25 oct. 2009

Entrevista en Argentina a Juan Formell


Fuente: Página 12, Argentina. Por Cristian Vitale.

Levanta las manos y se nota: Juan Formell, legendario fundador de los legendarios Van Van, tiene problemas con los dedos. Sobrehuesos como montañitas de arena emergen donde se unen índice, pulgar y meñique con el resto de la mano. “Se me trababan y hubo que operar. Fue hace cinco años y, pese a que estoy bien, ya no tengo la misma movilidad”, cuenta él, con más alegría que quejas.

La intervención fue en Cuba y salió bien, pero nunca más pudo tocar el instrumento que –casi– lo vio nacer: el contrabajo. Como efecto, su rol musical dentro del gigante combo de 15 músicos que aún recorre el mundo quedó “relegado” a la guitarra eléctrica en tres o cuatro canciones.

El resto es pura relación pública: da conferencias, contesta reportajes, recibe premios, escribe, compone y mantiene al tanto al mundo sobre el devenir del emblemático grupo salsero.

Da detalles sobre el DVD registrado hace dos años en el Teatro Carlos Marx, sobre el último disco –Arrasando–, que ya no cuenta exclusivamente con composiciones suyas, sobre el recital del sábado 24 en el Luna Park –donde sí estará presente– o sobre los preparativos para el concierto postre de diciembre en La Habana… el final de la gira que Los Van Van encararon para festejar sus cuarenta años de existencia. “La verdad es que ya no puedo soportar una tournée de uno o dos meses: los ómnibus, los aeropuertos y los aviones me cansan”, redondea Formell. Tiene 67 años.

–¿Sigue teniendo poder de “veto” en última instancia?

(Risas.) –Bueno, en realidad lo que hago es supervisar que no se abandone el estilo que marcó al grupo desde siempre. Estoy muy atento a eso. Es cierto que nosotros siempre tuvimos una mirada renovadora sobre el género: incluimos instrumentos que no caían bien a los tradicionalistas, pero nunca nos corrimos del género. Nunca. Y los cambios siempre fueron paulatinos, no de golpe. Eso sigue pasando y la verdad es que la orquesta puede trabajar sola, sin mí. No hay problemas.

Y la orquesta trabaja sola. El enorme teatro Caupolicán de Chile no está lleno –hay dos mil personas–, pero el calor suple los huecos. La orquesta sale a transpirar camisas en medio de la fresca Santiago. Samuel Formell –hijo y delfín de Juan– es quien dirige hoy esta máquina humana del ritmo.

La escena es austera y las banderas de Cuba y Chile se entrelazan. Fiesta y sudor. Cada quien, en su rol, es un experto. No hay errores, sólo dificultades de sonido que van mejorando sobre la marcha. Suenan piezas de todas las épocas (“Anda, ven y muévete”, “Aquí, el que baila gana”, “Esto te pone la cabeza mala”, “Si no te quieres tú, quién te va a querer”, “Ven, ven, ven”) y la gente corea las letras, hasta las últimas.

Yenisel Valdes, cantante y única mujer de la orquesta, arenga a la masa: “¿Dónde están las chicas que aguantan solas? ¿Las que dejaron al marido en la casa?” y más de medio teatro –la parte femenina– grita presente. Deviene “Después de todo” –hit hot del último disco– y los estribillos se repiten. Salsa y timba. Picaresca cotidiana. Casino y despelote. Songo y Buey Cansado: una noche más de Caribe transportado al frío Pacífico sur.

–¿Confianza total en el hijo?

–Mira, él se crió así, con nosotros y de gira. El mismo dice que se acuerda que a los tres años, cuando nació la orquesta, andaba con nosotros para todos lados. Después fue al conservatorio y se hizo músico, pero ya lo traía en la sangre. Lo está haciendo bien.

–¿Qué reflexión hace de estos cuarenta años de vida de la orquesta?

–No sé en qué momento me asusté al ver la cantidad de años que íbamos cumpliendo (risas). Se dio todo de golpe. Fíjate, yo venía de la Orquesta Revé, y anteriormente era un músico de cabaret, de orquestas de radio y televisión. Tocaba contrabajo de jazz hasta que una cantante ya fallecida escogió cuatro temas míos para un disco de ella.

Por entonces había una gran orquesta en Cuba, la Orquesta de Música Moderna, que para mí era como inalcanzable, y ella me propuso hacer los arreglos. Ahí cambió mi vida, me empecé a dedicar más a la composición y a la orquestación. Así entré en la Orquesta Revé, que era típica, sin muchas pretensiones, y le fui cambiando el sonido.

–Paso anterior y necesario para formar Los Van Van…

–Claro, porque trasladé mi intención. Al principio fue como una especie de transición en mi vida, la de experimentar con una orquesta de guaracha y ver qué pasaba, pero resultó que los años empezaron a pasar y la gente se iba enamorando de nosotros, todos los días. Así, llegamos a los cuarenta años. Parece mentira.

Pero pasaron muchas cosas en el medio. “Hubo que hacer cambios sobre la marcha, y los afrontamos –sostiene Formell–; por ejemplo, cuando tenés un cantante que pega en el público y se te va, te obliga a hacer modificaciones. El número musical sigue, pero a ese cantante que entra, tú tienes que hacerle su repertorio. Entonces, tuve una época prolífica en la que componía y componía cada vez que se iba un cantante.

En un momento había grabado más de 200 temas y, cuando tomé conciencia, dije: ‘Esto hay que defenderlo’. El público te obligaba. Cumplimos 20, 30 años, agregamos trombones, violines eléctricos, pusimos sintetizador, han muerto músicos, otros se han ido y Los Van Van siguen.”

–¿El único que queda desde el principio es usted?

–Y Julio Noroña, que hace percusión menor. El resto se fue integrando sobre la marcha.

–¿A qué alude específicamente el término Van Van?

–Es muy simple. Pero históricamente surgió una leyenda que lo sacó de su significado inicial, el que yo le había dado cuando nació la banda.

–¿Algo relacionado con la zafra no?

–Algo así. Cuando nació el grupo, en Cuba se produjo una zafra azucarera que se llamó Los diez millones van, y la frase “Van Van” se puso muy de moda. Para cualquier cosa que tú fueras a realizar, pero que pareciera imposible, te decían: “Oye, ¿de qué van van?”. Y eso se empezó a manejar entre los artistas: “¿Cómo hacemos para traer a tal músico…? Bueno, esto tiene que ir, van van,” y así fue quedando como nombre.

Fue algo poco rebuscado, pero después se creó un mito alrededor de eso. Que el nombre tenía que ver con la zafra de los diez millones o que a mí me habían mandado a crear la orquesta para apoyar la campaña. Eso no existió, como tampoco que la orquesta era la oficial del gobierno. Apenas éramos unos músicos jóvenes que queríamos hacer un cambio en la música cubana.

–De todas formas, siempre fueron afines al proyecto revolucionario cubano.

–Claro, y sin restricciones de ningún tipo. Yo siempre hice, literalmente, lo que me dio la gana. Escribía la música que quería, le ponía los cambios que me venían a la mente y ya.

–¿Hasta qué punto transformaron la salsa?

–Voy con un ejemplo: Buena Vista Social Club fue genial. Rescatar todos esos artistas que estaban retirados como Ibrahim Ferrer u Omara Portuondo fue positivo, pero Van Van es otra cosa. Es un grupo que se ha adaptado a las diferentes épocas buscando timbres y sonoridades internacionales, pese a que yo defiendo la idea de no hacer cambios profundos en el estilo, sino paulatinos, porque en Cuba se han metido géneros que, a mi criterio, no me dan muy cubanos.

–¿Se está defendiendo del re-ggaetón?

(Risas.) –Van Van nunca dejó de tener el sabor cubano, y lo hemos defendido mucho. No tiene nada que ver con el reggaetón cubano, que nació a partir de lo que se hizo en Puerto Rico. Entiendo que los muchachos son buenos músicos, pero me da la sensación de que suena a otra cosa, que no es ni siquiera la conga cubana. No me cierra, pero se ha metido mucho en la gente. Y, la verdad, es lo único que nos hizo sombra en ese sentido.

–¿Cómo va la Cuba post Fidel? ¿Cómo la ve usted?

–Si bien el país ha tenido una estabilidad desde el punto de vista económico, en los últimos años hubo hechos que atentaron contra ella. Por ejemplo, los ciclones han hecho mucho daño. Han coincidido con una recesión mundial, y el gasto de reservas fue impresionante. Diría que ha hecho tambalear el sistema, y para colmo va y se enferma Fidel. Hoy hay una situación económica dura, pero sin duda se va a salir.

–¿Y Obama? ¿De qué manera se vive su gobierno desde la Isla?

–Las relaciones están mejorando de la forma que deben mejorar, sin presiones de ambas partes. Esta última cosa de que los estadounidenses puedan viajar a Cuba sin ningún tipo de restricciones es una fuente turística muy importante para Cuba. Es turismo y punto, porque al norteamericano siempre le gustó Cuba.

–¿Y a ustedes les gusta Estados Unidos?

–Mirá, allí hay muchos latinos, muchos millones y, donde quiera que lleguemos, les resulta cómoda nuestra música.

–¿En Miami también? Allí se concentran los más acérrimos opositores a la Revolución.

–Bueno, hemos tenido problemas con un sector de la comunidad, pero no con toda. La gente misma nos confesaba que le gustaba Van Van, pero que había un sector poderoso, con mucho dinero, que no quería que actuáramos. Tuvimos problemas, y fue en el único lugar. En el resto del mundo, siempre se nos recibió bien. Muy bien.

–¿Cuál es su postura global respecto de la Revolución?

–Yo creo que los hombres tienen su historia, y Fidel ha sido un gran hombre. La propuesta desde el punto de vista social fue muy buena, pese a haber estado bloqueado y presionado por Estados Unidos. Hubo errores, claro, pero el resultado final es que Cuba, en los últimos cincuenta años, ha ganado en muchas cosas y ha perdido en pocas.

El hecho de tener asegurados ciertas cosas como la inexistencia de mortalidad infantil por falta de alimento, o de atención; o la existencia de carreras universitarias gratuitas para todos, son logros sociales enormes. Quizá Cuba no ha llegado a realizar todo lo que pensó, pero hay una juventud que viene con las ideas de Fidel y que las va a defender a muerte. No creo que Cuba cambie drásticamente de sistema. Para nada lo creo.

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