3 abr. 2012

Ellos llevan la clave de El Gran Combo



Fuente: Vocero, Puerto Rico

Los timbales, las congas y los bongoes marcan el ritmo de la música cadenciosa de El Gran Combo de Puerto Rico, pero para que suenen armoniosos se requieren unas manos ágiles y diestras. Miguel Torres, conocido como “Pollo”; Domingo Santos y Richie Bastar son los responsables de tocar la clave sin descansar ni bajar la guardia.

Cada uno ha vivido experiencias gratas con la orquesta, cuentan anécdotas jocosas, han tocado en diversos países y tienen las manos pulidas y listas para seguir repicando sus instrumentos musicales.

Torres cumplió 33 años con “Los Mulatos del Sabor”, el pasado 10 de febrero y a él le correspondió el sitial del conguero inolvidable Martin Quiñones, luego de éste retirarse por fracturarse una mano y de su hijo sustituirlo por un tiempo.

Referido por Fernando Pérez, bajista para el 1979, “Pollo” se comunicó con el director Rafael Ithier, quien durante un ensayo en Lomas del Sol en Guaynabo le pidió que se uniera en el tema “Buscando ambiente” de “Taty” Maldonado, para comprobar las destrezas del conguero.

“En el primer número, Rafael dijo: ´Espérate. ¡Ya, ya! Este es el que es. El secreto de El Gran Combo está en la base rítmica, en la conga como tocaba Martín. Traté de emular el estilo de Martín porque eso se lo enseñó el maestro Rafael Cortijo… Era un patrón rítmico que era la marcha. Era llevar un sonido rítmico”, dijo “Pollo”, quien heredó ese apodo de su papá Miguel Torres y de su abuelo José por ser un hombre guapo.

El conguero mencionó que estuvo a punto de perder la oportunidad de entrar a El Gran Combo, porque cuando fue a la prueba con Ithier, “Pollo” estaba iniciando Costa Brava y no se atrevía dejar la orquesta nueva. Sin embargo, Ithier lo exhortó a comenzar con El Gran Combo un 10 de febrero en una fiesta de los carteros en un hotel de San Juan.

Desde niño, “Pollo” estuvo relacionado con la música porque sus padres Miguel Torres y María Teresa Núñez lo llevaban a bailes y empezó a tocar desde la preadolescencia. En su pueblo natal, Salinas, estudió solfeo con su maestro de música Demetrio Rodríguez. Como a “Pollo” le atraía la percusión, aprendió a tocar timbales y después congas con Frank Moret y Ausberto Rodríguez.

Cuando tenía 15 años, doña María le regaló sus primeras congas y desde entonces, nunca se ha separado de ellas.


El timbalero enérgico

Así como las congas tienen un sonido peculiar que caracteriza a “La Universidad de la Salsa”, ¿quién no ha escuchado “Timbalero” o ha visto a Domingo Santos (“Cuki”) dando una descarga en sus timbales? Han sido muchísimos los bailes donde los espectadores vociferan que El Gran Combo termine con esa canción.

“Cuki” comenzó en agosto de 1988 con la orquesta, referido por el bongosero Michel Lavoy y por Gilberto Santa Rosa. No se olvida cuando el saxofonista Eddie Pérez lo llamó a su casa en Cataño, para informarle que Ithier quería hablar con él. Así su primera presentación fue en las fiestas patronales de Patilla y sin practicar lo suficiente partió hacia Perú donde tocaron ante 60,000 personas.

“Fue una experiencia bien chévere. Nunca había tocado ante tanta gente. Nos hicieron una entrevista y yo era tímido. Me puse nervioso al ver a tanta gente”, expresó “Cuki”, quien se inició en la Banda Musical de su pueblo Cataño y creció rodeado de músicos porque su papá Arcadio Santos era bajista y sus hermanos Raúl y Víctor tocaban trombón y saxofón.

Antes de unirse con El Gran Combo, pertenecía a la Orquesta de Bobby Valentín. Ya había sonado los timbales en la Orquesta de Sonia López y de Johnny El Bravo, en La Selecta, en Roberto Roena y su Apollo Sound y en Salsa Fever. Tocó con Cortijo antes de éste fallecer en 1982 e intervino en grabaciones de otros cantantes, como en “Amada mía” de Cheo Feliciano.


Bongosero desde niño

Richie Bastar, de padres boricuas, nació en Nueva York rodeado de música. Su abuela Eugenia Ramos era bailarina y percusionista, mientras su padre Francisco “Kako” Bastar fue percusionista, director musical, bailarín y compositor.

“Mi papá dejaba sus instrumentos y yo empezaba a tocar para aprender. Aprendí escuchando; me acercaba a la bocina y lo que yo escuchaba lo trataba de hacer hasta que un día mi papá me dijo que eso no se hacía así. A los 9 años hice mi debut con mi papá (Kako y su Orquesta) ante el público en El Corso en Nueva York y en el Madison Square Garden”, narró.

El repique del bongó retumbaba en su apartamento cuando se inspiraba con los discos de distintas orquestas. Richie narró que escribía su nombre en la carátula de los discos como si él fuera uno de los músicos.

Pero nunca imaginó que integraría a los 15 años la orquesta de Pete “El Conde” Rodríguez en Nueva York, la Orquesta Fascinación, el Conjunto Clásico y la Orquesta de Tony Vega entre 1991 y 97. Además, en 1998 formó parte de la obra musical “The Capeman” presentada en Broadway.

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