15 may. 2012

Familiares, amigos y fanáticos recuerdan a Ismael Rivera



Fuente: Primera Hora, Puerto Rico. Por: Mariela Fullana Acosta

La tierra tembló ayer en el cementerio de Villa Palmeras, en Santurce.

Frente a la tumba de Ismael Rivera, Jesús Cepeda y otros músicos agitaban sus manos en los barriles de bomba, mientras que Petra Cepeda interpretaba con pasión y energía. Nadie bailaba, pero la tierra latía. Era como si “Maelo” estuviese bailando con cada golpe al tambor, haciéndose presente con ese palpitar terrestre.

Y ciertamente allí estaba el “Brujo de Borinquen” a través de los recuerdos de su hermana Ivelisse Rivera, de las anécdotas de algunos de sus amigos del barrio, en la devoción de sus fanáticos, pero sobre todo en la música.

Todos llegaron al cementerio a las 10:00 de la mañana para conmemorar los 25 años de la muerte del intérprete, quien falleció el 13 de mayo de 1987 a los 56 años de edad.

“Muchos no pudieron llegar por ser el Día de las Madres, pero aquí estamos los que pudimos. Hace 25 años que Ismael se nos fue y puede parece mucho tiempo, pero para nosotros parecer que fue ayer. Hoy siento pena porque se nos fue, pero a la vez siento alegría porque hizo lo que hizo y la gente no lo deja morir. Ismael está bien latente”, manifestó Ivelisse Rivera, hermana del cantante.

Petra Cepeda, quien cantó, contó y hasta declamó con dramatismo y pasión desbordante el poema Majestad negra, de Luis Palés Matos, en homenaje a Ismael Rivera, leyó 15 reglas para la vida, escritas con ironía y humor, características que dijo que distinguían a su amigo.

“Ismael era un chiste y hay muchas anécdotas bonitas de él y yo tengo aquí como un juego de palabras que son cosas de la vida y él era vida y sigue siendo vida porque le está dando vida a la gente con su legado”, expresó la mujer.

El tocador de bomba Jesús Cepeda recordó que todos los presentes tenían un “compromiso cultural con el legado de Ismael Rivera” y que la mejor manera de recordarlo era a través de su música, la cual ayer no faltó en la conmemoración.

“Hay generaciones que no conocen a Maelo y si hoy en día el movimiento musical de todos los géneros está donde está, es porque gente como él y Rafael Cortijo sembraron nuestra cultura afuera”, enfatizó Dinora Marzán, amiga de la familia del fenecido músico. La mujer escribió el poema Comprensión en el primer aniversario de la muerte del Sonero Mayor y ayer el grupo Los Hijos de Agüeybaná lo musicalizó.

Para Dinora, el Gobierno de Puerto Rico no ha sido justo con el legado de Ismael Rivera por varias razones, entre ellas, por el racismo que todavía impera en la sociedad.

“Todo esto está mediatizado por una cuestión ideológica que menoscaba, que desvirtúa, que devalúa lo que se ha hecho. La resistencia de familias como los Cepeda y los Rivera es una resistencia contra eso”, apuntó Marzán, mientras se cobijaba del ardiente sol a la sombra de los árboles y las palmas que rodean la tumba de Maelo.

La música seguía sonando y ya el reloj marcaba las 12:00 del mediodía. A las 3:00 de la tarde, se esperaba otro grupo de músicos que venían a seguir festejando la vida del Sonero Mayor y había un fanático que estaba dispuesto a quedarse el tiempo que fuera necesario. Era Luis Alberto Centeno Díaz. El día de la muerte de Ismael Rivera se apareció por la calle, Calma en Santurce, para darle el pésame a la familia del cantante y desde entonces no ha fallado ni a un solo aniversario.

“Soy su fanático número uno”, dijo sentado sobre la tumba de Maelo y mostrando una caja de cassettes del artista, los cuales iba alternando en un radio que llevó para sonarlos una vez acabara la bomba. Y es que ayer la música no podía parar; era la celebración del legado de un hombre cuya voz sigue provocando que hasta la tierra baile. Al final, allí estaba su mensaje en la lápida: “Que mi pueblo no pierda la clave”. Y no la ha perdido.

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