27 nov. 2010

El cuerpo hace cultura

Fuente: El Nuevo Dia, Puerto Rico. Por: Ana Teresa Toro

Por demasiado tiempo el cuerpo ha tenido mala fama. Culpable de todo lo que nos aleja de la divinidad; así se ha pensado en el cuerpo y todo lo que a él se relaciona desde la óptica del pensamiento eurocéntrico.

Pero el Caribe es otra cosa. Y las dinámicas y herencias de las culturas que lo integran proponen otros modos de acercarse al cuerpo. El sociólogo Ángel G. “Chuco” Quintero Rivera, director interino del Centro de Investigaciones Sociales del recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, ha encontrado en la música y en los bailes caribeños las señales propicias para entender esa visión de las relaciones entre cuerpo y espíritu.

El resultado: el libro “Cuerpo y cultura: las músicas mulatas y la subversión del baile”, publicado en el 2009 por la prestigiosa Editorial Iberoamericana; obra que recientemente obtuvo el premio a “Mejor Libro 2009-2010” que otorga la Puerto Rican Studies Association. Además, en agosto fue galardonado en Cartagena de Indias con el premio Frantz Fanon 2010 que otorga la Asociación Caribeña de Filosofía.

Y es que la ruta de análisis que comenzó a trazar con la publicación de “¡Salsa, sabor y control! Sociología de la música tropical” ha encontrado continuidad con este libro en el que, a grandes rasgos, aborda el papel central del baile en la conformación de las identidades a través de las cuales se configuró el mundo civil de los países caribeños. El encuentro entre canto y baile, tan afín a las sintonías entre cuerpo y mente, toman protagonismo superando la división que se proponía desde Occidente. A esto se le suma un recorrido que abarca desde las primeras contradanzas y habaneras del siglo XIX hasta el reguetón de comienzos del siglo XXI.

Pero ante todo, Chuco Quintero -como se le conoce- es un cocolo. Y asegura que descifrar e indagar en estas manifestaciones con el lenguaje de la academia no les resta magia. “Al contrario, descubrir cosas me permite apreciarlo mejor. A veces escribiendo algo, ¡lloro!”, confiesa el académico, que habla, explica y va de un tema a otro como si llevara a su interlocutor en alguna de esas “maquinolanderas” de Ismael Rivera.

El tema no lo abandona, sea en la Isla o en el extranjero. “A nivel internacional la salsa se identifica esencialmente con el baile. Sin embargo, para nosotros la música y el baile no están separados”, señala Quintero, quien distingue entre “expresión” y “comunicación”.

“En el mundo europeo ha primado la idea de la expresión, que tiene que ver con una cultura que le da cada vez más importancia al individuo. Mientras que la música se piensa como algo muy colectivo. En la salsa, y en el jazz, ese momento del solo, del virtuosismo, de la descarga tiene sentido siempre y cuando esté en comunicación con lo que hizo el músico que le precede”, elabora.

La experiencia le ha permitido corroborar una y otra vez sus análisis. Como aquella ocasión en la que Maniní, un músico que entrevistó, miró a una pareja bailar y le dijo: “Están pidiendo piquete”. O como aquella otra en la que Papo Lucca tocaba el piano de modo tan intenso que provocó que los bailarines dejaran la pista para observarlo.

El hombre se paró y dijo: “Si ustedes no bailan, no puedo tocar”.

“El libro ataca esa cárcel de larga duración -como lo llama el colega peruano Aníbal Quijano- que es el pensamiento eurocentrista. Hay otras formas de entender el tiempo que no es únicamente lineal. Pero más importante es la idea de que el cuerpo es el ancla que no deja volar al espíritu, de que se supone que mientras más espíritu y menos cuerpo seamos, más cerca estaremos del arte y de la elevación”, explica.

“¡El cuerpo hace cultura! El cuerpo hace elaboración estética, hace arte. En ese sentido no se trata de que separemos el cuerpo y el espíritu, sino de todo lo contrario, como en las grandes tradiciones africanas en las que es a través del cuerpo que habla el espíritu”, abunda.

Pensamiento que lo lleva al último punto que redondea el proyecto y que analiza la conexión entre las energías del cuerpo y una sensibilidad ecológica.

“Otro gran lastre que tenemos de la visión europea es la separación del ser humano con la naturaleza. Nos damos cuenta por otras vías de que tenemos que respetarla como parte, no como algo que se antepone y eso nos viene a través de la experiencia afroespiritual”, detalla el profesor, quien toma como referencia las ideas de la antropóloga cubana Lydia Cabrera cuando dice de los Orishas que “esas fuerzas no están en el cielo, sino en el monte”.

A juicio de Quintero, aunque en Puerto Rico no hay una tradición afín tan fuerte como en Trinidad, Cuba o Brasil, sí se puede ver a grandes rasgos un “catolicismo popular que recoge muchas de esas mismas concepciones”. “No pensamos que hay sólo una fuerza, sino que hemos encontrado en los santos esa pluralidad. Nos comunicamos con ellos no como intermediarios”, apunta.

Un ejemplo concreto sería la talla de santos, donde hay muchísimos más Reyes Magos que Cristos crucificados. “Estamos pidiendo a la imagen de la heterogeneidad, porque ellos no son santos individuales, sólo juntos son santos”, identifica Quintero, quien próximamente estudiará ese aspecto relacionado a las artes populares. Después de todo, luego de partir del cuerpo, las conexiones son infinitas y, si se trata del Caribe, sobran mezclas para explorar.

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