11 jun. 2011

Gilberto Santa Rosa: el salsero peruano es erudito y sensible


Fuente: Peru 21. Por: Gonzalo Pajares

“Para mí fue una sorpresa encontrarme en el Perú con un público con un gusto y una cultura musical impresionantes. Ustedes son eruditos, entusiastas y sensibles”, nos dice Gilberto Santa Rosa. Véalo hoy, en el Monumental, en el Latin Music Fest.

El sonero nace, no se hace. Uno puede desarrollarse, pero teniendo una base sólida. Es muy difícil hacer un sonero”, nos dice el grandísimo sonero, bolerista y salsero Gilberto Santa Rosa, ‘El Caballero de la Salsa’ según pregona su innumerable fanaticada. Hoy, junto con Don Omar, Víctor Manuel y Carlos Álvarez, participa en el Latin Music Fest, que se desarrollará en el Monumental. Entradas: Teleticket.

¿Qué se necesita para ser sonero?
Un sentido natural del ritmo, un sentido natural de la improvisación, una malicia natural. Todo esto se puede perfeccionar, pero cada elemento nace con uno.

¿Los tiempos que corren hoy son buenos para los soneros?
Hay más soneros de los que la gente cree, lo que no tenemos es difusión. Hubo una época en que la gente sabía quiénes eran los artistas. Hoy no nos conocen mucho porque no tenemos una buena difusión de radio. Es que nuestros discos, pese a que se hacen muchos, ya no llegan a los oyentes.

¿Los programadores radiales y sus gustos estandarizados son los causantes de esta situación?
La responsabilidad es de varios. La gente de la radio, la gente que produce discos, no hace otra cosa que responder a los gustos del público. Si ellos hacen algo y el público no responde, pues, deben cambiarlo pues ellos van detrás de las respuestas masivas. Yo creo que la mejor defensa de un género musical se hace programándolo, sonándolo. Pero no miento cuando digo que la música de los soneros no tiene la difusión que tuvo hace 20 o 30 años. La música se ha convertido en algo nostálgico: basta encender la radio para darse cuenta de que hoy se programa más la música vieja que la música nueva.

Entonces, el público también es responsable de lo que pasa…
Es un problema de participación: el público está allí, pero quizás ha cambiado su intensa entrega hacia los grupos de pop o rock’n’roll. Es una mezcla de razones culturales y comerciales: algunos rockeros tienen carreras larguísimas, con un éxito impresionante, pero no tienen la mitad del trajín que tiene un salsero.

¿Son estos buenos tiempos para la salsa?
Sí, porque está llegando a nuevos lugares y hay mucho talento repartido por el mundo. Eso sí, repito, la difusión y la producción hay que mejorarlas.

Un amigo salsero me dice que, en Sudamérica, el Perú y Colombia son los países más salseros. ¿Es verdad?
Así es. Y yo agregaría a Ecuador. Estos países pudieron sustituir a las plazas naturales de la salsa que antes eran Puerto Rico, Nueva York, Panamá, Venezuela. Hoy, República Dominicana es también otra gran plaza para músicos como Víctor Manuel, El Gran Combo y yo mismo, donde hemos hecho carrera y antes, se supone, no podíamos ni asomar. Hoy, en Puerto Rico o en Nueva York llevamos menos gente a nuestros conciertos que en los países que le he mencionado.

¿Los boleros los haces por una necesidad artística o comercial?
Fue por un accidente. Para los salseros, el bolero nunca ha sido algo ajeno. Los boleros son parte del repertorio natural de un salsero; de hecho, muchos han hecho carrera con ellos: Cheo Feliciano, Tito Colón… y, si sigo, no acabo. Yo, buscando un poco de difusión de mi música, fue que me metí en este género. La primera vez que lo hice, debo reconocer que fue porque me obligaron. Curiosamente, esa canción, Que alguien me diga, tuvo mucho éxito. Así fue que me reencontré con el bolero… y, de paso, grabamos hasta merengue, de todo un poquito (ríe). En resumen, el bolero nació por una necesidad de difusión que fue beneficiosa para mí.

Además de bolerista, tienes una vena dramática…
Actué en dos obras de teatro, me encanta hacerlo, pero no soy actor. Me divertí y aprendí muchísimo y, por eso, es algo que quiero repetir. Se trabaja fuerte pero, en mi caso, me saca de la rutina. Además, tuve la suerte de encontrarme con gente muy talentosa y que no era egoísta, y que me ayudó a desenvolverme bien en el escenario.

¿Qué aplauso disfrutas más: el del teatro o el de un concierto?
Yo soy un cantante natural. Yo disfruto cantar antes que cualquier otra cosa. Por eso, por ejemplo, prefiero un concierto a grabar un disco, a actuar o ir a un programa de televisión. Tener a la gente al frente no tiene competencia.

¿Es cierto que hiciste un concierto memorable en el estadio de Matute?
Lo único que te voy a decir es que donde empezó el impacto de Perdóname fue en el Perú. Llegué a Lima por la madrugada y las personas que estaban en el aeropuerto empezaron a cantar los versos de la canción, versos que, incluso, yo aún no sabía. En el concierto tuve que dejar que la gente cantase, me tocó improvisar porque el público la sabía mejor que yo (risas). Y así ha pasado con otros temas.

¿Es posible imaginar un concierto de Gilberto Santa Rosa sin Perdóname?
Es imposible. Te soy honesto, a veces trato de obviarla, pero el público nunca ha dejado que me vaya sin cantarla.

¿Ya te aburrió la canción?
No, porque le tengo mucho cariño. Mucha gente a mi alrededor no quería que la grabase, me decían que era muy lenta, pero yo sabía que iba a funcionar. Por esa terquedad es que la aprecio tanto.

¿Cómo es el salsero peruano?
Lo digo claro: el salsero peruano es erudito y sensible.

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