19 may. 2013

El Centenario de Lolo Fernández



Hubo una época en que prefería la pelota al tambor, los chimpunes a las maracas, los “Domingos de Ovación” a “Los Gigantes de la Salsa”.

Antes de aquel sábado del 83 en que, después del paseo familiar, mi madre me mandara a acostarme temprano para prevenir que la calentura se convierta en fiebre y que descubriera la Salsa en la FM, a la derecha del dial, era el fútbol mi pasión.

Y para mí, pasión por entonces significaba jugar en la cuadra con dos piedras como arco, anotar los partidos y los goles que metía en el barrio un cuaderno rayado con pasta dura (lo admito, en mi cuadra me fue siempre mucho mejor que en el colegio, donde nunca pasé de “lauchero” y suplente constante), devorar las secciones deportivas de La Prensa y El Comercio, coleccionar los álbumes mundialistas (no olvidar, los más jóvenes, que Perú, sí Perú, fue a dos Mundiales consecutivos), seguir las transmisiones deportivas de Ovación en El Sol y grabar en el viejo Betamax los especiales de Gigante Deportivo (Pocho Rospigliosi otra vez) e imaginar campeonatos nacionales, en los cuales (narrados y documentados por escrito) siempre campeonaba la U.

El ser crema lo heredé de mi padre, a pesar de las “puyas” de mi abuelo materno quien, como todos sus hermanos, era hincha del Alianza. Dentro de esa “rivalidad familiar” manifiesta, había algo que me llamaba la atención en ese hinchaje “grone” de Don Nico: a pesar de ser aliancista, era hincha de Lolo Fernández, futbolista de la “U”.

En aquella pre-adolescencia de inicios de los 80s, me resultaba raro que un hincha del Alianza, como mi abuelo, guardara devoción por un jugador del eterno rival, cosa que hoy en día es impensable cuando vemos tanto fanatismo mal encausado. Pero eran otros tiempos, otra gente, otra manera de ver y sentir el fútbol. Imagínense que Lolo reforzó muchas veces al Alianza sin escándalo para nadie en esos tiempos.
Ahora bien, para mí el nombre de Lolo siempre lo asocié al nombre de otro grande: Alejandro Villanueva, uno de los nombres más representativos del Alianza Lima y a quien aprendí a admirar cuando leí a Guillermo Throndike y su hermoso relato en torno a las venturas y desventuras del “inolvidable Manguera” (siempre que voy a las Ferias del Libro pregunto por ese libro que nunca encuentro).

Dos grandes: Lolo Fernández entrevistado por Pocho Rospigliosi

Lolo y Villanueva fueron antagónicos en la cancha y en su forma de vivir. Pero ambos son los nombres más representativos de los equipos más representativos del Perú.

Por eso que quiero sumarme hoy a la celebración del centenario de Don Teodoro Fernández Meyzán, el niño de la hacienda Hualcará de Cañete quien naciera un 20 mayo de 1913 e hiciera historia en el deporte peruano a punta de sus míticos cañonazos, que lo llevaron a convertirse en el goleador por antonomasia del futbol nacional.

Pero sería mezquino decir que a Lolo solo se le admira por esa contundencia en el arco rival, por haber comandado el ataque del recordado equipo Olímpico de 1936, por haber sido Campeón Bolivariano en el 38 y Campeón de América con la selección peruana un año después, por sus seis  títulos nacionales, por ser (hasta hoy) el máximo goleador en los clásicos U-Alianza, el máximo anotador con la crema y uno de los mayores goleadores a nivel selección.

A Lolo se le quiere entrañablemente por esa personalidad humilde, sencilla y por esa fidelidad “a prueba de balas y de cheques” que lo unió a Universitario, su único club, por 23 años. En estos tiempos del profesionalismo y materialismo a veces exacerbado a grado máximo, en los que a veces las personas pelean y hasta dejan de hablarse por plata, resulta imposible, creer que en 1941 Lolo rechazó un cheque en blanco del chileno Colo-Colo para permanecer en la U. ¡De otro planeta!

Lolo es uno de esos personajes que mejor ejemplifica un fútbol que cada día cambia más (no siempre para bien) en la cancha y en las tribunas. El suyo es el máximo ejemplo del amor a la camiseta.

Hoy que celebramos el centenario de su nacimiento, su recuerdo debe enorgullecernos a todos quienes amamos el futbol, camisetas aparte, y a quienes pensamos (tal vez ilusamente) que el amor por el deporte no debe ser opacado por el también entendible y justo afán profesional de predomina en la actualidad.

Dicen que se retiró hace 60 años. Yo digo que Lolo y su redecilla, bajando la cabeza como avergonzado después de anotar un gol, sigue apareciendo en cada tarde o noche de triunfo y continúa siendo un símbolo para todos, colores de camiseta aparte. ¡Felices Cien Cañonero!

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