1 oct. 2009

Salsa: Del Caribe al Japón

Fuente: Claridad, Puerto Rico. Por Irvin García

Crónica larga de un Caribe urbano que se ha soneado por más de 50 años repartiendo en las olas de los océanos y mares del planeta una clave tres-dos, o dos-tres, que no ha variado como lo ha hecho el paisaje urbano. La frase “Crónica de la música del Caribe urbano” le pertenece al musicólogo César M. Rondón, acuñada certeramente como subtítulo a El libro de la Salsa publicado en 1978.

Probablemente haya pasado por sus manos en alguna de sus tres ediciones consecuentes. Por las propias han pasado otros escritos donde se ha historiado lo que se ha llamado Salsa como un fenómeno musical de la comunidad latina en la ciudad de Nueva York, o como el cuento del sueño americano hecho realidad en el surgimiento y la caída del imperio Fania, el sello disquero que monopolizó el género.

Con o sin razón, hay quienes dicen que la Salsa como género no existe, que es un nombre genérico que la industria inventó para denominar las diferentes manifestaciones musicales de sabor caribeño. Otros afirman que el nombre fue una apropiación de las comunidades latinas hambrientas de identidad en una ciudad donde se sentían desarraigados y símbolos de identidad.

Está también la concepción generalizada de que la Salsa es una apropiación del guaguancó cubano, vestida con otra instrumentación. Ninguna de las anteriores, y otras de similar idiosincrasia, es totalmente cierta, o totalmente falsa. Se podría decir que son verdades departamentalizadas, piezas de un rompecabezas que no se ha terminado de armar.

Siempre me ha causado cierta incomodidad el papel que se le ha adjudicado a nuestra isla en este fenómeno. Hemos sido un telón de fondo en este escenario, una referencia musical, un antecedente lejano. No así los puertorriqueños como protagonistas de este evento, mas bien me refiero, al peso del suceso musical isleño, que a mi parecer, es cordón umbilical de esta criatura.

El formato de la orquesta de Salsa tiene sus antecedentes en el surgimiento de los combos como reacción a las grandes orquestas, Machito, Tito Puente y Rodríguez, que dominaban la escena musical de los años 40 y 50. Quien le robó el tiro a todo el mundo con el formato de combo, dando un palo desde la isla a Nueva York, Venezuela, Colombia y Panamá fue Cortijo y su Combo con Ismael Rivera.

A la sombra gris de los rascacielos, La Perfecta, de Eddie Palmieri, con el formato de combo, sección de ritmo y dos trombones, hacía sus intentos de plantar bandera, como sucedió más tarde, con las canciones Vámonos pa’l monte y Muñeca, entre otras que marcaron su estilo. De vuelta al Caribe nos encontramos que para esa época ya existía La Sonora Ponceña, la cual en su quehacer musical se había apropiado de la corriente que Arsenio Rodríguez y Benny Moré habían popularizado en Cuba, puertorriqueñizándola a la ponceña.

Déle una oreja al combo de Cortijo interpretando, Si yo llego a saber que Perico era sordo yo paro el tren, y al Pío de los pollitos y el zum zum de los mosquitos de la Sonora Ponceña y compárelas con su canción preferida del “boom” de la salsa. Dígame si la misma tiene la siguiente forma: Introducción instrumental, cuerpo de la canción (cantado, una o dos estrofas), coro y soneo, parte instrumental (conocida como el mambo), de vuelta al coro y soneo, para finalizar con recapitulación de la introducción o parte instrumental (conocida como Coda).

Esta es la forma clásica de una canción de Salsa, alterándose el orden en algunos casos, pero es la misma forma sobre la cual cantaba y soneaba Ismael Rivera en los años 50 el Quítate de la vía Perico, que ahí viene el tren. ¿Será posible ignorar al tipo que hizo del soneo un arte a la hora de adjudicar la creación de un género donde la parte de coro y soneo es una de las que caracteriza con mayor fuerza la Salsa?

El sello Fania surge años después de que el Benny bautizara a Maelo como El Sonero Mayor. En 1964 el músico dominicano Johnny Pacheco crea un sello disquero para grabar sus modestas producciones. Luego de asociarse con el abogado judío Jerry Masucci este sello se dió a conocer como Fania.

No es hasta comienzos de la década de los 70 que la Salsa explota como un género que tendría un impacto hasta en los músicos japoneses que formaron La Orquesta La Luz. El concierto de Las Estrellas de Fania y la película del mismo, Nuestra Cosa Latina, le sirvió de catapulta al mundo a los esfuerzos creativos de las bandas de los boricuas Willie Colón con Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Roberto Rohena, Ismael Miranda con Larry Harlow y Bobby Valentín y su orquesta.

Mientras tanto en la isla el Combo de Cortijo había desembocado en el Gran Combo, quienes junto a la Sonora Ponceña se convirtieron en las instituciones musicales que le hicieron frente al monopolio de la Fania. Piense usted si el mote de “Universidad de la Salsa” adjudicado al Gran Combo tiene que ver algo con mi planteamiento. échele una oreja a las primeras grabaciones de Willie Colón donde los cambios de ritmo de guaracha a bomba puertorriqueña le eran característicos y dígame si puede ver el cordón umbilical.

La historia de la Salsa no puede ser la historia del sello Fania, ni de las Estrellas de Fania porque sino el género hubiera desaparecido como desapareció el sello y el estrellato. Para la próxima edición prometo seguir contando este cuento. Mientras tanto, dése una vuelta por ww.claridadpuertorico.com, sección En Rojo y allí podrá ver unos cortos vídeos, a manera de ilustración de este escrito.

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