3 ago. 2009

Homenaje: El Compadre de Beny Moré

Empezó Agosto, mes que resultará especial para los aficionados a este género musical, ya que Cuba y el mundo recordarán el próximo lunes 24 el natalicio 90 de Bartolomé Maximiliano Moré

En nuestro blog-emisora estaremos evocando, durante este mes, algunas notas que recuerden la figura de “El Bárbaro del Ritmo”, empezando con la presente, aparecida el miércoles de la semana pasada en el portal Cubarte

Como decía Frankie Figueroa cuando cerraba con Tito Puente su versión de “Qué Bueno Baila Usted”: ¡Que Dios te tenga en la Gloria, Beny”


El compadre de Benny Moré
Autor: Isachi Fernández Fernández Fuente: CUBARTE 29 de Julio 2009

Pocos le creen. Cuando le oyen decir que le enseñó música a Benny Moré, mucha gente mira con extrañeza o desconfianza a Enrique Benítez, sin embargo el propio Bárbaro del ritmo lo admitía abiertamente.

Conocido como El conde negro, Benitez fue uno de los cantantes de la Banda Gigante y es autor de algunos de los temas grabados por el Benny, además de cuidar empeñosamente una historia compartida por ambos, siempre lista para ser revivida a través de remembranzas.

Con 93 años recién cumplidos, el músico accede a conversar con Cubarte en la sala de la casa donde vive humildemente con algunos de sus 20 hijos.

Siempre nos llamamos “compadre” uno al otro, incluso cuando no teníamos ni hijos. Los primeros contactos con Benny fueron en Lajas y en Vertientes, donde nos criamos. Nací en 1916 y le llevaba tres años. El estuvo conmigo en Lajas, en Vertientes y aquí en La Habana. Le enseñé a tocar guitarra y a componer. En 1942 sacó su primera canción. Caminábamos mucho con el trío que formamos. Éramos veintiañeros Benny yo, Anselmo, el que tocaba las maracas, era mayor. A veces íbamos hasta Regla en la lanchita. Así pasamos mucho tiempo hasta que en 1944 yo decidí irme para Vertientes.
Un día fui a depositar una carta en el correo y al frente había una tabaquería en la que estaba puesta la Mil diez. Cuando escuché música, dije “ay, pero si ese es mi compadre, ¿pero con Matamoros? ¿cómo que con Matamoros?” Recibí como a la semana una carta de Benny en la que me explicaba que Siro lo había encontrado con Anselmo en la calle Egido y lo había llevado a la emisora. Cuando terminó la zafra de 1944 me reuní con él aquí en La Habana hasta que se fue a México. Cuando vino para acá ya tenía una gran fama.

¿A usted lo sorprendió la fama que él alcanzó?

Siempre supe que iba triunfar, le puse la esponja.

¿Cuál fue la primera pieza suya que el Benny grabó?

Fue Esto sí es coco. Tito Gómez grabó ese tema también. Lo escuché en la radio y me dije: “Ay mi madre, mejor que el Benny”. Ya a las nueve de la mañana yo estaba en su casa y le digo muy quedito “Compadre, Tito Gómez grabó Esto sí es coco”. Y me responde enseguida: “Sí, compadre, a él le quedó mejor que a mí”

¿Lo decía de corazón?

Sí porque Tito era tremendo sonero también. Benny tiene tres números míos: Uno lo grabó en México con las Hermanas Montoya. Después me escribió diciéndome que se lo había cogido. Durante la última grabación que hicimos aquí, me pidió que le regalara dos números porque necesitaba dinero para comprar la casa en el Caballo Blanco. Los números fueron Saoco (con el conocido estribillo “Vertiente, Camaguey, Florida y Morón”) y el otro es el que dice “Castellano, qué bueno toca usted”, que se lo saqué a un tresero de La Maya que yo ni conocí, pero del cual me hablaron. Se ponía el tres en la espalda y tocaba de esa forma, según me confirmó después Eduardo Rosillo.

¿Se arrepintió de haberle dejado esos números al Benny?

¡Qué va! El me dio mucho más a mí, además, Benny y yo éramos familia: mi madre era tía de Patricia Benítez, la abuela del Benny.

¿Personalmente cómo era él?

No se olvidó nunca que venía de la humildad. Murió con dinero pero tenía que haber tenido más. La gente iba a pedirle: “Mira, Benny, que la casa…, que el alquiler…” Era muy generoso.

¿Qué música escuchaba?

Toda, pero ponía mucha música americana, jazz. Escuchaba mucho a Glenn Miller y a Benny Goodman.

¿Usted reconoce que Benny era muy informal?

No, no es que llegara tarde a los lugares, es que teníamos muchos compromisos y cuando él explicaba eso le decían: “no importa, a la hora que tú llegues, estará bien, aunque sea una sola tanda”. Teníamos tres o cuatro compromisos en el día.

¿Usted vio la película cubana dedicada al Benny?

Sí, eso es pura ficción. Benny, por ejemplo, nunca consumió drogas, se lo aseguro, y cuando enfermó dejó la bebida totalmente.

¿Usted estaba con él?

Sí, ya a las nueve de la mañana yo acostumbraba a estar en su casa. Un día llego y me siento en un sillón, pero la habitación de él estaba arriba y cuando viene bajando la escalera, le digo: “Compadre, ¿qué le pasa a usted? Le veo los ojos amarillos”. Llamó al médico y éste después me llamó a mí. Me dijo: “Tu compadre está jodido”. Eso fue en octubre de 1961 y él estimaba que si Benny llegaba a febrero era mucho. Yo presioné al médico para que hablara con él a ver si dejaba la bebida y la dejó, se echaba un poco en la mano y la olía, eso era lo único que hacía. Duró un año más de lo que el médico había predicho.

¿Tomaba tanto el Benny?

Sí, tomaba y fumaba mucho

¿Salían mucho ustedes fuera ya del trabajo?

Después de la última tanda de trabajo salíamos Benny, Fernando Álvarez y yo con mujeres. Yo era siempre el que las invitaba a salir porque Benny tenía más fama, pero yo para lisonjear tenía mejor vocabulario.

Y cuando murió el Benny, ¿estaba usted con él?

Cuando él hizo la gravedad yo volví a La Habana. Supe que necesitaba una medicina y había salido a buscarla. Ya de regreso vi una multitud en las calles y me imaginé que mi compadre había muerto.

El Conde negro calla. Había vuelto a sentir aquella vida intensa de hace 50 años perpetuada en una foto que preside su casa: la imagen de Benny Moré.

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