tener ningún cargo en el Camp Nou. Así se lo recuerdan quienes le visitan en Barcelona y en El Montanyà, desde Guardiola hasta Txiki, pasando por Busquets, en representación de la plantilla del Barça, convencidos de que su determinación no solo le permitirá derrotar a un cáncer de pulmón sino que aprovechará la enfermedad para hacer pedagogía de la vida, como cuando sufrió un infarto en 1991. No hubo una campaña antitabaco más aplaudida que la protagonizada entonces por Johan Cruyff. Una gabardina y un chupa-chups se presentaron como la mejor alternativa a un paquete de Camel.

La lucidez de Cruyff se ha vuelto a manifestar cuando ha explicado el tratamiento que sigue: "La quimio tiene que entrar, es amiga mía, porque tiene que matar al cáncer. Es una batalla que ganaré". La lógica de Cruyff es efectiva en la vida y en el fútbol porque resulta tan obvia e infantil como el juego de Messi, enamorado de su hijo Thiago: “¡Papá, ¿otra vez al gol, te vas?” La mirada de Cruyff sirve también de ejemplo para afrontar la vida desde el optimismo y si se quiere la ingenuidad.

No es que la salud de Cruyff haya empeorado o mejorado sino que esta temporada se cumplen 20 años de su destitución como entrenador del Barça. Me lo cuenta Luis Miguel Hinojal, que prepara un especial para Canal+: "El legado de Johan". Hoy conviene reivindicar su obra revolucionaria en el Camp Nou. El club ya no ficha técnicos ingleses o alemanes sino que es la Premier y la Bundesliga las que contratan jugadores y entrenadores del Barça. El Barcelona no solo ha sobrevivido a cualquier antídoto sino que exporta su manera de ver y sentir el juego a partir de figuras como Guardiola, un cruyffista radical en casa de Beckenbauer.

A menudo no basta con conservar la vista para ver el fútbol, de manera que los barcelonistas harían bien en pasear estos días por los alrededores de la Catedral de Barcelona y, con el ramo de la suerte en la mano, pedir a Santa Llúcia, cuyo santo se celebra precisamente mañana, que nunca les falten los ojos de Cruyff.



ENTREVISTA A JOHAN CRUYFF
Fuente: El Comercio. Por: PEDRO CANELO

En los setenta hubo una dupla que deslumbró Cataluña. La formaban el holandés Johan Cruyff y el peruano Hugo ‘El Cholo’ Sotil. Ambos le dieron al Barcelona el título de la Liga de la temporada 1973-1974 y se convirtieron en ídolos. Hoy, cuarenta años después Cruyff habla sobre eso y de su relación con el peruano.

¿Nos podría contar un poco de la relación que tuvo con Hugo Sotil cuando jugaron juntos en el Barcelona?
Hugo llegó antes que yo. Ambos éramos los primeros jugadores extranjeros que pudieron entrar a España en esa época que vivía los últimos años de la dictadura de Franco. Todo estaba cerrado antes. Con Hugo hicimos una campaña fantástica y campeonamos después de 14 años de sequía. Nos adaptamos a España muy rápido. Los dos disfrutamos mucho esa temporada.

¿Eran muy cercanos? Él habla de usted como si fuera su “compadre” y le puso su nombre a uno de sus hijos.
Muchas veces uno puede inventar mil historias, puede decir lo que quiere, pero lo importante son los hechos. Un hecho lo dice todo. Con Hugo nos llevábamos muy bien. Nos respetábamos mucho el uno al otro. Por eso le puso mi nombre a su hijo. Eso es una señal de que nadie ha mentido sobre esta relación de amistad que teníamos. Para nosotros la llegada a España fue una aventura porque estaban en medio de un gobierno militar. Nos cuidaron muy bien a pesar de que teníamos hábitos muy distintos. Teníamos un entrenador holandés que también ayudó. Hugo, además, tenía la ventaja del idioma. Cataluña nos necesitaba para desarrollar su fútbol y por eso nos ganamos el respeto de todo el público. La gente llegaba al estadio y nosotros les mostrábamos el fútbol arte que no solo era fuerza y velocidad.

¿Es cierto que él lo hacía reír mucho con sus ocurrencias?
Había muchas cosas, cositas de cada día. No tanto anécdotas del momento. Los dos teníamos formas de pensar muy distintas, proveníamos de lugares muy diferentes. Una vez coincidimos en un club donde vivíamos, salimos a comprar unos trajes porque no queríamos vestir solo con lo que nos daban allá. Fue muy gracioso porque Hugo se caracterizaba por tener pies que eran muy cariñosos con la pelota. Sin embargo cuando se quitaba las zapatillas, le mirábamos los pies y nos reíamos mucho porque parecía que seguía con zapatos. Eso siempre provocaba mucho cachondeo en el grupo, los pies de Sotil. Él tenía su forma de vivir y su forma de ser.

¿Por qué Sotil solo pudo jugar como titular una temporada?
En España, en ese momento, el cupo de extranjeros era limitado. Hugo y yo ya estábamos en el equipo y después llegó Neeskens. Pensábamos que Hugo podría hacerse oriundo, es decir un Sudamericano con la doble nacionalidad y que por eso podíamos hacer una trampita y jugar con Neeskens. Pero como el primer año ganamos la liga, el gobierno de Franco quería ir contra nosotros. Lo que queríamos hacer no lo pudimos lograr. Por eso Hugo no pudo nacionalizarse y se perdió un año por decisiones políticas.

Aquí se dice que quedó fuera por indisciplina…
Se comenta mucho siempre, es lógico que si no juegas estás menos concentrado, pero nosotros nunca hemos podido ver si no se cuidaba. Hugo siempre fue muy simpático y muy buen compañero con todos nosotros.

Aparte de Sotil ¿qué otro jugador cree que hubiera podido llegar al Barcelona?
Hubiera pensado en Cubillas, porque lo vi muchas veces jugar en Estados Unidos. En esa época no se podía ver todo porque no es como ahora que preguntas por un jugador y es fácil saber cómo juega. Pero yo sí pude ver a Cubillas de cerca cuando estuve jugando allá y vi que ha hecho cosas fantásticas en Estados Unidos y en el fútbol mundial.


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