21 nov. 2011

Samuel Lind pinta al Tite

Fuente: Vocero, Puerto Rico

De repente se abrió la puerta principal de la casa del pintor loiceño Samuel Lind; parecía que alguien había entrado sin avisar, mientras el artista conversaba con este rotativo en su taller. El día era hermoso y caluroso, sin brisa ni lluvia.

Nadie había entrado; todo estaba intacto en la sala: sus pinturas coloridas de bailadoras de bomba, serigrafías, carteles, esculturas, figuras, muebles…

“Déjalo ahí, déjalo ahí. No hay problema que Tite entre…”, dijo sonriendo Lind. Quizás no entró el insigne compositor Catalino Curet Alonso al hogar de su amigo, pero es indudable que de manera espiritual ha permanecido en la vida del pintor.

“Él está trascendido, pero yo lo siento tan vivo. Tite era una persona tan jovial. Creo que yo viví su última etapa donde él me decía conserva todo esto (obras artísticas); yo estoy de paso. No me lo decía directamente, pero yo lo percibía. No fui al proceso de su velorio. Lo tengo tan vivo”, expresó pensativo y nostálgico.

Conoció a don Tite cuando estaba en la escuela intermedia Jesusa Vizcarrondo en el sector Colobó donde Lind nació y se crió. A principios de la década de los años 70, el compositor acudió a una actividad de la escuela y admiró unas obras novatas que el artista había pintado. Desde entonces, surgió entre ellos una admiración mutua y como él visitaba mucho el sector Las Carreras y a Los Ayalas, compartieron muchos años de amistad hasta el fallecimiento del compositor en agosto de 2003.

Lind fue sumergiéndose en el arte cuyos primeros pasos aprendió durante los años escolares y luego en la Escuela de Artes Plásticas del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Cuadros, serigrafías y esculturas alusivas al ritmo de la vida loiceña, a la herencia africana y a la naturaleza del sector Medianía Alta comenzaron a identificarlo como un pintor costumbrista consagrado por su gente y más allá de su entorno loiceño.

“Yo no sé cuánto mi raza prieta y mi país borincano le debemos a este notabilísimo artista pintor loiceño que responde al nombre de Samuel Lind, ‘Samito’. Sus pinceles, al mandato de sus manos diestras, han retratado en curiosas combinaciones de colores y dinámica impresionista el arte musical danzario de su natal Medianía Alta —que por amor tildo de mía— así como los pintorescos tipos y caracteres del área, como nunca lo hiciera igual”, escribió don Tite, natural de Guayama y criado en Santurce.

Por su conexión e historia con el compositor, el Banco Popular de Puerto Rico contactó a Lind para que hiciera el cartel del especial “Sonó, sonó Tite Curet”. Para el pintor ese pedido fue una encomienda valiosa: plasmar en una serigrafía el homenaje a su gran amigo. Recordó que a él le gustaba visitar su taller y sentarse en el balcón desde donde se inspiró para escribir algunas canciones.

En 1990, cuando se celebraban las Fiestas de Loíza Aldea, don Tite escribió:

“Este simpático balcón de ahora
bien me parece una reminiscencia
de lo que recupera aquí su esencia
sin dilación alguna, sin demora.
¡Tantas cosas volviendo en este ahora,
aquí en este lugar ya favorito
donde respiro paz de algo infinito!
Debe ser que en lo bello del paisaje
Emprendo un corto, pero largo viaje
¡Por los predios del arte de Samito!

Lind se inspiró en la naturaleza, la tierra y en una fotografía que tenía de don Tite mientras caminaba por un puente en Loíza y levantó su mano. Así se captó la imagen de él, de espalda como sosteniendo el Sol. En la serigrafía, el artista recrea ese momento, con detalles que incluyen notas musicales y colores marrón, verde y amarillo, entre otros.

“Él fue dueño del Sol por un instante. Para mí ese instante fue su vida. También fue dueño de la clave mientras estuvo vivo. Todo lo giro en torno a eso, a esta pose de él caminando hacia él mismo. Usé los colores tierras porque él está unido a lo que es la naturaleza. Él era un caminante intenso. Sabía caminar en Venezuela, en Colombia, en Panamá ni se diga. Tú vas a esos sitios y la gente de los barrios te hace historias sobre él. Yo quería darle color porque su vida fue colorida”, explicó.

Jamás olvidará el talento al escribir, la humildad y jovialidad del autor de miles de temas interpretados por salseros de renombre y cantantes de otros géneros musicales. “En él yo conocí ese mundo de la palabra. Tite me decía: ‘tienes que saber explicar en tus palabras lo que estás viendo. Siempre me decía escribe eso por un la’o y después lo une. Me maravillaba cuando escribía algo rápido y me lo daba. Yo descubrí esa continuidad de lo que uno hace, paralela a lo que uno gráficamente expresa. En él yo conocí esa genialidad al escribir; a la vez su humildad, cómo se integraba al pueblo con esa naturalidad”, expresó el pintor de Loíza.

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