6 mar. 2012

Rubén Blades asegura que aún le falta mucho por decir




Rubén Blades no necesita introducción ante el público puertorriqueño. Su larga carrera, que comenzó en la salsa setentosa junto a Willie Colón y otras luminarias de la Fania, hizo del cantante panameño un salsero boricua honorario.

Aun así, Blades insiste en seguir reintroduciéndose en la Isla. A sus 64 años, cuando muchos de sus compañeros generacionales descansan sobre éxitos pasados, él sigue tan activo como siempre. Nunca le han faltado las palabras, sobre todo en las letras de canciones que pintan historias del gran barrio latinoamericano, pero ahora parece estar empeñado en demostrar que aún le falta mucho por decir.

Luego de asumir el cargo de ministro de turismo en Panamá, puesto que ocupó del 2004 al 2009, regresa a la Isla para un junte espectacular. Junto a Juan Luis Guerra y Draco Rosa se presentará en concierto el 30 y 31 de marzo. El concierto se podría ver como una secuela de aquel primer encuentro que tuvieron los tres cantautores en el especial del Banco Popular del 2002.

De cara a ese evento, y tomándose un respirón de su gira “Cantos y cuentos urbanos 2012”, Blades compartió con El Nuevo Día sobre la importancia de la colaboración y lo que lo motiva a seguir experimentando en la música.

¿Cómo se siente volver a tocar junto a Juan Luis Guerra y Draco?

Estar con gente de ese calibre no solo agrada, uno aprende de lo que uno ve y uno oye. Siempre hay algo nuevo que aprender. A los dos los quiero mucho. Para nosotros, encontrarnos en la tarima es una manera de suplirnos la distancia ya que no nos vemos tan a menudo. Robi es muy bueno en lo que hace y Juan Luis también, por eso uno se divierte tanto como el público cuando toca con ellos.

Compartimos el mismo deseo de comunicación, hacemos el mismo trabajo de crónica urbana. Robi lo hace desde el rock, Juan Luis con la bachata o el merengue y yo con lo que he llamado focilá o folclor de ciudad latino. Son tres visiones o interpretaciones de lo mismo. Es una celebración de la vida en ciudad.

¿Has podido hablar con Draco luego de su tratamiento de cáncer?

Sí, le dije que esos son misterios imposibles de entender por qué ocurren. Responden a realidades genéticas, es una lotería, pero esto no es una situación final. Él es un tipo joven, tiene un espíritu sano. Lo más importante es tener una buena actitud, hacer lo que los doctores te indican y mantenerte ocupado.

Por eso encuentro que le podría hacer bien el concierto y saber que tiene mucha gente que lo quiere y lo apoya. Lo más difícil en una enfermedad es sentirse solo, es un momento que a todos nos toca de alguna u otra forma. Me alegra muchísimo que la gente haya respondido tan bien al concierto, tanto que abrimos una segunda presentación.

¿Qué ha representado Puerto Rico en tu carrera?

Hay una relación de afecto con la Isla que es muy antigua y que se refuerza con todos los viajes que he hecho a Puerto Rico. No creo que haya viajado a ningún otro lugar con tanta frecuencia. Además, cuando uno piensa en Tite Curet, Ismael Rivera, Cortijo... tanta gente que uno ha tenido como modelos y resulta que todos eran puertorriqueños.

Para nosotros en Panamá, Puerto Rico siempre fue más que un país extranjero, es más como un hermano. Es un país que no necesita adoptar artistas porque tiene más que suficiente con los artistas propios. Así es que el hecho de que me hayan dado el visto bueno es increíble.

Tras más de 20 álbumes propios y 15 en colaboración, ¿qué te reta en estos momentos, qué te falta por explorar a nivel musical?

Creo que todavía quedan cosas por decir y por hacer, cada cual señala un momento donde llega el interés y la curiosidad de hacer algo nuevo. Yo siempre he pensado que la manera de hacer las cosas es planearlas a largo plazo y tener disciplina para poder terminarlas. Ahora estoy terminando muchas cosas que tenía en proceso.

Tu relación con René Pérez de Calle 13 ha crecido con los años. Al igual que tú, él se ha dado a conocer como un artista que no tiene miedo de exponer sus posiciones políticas y sociales en público. Como artista, ¿hay algún riesgo al asumir esas posturas?

Siempre hay riesgo. Yo no dejo de ser ciudadano ni dejo de ser persona por ser artista. El artista, por la posibilidad de conexión que tiene con el público, también tiene una responsabilidad. El temor está en que el artista entre a ser politólogo, que comience a convertir su arte en propaganda.

Siempre tuve mucho cuidado con eso, cuando se hace una crítica hay que estar claro: si criticas dictaduras, tienes que criticar las de derecha y las de izquierda. Hay que ser consistente. Hay gente que nunca va a estar de acuerdo con tu opinión o con tu verdad. El riesgo es que no te compren tu disco o que no vayan a verte; yo no fuerzo a nadie a que compre nada.

Muchas de las posiciones que asumí no se entendieron en su momento o se malinterpretaron, pero uno no puede mirar hacia atrás. Uno tiene que mirar hacia adelante, tratando siempre de ayudar al pueblo.

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