18 dic. 2010

Arturo O'Farrill regresa a Cuba para Festival Jazz Plaza

Fuente: Radio Nuevitas, Cuba

Arturo O’Farril, pianista y director de la orquesta neoyorquina Afro Latin Jazz, afirmó el jueves en La Habana que defiende por sobre todas las cosas lo especial que es la música cubana, que “tiene sabor, swing y tumbao”.

Invitado al XXVI Festival Internacional Jazz Plaza, ofreció una conferencia de prensa en el teatro Mella, donde consideró de muy importante en su vida tocar en la tierra de sus abuelos y padre.

Hijo del mítico Chico O’Farrill, uno de los mayores exponentes de la música cubana, Arturo apunta la trascendencia de las raíces en su obra y confiesa que este viaje es una especie de deuda con su progenitor, que siempre soñó con regresar a Cuba, y no pudo por su delicada salud.

Este no es un viaje de millas, no es de distancias, es del corazón, una visita espiritual y artística, afirmó el pianista, orquestador y director.

Para el festival, la Afro Latin Jazz ha preparado un repertorio basado fundamentalmente en piezas de Chico O’Farrill, a las que se suman obras de otros grandes de la música cubana, como Mario Bauzá y Francisco Raúl Gutiérrez (Machito).

De carácter especial será el estreno de “Padres e hijos: de La Habana a New York y de regreso”, que interpretarán -junto al maestro cubano Chucho Valdés- una suerte de homenaje a las familias que cultivan las tradiciones musicales que ellos exponen.

Sobre el jazz, género que cultivan, Arturo destacó que otro de los objetivos de su visita es decirle al mundo que no se puede entender esta música, sin el elemento cubano, el cual está en sus raíces.

Desde que llegaron a Cuba, los integrantes de la Afro Latin Jazz visitaron el Conservatorio Amadeo Roldán y ofrecieron un concierto en el parque de San José de las Lajas, en la provincia de La Habana.

La orquesta realizará diversas presentaciones en Jazz Plaza 2010, que comenzó el jueves y se extiende hasta el próximo día 19, cuando compartirán escena con parte de lo que más vale y brilla del género a nivel internacional.


Arturo O'Farrill en Cuba: Bienvenido a la tierra paterna Fuente: Prensa Latina, Cuba. Por: José Dos Santos

Nos conocimos en la década de los 90, cuando participó en un Festival Jazz Plaza que le tuvo como invitado de lujo. Era su primer viaje a la tierra natal de su ilustre progenitor, el compositor, director de orquesta y arreglista Chico O´farrill.

En ocasión de aquella visita fue inaugurado con su presencia un ambiente musical que lleva el nombre de su padre, en el Palacio O´farrill, de La Habana Vieja, donde estuvo alojado como miembro de honor de la casa.

Entonces presenté el libro El jazz en Cuba, de Leonardo Acosta, quien le obsequió un ejemplar de una obra en la que su padre aparece con letras doradas.

El O'Farrill qe regresa a Cuba nació el 22 de junio de 1960. Luego pasó a vivir a New York. Su fragua musical primera fue su propio entorno, porque además de su padre también su mamá, como cantante, se dedicaba al quehacer musical profesionalmente.

Arturo se considera en el cruce de caminos de muchas culturas. De él se ha escrito: "Criado en el ambiente latino como telón de fondo de una ciudad cosmopolita, también ha tomado contacto con sus raíces irlandesas y todo ello aflora hoy en su música como pianista y director de sus propias formaciones".

Se le considera un intérprete ecléctico. Es tan latino que no encaja plenamente en el jazz anglosajón actual, pero tampoco clasifica en el ámbito de su origen familiar porque tiene notables influencias del jazz tradicional. Por ello su música trasciende fronteras estilísticas y raciales.

A los 15 años escribió su primer número musical, un tema de la llamada "salsa" para la publicidad de una empresa.

De su biografía destaca que "creció y aprendió en los estudios de grabación, una escuela de creación instantánea por los requisitos que exige". El ha dicho que "mis héroes eran gente que podían interpretar música intrincada en 30 segundos".

Tocó en la jazz band de la High School of Music, de New York. Fue fundador de uno de los primeros grupos de rap, J.Walter Negro and the Loose Joints.

Estudió en el Manhattan School of Music y en el Brooklyn College Conservatory. Su primer trabajo como profesional -de 1979 a 1983- fue con la banda de Carla Bley, una verdadera escuela que le preparó para su carrera.

Luego tocó piano solo o como acompañante de muy diversos músicos, desde Wynton Marsalis, Dizzy Gillespie y Steve Turre hasta Noel Pointer y Jerry Gonzalez y la Fort Apache Band. En 1987 fue director musical de Harry Belafonte.

A continuación asumió la dirección de la banda de su padre, la Chico O´Farrill Afro-Cuban Jazz Big Band.

Se ha significado que "Arturo O´Farrill es mucho más que el hijo de un portentoso padre. Es un artista con sello propio, heredero, pero también fundador, de una especial y personal relación con la música, con el jazz".

Así volverá a ser apreciado en su estancia habanera, en la que dejó gran impresión ante el piano en una memorable velada que le incluyó hace años junto a otros importantes instrumentistas cubanos como Gonzalo Rubalcaba, Ernán López-Nussa, Rolando Luna y Aldo López-Gavilán.

Muchos le expresarán: Bienvenido a casa, Arturo O'Farrill.


Arturo O´Farrill en Cuba
"En la tierra, la cultura y la familia radica el poder del mundo"
Fuente:La Jiribilla, Cuba. Por: Mabel Machado

Parece sacado de una leyenda el regreso de la dinastía O´Farrill a La Habana. Una familia que extendió el talento de su nombre a la contemporaneidad a través de la música, vuelve para cerrar el círculo que no pudo ver concluso el ilustre Chico, cuando su delicada salud le impidió pisar nuevamente la tierra que coloreó la sangre de su música. Al llegar a Cuba, Arturo O´Farrill, el hijo del compositor, arreglista y director de jazz cubano, fue directo al pueblo habanero de Tapaste, a ofrecer un concierto frente a una iglesia que ayudaran a construir sus antepasados.

El descendiente de los O´Farrill que iniciaron el proceso de reconstrucción de la parroquia de Purísima Concepción, cuya carrera lo ubica entre los más importantes intérpretes y promotores del jazz latino en EE.UU., regresa a la Isla por primera vez desde que en 2002 fuera invitado a participar en el Festival Internacional Jazz Plaza. El mismo evento lo convoca a actuar en nuestras salas en su edición 26, pero el deseo de Arturo al venir a Cuba, transgrede los límites del escenario: “Lo más importante de mi vida es estar aquí”.

A los dos días de haber llegado, el pianista y director de la Chico O`Farrill´s Afro-Cuban Jazz Orchestra tomó la plaza del municipio San José para ofrecer un espectáculo digno de las páginas más surreales. Para que Arturo y su banda tocaran en Lajas, el drums hubo de llegar sobre una bicicleta y el bajista sacar las notas de un instrumento armado con solo dos cuerdas. No obstante, el protagonista de aquella experiencia afectiva la reseña como algo “único” que provocó las lágrimas de su familia que lo acompaña.

Ese momento en el parque remite al ganador de reconocimientos como el Grammy (Mejor Álbum Latino en 2009), a su pasada visita: “llegué asustado, porque la escasa comunicación entre nuestros países no me permitía saber si acá se conocía mi música y la de mi padre. Alguien me envió un e-mail anunciándome una sorpresa, y cuando llegué a la Isla, me llevaron a la esquina de Cuba y Chacón en La Habana Vieja, donde se encuentra la antigua residencia de mi familia. El lugar estaba atestado de gente, y en ese momento ni yo ni los de mi equipo pudimos contener las lágrimas”.

“Las raíces son más potentes que cualquier otra razón”, sentencia el músico al explicar la importancia de retomar sus nexos con Cuba. “En la tierra, la familia, la cultura, se encuentra el poder del mundo. No hay nada más significativo que la gente, la música, el amor, la manera en que vivimos, bailamos, lloramos y celebramos, porque es donde radica lo común con el resto de nuestros semejantes”.


Chico

La presencia en la Isla del autor de Song for Chico, Blood lines y Una noche inolvidable, regresa a nuestro suelo a uno de sus más evocados ídolos en la música. El Chico O´Farrill que llegó a New York en el momento decisivo en que figuras como Dizzy Gillespie comenzaban a unir el bebop con los ritmos cubanos y logró convertirse en una pieza clave del género, vuelve espiritualmente, con la misión única de acortar caminos entre ambas orillas musicales. “Siempre pensé que a mí me tocaría terminar este viaje para mi padre —confiesa Arturo—. Este reencuentro no es de millas o de kilómetros, es un viaje del corazón, del espíritu, un viaje artístico. Lo pienso como si concluyera un ciclo, porque la música que estaba en la sangre de mi papá salió de aquí a cambiar el planeta entero y, a pesar de ello, nunca perdió su elemento cubano, incluso cuando escribía para Ringo Star o para cualquier otro intérprete. Aunque nunca regresó, mantuvo esa onda, ese sabor, ese swing, ese tumbao”.

Arturo describe a Chico además, como un hombre reservado en extremo: “Mi papá no hablaba mucho de casi nada. Un día le pregunté por Charlie Parker, uno de los más famosos músicos de todos los tiempos y me dijo: `toca bien´. Cuando le pedí que dijera algo más me respondió: `me debes cinco dólares´.

“Pero sé que como arreglista y compositor trabajó muy duro. Recuerdo que mientras yo crecía en casa, lo veía en su estudio con los materiales escribiendo durante horas. Tenía buen humor y hacía muchos chistes. Una vez se puso a reír tan fuerte que mi hermana y yo bautizamos su risa como “la risa negra”. Parecía que se iba a morir, pero contenía una alegría tan fuerte que no podía soportar. Sabíamos que cuando se reía así, estaba gozando la vida. Es necesario tener esa relación con la existencia propia”.


Una misión


Arturo O´ Farrill guarda el mérito de haber impulsado junto al trompetista norteamericano Wynton Marsalis —quien recientemente visitó Cuba— la introducción de lo latino en el jazz en el importante seno cultural que es el Lincoln Center en la ciudad de New York. Artista estrella de la institución y uno de sus profesores más prominentes, O´Farrill ha llevado consigo la música con herencia afro, en decenas de giras y espectáculos por el mundo.

“Nuestra presencia en Cuba busca decirle al mundo del jazz que sin el elemento cubano no se entiende el género. Sin entender que la música cubana está metida en las raíces del jazz, la música deja de ser universal. Para mí es cuestión de resarcir una deuda, reparar una injusticia, porque el jazz es música panamericana; es la música de Buenos Aries, de Cuba, de Montevideo o de Cali. Pertenece a todos, como la sangre, como la familia, como la cultura, como el amor. Regresar con ese mensaje a New York, al resto del mundo, es también nuestra misión”.

Este propósito lo hermana aún más con Marsalis, a quien percibe como “gran amigo de la música cubana”. “Yo lo admiro mucho —señala—, somos amigos de siempre. Para nosotros se hace muy difícil venir a Cuba, hemos tenido que luchar mucho para lograrlo. Él lo consiguió, y ahora yo le doy gracias a Dios por haber visto este día y concretar el sueño de que regresen acá la música, la banda y la familia de Chico. Es un milagro que agradezco con todo mi corazón”.


Entre amigos

Durante su estancia en La Habana, Arturo O´Farrill no quiere tener ni un minuto de ocio. Pretende entregar su música y beber de la nuestra todo lo posible, por lo que desde antes de arribar a la Isla, concibió para sus actuaciones, además de la interpretación de la música de su padre, el tema “De hijos y padres desde La Habana a New York y regresando”, en cuya ejecución para la gala de clausura del Jazz Plaza, participará el maestro Chucho Valdés.

“El maestro y yo —señala el pianista— somos amigos desde los días de Irakere. Una vez en New York, visitó mi casa y le rindió respeto a mi papá. Eso me hizo pensar que entre los muchos músicos que conozco, Chucho es de los que más cariño alberga. Es un ser humano tremendo. La música puede ser importante, pero esto es imprescindible entre la gente. No se puede tocar música si uno está enojado, si tienes rencor o si se está agitado. La música viene del corazón, y de la manera en que uno ama la vida, la comunidad y el público; yo puedo jurarlo. Sentarse al lado del Chucho es como absorber una lección en ese sentido, es recibir una inyección de mucha energía. Él es un tesoro internacional”.


El futuro

El estreno mundial que ha reservado O´Farrill para este festival será compartido con otra generación de la familia, los hijos Zacarías y Adán, además de algunos músicos jóvenes. “Así podrá cumplirse también una visión que yo defiendo: el futuro del jazz no existe por Wynton, por Chucho o por mí; el porvenir realmente está en manos de los músicos que tienen la mente abierta para entender que el jazz que viene de aquí, pero no es propiedad de América, sino del mundo”.

Durante su trayectoria como músico O´Farrill no ha descuidado labor como profesor de nuevas generaciones. Uno de sus méritos es haber dirigido un quinteto de jazz latino que en 2002, realizó 24 funciones para más de cinco mil personas en las escuelas de New York.

“Traigo conmigo unas cartas muy conmovedoras de niños de mis programas educativos en EE.UU. Trabajamos muy duro para encontrar fondos para entregar a los estudiantes de los barrios pobres, instrumentos e instrucción. Recientemente pude iniciar un proyecto en una escuela del Bronx. Con la ayuda de algunos amigos compramos instrumentos y ellos lo han agradecido enormemente, porque no lo creían posible. Poner en las manos de un joven un instrumento musical es un milagro para mí. Tanto, como lo ha sido ver luego que ellos saben aprovecharlo. Ahí está el ejemplo de un bajista, Brian, que me confirma la bendición que es el descubrir y ayudar a que se desarrolle el talento en el arte”.

Como extensión de su trabajo como profesor, Arturo visitó en Cuba el Conservatorio Amadeo Roldán: “Llegué con la banda a impartir una clase magistral y pregunté si alguien tenía miedo de improvisar. Una muchacha levantó la mano, le pedí que se acerara y que se atreviera a hacerlo. Se negó rotundamente porque tenía miedo. Entonces, yo, que no conozco el instrumento, jamás lo he tocado, empecé a sacarle notas con mucho esfuerzo y comenzamos a improvisar juntos. Esa joven perdió el pánico y dejó a todos asombrados.

La juventud que he encontrado aquí es muy talentosa. Cuando escuché a los jóvenes interpretar el jazz latino, entendí que la música es más profunda y perdurable que todo lo demás. Fue como oír al mismo Charlie Parker, fue una maravilla”.

La mente, los pies, el corazón

Si nos remitimos a las rutas por las que la música ha penetrado en el alma de los pueblos cubano y norteamericano, podremos entender por qué Arturo O´Farrill se identifica tanto con la danza. El baile —dice este revelado fanático de Jimi Hendrix que ha incluido en su repertorio habanero un tema a modo de “puente entre el rock y el jazz afrocubano”—, es la primera manera en que las culturas se exponen a la música. En la respuesta a nuestra interrogante sobre su obsesión con la danza, está también, en últimas, el motivo de su admiración por la música que emana de esta tierra caribeña:

“La música de Beethoven, de Chopin o de Rashmaninov, es también bailable. El arte tiene que llegar a tu cuerpo, no importa si de un modo clásico, si en jazz o en tiempo afrocubano. Algo muy triste que ha ocurrido en el jazz es su separación del mundo del baile. En cada uno de los lugares donde se asientan sus raíces, esta podía bailarse, se identificaba con las descargas entre amigos, con las citas y con el hecho de rumbear. Pero con el tiempo los jazzistas se pusieron muy serios y adoptaron la postura del intelectual que esgrime que la música de alto vuelo no aburre. Esto es mentira; lo más intelectual que uno puede lograr es sentir la música en el propio cuerpo.

“También hay otras razones de fondo. Montar en EE.UU. un espectáculo con baile requiere de mucho dinero. El programa Jazz at Lincoln Center, por fortuna, está consciente de que hacer bailar, y aún más, sentir, también es fundamental. No se trata de saber pasos de mambo o de danzas folklóricas. Todo está en como uno se mueva o en cómo la música nos logra mover. Como ayer en el pueblo de San José de las Lajas… cuando vi a la gente bailando, sentí que ya todo estaba arreglado en el universo. Si la gente se mueve y escucha con inteligencia, la música ya está entrando en el corazón. Es cosa de mente, piernas y corazón. Todo se tiene que unificar en ese momento. Esta es la razón por la cual la música cubana es tan importante. Conoce la mezcla que debe llegar al espíritu humano”.


Fotos cortesía de Pete Nater, participante de esta gira a Cuba con Afro Latin Jazz Orchestra

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