27 abr. 2014

Humberto Corredor (1947-2014)


Tanta noticia triste.... No solo se fueron grandes músicos como Armando Peraza o Cheo Feliciano o el genial escritor Gabriel García Márquez.

El pasado martes 15 de abril falleció en New York el coleccionista y promotor musical caleño Humberto Corredor, víctima de cirrosis.

Es que la música no solo la hacen los músicos o cantantes. Figuras como Corredor han aportado mucho al desarrollo y expansión de esta música que amamos.

Creo que la persona más indicada para hablar o escribir acerca de la figura de Corredor es su amigo, el periodista y escritor Umberto Valverde.  Y es por eso que, a manera de homenaje, les presento dos textos/entrevistas que Valverde publicó sobre su hermano Humberto Corredor.


Héctor Lavoe y Humberto Corredor


EL COLOMBIANO DE MÁS ÉXITO
EN EL MUNDO DE LA SALSA EN NUEVA YORK

Humberto Corredor llegó a Nueva York el día que mataron a Robert Kennedy, el 7 de junio de 1968, que al igual que muchos colombianos, apenas terminando su adolescencia, viajaron en busca del sueño americano. Corredor llevaba una pasión por dentro, la música, que había aprendido en el barrio Obrero y en el teatro Rialto. Empezó como mensajero y se abrió camino hasta que empezó a comprar música de la Sonora Matancera. Una vez el sueño se hizo realidad, se contactó con Rogelio Martínez y obtuvo su confianza. Con el paso del tiempo, Humberto Corredor compró los derechos del sello Stinson, donde grabó la Sonora Matancera a escondidas del sello Panart.

Corredor se transformó de coleccionista en empresario musical. Regresó a Cali con la Sonora Matancera y posteriormente en compañía de Larry Landa hicieron conocer la Típica Novel. Fue socio fundador, con Manolo Solarte y Adán Martínez, de un lugar que cambió la historia de Juanchito, El Abuelo Pachanguero. Discoteca que también fundó en Nueva York, en el sector de Sunnyside, aunque inicialmente se llamó La Flauta.

Compadre de Celia Cruz; amigo íntimo de Tito Puente; hombre de confianza de Rogelio Martínez; descubridor de Pepito López cuando nadie sabía de él; afecto de Mario Bauza, uno de los más grandes de la música latina y el latin jazz; productor de Henry Fiol, de Papaíto, de Melcochita, de “Chocolate” Armenteros, de Frankie Morales y Jimmy Sabater.

Corredor también ha dejado huella como productor musical: Primero fue llamado para hacer un álbum doble de la Sonora Matancera con el sello Seeco en 1974; fue asesor de algunos trabajos con la SAR; pionero en hacer fusiones de música colombiana con el son, como la charanga vallenata de Roberto Torres y Lisandro Meza; descubrió a Papaíto como cantante; volvió a grabar a Pepito López en Cali con la Gran Banda Caleña; creó el sello Discos Corredor, Sonora Records, Mambo Records, El Abuelo Records, Earth Records, Faisán Records, Caimán Records y Cobo Music.

Humberto Corredor es admirado y respetado por los grandes músicos de Nueva York, apreciado por los coleccionistas y todos los amantes de la música. Es el caleño de mejor trayectoria en esta actividad, es un hombre que se hizo a sí mismo, que ganó peldaños y es una verdadera biblia de la música latina.

Humberto Corredor, a petición de dos amigos suyos, Mario Alfonso Escobar y Umberto Valverde, después de pensarlo por cinco años, ha decidido entregar su colección de 30.000 piezas musicales, en donde existen grabaciones de 78 RPM, 45 y 33, CDs, piezas únicas, y una excelente bibliografía musical, a un Museo de Música Popular de Cali, si la Alcaldía emprende este propósito como lo ha aceptado inicialmente Jhon Maro Rodríguez. Esta colección no tiene precio, son joyas musicales que merecen un lugar perdurable. Naturalmente, ese Museo, por petición de Escobar y Valverde, tiene que llevar el nombre de Humberto Corredor, para que la ciudad reconozca y exalte a un hijo humilde el barrio Obrero que llegó a convertirse en un verdadero sabio de la música popular latinoamericana.

Corredor, Celio Gonzales y Roberto Ledesma


El barrio y el sueño americano

Humberto Corredor era el penúltimo de los Corredor que vivían en San Nicolás, sobre los límites del barrio Obrero, a 20 metros del teatro Rialto, el único sin techo en Cali. Corredor estudió la primaria en la escuela de San Nicolás y el bachillerato en el colegio Bolivariano, aunque con la muerte de su padre se trasladaron a la calle 24 con carrera 9ª, a dos cuadras del parque del barrio Obrero. El sueño de irse para Estados Unidos se impuso: la gente soñaba con un paraíso de dólares y mujeres rubias. Corredor levantó vuelo siguiendo el ejemplo de su hermano Pedro. De entrada le fue bien. Empezó trabajando en una compañía donde archivaba tarjetas para máquinas de facturación. Se instaló en Sunnyside, en Queens. Un colombiano, Jaime Perea, le recomendó: “Si ahorras algún dinero, compra música”. Como se ganaba 300 dólares semanales, a veces se gastaba 200 en discos.

En la 14, por Donwntown quedaba la tienda del viejo español Moneo, que tenía 60 años de vivir en Nueva York. En dos años le compró 30 mil discos de 78 RPM. Fue ahí donde descubrió el sello Stinson y supo de su existencia. El viejo Moneo llevaba una tarjeta por cada disco, donde apuntaba la fecha de grabación, cuántos ejemplares tenía, en fin, una información invaluable que Corredor también recuperó.

Durante sus periodos de vacaciones, aprovechando realizaciones de pasajes aéreos, Corredor viajó con dos motivos: conocer y aumentar su colección. Fue a Puerto Rico, Canadá, atravesó Centroamérica y bajó hasta el Ecuador. Descubrió que un tema musical lo podía vender en 100 dólares habiéndolo comprado en un dólar. De igual manera, por un tema de Machito le tocó que pagar 100 dólares.

En 1970 hizo realidad lo que parecía un imposible: estableció contacto con la gente de la Sonora Matancera vinculándose como band boy sin remuneración durante 6 años. Un domingo se acercó a Calixto Leicea en Cabo Rojeño, uno de los más antiguos trompetistas de la Sonora, para consultarle sobre épocas y cantantes. Empezó a acompañarlo a los bailes de la agrupación y fue así como se aproximó a Rogelio Martínez, a quien también recogía en el Mustang 68 convertible que todavía conserva como una reliquia. A Rogelio Martínez le sorprendió que un muchacho de 21 años tuviera tanto interés en la música de la Sonora. Estuvo con ellos en Los Angeles, en un show que afortunadamente tiene grabado, donde cantaron Celia Cruz, Daniel Santos, Bienvenido Granda y Toña La Negra, porque Toña no grabó oficialmente con la Sonora.

Para celebrar los 50 años de fundación de la agrupación habanera el dueño del sello disquero Seeco estaba buscando un especialista para hacer un L.P. doble. Al Santiago, creador de la Alegre All Stars, tenía una tienda de discos donde se reunían los mejores coleccionistas: Joe Conzo, especializado en Tito Puente; Tony López, en Tito Rodríguez; René López, en Arsenio Rodríguez y Humberto Corredor en la Sonora Matancera. Santiago recomendó a Corredor pero el dueño de la Seeco desconfió y lo fue a visitar a su casa. En ese entonces, tenía 15 mil discos, contando elepés, 45 y 78.

Corredor y Son Boricua (Mangual Jr. y Jimmy Sabater)


El sello Stinson

En la tienda del viejo Moneo, Corredor descubrió la existencia del sello Stinson, grabaciones realizadas por la Sonora Matancera con otro nombre para violar clandestinamente el contrato con el sello Panart de Cuba. Por fin encontró una pista: Jack Carl, en Granada Hills, un pueblo de California.

En 1947, el año que nació Corredor, el dueño original de Stinson, ruso de nacimiento, envió a sus hijos de paseo a La Habana. Visitaron La Tropical donde tocaba la Sonora Matancera y les ofrecieron un contrato para grabar con el sello de su padre. Aceptaron hacer 20 temas bajo el nombre de Tropicavana. Entre estos se encontraban “Bigote Gato”, “Se formó la rumbantela”, “Fricasé los pollos”, “Vive como yo”, “El mundo se acaba”y el “Tibirí Tábara”. Después grabaron 66 temás más. Posteriormente se hacen dos LPs con todos los temas. Corredor hizo una sociedad comercial con Jack Carl para explotar esas grabaciones, pero como se encontraba delicado de salud, le otorgó todos los derechos.

Corredor siguió viajando con la Sonora Matancera. Se convirtió en su hijo adoptivo. Por primera vez escuchó a dúo, en Washington, a Celia Cruz y Papaíto. De inmediato, supo que el bongosero de la Sonora Matancera merecía una grabación, que lamentablemente nunca se hizo con la agrupación dirigida por Rogelio Martínez, sino que se llevó a cabo con el sello SAR, de Roberto Torres y Sergio Bofill.
Asociado con Larry Landa, también caleño, se convirtió en empresario de la Sonora Matancera. En 1980 trajeron a la agrupación y la presentaron en el Gimnasio Evangelista Mora. Corredor le pidió un gran favor a Rogelio Martínez: Que Tito Cortés pudiera cantar con la Sonora Matancera y así lo hizo en tres temas. Fue el momento más feliz de su vida.

Además de Rogelio Martínez, Calixto Leicea, a quien considero su segundo padre, Caíto, Celio González, Elpidio Vázquez, Corredor se hizo gran amigo de Lino Frías, que lo invitaba a tomar coñac. Yayo el Indio, que le dio la pista para encontrar a Pepito López, y Celia Cruz, a quien solamente saludaba cuando visitaba a su hermana que vivía por Sunnyside.

En 1981 habló con Rogelio Martínez para celebrar el aniversario de El Abuelo Pachanguero en Nueva York. Raphy Mercado, que también asistió se quedó aterrado por el decorado de la discoteca, llena de flores. Lyda, la esposa de Corredor, se encontraba en embarazo de su futuro hijo Tino y Celia Cruz le pidió ser la madrina. Así fue que se convirtió en compadre de la gran cantante cubana. Ese festejo de aniversario lo repitió durante cinco años. El sexto lo volvió a hacer con la Sonora Matancera, con Celia Cruz y Johnny Pacheco como invitado especial. En esta ocasión vinieron los de la BBC de Londres a filmar el evento.

Johnny Pacheco, Corredor, Rogelio Martínez y Umberto Valverde


El descubrimiento de Pepito López

Pepito López descubrió que era famoso en Cali, a los 71 años y no podía creerlo. Sus canciones, boleros de Agustín Lara Luis Alcaraz, entre otros, fueron grabadas por los años 30 y alcanzaron su fama en nuestra ciudad en 1955. Machadito, un viejo técnico de la radio, era discjockey en una emisora y se enamoró de esas versiones. Como no existían copias las hacía en acetato para otras emisoras y también para los oyentes. Machadito encontró un día una revista puertorriqueña donde hablaba de la muerte de un tal José López y dio la noticia. Pepito López quedó “oficialmente” muerto entre sus admiradores caleños.

Humberto Corredor, como buen heredero del barrio Obrero de Cali, había oído hasta el cansancio esas versiones. Una noche, en el club Cabo Rojeño de Nueva York, conversando con Yayo el Indio, le habló de Pepito López y el cantante de la Sonora Matancera le dijo que él conocía un trompetista llamado Pepe y lo remitió a un bajista, Luis Barreto, que era amigo de este músico. Barreto le dijo a Corredor que lo podía encontrar cada fin de mes en el banco esperando el cheque de la Asociación de Músicos. Y ahí lo esperó Corredor hasta que apareció un señor bajito.

Cuando Corredor le habló de “Azul”, “Prisma de ilusión” y “As de corazones”, Pepito López no salió de su asombro y más aún cuando le mencionó la historia que existía en Cali sobre sus boleros a partir de la década del cincuenta. No podía concebir que había sido famoso sin saberlo por más de 30 años en la patria de su primer director musical Nano Rodrigo, un tumaqueño que tuvo su mejor momento en Nueva York en 1930.
Para traerlo, Corredor le hizo escuchar los discos y tuvieron que rehacer las partituras musicales. Cuando se anunció su visita a Cali nadie lo creyó. Machadito era el más desconfiado y sólo cuando habló con él supo que tenía una enorme deuda. Pepito López le dijo a Corredor que su esposa creía que esas versiones habían tenido éxito en algún lado, pero ella murió sin saberlo.

Pepito López se fue a Nueva York en 1925. Las primeras grabaciones las hizo con el sello Víctor entre 1935 y 1936. Trabajó al lado de Noro Morales y de Davilita. Era integrante de la orquesta de Armando Castro como trompetista y preferencialmente interpretaba un repertorio americano. Como trompetista le tocó que asistir a la primera noche que cantó Frank Sinatra como solista en un lugar llamado Riobamba. Y rememoró muchas anécdotas del Morocco donde exigían smoking para entrar. Conoció a May Pikford, Douglas Fairbanks, Clark Gable y un borracho empedernido llamado Howard Hughes.

Pepito López vino a Cali, lloró en su primera presentación, grabó un elepé con la Gran Banda Caleña en la segunda visita y le agradeció a Corredor por descubrir la vida que no había podido vivir. Una vez en Nueva York, Corredor le preguntó a Pepito: “ ¿Está listo para volver a Cali?”. Pepito saltaba de la felicidad. La tercera ya no fue posible. Un bus lo atropelló.

Todavía en Cali se escuchan sus boleros: “Prisma de ilusión, mujercita, que se embriaga de colores”.

Los amigos: Valverde, Corredor y Rafael Quintero


Producciones especiales

Entre las numerosas producciones musicales de Humberto Corredor es importante destacar dos por la trascendencia que tuvieron:

1º. El álbum doble titulado “50 años de la Sonora Matancera”, del sello Seeco, una recopilación que se lanzó en 1975, con 24 temas, en el cual hace un recorrido perfecto por la discografía de la agrupación cubana, en donde se muestra criterio y conocimiento para darle significación a Raúl del Castillo, Víctor Piñeros, Gloria Díaz, Rey Caney y Olga Chorens y Tony Alvarez, que no habían tenido el reconocimiento que merecían. Este trabajo le abrió el camino a Corredor como productor.

2º. El álbum titulado “Afro Cuban Jazz”, de Graciela-Mario Bauza and Friends, con el sello Caimán Records, de 1985, que es un reconocimiento a uno de los músicos latinos de mayor trascendencia en Estados Unidos, como Mario Bauza, quien llega en 1920, empieza a trabajar con Antonio Machín y su cuarteto, posteriormente trabajó con Chick Webb, fundó los Afro-cubans con Machito, dando inicio al latin jazz.
Esta producción, realizada en compañía de Sergio Bofill, utilizó a 20 maestros bajo la dirección musical de Mario Bauza, en donde podemos a Jorge Dalto en el piano, a Víctor Paz en la trompeta, a Ignacio Berroa en la percusión, también a Patato y Daniel Ponce, a Paquito D´Rivera y el mismo Bauza en el saxo y Graciela como cantante. Es una auténtica joya del jazz que los coleccionistas siguen solicitando.

Son Boricua y el homenaje a Cortijo

Humberto Corredor, en el baseman(el sótano de la casa) donde tiene su colección de discos, se puso a pensar como armar un agrupación con pocos músicos y con un sonido diferente. Recordó a Joe Cuba y a Louie Ramírez con el vibráfono. Llamó a José Mangual Jr. y le dijo su idea. Mangual le pareció que Corredor estaba disparando al aire. Por la noche pensó, rememoró los consejos de su padre, y se le vino a la memoria el sexteto de Joe Cuba. Entonces llamó a Corredor y le dijo: “Tienes razón, hagamos una agrupación sin vientos, con vibráfono y tengo al hombre preciso: Jimmy Sabater”.
Sabater llevaba 17 años sin grabar porque Joe Cuba le robó unos temas de su propiedad y sintió que el mundo musical no valía la pena. La primera producción les dio la razón, y la segunda, en homenaje a Rafael Cortijo, fue una sensación. El tema “Volare” fue el más escuchado dentro de la salsa durante el año pasado. Sabater acaba de salir en portada en la revista Latin Beat en el número de febrero de 2002.
Corredor volvió a su ciudad, se llevó todos los aplausos en el Encuentro de Coleccionistas que lo recibió como un héroe y habló con el alcalde Jhon Maro Rodríguez para hacer el ofrecimiento oficial de la entrega de su colección a la ciudad de Cali, con la condición de construir y crear un Museo de Música Popular.

*La promesa de Corredor sigue en pie, pero la voluntad de la administración de ese momento quedó en nada. Tanto las administraciones como las entidades culturales no son capaces de acoger una idea de tanta dimensión.



EL COLECCIONISTA DE NUEVA YORK.
POR: UMBERTO VALVERDE
Colaborador de Herencia Latina
Cali – Colombia
umbertovalverde@hotmail.com

Hace cuatro años que el señor Humberto Corredor no venía a Cali, Colombia. Acaba de cumplir 41 de vivir en Nueva York. Productor musical, propietario de varias discotecas, manager de la orquesta Son Boricua, uno de los coleccionistas más famosos de la capital del mundo, con más de 40 mil discos que los atesora en su casa de Flushing. Compadre de Celia Cruz, íntimo amigo de Tito Puente y Pacheco, apoyó incondicionalmente a Louie Ramírez y puso a viajar a Jimmy Sabater después de 17 años de no tener pasaporte por diversas giras en el mundo.

Corredor nació en el barrio obrero de Cali. En los pocos días que estuvo de visita conversamos para realizar un compendio de su inconmensurable vivencia y conocimiento sobre la música popular.

-¿Cuáles han sido los coleccionistas más importantes de Nueva York?

-René López, en Arsenio Rodríguez; Tony «El Boricua» López, especializado en Tito Rodríguez;  Joe Conzo, una Biblia sobre Tito Puente y Harry Sepúlveda, con énfasis en los grandes músicos del Palladium. A esto hay que mencionar al historiador y coleccionista, Max Salazar.

¿Cuál es el disco más caro que ha comprado?

-Champú de Cariño, de la Sonora Matancera, un disco de 78 rpm, del sello Panart, por el cual pagué 300 dólares, en los años 70. Es decir, era un precio de escándalo.




¿Cuál es el disco que más caro ha vendido?

-Ahora el mercado es bien interesante. Los discos son como obras de arte, en cierto sentido. Ahora hay un nuevo tipo de coleccionista que no le importa cuánto vale sino que lo quieren tener todo. Por ejemplo, la primera grabación de Héctor Pérez, quien posteriormente fue conocido como Héctor Lavoe,  con la orquesta New Yorker me pagaron mil libras esterlinas. Ese tema grabado por el sello SMC, en 45 rpm., se llama Mi china se botó, su autor es Arsenio Rodríguez y el arreglo lo hizo Alfredito Valdés Jr.

¿Cuál es el disco más extraño que tienes en tu colección?
-Jarito llegó, de Jarito y su Combo, porque en los años sesentas cuando se hicieron solo se hacían 300 copias. Era música cubana combinada con música boricua, un poco a lo Ismael Rivera.

¿Usted sigue siendo el propietario del sello Stinson, por qué estas grabaciones son como la joya de la corona?

-Son 60 grabaciones de la Sonora Matancera, realizadas en el sello Stinson. Veinte se hicieron en 1947 y las otras cuarenta en 1948. La primera se demoró porque la grabación del tema Se acaba el mundo se complicó. En ese tiempo se grababan todos los instrumentos y voces a la vez. Las grabaciones fueron controversiales por cuanto la Sonora las hizo bajo el nombre de conjunto Tropicabana en tanto ellos tenían un contrato con el sello Panart. Stinson grababas músicos clásicos como Andrés Segovia y Carlos Montoya.

-Desde algún tiempo un actor de Hollywood viene a su casa muy interesado en comprar.  ¿Quién es él?

-Matt Dillon. Esta muy interesado en la música cubana. Arsenio Rodríguez, La Sonora Matancera, la Orquesta Aragón, en fin. El nació en un sector de New Jersey que se llama West New York, un lugar de inmigrantes cubanos en la década de los sesentas. Es tanto su interés que tiene gente para hacerle investigaciones de compras de colecciones completas.

-¿Qué músico importante ha sido también coleccionista?

-Héctor Rivera, el pianista. Es uno de mis referentes para entrar en el mundo de los coleccionistas. Una de sus grandes pasiones era la orquesta de Machito. Es preciso decir que él como pianista y músico fue uno de los padres del croosver de la música latina que se llamaría salsa, sobre todo en el boogaloo.


-¿Cuál ha sido, a través del tiempo, el músico con el cual consolidaste una buena amistad?

-Calixto Leicea, Rogelio Martínez,  José Mangual Jr., y Eddie Zervigon.

-¿Qué momento o anécdota recuerda de Celia Cruz, que fue además de gran amiga, su comadre?

-Ella fue comadre mía porque perdió una apuesta conmigo en 1983. Cuando Lida quedó embarazada de Tino, ella dijo que sería hembra y se llamaría Celia María. En cambio, yo me incliné porque sería hombre y llevaría mi nombre, Humberto, aunque todos le dicen Tino. Quizás el concierto que ella hizo en El Abuelo Pachanguero fue el más inolvidable de lo que ví de ella. Eso ocurrió el 9 de septiembre de 1988 y fue filmado por la BBC, tiene una duración de una hora y siete minutos.

-¿Tito Puente tenía gran aprecio por ti? ¿Qué recuerdas especialmente?

-El me decía que me reconocía todo mi amor por la música cubana y puertorriqueña. Lamentaba que la juventud de esos años no se interesara por las raíces. Teníamos una gran intimidad y era un hombre sencillo y alegre.

-¿Qué puedes contar de Johnny Pacheco?

-Yo tenía prevista una grabación con Los Guaracheros de Oriente y le comenté a Pacheco si quería hacer la dirección musical. Me confesó que uno de sus sueños era interpretar esta música. Fue entonces cuando le dije: Qué tal si te llevo a Caíto y  Papaíto. Pacheco me respondió: Este es el ideal que hubiera pensado para hacerlo con Fania. Le hice posible el sueño.

-¿Cuéntanos algo íntimo con Héctor Lavoe?

-Conocí a Héctor en 1968 en el Hotel San George. Para mí la magia de su voz se dispara con Cheche Cole. Uno de los conciertos memorables es el que hizo en El Abuelo Pachanguero, sobre 1986 o 1987. Ahí fue con Mangual, el profesor Joe Torres, Maldonado, era prácticamente la orquesta de Willy Colón.
eñor que estaba ahí me dijo: «Yo tengo la grabación del único encuentro de la Sonora Matancera con Benny
-En este año se cumple el natalicio de Benny Moré. Refiere de nuevo la versión sobre sus grabaciones con la Sonora Matancera que tiene un coleccionista de Miami.

-Esto me sucedió en Miami, en el Downtown en una casa de discos hace veinte años. Estaba acompañado por la India de Oriente, una gran cantante cubana que tuve el privilegio de traer a Cali. Un s Moré». En ese entonces me pidió 75 mil dólares. Cuando regresé a Nueva York hablé con Calixto Leicea y me confirmó lo que había ocurrido ese día y eso lo confirmamos con muchos otros músicos que estuvieron ahí y eso quedó certificado en el libro tuyo, Memoria de la Sonora Matancera.

-¿Cuál es el tema que más te gusta de la Sonora Matancera?

-En la orilla del mar, cantando Bienvenido Granda.

-Cuando hiciste posible que la Sonora Matancera acompañara en un concierto a Tito Cortés en Cali ¿le propusiste a Rogelio Martínez que lo grabara o no?

-No, todo se hizo sobre la marcha. Eso no era posible plantearlo, yo anduve seis años de mi vida al lado de la Sonora Matancera y Rogelio era un hombre difícil, terco y respetable. Ese tipo de cosas no era posible sugerirlo a la carrera. Ahora, si él no hubiera tenido ese carácter la Sonora Matancera no hubiera tenido la trascendencia que alcanzó  través de los años. Para mí existieron dos zorros en la música: Rogelio Martínez y Billo Frometa.

-¿Cuál es el momento más sublime que hayas vivido en un estudio de grabación?

-Cuando grabamos con las Estrellas Caimán el tema Caimán Jam en Nueva York, quedaba faltando un tema y Alfredo Valdés Jr. quería hacer un tema instrumental suave. Le dije a Chocolate Armenteros: «Te acuerdas del negro Vivar». Y Chocolate, buen amigo mío, frentero, me respondió: « ¿Me quieres probar?» Llamé a Lida, mi esposa, y le dije: «Búscame tal disco y pon El Negro Ray» [Ray Barretto, álbum ¡LATINO!, (Sello: Riverside RLP-93520)]. Llamamos a Alfredo Valdés que era el director musical y como tal determinaba en que momento entraba cada músico. Chocolate se inspiró pensando en el Negro Vivar. Esa grabación se hizo en una sola toma.

No puedo dejar de mencionar una grabación especial que hice de Ray Barreto y Manny Oquendo con las Estrellas Caimán.

-¿Cuál es el mejor tema que has grabado?

-Volare. Cuando le dije a Jimmy Sabater que grabáramos ese tema consideró que ese tema no era de su estilo. Después de hacer la base musical, Mangual le pregunta a Sabater: « ¿Sí no lo vas cantar lo tengo que cantar yo? ». A él le nació hacer la versión en inglés. Sabater hacía 17 años que no viajaba fuera de Estados Unidos.  Con ese tema empezó a salir a todas partes con Son Boricua. Cobo Music sigue siendo propietario de los derechos de la orquesta y tenemos los temas de la próxima grabación.

-En tus 41 años en Nueva York ¿Cuál es el mejor concierto que has escuchado?

-Sin duda, los conciertos de la Fania. El primero que se hizo en el Cheetah.

-Con la grabación de la Charanga Vallenata, tú pusiste el vallenato a funcionar en los años ochenta cuando estaba casi olvidado.

-En 1979, más o menos, yo me vinculó con el sello SAR, de Roberto Torres, Adriano García y Sergio Boffil. Para entonces yo tenía en Cali Discos Corredor y en Nueva York, Faisán Records. Le hice una grabación al negro Palomino y monté una sociedad con Lisandro Meza. Un venezolano, el señor Ernesto Aue, llevó a Nueva York la composición de Caballo Viejo de Simón Díaz. Alfredo Valdés Jr. hizo el arreglo musical. El disco no pegó en Nueva York. Primero se pegó en Cali y después hizo efecto en Nueva York al año siguiente.

-¿Al grabar a Louie Ramírez  tú eres coparticipe de la creación de la balada salsa?

-Cuando grabé a Louie Ramírez en ese género ya había hecho Estoy enamorado y Todo se derrumbó para una compañía americana, que no le quiso reconocer sus créditos sobre La Noche caliente. Un muchacho colombiano produjo un disco con el tema Mi fruto que se pegó en Cali. Una vez lo presenté en El Abuelo Pachanguero y hablamos de hacer una grabación. Lo invité a mi casa, con Ray de la Paz, y le puse un tema de Humberto Calello, un compositor peruano, llamado Mentirosa. Ese fue un super éxito. Después compré  los derechos de la primera producción, de Máxima Records, a Jorge García.


Comments (0)