8 feb. 2010

Chucho Valdés estará en el Festival del Habano

Por: Ileana Rodríguez

La música y los Habanos son dos mundos igual de fascinantes, cuyo único destino es proporcionar placer a los mortales. No hay que ser músico para apreciar y disfrutar una buena melodía, pero tampoco se precisan grandes dotes de fumador para sucumbir a los encantos de un buen tabaco. Y es tal vez ese misterioso poder lo que les convierta en una combinación singular.
Concientes de ello, los organizadores del Festival del Habano decidieron dar inicio a su edición XII con una velada de lujo protagonizada por el maestro Chucho Valdés, un músico extraordinario, que tiene predilección por el Cohíba y que reconoce en el arte de fumar puros, un complemento ideal para momentos de gran inspiración.

¿Qué opinan los jazzistas de la relación entre música y Habanos?

-Peruchín, en mi opinión el maestro de lo que es el piano moderno en lo que respecta al jazz latino, y posiblemente uno de los pianistas más originales que haya tenido Cuba en todos los tiempos, tocaba con su tabaco. Pero no puesto en el cenicero, no, él se inspiraba fumando y echando su humo era cuando mejor descargaba. Pianistas de jazz famosos como Earl Hines, a veces tocaban con su tabaco también. O sea, el aroma te puede producir sensaciones y energías muy positivas. A mí me pasa igual, a veces me pongo a componer y me fumo mi tabaquito y sigo echando humo y me da onda.

Claro, que esta relación personal con los Habanos casi antecedió a mi nacimiento, porque mi abuelo fue lector de tabaquería y se jubiló en la industria del tabaco. También mi padre, Bebo Valdés, fumó puros durante muchos años.

Su padre también le abrió el camino al mundo de la música…

-Según él, yo empecé a tocar piano a los 3 años, sin que me enseñaran. Sencillamente me senté a tocar un día, y a partir de ahí fue él el que me preparó en la música popular. Mi papá me enseñó todos los ritmos de este país: el danzón, las contradanzas, los diferentes estilos del son, la música suramericana me la enseñó muy bien, la música de Brasil desde niño me gustó mucho y tuve esa escuela. También el jazz porque Tropicana, que era el sitio donde él trabajaba, era un centro jazzístico tremendo.

Por el otro camino él me puso otros profesores que me daban otras cosas, me enseñaban la técnica. Pero practicábamos en la casa a cuatro manos. A veces me enseñaba cómo se hacían los bajos y él tocaba la mano derecha, otras veces invertíamos entonces yo tocaba la mano derecha y él tocaba los bajos y después me decía: "Bueno, ahora tú solo tienes que tocar las dos cosas. Cuando ya aprendí hacíamos repertorio en la casa para nosotros, para la familia".

Entonces, cuando hablamos de grabar el disco decidimos hacer aquello mismo y para mí fue mejor, porque ya estoy maduro, inclusive, conozco el estilo de él y creé el mío propio. A partir de él pero Chucho es Chucho y Bebo es Bebo. Son dos cosas que tienen un mismo punto de partida pero tomaron caminos diferentes por problemas generacionales.

"Juntos para siempre" es el título de este volumen que obtuvo el Premio Nacional de la Música en España, un Grammy Latino en la edición de 2009 y clasificó entre los nominados al Grammy americano en la categoría de Latin Jazz ¿no es así?

-Este disco con él fue un sueño quizás más que de nosotros, de mi abuela, de Caridad Amaro, que me decía: apúrate para que puedas tocar con tu padre, yo quiero verte tocar con tu padre. Ya el haber hecho el disco era suficiente para mí, ha sido lo más grande que me ha podido suceder. Yo nunca soñé que iba a poder grabar con él, que íbamos a compartir un disco que ya es historia. Quizás no tenga palabras para poder explicar la emoción que uno siente.

Nos cuentan que ha comenzado a transitar nuevos derroteros con un disco que ha llamado Chucho’s Steeps y una banda bautizada como los Afrocuban Messengers, y que presentará ese trabajo en el XII festival del Habano.

-La idea del concierto tiene mucho que ver con la perspectiva de mi nuevo concepto, que es con los dos metales añadidos, además del percusionista Dreisser Durruti que conoce muy bien los batá, los tambores africanos, pero además canta y es un gran bailarín al mismo tiempo. Me gustó mucho la idea de invitar a Iván Lins, por muchas razones. Primero, tenemos una gran amistad, y luego, hemos hecho discos juntos.

Aquí en Cuba, en vivo, grabamos uno que quedó muy lindo Iván Lins, Chucho Valdés e Irakere. Iván es un compositor muy inspirado, de unas melodías tremendas y desde que lo oyes ya sientes que te gusta. Además, es un cantantazo, tiene una voz increíble, y una forma de expresar muy linda independientemente a que toca muy bien el piano.

Entonces quiero retomar las canciones brasileras, algunos de los temas que él ha escrito para las telenovelas, porque la música cubana y la brasilera tienen las mismas raíces. Y también he invitado a una cantante de Portugal que es la más popular en ese país, en estos momentos. Ha roto todos los récords en todos los sentidos y es un joven talento, se llama Marisa. Yo grabé para ella en su último disco, que estuvo nominado para el Grammy, se llama Tierra, después la acompañé en el Festival de Jazz en Holanda este año pasado y por eso pensé retomar ese trabajo y unirla con Iván Lins.

Sería la primera vez que coincidimos los tres en un escenario, y me parece que va a ser una cosa muy especial. Inclusive el género favorito de Marisa es el fado, que es la música tradicional portuguesa, muy linda, y ella va a cantar unos boleros acá que los hicimos en Holanda y fue el acabose. Es una de las mejores cantantes que he escuchado en toda mi vida, con unas facultades vocales fuera de serie. Pienso que va a ser algo muy diferente este concierto del Habano.

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