26 oct. 2015

Melómano colombiano César Pagano pone a la venta su vasta colección



Fuente: Semana, Colombia

No hay lugar en la casa de César Pagano que esté destinado a otra cosa que a la música. Desde muy joven se dedicó a coleccionar discos de Los Gaiteros de San Jacinto, Lucho Bermúdez y la Sonora Matancera, entre otro centenar de artistas. Con su enorme colección alimentó, hasta el año pasado, su templo de la salsa, Salomé Pagana, donde redefinió la rumba bogotana.

Allí le rindió un homenaje a Miguel de Cervantes, quien sentenció que “donde hay música no puede haber cosa mala”. Sus piezas no solo despertaron la admiración de los melómanos, sino también el goce de los bailadores, quienes pasaban sus noches entre marimbas, gaitas y salsa dura.

Aunque creció en Medellín, y pasó la mayoría de los días de su infancia entre tangos, el optimismo caribeño lo enamoró: encontró en temas como Un día bonito, de Eddie Palmieri, uno de sus favoritos, una razón para quedarse en la música y no irse nunca más.

Aún después de tanta rumba y de anécdotas bohemias, Pagano (cuyo apellido original es Villegas) conserva la buena energía que lo identifica. Se refugia en el bolero, el género “corruptor de mayores” como lo define él mismo, y en la radio, donde socializa su colección con los oyentes de Conversación en tiempo de bolero, su programa en Javeriana Estéreo.

Desde que decidió cerrar Salomé Pagana –cuando dejó de ser rentable–, consideró poner en venta su patrimonio más querido: su colección musical, la que empezó a construir con un par de acetatos de mambo grabados por Pérez Prado y jazz de Louis Armstrong. Hoy está compuesta por 20.000 elepés, 8.000 discos compactos, 5.000 casetes, 4.000 videos y 5.000 entrevistas a artistas en diversos formatos.

Recientemente, la Universidad de la Florida lo contactó para comprarle la totalidad de su colección, pero el negocio no se concretó. ¿La razón? Pagano no quiere que su música salga del país. Sostiene sin sonrojarse que “no gasté mi vida coleccionando música del Caribe para vendérsela a los gringos”. Y dice que ella puede contribuir a la memoria sonora del país, por lo que tampoco ha aceptado ofertas de entidades interesadas que la comprarían por partes.

Pagano la valoró en unos 700 millones de pesos, pero no es fácil encontrar instituciones en Colombia dispuestas a pagar esa cantidad. En el caso de la fonoteca de la Radio Nacional de Colombia el asunto pasa por el presupuesto. César Márquez, coordinador de esa dependencia de RTVC, sostiene que “quisiéramos adquirir colecciones particulares, sin embargo, el espacio donde se almacenan los archivos se ha quedado pequeño, y el presupuesto no es suficiente para negociar con los coleccionistas”.

A pesar de que tanto la Biblioteca Nacional como la Luis Ángel Arango le han manifestado su interés por quedarse con la colección, aún no hay nada concreto. Por ahora, este melómano del Caribe espera que en Colombia entiendan la importancia de conservar sus sonidos. Y mucho más si se tiene en cuenta que la música ha sido trascendental en la historia del país.

Las rarezas

Algunas de las joyas de la colección.

1. 400 elepés de 10 pulgadas, donde se encuentran grabaciones de cumbia y música andina.

2. Varios discos de música clásica en homenaje a Simón Bolívar.

3. Las grabaciones del Festival de Música Andina, Mono Núñez, que se realiza en Ginebra, Valle.

4. Recopilaciones de la marimba guatemalteca, un ritmo icónico de ese país, que difícilmente existen en Colombia.

5. Los primeros álbumes de mambo grabados en México por Pérez Prado, Ramiro Márquez y Tito Rodríguez, entre otros.

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