24 mar. 2016

¡Avísale a Papy Fuentes!




Fuente: Aguzate.org  Por Omar Torres-Kortright
Cocinando Suave: Ensayos de Salsa en Puerto Rico, editor César Colón-Montijo

En 1974, cuando Chamaco Ramírez sale de la cárcel después cuatro años tras las rejas, Tommy Olivencia lo recibe con un pasaje a Nueva York, listo para grabar el disco “Juntos de nuevo”. De esta producción se destaca el tema Pa’lante otra vez. Escrita por Catalino ‘Tite’ Curet Alonso, la canción recoge el sentimiento del que ha sido privado de su libertad y vuelve ver la luz del día. Es la expresión del deseo feroz de comerse el mundo después del tiempo perdido en prisión.

Como la mar cuando vuelve por lo suyo
y barre todo lo que se quedó en la arena,
Yo por lo mío sin vanidad y sin orgullo,
ya regresé porque bien vale la pena.[1]

En los soneos, Chamaco nombra a la gente a quien hay que avisar de su salida de prisión:

Y avisa, que avísale a Myrta Silva
y avísale a Tite Curet.
Y avisa, que avísale a Papy Fuentes
y avísale a Luis Café.
Cuidao, cuidao que vengo pa’ lante,
vengo pal cachumbambé.





Los soneos de Chamaco están poblados de personajes que marcaron su vida. Myrta Silva y Don Tite Curet, son figuras altamente identificables en la cultura musical de la isla y tuvieron gran influencia en su carrera artística. ¿Quiénes son Luis Café y Papy Fuentes? Entendimos después de investigar más a fondo que se trataba de dos de los amigos más entrañables de Chamaco. Luis ‘Café’ Nieves fue trompetista y arreglista de Tommy Olivencia durante la mayor parte de la década de los 70, mientras José ‘Papy” Fuentes Iglesias se distinguió por ser el bongosero más veterano de la orquesta. Este último nos llamó la atención, ya que Chamaco repite su nombre en múltiples canciones, incluidas “Mi Puerto Rico”, “Evelio y la rumba” y “San Agustín”. No existe un personaje más aludido en el repertorio de Chamaco que el bongosero sanjuanero.

Cuando iniciamos la investigación para el documental Alive and Kicking: La Historia de Chamaco Ramírez, nos topamos con la ausencia de documentos biográficos sobre el sonero. Junto a mi codirector Eduardo Cintrón, nos sentamos a escuchar sus canciones y analizarlas con la esperanza de que hubiera un factor común o una pista que nos llevara a algún descubrimiento. Lo primero que hicimos fue construir una tabla de los nombres propios presentes en las canciones de Chamaco. Destacaban personajes de su familia y vida personal, como cuando gritaba ¡vaya Miami!, guiño de complicidad con Wanda, su hija mayor, o cuando llamaba a ‘Carmela’ o ‘Carmelita’ en clara referencia a su esposa Carmen. De sus compañeros musicales destacan su compadre Tommy Olivencia y Kako Bastar, ya sea por ser objeto de inspiración para una canción completa de su autoría, como es el caso de “El Papaso de Kako”, o por las menciones frecuentes en sus soneos.

La estrecha relación entre Chamaco y Papy Fuentes que confirmaba el propio cantante en sus canciones y cada vez más personas en nuestra investigación, hizo que cuando se asignaron las tareas de búsqueda de entrevistas, el nombre del percusionista se colocara rápidamente en lo más alto de la lista. Supimos desde el principio que si alguien tenía los recursos para dar con Papy Fuentes era el hijo de Chamaco Ramírez, Chamaco Jr., quien se convirtió en el enlace natural con todo lo que rodeó a su padre y pasó a ser parte esencial del equipo de producción del documental. Cuando preguntó en su entorno inmediato, Chamaco Jr. recibió la pésima noticia de que Papy Fuentes había muerto “hacía mucho tiempo”. Nos resignamos y lo vimos como el curso natural de una investigación que se ponía más cuesta arriba cada vez que confirmábamos el fallecimiento de otro pilar de la Primerísima Orquesta de Tommy Olivencia.

Una tarde de sábado en el Naza Pub, especie de bar-museo de la salsa ubicado en la calle San Agustín de Puerta de Tierra, Chamaco, Jr. se reunió con Paquito Guzmán, una de las voces más autorizadas en materia de Chamaco Ramírez, ya que compartió tarima con él durante prácticamente todo su recorrido por La Primerísima de Tommy Olivencia. Después de las muertes del propio Olivencia, Papy Fuentes, Luis Café, Cortijito y Frankie Revilla, la participación del destacado bolerista en el documental se hacía esencial y de máxima urgencia. La conversación tomó un giro inesperado cuando después de varias cervezas y el convencimiento de que Paquito participaría en el proyecto se le ocurre a Chamaco Jr. un último comentario antes de despedirse: “Oye Paquito, qué pena que no pudimos hablar con Papy Fuentes antes de su muerte. Él era la persona que más mencionaba el viejo en los soneos”. Según me cuenta Chamaco Jr. Paquito primero hizo silencio y luego lo miró con cara de incrédulo: “Pero si Papy está vivo muchacho. Te apuesto que si vas al Falansterio ahora mismo lo encuentras allí. El siempre está allí.” Ubicado en la Parada 7 de la Avenida Fernández Juncos, entre las calles Matías Ledesma y San Juan Bautista, el Falansterio es el primer proyecto de vivienda pública construido en Puerto Rico y se ha convertido en un ícono arquitectónico de Puerta de Tierra desde su construcción en 1935.

Salsa pa’ Puerta e Tierra!
Un buen saludo pa’ Ernesto Juani
A Papy Fuentes y a Periquín;
Para Alfonsito y Julio Ramírez,
a Carmelote y para Efraín

Coro
San Agustín, Puerta de Tierra Calle para vacilar [2]





En la canción “San Agustín” Chamaco Ramírez le canta al barrio proletario que marcó la historia de la música popular boricua con agrupaciones tan emblemáticas como las orquestas de Noro y Esy Morales, el Conjunto Cachana de Joe Quijano, la Selecta de Raphy Levitt, la Corporación Latina de Charly Collazo, y Carpe Diem de Isidro Infante, entre tantas otras. La estampa de San Agustín, “calle para vacilar” escrita también por Catalino “Tite” Curet Alonso para el único disco de la cortísima carrera solista de Chamaco, Alive and Kicking, está llena de alusiones a personajes de la época que se distinguían por proceder del sector entre las paradas 5 y 7 de San Juan. La cercanía única a la cultura popular del barrio hacen que este son montuno se destaque como una de las mejores representaciones del cancionero salsero boricua, con todos los elementos musicales, pero sobre todo múltiples puntos de conexión y complicidad con los residentes del sector de Puerta de Tierra. En la larga lista de nombres que presentan Tite Curet y Chamaco, vuelve a aparecer Papy Fuentes a quien el sonero le dirige una pregunta que ha quedado sin contestar hasta hoy: “Oye Papy Fuentes, ¿Qué es lo que te pasa a tí, que tu bongó ya no está sonando, sonando…?”

La interrogante de Chamaco nos inspiró a preguntarnos, ¿quién fue Papy Fuentes? ¿Por qué se retiró de la industria musical en 1975? ¿Por qué la insistencia de Chamaco de mencionarlo en sus soneos?

“No hubo mejor bongosero que Papy Fuentes”, nos dice Endel Dueño, timbalero de Tommy Olivencia durante la mayor parte de los años 60 y 70, y socio rítmico de Fuentes por más de diez años. “Por lo menos te garantizo que yo no toqué con ninguno que fuera mejor… y yo toqué con un montón de bongós bien buenos”. Según Dueño, “lo más impresionante de Papy era lo perfeccionista que era a la hora de afinar los cueros de todos los instrumentos de percusión. Si algo le molestaba eran cueros mal afinaos y campanas alborotosas. La campana del timbal tenía que armonizar con la campana del bongó y se tocaba ‘limpio’ siempre para acompañar bien. En su bulto llevaba reemplazos de campanas y estaba preparado para cualquier situación”. También con tono de admiración y respeto, se expresa otra leyenda musical de Puerta de Tierra, Raphy Levitt, “Papy Fuentes tenía una marcha ‘pesada’ y precisa, con golpes bien puestos, que permitían resaltar a toda la orquesta y le daban oportunidad al cantante de lucirse”.

Previo a su largo paso por la Orquesta de Tommy Olivencia entre 1961 y 1975, Papy Fuentes perfeccionó sus habilidades en el bongó en la Banda 81 del Ejército de Estados Unidos en Fort Brooke, donde estuvo estacionado poco más de un año durante el conflicto bélico en Corea. Al regresar a Puerto Rico le llegaron ofertas de trabajo de Lito Peña y su Orquesta Panamericana, Johnny Seguí, César Concepción y Mario Ortiz entre otros. Los años 50 llevaron al bongosero a los mejores escenarios de Puerto Rico y Nueva York con la crema y nata del talento guarachero boricua. Cuenta su hija Idalís que una noche alternando con Tito Puente en Nueva York fue tentado para formar parte de la orquesta del rey del timbal. Sin embargo, esa tentación no duró mucho, ya que no podía concebir una vida de viajes constantes, lejos de su amada esposa Toya, sus hijos Papo, Idalís e Ivelisse y su Puerta de Tierra.

En 1975, justo cuando acababa de retirarse de la música y asegurar su posición de amarrador en Navieras de Puerto Rico, se le presenta una oportunidad de adquirir un apartamento en el Condominio Las Acacias en Puerta de Tierra, donde se mudaría con su esposa Victoria y su hija menor. Ivelisse, quien para aquél tiempo tenía 18 años, recuerda que al ser residente antiguo de Puerta de Tierra y contar con el apoyo de sus amigos de la Unión de Trabajadores de Muelles, Papy escogió su apartamento en el tercer piso antes de que se ocupara el edificio. El programa de vivienda para familias de escasos recursos prometía una alternativa segura y viable para esta población en crecimiento y la familia Fuentes fue una de las primeras en tomar posesión de su nuevo hogar en el gigantesco multipisos.

Sus primeros años en Las Acacias fueron muy buenos, con un sentimiento de comunidad que se extendía a la mayoría de los vecinos. No era poco común ver a Papy recibiendo a los muchachos del vecindario para ayudarlos a afinar sus instrumentos de percusión sin cobrarles un centavo, ya que afinar y cambiar cueros era una especie de terapia para él y lo mantenía de alguna manera conectado con la música, nos cuenta Ivelisse..

El día que Chamaco Jr. fue a buscar a Papy Fuentes, llevaba en su mente las palabras de Paquito Guzmán, “Pregunta por él en la calle, que allí todo el mundo lo conoce”. Aunque no sabía el número del apartamento, se dirigió a una guagüita de comida frente al Falansterio y le preguntó a la ocupada, pero amable cocinera. “¿Usted sabe donde vive Papy Fuentes?”. La señora señaló el segundo piso del Falansterio y le dijo a Chamaco Jr., “Cuando subes las escaleras es el primer apartamento a mano derecha con las ventanas que dan para la avenida”.

Chamaco Jr. subió las escaleras con la ilusión de un niño en Nochebuena. Tocó la puerta nervioso y poco después ésta se abrió y se asomó un cuerpo consumido por el pasar del tiempo. La piel totalmente reseca y escamosa era evidencia de más de 40 años expuesto a las condiciones de trabajo en los muelles. “¿Cómo puedo ayudarlo?”, preguntó. Chamaco Jr. extiendió su mano y le dijo: “Soy el hijo de Chamaco Ramírez, Chamaco Jr.”. “Entonces no me puedes dar la mano mijo, dame mejor un abrazo. Yo era la confianza de tu papá. ¿Quieres un cafecito?”. Chamaco Jr. aceptó la invitación y pasó al apartamento a conversar con él. Luego de un buen rato de conversación, Chamaco Jr. le dijo, “Papy, estamos haciendo un documental de la vida de mi viejo. Nos encantaría hacerle una entrevista si es posible. El equipo de producción llega la semana que viene de Chicago”.

A Papy se le veía poco por su carácter tranquilo y casero desde siempre. A sus 85 años todavía conservaba su trabajo de aguador en los muelles, empleo que tomó cuando se cambió de Navieras a la Unión de Trabajadores de Muelles a principios de la década de los 80. Después de la dura muerte de Doña Toya, su esposa de 60 años, quien fue diagnosticada con Alzheimer en el año 2007, a penas salía de la casa.

“Llevábamos años tratando de convencerlo de mudarse con nosotros”, cuenta su hija Ivelisse. “Hasta le ofrecimos construirle un apartamento en el segundo piso de nuestra casa en Venus Gardens, porque las cosas en Puerta de Tierra no estaban tan bien, pero él nunca iba a salir de allí. Él siempre dijo que quería morir en Puerta de Tierra”. Las intenciones eran buenas, pero sacar a Papy Fuentes de Puerta de Tierra era realmente una misión imposible. Nacido y criado precisamente en la calle San Agustín, el humilde y siempre sonriente bongosero se sintió anclado a ese entorno muellero desde el principio.

El diminuto apartamento en el imponente Falansterio había sido el hogar de los Fuentes desde poco antes de la implosión del Condominio Las Acacias en el año 2000. Aquel edificio que se erigió hace 40 años y brindó hogar a tantas familias se convirtió en uno de los ejes principales de la lucha entre los narcotraficantes y la policía en la década de 1990. La violencia llegó a tal punto que no era raro ver en las noticias los tiroteos desde los balcones del edificio hacia el Cuartel de Puerta de Tierra ubicado al otro lado de la Avenida Fernández Juncos. Los intercambios de municiones procedentes de ambas partes alcanzaron una frecuencia insostenible. Cuando el gobierno tomó la decisión de destruir el edificio para acabar con la guerra que se había desatado, citó otras razones, como lo costoso de una posible restauración de un edificio altamente deteriorado por la falta de mantenimiento en sus 25 años de existencia. El plan era reubicar a las 252 familias que allí vivían a diferentes residenciales públicos y viviendas dentro y fuera de Puerta de Tierra.

Papy y Toya decidieron no marcharse hasta que les aseguraran su apartamentito en el Falansterio que llevaban observando desde hacía algún tiempo. Tanto estuvieron esperando hasta que se convirtieron en el único matrimonio residente en Las Acacias. Dos años antes de la histórica implosión, Papy y Toya se levantaban en las noches con el fuerte jamaqueo de las ventanas y las puertas. Los deambulantes y bregadores del barrio se habían puesto manos a la obra para llevarse todo lo que pudieran de los apartamentos abandonados. “¡Aquí vive Papy Fuentes!”, gritaba para espantar a los saqueadores. “Disculpe Don José, es que pensábamos que no había nadie aquí” le contestaban. Al siguiente día del susto, pusieron un letrero en la puerta que avisaba: “Aquí viven Toya y Papy Fuentes”. Cuentan las hermanas Fuentes que la única luz que se veía prendida a lo lejos en los dieciocho pisos del desamparado rascacielos era la de sus padres. “Se nos salía el corazón del miedo por la oscuridad que arropaba al edificio, pero no había caso en tratar de convencerlos”, recuerdan. Así estuvieron hasta que les permitieron mudarse a su nueva residencia a finales de 1998.

Finalmente, entrevistamos a Papy Fuentes la mañana del domingo 12 de agosto de 2012. Al entrar a su apartamento noté que los recuerdos de su época de músico colgados en las paredes habían sido conservados como si se tratara de un tesoro. El famoso bongó de Papy Fuentes descansaba sobre una estantería al lado de la ventana y aunque dejó de sonar hace cuarenta años, todavía recibía el cariño de su dueño, que lo limpiaba y afinaba como lo hacía con Endel en sus mejores años en la música. Sentí las dudas del que sabe que tiene una oportunidad única para dar voz a un personaje fundamental. ¿Haré las preguntas correctas? ¿Lograré ayudarlo a recordar con claridad sus vivencias?

Recuerdo que después de citar las canciones donde Chamaco lo mencionaba y buscar maneras de refrescar su memoria, quise llevarlo a esas noches que convivieron como compañeros en la orquesta. Le dije que Endel Dueño nos había contado de manera muy jocosa la reacción del público cuando Chamaco no llegó a un baile y tuvieron que huir del lugar por una incesante lluvia de botellas. Vi esta anécdota como un dato curioso que podía servir como un comic relief en un momento clave del documental y para romper el hielo en la entrevista. “Bendito mijo, yo no me acuerdo de eso…¿tú sabes todo lo que ha llovido?” –me dijo Papy con su eterna sonrisa. Sus contestaciones eran cortas y al grano cuando buscaba detalles.

Fue entonces cuando le pedí que hablara de cómo sería su orquesta ideal y le pregunté si Chamaco estaría en esa orquesta. La sonrisa se desdibujó de su cara y dejando escapar una lágrima nos dijo con la voz entrecortada: “Chamaco estaría en mi orquesta… Chamaco era el mejor sonero del mundo. El vicio lo dominó, porque eso es una enfermedad, pero era un muchacho bueno y me venía a visitar mucho. Cuando estaba apretao, lo ayudaba como podía”.

Papy Fuentes, en su domicilio en la grabación del documental sobre Chamaco Ramírez


En ese momento me di cuenta que para llegar a rescatar todo lo que Papy y Chamaco vivieron juntos, no podía pretender hacerlo en un solo día. Comprendí que la clave para documentar la experiencia de Papy era ser paciente. Ya me imaginaba paseando con él por Puerta de Tierra, refrescando su memoria de joven, sacando las fotos que guardaba en los baúles, hablando con sus hijas y el nieto que crió tras la muerte de su hijo Papo, y haciendo todo lo que estuviera a mi alcance para documentar su paso por la música y la vida. Al dar por concluida la entrevista, Papy nos despidió con “el mejor café de Puerta de Tierra” y vimos que cuando guardamos el equipo y las luces era otra persona. Ya no se veía nervioso ni titubeante, sino feliz y honrado por la visita. Incluso llegó a ofrecernos hospedaje en su apartamentito en nuestro próximo viaje.

El 2 de octubre de ese mismo año, menos de dos meses después de nuestra visita al Falansterio, recibí una llamada de Chamaco Jr. “Papy Fuentes murió hoy de un paro respiratorio”, me dijo. Sentí un vacío enorme y una frustración difícil de explicar. Ese día escuché sus descargas en el bongó y volví a ver la entrevista con una perspectiva diferente. Ahora cada mirada, cada silencio cobraba un mayor valor. Pensé en lo cerca que estuvimos de no conocerlo nunca y comprendí que esa imagen de Papy sentado en el balcón con el patio interior del Falansterio sirviendo de fondo cuando lloraba la partida de su amigo hablaba más que miles de relatos y anécdotas. El confidente de Chamaco se llevó a la tumba gran parte de sus vivencias en la Orquesta de Tommy Olivencia, donde formó parte de esa irrepetible generación de músicos que marcó para siempre la trayectoria de la música popular boricua. Igual que Chamaco, Papy Fuentes dejó un rompecabezas incompleto y fascinante a la vez. Tranquilo Chamaco, su bongó seguirá sonando.

*Este escrito se hizo posible gracias a los testimonios de los músicos Endel Dueño, Paquito Guzmán y Raphy Levitt y Rubén López. También conté con el apoyo y los relatos de los familiares de Don José ‘Papy’ Fuentes: Alí Baez, Ivelisse Fuentes, Idalís Fuentes y José ‘Junior’ Fuentes.

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