13 ago. 2012

Domingo Quiñones canta su verdad



Fuente: El Nuevo Día, Puerto Rico. Por Damaris Hernández Mercado

El cantante Cheo Feliciano, el coreógrafo Aníbal Vázquez y el fenecido programador radial Pedro Arroyo lo apodaron “El más que canta”. Y aunque a lo largo de 35 años de carrera como cantante, compositor, productor y actor, Domingo Quiñones se ha consagrado como uno de los soneros más respetados, él se describe más como cantante y no como salsero por poder interpretar cualquier estilo.

Relajado, sin la vorágine de una agenda promocional, sin ser abordado por alguna controversia provocada por sus problemas de adicción a las sustancias controladas que lo atribularon en el pasado, Domingo se presentó vestido de manera casual para su conversación franca con El Nuevo Día en el vestíbulo del hotel Courtyard By Marriott en Isla Verde.

Allí habló sobre su carrera musical, su entorno familiar, su filosofía cristiana, su misión social, su rol de esposo y padre, y de su liberación del mundo de las drogas. Esa tarde se desprendió de su rol de artista -aunque dice llevar ese traje pocas veces- y desnudo su alma.

En 35 años de carrera has vivido varias etapas musicales. Desde tus comienzos en Nueva York, con las orquestas de José Alberto “El Canario”, Johnny Rodríguez y el Conjunto Clásico hasta tu etapa de solista y el presente. ¿Cómo ves cada etapa?

Mi mejor etapa fue con el disco “Poeta y guerrero”; en resumen, toda mi carrera se dicta en ese disco. Fue el año de mayores éxitos. Antes de eso, en el 1996, pude ir contra la corriente porque aunque lo romántico estaba pegado pude ser útil con temas de corte social. Esos son los que debieron llevar mi carrera. En el 2000 se me empezó a respetar en cuanto a la música social y en los temas cristocéntricos estaba en mi punto, porque estaba de luna de miel con el Señor. Luego vino el musical “¿Quién mató a Héctor Lavoe?”; ese fue mi momento.

Recibiste buenas críticas por esa actuación. ¿Hay similitudes entre tu vida y la de Héctor Lavoe?

Sí. Te diría que en un 50%, porque a la vez fue diferente por el hecho de que ambos consumíamos, pero él lo hacía de una manera y yo de otra. Él estuvo en una religión que yo no sigo. Pero ambos expresamos la puertorriqueñidad al máximo.

Antes del disco “Poeta y guerrero” habías hecho temas de corte social. ¿Por qué escribir temas sociales ?

Me fijé en el dolor de los pacientes de sida y ahí escribí el tema ‘Cuando se necesita más’.

¿Cuándo te acercas al cristianismo?

En mi familia eran santeros y estaba en desacuerdo con todo eso. Conocí al Señor cuando hice ‘Se necesita un milagro’ y fue a través de una llamada telefónica. Estuve 16 años limpio de manera consecutiva. No me metí. Donde me sentía completo era en los caminos del Señor y hoy día me siento bien. Estoy estudiando para ser evangelista a través de internet y ahora comenzaré en una institución en Florida. Quiero tener la libertad de hacer algo sin temor a Dios.

¿Cuándo descubres que podías cantar?

Empecé a tocar maracas con Oreste Vilató, que era timbalero de (Carlos) Santana. A los 14 años vivía con mi madre en un hogar inestable. Mi mamá siempre estaba enferma. Era epiléptica y analfabeta. Cantaba con un cepillo frente al espejo los seis discos que habían en la casa. Ese fue mi escape. Recuerdo que abrí la boca en una rumba en la Escuela 8 en New Jersey, que estaba Frankie Ruiz. Tenía 14 años y pasaban la ronda de los soneros y no me atrevía cantar. Cuando me tocaba pasaba y seguía la clave . Alguien me pasó una botella y tomé y me atreví a cantar. Al otro día estaba en un club con una orquesta en Nueva York.

¿O sea, que entraste a un mundo de hombres sin madurez alguna?

Sí. Me independicé a los 14 años. Mi mamá se fue para Massachussetts.

¿Eso fue lo que te expuso al camino de las drogas?

No. En ese momento mi enfoque era la música. Lo mío ocurrió después, ya con madurez. Me crié en un ambiente hostil, de mucha droga, pero estaba sumergido en la lectura y la literatura. Lo mío era conjugar verbos, las décimas, en un lugar que solo se hablaba inglés.

¿Pero si eras el hombre de la casa, por qué te independizas y abandonas a tu madre y tus (once) hermanos?

Porque ya existía un padrastro. Vi que mi madre tenía alguien que velaría por ella, que la podía ayudar económicamente y mi padrastro se hizo mi pana.

¿Cómo explicas que luego de tantos años de consumo de drogas tu voz, físico y performance no se haya afectado. ¿A qué lo atribuyes?

Al Señor. Lo increíble es que canto en el mismo tono que cuando estaba con Luis “Perico” Ortiz. Llevo 35 años cantando y no sé lo que es una ronquera, ni un gallo. Hay personas que se dan un pase y se les deteriora la voz por el resto de la vida. Y lo mío iba por ahí... estamos hablando de diez días, que no estoy orgulloso de ello, sin comer sin dormir; cuando hacía una cosa como esa consumía de todo.

¿Qué es todo?

Cigarrillos, crack, heroína, perico, alcohol, marihuana... todo. El consumo era tanto que en tres ocasiones salí con $11 mil en mi bolsillo y en menos de lo que terminaba la semana no tenía ni un centavo. Fue bien duro. Fueron 16 años de consumo, luego 16 limpio y recaí... Es una vida en esta dura batalla.

¿Cómo se sale de una adicción como esa?

Todos necesitamos a Dios. Sí, se necesita un milagro y Dios es suficiente para muchos, pero la ciencia tiene que estar presente. No todos los adictos pueden romper vicio en un hogar cristiano, porque existe una alta presión. La gente no aguanta el empuje de lo que es romper el vicio de heroína. Esto es un milagro de Dios atado a lo clínico y lo psicológico. Tiene que haber una continuidad de tratamiento sin interrupciones. Puerto Rico tiene todas las herramientas, como el programa APS, el medicamento suboxone o el láser, que te cierra los receptores de por vida.

¿Estás limpio hoy?

Sí, de todo. Tengo un equipo de profesionales trabajando conmigo mensualmente. Veo a un psiquiatra, psicólogo, pastores y mi doctor Nelson Díaz.

Cuando recaíste la gente te veía pero no lo divulgaba, hasta que tuviste problemas con la la ley. ¿A qué le atribuyes que te protegieran?

Hasta la Policía ha sido buena conmigo. Nunca me han podido comprobar nada, porque nunca tuve nada encima. El hecho de tener el lado humano más que el artístico me ha llevado más a la gente. El que quiere conocer al pueblo tiene que ir al pueblo: Soy de los que podía estar con políticos y escritores y al otro día estaba sucumbido en el lugar más sucio de la Isla, y la gente decía: él no está aquí.

Entonces, ¿le debes mucho a la gente?

Al pueblo de Puerto Rico le debo mi vida. Una vez salí de un carro expulsado por la ventana y caí en una casa. Esa gente me llevaron a mi casa y no lo divulgaron.

¿Crees que tu carrera pudo ser más exitosa si no hubieses caído en la adicción?

Me lo he preguntado. También me he preguntado si me hubiese criado en un hogar cristiano, donde hubiera coherencia, donde la atmósfera fuera intelectual...

La respuesta es no, porque no hubiese sabido nada de lo que sé hoy para ayudar a otros. Ese es verdaderamente mi llamado. No creo que vuelva a grabar un disco de salsa romántica después de “Cosa tuyas, cosas mías” (lo lanzara este año). Tengo que hacer un disco romántico, cristocéntrico y social.

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