29 jun. 2009

Héctor Lavoe sigue presente


No hay personaje salsero sobre quien se haya escrito más que Héctor Lavoe. Pareciera que todo está dicho y escrito sobre el sonero boricua, considerado por muchos como el mejor cantante que ha dado la Salsa.

Yo mismo en mi primera incursión en medios escritos (en la sección Juventud de El Comercio de Lima en Diciembre de 1993) me ocupé de él recordando algunas de las figuras que nos habían dejado en aquel año (los otros personajes mencionados en esa nota fueron Louie Ramírez y Mario Bauzá).

Sin embargo creo que nadie mejor que Willie Colon para recordar a su socio y compañero musical por varios años, ya sea en su “Homenaje a Héctor Lavoe” de su disco Tras la Tormenta (1995), como en los dos medleys que ha grabado, el primero en su disco Especial Número 5 – Contrabando (1986) y el más reciente en El Malo Vol.2 – Prisioneros del Mambo (2008).

Cuando Héctor murió el 29 de junio de 1993, Willie se encontraba en Madrid, España. Desde ahí escribió una sentida carta de despedida que hoy, 16 años después, recordamos.


El jibarito de Machuelito, cerca de la cantera de Ponce, el espíritu de Borinquen y de los barrios pobres de toda América.

El "aguacate" de noventa libras que llego a los nuevayores para fajarse con los bravos, aquel muchacho que aplico los cantos de Gardel, Felipe Pirela, Ramito, Odilio, con los rosarios de la cruz, agregándoles la malicia de Cheo y Maelo, dándole una voz a ese vacío desolado, enajenado, que los de la banda’cá no podíamos cruzar .

Héctor Juan Pérez fue ese puente entre el pasado y el futuro de nuestra cultura popular.

Héctor Juan Pérez se transformo en una persona llamada Héctor Lavoe para poder cumplir una misión que poco a poco se convirtió de un crucero de placer a un desafío contra mar y marea.

Graduado en la universidad del refraneo con altos honores, miembro del Gran Círculo de los Soneros de los Soneros, poeta de la calle, maleante honorario, héroe, mártir de las guerras "cuchifriteras" donde batalló valientemente durante muchísimos años.

Los capitanes de la "mandinga" lo respetaban, por eso lo bautizaron "el cantante de los cantantes".

Los "beginners" le temían. Cuando se trataba de labia, Héctor Lavoe era un bravo. En cuestiones de negocio, amor y amistad, no lo era. El pueblo fue cómplice en esta tragedia. Héctor le podía mentar la madre a todo el mundo y el público se reía. Lo malcriaron.

La historia de Héctor Lavoe está llena de traiciones y desengaños. El jibarito “good lookin” que volvía a todas las mamises locas quería también ser un malote de barrio.

Con el tiempo los “regalitos” de sus “amigos” de traqueteo se convirtieron en gruesas y pesadas cadenas. Este fallo repercutió en una serie fatal que al final nos llevó a ese muchacho que le cantó al Todopoderoso con todo su corazón.

La traición fue el pago que muchos dieron a Héctor, la comunidad latina que nunca le ayudo en sus tragedias cuando reclamamos de su ayuda para defenderlo contra la explotación, los empresarios que vendieron y revendieron su música sin pagar regalías.

También fue traicionado por el mundo del negocio; disqueros que siguen viviendo como jeques sauditas, vendiendo sus discos y revendiéndolos en CD sin pagar derechos de difusión, mientras Lavoe quedó lánguido en su pobreza; promotores que le ofrecían migajas para poder vender boletos a sus espectáculos donde exhibían a ‘El Cantante de los Cantantes’ en su agonía; impostores tratando de reclamar la carrera y la memoria de Héctor Lavoe como propiedad personal; la comunidad legal latina también le dio la espalda cuando reclamamos de su ayuda para defenderlo contra la explotación; y yo, que también lo traicionó al no tener el valor de verlo en esa condición.

La vida valía más que el dolor para Héctor y, al descubrir esto, se le acercaron los tiburones de agua sucia como si estuviera sangrando. Dios sabe que aquellos que se han ganado la vida devorando a otros y viviendo solamente por el billete tendrán pocos que les lloren y menos que los recuerden en sus rezos

Héroe, pionero, maestro, compañero, hoy América Latina llora por ti, héroe de la gente pobre, víctima de las amenazas que están acabando con nuestro pueblo, mártir de la salsa, el monstruo que ayudaste a crear

PERDÓNANOS HÉCTOR !

WILLIE COLON.
Madrid, 30 de junio de 1993

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