8 abr. 2012

Y recordando el 15 Aniversario de la Descarga en el Barrio



Fuente: La República, Perú. Por: Juana Avellaneda

La Descarga del Barrio, una concentración de melómanos furiosos y bailadores eximios, cumplió quince años el último 31 de marzo. Todo empezó en 1997 con una fiesta en la cuadra 23 de Petit Thouars, en Lince. Desde entonces, a pedido de los amantes del ritmo, se repite todos los años. Hoy es una tradición. Los más felices, claro, son los fanáticos confesos de la salsa dura, que encuentran un espacio propio para hablar de lo suyo. Aquí la crónica de una noche llena de sabor y sandunga.

Una morena de cabello trenzado y la sonrisa más linda que he visto mueve las caderas pero que dan miedo. Putucún pracatá, pucutún, pracatá, pra pra pra parecen decir... Su compañero de baile, un elegantísimo hombre de 65 años la hace girar sobre el mismo lugar con una facilidad que pareciera que bailar salsa es cosa de niños. “Él es el papá de Melcochita”, lo cochinean sus amistades. Pero eso a don Mauro Sisi Bondía no le incomoda. Él prefiere seguir haciendo lo que mejor sabe. Y eso es bailar salsa dura. “La rumba es mi vida. El día que muera me voy a ir bailando hasta en el cajón”, dice con energía. Viste un sastre negro con rayas blancas, camisa del mismo color y zapatos blancos de piel de tortuga traídos directamente desde New York para la ocasión. Este vecino de San Martín de Porres parece salido de una película cubana de los años 40. “Timba no va’ sonar, cuero no tiene ya. Oye la timba no va’ sonar y es porque el cuero no tiene ya. Timba no va’ sonar, cuero no tiene ya. Y oye la conga y el timbal... ¡y la campana, mamá!”, canta sin dejar de bailar.

A su lado, un gordito vestido con el polo de La Fania All Stars chasquea los dedos con ritmo. Es Juan Carlos Urbina, de 38 años, que se ha venido solo desde Breña. Su única compañía es una rubia bien helada que, de rato en rato, besa para apagar la sed.

¿Por qué no bailas? “No tengo con quién. A mi pareja no le gusta la salsa. Hubiera traído a mi hija de 7 años, pero le gusta el reggaetón. No sabes qué dolor me da. Son épocas, qué se le va a hacer”, dice encogiendo los hombros. Entonces suena Merecumbé, un temón de Johnny Colón. La gente que acababa de sentarse se ha puesto otra vez de pie. Y es que por más cansado que esté el cuerpo, a cualquiera le dan ganas de seguir bailando si se está en este lugar. “¡Salud!”, grita Juan Carlos elevando su chela hacia el escenario. “Salud, mi hermano”, le responde con una sonrisa de oreja a oreja Omar Córdova, el organizador del evento. “Te confieso que entro en una especie de trance cuando estoy poniendo mi música”, cuenta Omar, mientras coloca un disco de vinilo de Eddie Palmieri en su tornamesa.

Dentro de algunas horas el sonero del siglo XXI, Hermán Olivera, será el encargado de animar el quinceañero. “Hoy es ‘Un día bonito’, señores. Gracias por asistir al décimo quinto aniversario de La Descarga del Barrio”, dice emocionado a través del micrófono.

Omar conoció a muchos de los que están hoy gozando de la Descarga hace más de 20 años. Juan Carlos, por ejemplo, era un chiquillo de 22 que solía ir a su puesto de La Colmena para comprar discos de salsa. “Recuerdo que Omar y sus hermanas soñaban con reivindicar a la salsa dura. Antes se tenía el concepto de que esta música solo la escuchaban los chalacos y la gente achorada”, recuerda quien se declara el más grande admirador de Bobby Valentín.

Lo mismo ocurrió con Teresa Ramos Zelada, una chalaca de 46 años que desde los 31 viene a rumbear a la Descarga. La encontramos sentada en una de las mesas plásticas que ocupan las esquinas de un local de 2.650 metros cuadrados. A falta de un pañuelo seca el sudor de su frente con un pedazo de papel higiénico. Desde que llegó, a las 7:30 de la noche, no ha parado de bailar. Aprendió el paso básico del uno, dos, tres con Los Compadres, pero se graduó con honores cuando conoció a los Van Van. “Nadie baila la salsa como la gente negra”, dice orgullosa de su color.


¿Qué tienen ustedes que no tengamos nosotros?, le pregunto. “Sabor”, responde moviendo los hombros. Pero Rudy Abad Medina, de 54, está dispuesto a demostrar lo contrario. Don Abad cree que el color no siempre es sinónimo de sabor. “Solo hay que saber contar: sa-sa-sa-sasá. Aprendí a bailar hace cuatro años y estoy como cañón. La salsa me quitó el estrés, me alivió el trabajo y me regaló amigos de tu edad. Antes qué se me iba a ocurrir bailar con una chiquilla como tú. La salsa rompe géneros, edades y cultura. Mira la chica que me manejo ahora”, dice señalando a su esposa Cecilia.

De repente, Omar Córdova en compañía de sus hermanas, Jessica e Ivonne, anuncian que Hermán Olivera acaba de llegar. La gente corre hacia el escenario y sacan las cámaras digitales para grabar la primera canción de la noche: Changó ta’ vení. “Changó ta vení, changó ta’ vení, changó ta veníii. Con el machete en la mano tierra va’ temblá’ y sarabanda malongo mundo, va’ mundo va’ acabar. Ehhheaaaa”, canta quien ha compartido escenarios con Eddie Palmieri y Héctor Lavoe. “Esto sí es salsa de la buena, ¡mierdaa!”, grita extasiado un gordito con pinta de piraña. Es la primera vez que viene a la Descarga.

“Vengo desde La Victoria para escuchar a Hermán. Soy coleccionista de música. El año pasado viajé a Colombia para ver a Palmieri. Si no me iba pa´ Medellín, no lo iba a ver nunca y ahora no puedo creer que esté viendo esto. Te apuesto que si acá estuviera Víctor Manuel esto estuviera repleto, pero él no es un sonero como este que está acá. Estar aquí debería costar 200 dólares, por mi madre”, cuenta casi al borde de las lágrimas.

A su lado, un tipo de guayabera celeste y zapatos de charol, de esos que usan los tombos, intenta copiar con torpeza los pasos de un moreno que se mueve como los dioses. Pero este no tiene miedo al ridículo. Y es que en la Descarga del Barrio no interesa si eres de Comas, La Molina o La Victoria y no sabes bailar. Lo único que importa es pasarla bien. Está perdonado todo, salvo a aquellos que dicen ser fanáticos de la salsa dura, pero que bien en el fondo son hinchas de Los Adolescentes.

Comment (1)

Solo para aclarar, le dije a la periodista que los movimientos de los pies deberían de coincidir con la clave salsera sa sa sa sasa. Justamente porque el conteo se toma como una mecanización del baile, lo que no siempre es así.
También le dije que la salsa es un género extraordinario(aunque el género es el son) porque aparte de la belleza musical, la belleza de la letra, se tiene la descarga(improvisación de instrumentos), el soneo(improvisación del cantante)y el baile, que ofrece innumerables pasos que no hay ritmo que lo supere, habiéndole quitado el sitial que tenia el tango.
Ruddy Dante Abad Medina
Post Data: Pongo anónimo porque no tengo cuenta de google.