5 sept. 2011

Una más para El Sabroso


De los salseros jóvenes, Martín Gómez es uno de los que mayor autoridad tiene para recordar a Luis Rospigliosi. Esta es la nota del día en El Comercio

Andy Montañez, junto a Luis Rospigliosi, en foto de la década del 80


Fuente: El Comercio, Perú. Por: Martín Gómez


IN MEMÓRIAM. La música está de luto
Sentido adiós al patriarca de la salsa

A LOS 86 AÑOS NOS DEJÓ LUIS ROSPIGLIOSI CARRANZA, CONSIDERADO EL PRIMER DIFUSOR DEL GÉNERO AFROLATINO-CARIBEÑO-AMERICANO EN NUESTRO PAÍS

Hay una frase muy acertada que se ha repetido con insistencia en las últimas horas: “La salsa en el Perú ha quedado huérfana de padre”. Luis Rospigliosi Carranza, el fundador y dueño del mítico bar El Sabroso, se nos ha ido el mismo día que celebrábamos el centenario de Arsenio Rodríguez, el músico más influyente de la música cubana. Vamos a pensar que don Lucho era uno de los invitados de Arsenio y por eso se fue por la noche, porque tenía una cita con esas glorias cubanas que él tanto admiró. Al menos eso aligera la tristeza por la partida de un personaje que, según los entendidos, trajo la salsa al país.

El Sabroso, que abrió sus puertas allá por los años 50 en la calle Constitución 700, nació como restaurante y luego se convirtió en epicentro del ritmo fuerte de la mano de Rospigliosi. Los discos de Rolando La Serie o Eddie Palmieri sonaron mucho antes que en la programación de radiofonía local. Así, mientras Lima solo bailaba con la Sonora Matancera o por ahí Dámaso Pérez Prado, en el Callao ya se oían otros estilos musicales, siempre venidos del trópico caribeño. Motivo suficiente, además, para que los chalacos empezaran a levantar con orgullo el estandarte de la salsa como parte de su folclor urbano.

De ahí el respeto al trabajo de hormiga que hizo Rospigliosi entre mediados de los años 50 y toda la década del 60. En sus palabras: “Los años 60 fueron los mejores tiempos de El Sabroso”.

La fama de su bar cruzó las fronteras chalacas y empezó a llegar gente de otros distritos de Lima. El cubano Rolando La Serie, intérprete del clásico “Hola, Soledad”, adoraba las parihuelas del restaurante de Rospigliosi. Marcos Calderón, el recordado entrenador de fútbol, era hincha de Daniel Santos y cada vez que llegaba solía pedir el “Tíbiri tábara”. Ni qué decir del boxeador Mauro Mina, quien siempre llegaba para adquirir sus discos en la tienda que el mismo Lucho había montado al lado de su bar. Es decir, cerró el círculo del negocio: bar, tienda de discos y luego hasta promotor de espectáculos. Incluso, luego abriría una peña en la que cantaría Jesús Vásquez y una jovencita Lucía de la Cruz.

Con los años, El Sabroso fue perdiendo terreno. Las presentaciones de orquestas en vivo, como la del famoso Betto Villena en otras zonas de la capital, se encargarían de secundar el trabajo que había iniciado Lucho en el Callao. Los Mundialistas plantaron bandera entre Barrios Altos y el Centro de Lima; La Habana haría lo mismo en Piñonate y, en los años 80, asistimos al ‘boom’ de los salsódromos con máquinas del sabor incluidas.

Aun así, Rospigliosi siempre fue respetado. En el 2005 la Municipalidad Provincial del Callao le rindió homenaje en la tarima de su famoso festival. El año pasado, el colectivo Comunidad Estamos en Salsa organizó el conversatorio “La salsa en el Perú” y el invitado especial fue Lucho. Semanas después, el sonero Frankie Vásquez llegó desde Nueva York y quedó fascinado con la historia de El Sabroso. También el boricua Junior González, quien, enterado de la noticia, envió sus condolencias.

Por eso, coincido con aquella frase que rebota en Internet. “Los salseros del Perú nos hemos quedado sin padre”. Y eso es tan duro como un solo de vientos de la poderosa orquesta de Arsenio. Buen viaje, patriarca.

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