14 sept. 2009

Rubén Blades en Mexico: "Ahora hay un trompetista en la Casa Blanca"

Ahora le tocó a México. Rubén Blades prosiguió su gira Todos Vuelven en México, donde realizó presentaciones en el Distrito Federal y en Guadalajara.

La próxima escala de la gira será en Lima, Perú.

A continuación, algunos reportes de estas presentaciones





Ahora hay un trompetista en la Casa Blanca

Fuente: La Crónica, Mexico

Tres horas de concierto no fueron suficientes para agotar la rica veta de historias que el poeta de la salsa, Rubén Blades desplegó en el Auditorio Nacional como parte de su gira Todos vuelven, ante un efusivo público que, sin importar el día lluvioso, llenó el lugar y arropó a la leyenda panameña en su regreso a los escenarios, tras servir cinco años como ministro de Turismo en su país.

Vestido de impecable traje negro y sombrero, el cantante inició su mosaico de temas sociales y políticos con “El padre Antonio y su monaguillo Andrés”, referente al asesinato del arzobispo Arnulfo Romero por sus denuncias contra el gobierno militar salvadoreño de 1980, que la mayoría de los asistentes escucharon atentos, siguiendo el ritmo con golpecitos de pie en el piso o de palmas en las piernas.

Buenas noches, México, estamos felices de estar otra vez aquí, dijo Blades antes de continuar con “Cuentas del alma”.

La música de Los 6 del Solar (que en realidad son diez excelentes acompañantes: batería, trombones, timbales, bongó, conga, guitarra eléctrica, piano y sintetizador) y la voz del panameño integraron un recital variado que abarcó una parte de su gran repertorio. Los temas fueron escogidos mediante votación en su página de internet.

Los gritos de ¡maestro! y ¡gracias poeta!, besos lanzados al aire y varias banderitas panameñas ondeando fueron una constante a lo largo del concierto, que el cantante agradeció con guiños, sonrisas y saludos a la distancia.

“Seré breve en los comentarios porque venimos a cantar, pero es imposible, la siguiente canción está dedicada a la familia, en un entrecruce de historias cuando visitaba a mi madre con cáncer en el hospital, narró Rubén, y comenzó “Amor y control”, que animó a decenas a bailar en pareja en los pasillos.

Y siguió con “Decisiones”, “Buscando guayaba”, “Plantación adentro”, con la que recordó y agradeció a su amigo Willie Colón; “Pablo Pueblo”, primera canción que escribió cuando era universitario de ciencias políticas, y “Plástico”.

“Ligia Elena”, tema contra el racismo que narra la relación amorosa entre un trompetista negro y una joven rubia de sociedad, dio pie al buen humor de Blades, quien ubicó en Tepito la vecindad de la letra y mencionó de pasada a los Polivoces y el “Ahí, madre” de Gordolfo Gelatino. Remató con un “cómo han cambiado las cosas que ahora tenemos un trompetista en la Casa Blanca”, mientras en una de las cinco pantallas apareció la imagen de Barack Obama, entre los aplausos y risas de los espectadores.

Los temas que el público más ovacionó fueron los dedicados a personajes de arrabal, a los guapos de barrio: “Juan Pachanga”, “Pedro Navajas, “Te están buscando” y “Adán García”, esta última interpretada a guitarra y sin acompañamiento. “Voy a abusar de ustedes. No toco muy bien. Y como no sé cuándo voy a volver, esta canción la compartiré con ustedes como si estuvieran en mi casa.”

Y cerró con temas sobre el sueño de la unidad latinoamericana: “Caminando”, “Ojos de perro azul”, “Todos vuelven” (arreglo a una composición del poeta peruano César Miró), “Patria”, “Buscando América” y “Muévete”, en medio de ovaciones y aplausos que coronaron una velada de literatura oral, música y baile.




Ofreció un show a la carta

Fuente: El Universal, México. Por: Natalia Cano

“Matan a la gente, pero no matan a la idea”, pronunció Rubén Blades mientras interpretaba “El padre Antonio y su monaguillo Andrés”.

Las palabras del panameño reflejaron por sí solas su insaciable tarea por unificar y fortalecer a la América Latina que le vio nacer en 1948, y cuya realidad política y social ha venido retratando el artista en sus canciones durante más de tres décadas.

Ahí estaba Blades, sobre el escenario del Auditorio Nacional la noche del jueves, con más canas y más arrugas (sinónimo de sabiduría y experiencia): El abogado egresado de Harvard, el mismo responsable de llevar al conservador mundo de la salsa la crónica y crítica social, aquel al que han llamado “el padre de la salsa intelectual”. Y el momento fue por demás glorioso.

Tres generaciones unidas por una voz que durante cinco años tuvo que quedarse guardada en los discos, porque Blades ejercía entonces el cargo de Ministro de Turismo de Panamá. Una vez concluida su gestión, el cantautor cumplió su palabra, y regresó a los escenarios, aquellos desde los cuales sigue promoviendo su lucha para acabar con la ignorancia, la miseria y la hambruna.

Al igual que mucha gente reunida en el coloso de Reforma, esta fue la primera vez que vi a Blades en vivo, aunque en casa siempre se escuchó su música: “Pedro Navajas”, “Pablo Pueblo”, “Ligia Elena”, “Buscando América”, “Buscando guayaba”, “Amor y control” y “Juan Pachanga”.

El de Blades fue un show “a la carta”, pues tal como lo comentó el músico, quien estuvo acompañado de su flamante grupo 6 del Solar, recopiló la lista de canciones que interpretó esa noche vía su página de internet.

La vida de Rubén Blades podría sonar a ficticia para las generaciones venideras cuando se enumeran sus ocupaciones y acciones: abogado, político, actor, músico, activista, trotamundos, poeta y un poco gourmet.




Rubén Blades brinda noche memorable

Fuente: El Informador, Guadalajara, Mexico. Por: Francisco González Rodríguez

GUADALAJARA.- Rubén Blades jamás ha negado la “cruz de su parroquia”. Más allá de la música, lo que a él lo mueve es el mensaje que existe en sus canciones. Puede ser un sabroso merengue o una salsa bien servida, pero detrás de cada uno de sus sones se encuentra una historia donde la tragedia, el humor y la pasión se mezclan de manera misteriosa.

De riguroso traje negro y con su sombrero del mismo tono, el astro panameño, abogado, estrella de películas y político anoche se apoderó del escenario del Auditorio Telmex con suma facilidad. Y es que el público asistente respondió coreando cada uno de sus temas, algunos lograron bailar y otros imitaron la forma de vestir del “Pedro Navajas” de la música.

Cada tema de Blades fue precedido por un pequeño cuento. Como si se tratara de ponerle prólogo a las canciones que han alimentado el mito durante sus décadas de trayectoria. La primera entrega de la velada, que arrancó a las 21:00 horas, fue Padre Antonio y monaguillo Andrés, de la cuál el cantante explicó siente un gran afecto, aunque sabe que cuando la lanzó originalmente fue prohibida en varios países por la fuerte carga crítica que contenía.

Fue mucha la plática del cantante a lo largo de la noche, y es que es bien conocida su capacidad para polemizar y reflexionar sobre diversos temas. El canalero explicó que todos sus comentarios los hacía conciente de que Guadalajara se trata de una de las plazas “más inteligentes que he pisado”.

Amor y control, Plantación adentro, Decisiones, Buscando Guayaba, Juan Pachangas, Caminando, Patria y Pablo Pueblo llegaron después. A lo largo de cada interpretación, Blades presentó a los miembros de su banda, Los seis del Solar, con quienes vivió una etapa gloriosa a lo largo de la década de los años ochenta.

Durante la noche la temperatura aumentó en gran medida a la calidez del público, que no dejó acompañar al músico en sus interpretaciones, al darle flores y tirar algunos besos.

Arte vivo

Aunque Rubén Blades no es fácil de sorprender, él mismo se confiesa perplejo de la forma en que el mundo ha cambiado desde que comenzó a componer. Recordó que en sus inicios Latinoamérica, inmersa en la Guerra Fría, vivía su propia “guerra caliente”. La pobreza, las dictaduras militares y la injusticia social fueron los grandes enemigos en cada una de sus canciones.

Y dentro de este volver a vivir, recordó la composición Ligia Helena, que habla sobre una “niña bien” que se enamora y se escapa con un trompetista afroamericano. Blades apuntó que en la sociedad actual hay mucho menos racismo, y ejemplo de esto es que “hay un trompetista en la Casa Blanca”. Tras decir eso, y en la pantalla gigante del escenario, apareció una fotografía de Barack Obama, presidente estadounidense, sosteniendo una trompeta, lo que desató el aplauso de la audiencia, que sumó de acuerdo al Auditorio Telmex a cerca de cuatro mil amantes de la música del panameño.

Para cerrar, una lluvia de timbales, batería y maracas dejaron escuchar uno de los temas principales, el más esperado: Pedro Navajas. Nada se le quedó en el tintero al panameño, y el grito fue unánime, bienvenido de vuelta, Rubén”.

Los detalles

· La gira Todos vuelven de Rubén Blades se presentó ayer en Guadalajara y un día antes, el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. A pesar del agotamiento del viaje, en ambos conciertos el cantante se lució.

· Entre el público asistente ayer no faltaron los espontáneos que se pararon a bailar, aunque en general, fueron sentados de vuelta por el equipo de seguridad.

· Afloraron banderas de Panamá y Colombia entre las gradas, aunque en el escenario Blades no olvidó proyectar la tricolor mexicana.

· El mensaje de Blades a los jóvenes: “No hay nada mejor que ayudar a nuestro país. Hay que ayudarnos entre nosotros porque sólo así lograremos sobrevivir”.

La frase

“A las canciones hay que seguirlas cantando, porque si no, vuelven a pasar”

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