7 jul. 2010

Chucho Valdés de nuevo en España


Fuente: ABC; España. Por: Luis Martín

Los admiradores de Chucho Valdés están de enhorabuena. Con motivo de la próxima publicación del disco «Chucho's steps», el pianista cubano actúa esta noche en el marco de la programación de Veranos de la Villa 2010, primera actuación de su gira por España. Chucho, que llegó a la música de su país haciendo patria, a través del cubanísimo sentir sonero en el que su padre, el también pianista Bebo Valdés, le inició desde su mocedad, visita España al frente de una formación cuyo nombre, Afrocuban Jazz Messengers, remite al de la mítica banda del baterista Art Blakey que tanta influencia ejerció sobre el músico cubano en los años 60.


«Tengo un recuerdo imborrable de los Jazz Messengers de Art Blakey», reconoce Valdés. «Aquella formación cambió para siempre mi concepción de las bandas de jazz. De allí salió el quinteto de Horace Silver que, por supuesto, fue excelente como réplica de los Messengers. Nadie, sin embargo, como los originales. Incorporando una breve sección de metales, en los Afrocuban actuales he querido recordar esta sonoridad, aquella forma de hacer que tenía aquella gente en los tiempos que yo escuchaba esta música. Y lo mejor de todo, es que la banda funciona a la perfección».


Carrera dilatada

Hijo de Bebo Valdés, figura central de la música cubana, Chucho Valdés es un pianista exquisito con abundancia de ideas. Ya en los años 70 formaba en la banda Irakere y, a estas alturas, muchos de sus trabajos posteriores son parte de la historia y la discografía del jazz de cualquier tiempo y lugar. A piano solo, o acompañado por cualquiera de sus grupos, el músico elabora un discurso que mezcla modelos de jazz que crecen en el Malecón y también en Nueva York, con piezas arrebatadas a los más prestigiosos catálogos de la música clásica. En «Chucho's steps» hay homenajes explícitos a Coltrane en el título del álbum, a la familia Marsalis en alguno de los temas («New Orleans»), y a Joe Zawinul en la apertura del temario («Zawinul's mambo»).


«El recuerdo a Zawinul», relata Chucho a ABC, «es, posiblemente, el más explícito de todos». Y prosigue: «Para mí Joe Zawinul era, sobre todo, un creador inmenso. Cuando le conocí, en 1979, se deshizo en elogios hacia mi trabajo en la banda Irakere, pero me aconsejó seriamente que, en adelante, intentase volcar mi música en un grupo de formato instrumental más reducido. De ese modo, decía, mi piano no que'daría tan «escondido». En reconocimiento a aquel músico que, con el transcurso de los años, me hizo recapacitar acerca de la conveniencia de trabajar con tríos y cuartetos, escribí el mambo con el que se abre el temario del disco».


—Al igual que Zawinul en los últimos años de su vida, usted también publica «Chucho's steps» en su propia firma discográfica, Comanche, de reciente creación. ¿Cómo fue la idea?


—Tener tu propia fonográfica es algo tan elemental como controlar el propio producto que uno ha creado. Se trata, en cualquier caso, de un sello muy pequeño. La primera referencia del catálogo es un disco que grabé en La Habana en directo, en 2005. Creo que ha sido un buen modo de comenzar. Y, en cualquier caso, confío en que la iniciativa sirva, sobre todo, para promocionar a jóvenes talentos, no solamente cubanos, también de fuera. Tengo intención de trabajar en esta línea y ver hasta dónde puedo llegar.


—¿Qué opinión le merecen las nuevas generaciones de músicos en Cuba?


—La mejor. Creo que hay muchos jóvenes haciendo un trabajo muy interesante y novedoso. Hasta hace poco el problema es que no lograban trascender al mercado exterior, pero ahora hay más posibilidades. Hay, por ejemplo, un joven pianista por el que creo que debo apostarlo todo. Se llama Rolando Luna y en Montreux ya ha ganado un par de premios: el de mejor intérprete y el premio del público. Y en el mismo caso están Hernán López-Nusa y otros a los que sigo los pasos muy de cerca.


La reunión con Bebo Valdés

—Toca, inevitablemente, hablar de grammys recientes, y toca hacerlo del disco que los ha merecido, «Juntos para siempre». En él, usted se reúne en un estudio de grabación con su padre, Bebo Valdés.


—Yo creo, y así lo he dicho muchas veces en casa, que «Juntos para siempre» es el disco que soñaron mis abuelos y que soñó, en general, toda la familia Valdés cuando yo sólo era un muchacho y todo el mundo esperaba que creciese pronto para poder tocar junto a mi padre. Desconocíamos entonces muchas cosas. Desconocíamos, por ejemplo, que el destino nos iba a distanciar, física y afectivamente, durante muchos años por razones que hoy, afortunadamente, son historia. Sin embargo, puedo decir también con mucha alegría que ambos tuvimos la suerte inmensa de volver a reunirnos y hacer este disco y otras muchas cosas.


—Cuando le comunicaron la concesión del grammy su padre no estaba con usted.


—Mi padre es lo más grande, está en el centro de todo. Así que no es difícil imaginar lo que sentí. Dije a todo el mundo que le dedicábamos, conjuntamente, el disco a mi abuela. Ella fue el cerebro de la familia, una mujer con las ideas muy claras siempre. Mi papá y yo disfrutamos con «Juntos para siempre» de un modo que no es posible relatar. Fue algo único, increíble, irrepetible. Ahora sé, incluso, que, si no lo hicimos entonces, ninguno de los dos vamos a morir del corazón. Moriremos debido a cualquier otra causa.


Junto a Omara Portuondo

—Aún hay otro proyecto discográfico por el que en España es usted muy recordado. Se trata del disco «Desafíos», que grabó hace años junto a la cantante de filin Omara Portuondo. ¿Volverán a reunirse ustedes alguna vez?


—Hace sólo unos días que Omara y yo hemos terminado la grabación de un segundo disco. Es tan reciente que aún no hemos consensuado cuál será su título, pero ya tenemos algunos conciertos programados. Omara ha cantado en estas sesiones como jamás había oído yo que pudiera cantar alguien. Es una Billie Holiday que llega con su voz más allá de la canción, se va a la palabra; ha dejado de cantar y dice, simplemente, las cosas. Está sublime.


—¿Qué recuerdos tiene de su participación en la película «Calle 54»?

—Los mejores. Jamás se había hecho un trabajo como ése sobre nuestra música. Ni siquiera en Estados Unidos, siendo como son pioneros en el género de documentales sobre el jazz. En la película aparecen algunas figuras que ya no están entre nosotros: Tito Puente, Cachao, Chico O'OFarrill… todos lamentablemente desaparecidos. Hay en todo el metraje una profesionalidad que no deja dudas acerca del talento de su director, Fernando Trueba. «Calle 54» crecerá en interés e importancia con el tiempo, como cualquier documento histórico.

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