23 may. 2012

Los tres tiempos de Maelo: Tempo terciario (alegre y pesaroso)


Ismael Rivera cargando el féretro de su hermano Rafael Cortijo


Fuente: Claridad, Puerto Rico. Por: Irvin García

La verdad sea dicha; han pasado veintitantos años desde su muerte, unos cuantos más desde que tomó el primer respiro del aire salitroso de San Mateo de Cangrejos, entre esos dos extremos, la vida de una figura que en tres tiempos de clave nos dibuja como pueblo.  Oiga, lo fantástico es que después de los veintitantos años de su partida, su recuerdo nos señala que somos la misma sociedad, con los mismos prejuicios y dilemas en la que discurrió su vida.

Usted me dirá que cuál es la cosa, que no es para tanto, que por qué tanto “run-run” por un pregonero trabalenguas.  Pues mire, apuesto pesos a morisquetas que mostrar la trayectoria de Maelo, de la calle Calma al Carnegie Hall, por 30 minutos en un salón de clases, es más efectivo que el cinismo de las campañas de “echar pa’lante”.  Por supuesto, con las dos caras de la moneda.  ¿Acaso nuestra historia personal sólo la componen caminos de rosas?  Lo que pasa es que somos expertos buscando chivos expiatorios.  ¿Y qué mejor chivo que este tipo de barrio pobre, negro, usuario de drogas y que se ha hecho un cantante famoso?

Ismael Rivera pagó, con casi cinco años de su vida en prisión, la violación a la ley que se dio el lujo de infringir.  Sin embargo, al cumplir su último minuto de condena y regresar a la calle se sintió como si los cuarenta y pico de meses de privación de la libertad hubieran pasado en vano. Una vida sesgada en la plenitud ascendente de sus facultades, marcado y sentenciado como un criminal que cuando intenta reintegrarse a la sociedad para ganarse la vida con lo mejor que sabe hacer es rechazado y desvalorizado.    

En su primer intento en este tercer tiempo, Ismael se vuelve a juntar con Cortijo para intentar recuperar el camino perdido.  Apuestan a su fórmula ganadora con par de grabaciones que no llegan a sitio alguno, no porque fueran malas o mediocres, sino porque ya estos dos mulatos, por un lado estaban marcados y, por el otro, porque el terreno estaba ocupado por el Combo que se había hecho grande con ellos.  Sin querer queriendo, estos dos panas deciden ir cada uno por su lado a buscar mejor suerte.  Maelo se va a Nueva York y Rafa se queda en la Isla.

¿Por qué no sucedió esto al revés?  Rafa a Nueva York y Maelo en la Isla.  A primera vista Cortijo tenía buenas herramientas para salir airoso.  Es el percusionista que toca timbales, congas, barriles, es el tipo emprendedor, el que montó aquel muñeco exitoso.  Me sospecho que aquella separación no fue fácil.  Dígame usted si no es razonable pensar que Maelo se iba a Nueva York con alguna seguridad en la maleta.  ¿Algún guiso temporero que mostró buenas probabilidades para quedarse un rato más y levantar un kiosco donde sonearse la vida?  Maelo va por camino andado y se asocia con otro timbalero, Kako, para finalmente recorrer este tempo terciario con el concepto musical de Los Cachimbos.  En la llamada capital del mundo se da “el milagro”, Maelo se levanta con una propuesta musical propia, sencilla, con fuertes lazos musicales con la propuesta del Combo de Cortijo.  La música es arreglada alrededor de la sección de los soneos que en combinación con mambos sencillos de seis o siete notas producen una música eminentemente sabrosa en ritmos e inevitablemente bailable.  En el camino incorporó la guitarra eléctrica, mucho antes que otras orquestas, y repartió clases magistrales a los emergentes cantantes del género que se vendió como “salsa”.

Los lazos afectivos y de amistad que se hacen en la música tienen fama de ser indestructibles.  La combinación Cortijo e Ismael se intentó en par de ocasiones en este tercer tiempo en distintos juntes.  Pero no pasaron de ser eventos del momento, sin trascendencia alguna.  Cortijo no se había quedado con los brazos cruzados sin tocar un golpe de percusión en este tempo.  La música en los discos Pa’ los caseríos y El sueño del maestro le habían mantenido vigente pero no boyante.  Siempre he tenido la impresión, desde que presencié el entierro de Cortijo,  que Ismael se sintió de alguna manera responsable por la precariedad en la vida musical de Cortijo desde que perdieron el Combo por aquel asunto de las drogas.  La imagen de Maelo cargando con el féretro de Cortijo desde el Caserío Lloréns Torres hasta el cementerio de Villa Palmeras, en medio de una asfixiante multitud, bajo un sol implacable, habla de un inmenso dolor y de un entrañable amor.  Es el Cristo Negro de Portobelo cargando su cruz a lo largo de la calle Providencia hacia la Eduardo Conde.  Es el momento más pesaroso de este tercer tiempo.

Con la partida de Cortijo se apagó el Sonero Mayor.  Aquella imagen de albañil asustado en la foto con la Orquesta Panamericana, transformada en guapetón  del Combo de Cortijo, de tipo invencible en el soneo, pero vulnerable a la injusticia de la justicia, que lo convierte en Sonero golpeado, y que resentido ya no se estirará el pelo ni se mostrará lampiño, y con cada pregón y movimiento proclamará su negrura a los cuatro vientos, esa historia de superación y lucha tiene su final aquel día en el cementerio de Villa Palmeras donde muy poco después irán a para sus restos.  Ese día Maelo se rindió, entregó las armas y su cuerpo comenzó a cobrarle el precio de sus batallas.  El más caro, la pérdida de la voz.  El más sublime, la tranquila partida bajo el calor maternal en la calle Calma.

¿Qué me diría si le dejo saber que hay gente que viaja desde la República Dominicana, Venezuela, Colombia y Panamá a Puerto Rico y que entre los sitios a visitar se encuentra la tumba de Ismael Rivera? ¡Tan tán!

Comments (3)

Buen artículo maestro. Muy bueno!

Buen artículo maestro. Muy bueno!

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