9 jun. 2009

Don Amador Ballumbrosio (1933-2009)


A las 7:00 pm de ayer lunes 8 de junio falleció don Amador Ballumbrosio Mosquera, símbolo de la cultura negra en el Perú.

Nacido en la hacienda Huanco de Chincha (en el departamento de Ica, uno de los focos más importantes de la cultura negra peruana) el 26 de noviembre de 1933, Amador fue violinista pero destacó sobre todo en el arte del zapateo, contrapunto en el que al son de una tonada, cada zapateador demuestra su destreza.

Su madre lo encomendó a la Virgen del Carmen, fue caporal y patriarca de un clan que continuó cultivando, en distintas formas, el arte negro en nuestro país. Uno de sus hijos, Eusebio, entre sus muchas facetas artísticas es conguero de la orquesta peruana Sabor y Control.

Don Amador pasó sus últimos años padeciendo de diabetes y de hemiplejia, resultado de un derrame cerebral, males que sin embargo no apagaron nunca su alegría y chispa innatas.

Andrés Soto le dedicó una canción y Mariella Gallardo escribió el libro "Patriarca de la Tradición. Amador Ballumbrosio y sus Hijos", pero fue el músico Miky Gonzales quien tal vezmás hizo por dar a conocer al público en general la figura de este símbolo de El Carmen.

Aquí recordamos el homenaje de Gonzales a don Amador, "A Gozar Sabroso".



Recordando también a Ballumbrosio, presentamos dos entrevistas de tiempo atrás; esta es del diario El Peruano, hecha por Jesús Raymundo el año 2002

La pasión de la música negra descansa en la casa de don Amador Ballumbrosio. No hay violín que anime el contrapunto de zapateos; tampoco visitantes que aplaudan las lecciones del maestro.

La sala está vacía y profundamente silenciosa. Incluso el viejo equipo de sonido permanece apagado. Y la calma sólo es interrumpida con esporádicos griteríos de algunos jóvenes que se preparan para una fiesta de carnavales en la calle San José, en el distrito chinchano de El Carmen.

Las fotografías distribuidas sobre las cuatro paredes de su sala han detenido los tiempos de algarabía. Allí aparece don Amador, a los 27 años, el día en que contrajo matrimonio.

También una vista del violinista que le enseñó la magia y secretos de este instrumento. Hay recuerdos de celebraciones que se organizaron en su casa, retratos de niños que hoy conocen lo agrio y dulce de la vida, vistas de amigos que han dejado de visitarlo y diversas placas que reconocen su fecunda labor por el arte negro.

Allí está el gran violinista y zapateador don Amador Ballumbrosio, sentado en su silla de ruedas. Su mirada permanece quieta, pero su pensamiento se reanima cuando recuerda los milagros que la vida le obsequió. Asombrado aún por haber vencido a la muerte, agradece a quienes le ayudaron y fortalece su fe en Dios y los santos.

“Los médicos de Essalud de Chincha, que son buenazos, prácticamente me han regresado de la otra. Ahora tengo mucha fe, pongo mucho de mi parte y me agarro de Dios y de todos los santos”, comenta con dificultad, pero aliviado de la hemiplejia que le afectó en agosto del año pasado.

“¿Qué le pide a Dios cada vez que se comunica con Él?”, pregunto. “Que me dé más fuerzas, ayude a mis hijos y a los que están por crecer”. Me cuenta que en julio participará en la fiesta de la Mamacha Carmencha, quien, asegura, siempre la escucha. Enseguida, don Amador vuelve a orar y apenas se le entiende.

“¿Cuán importante es la fe para un artista creyente como usted?”, vuelvo a preguntar. Él levanta la mirada, se limpia la boca con su pañuelo y responde: “El hombre que no tiene fe no vale para nada. Hasta para ser esposo de una mujer hay que tener fe, hijo”.

A finales de los años treinta, don Amador Ballumbrosio descubrió la magia del baile en su tierra natal, la hacienda chinchana de Huanco, en el distrito de El Carmen.

“Mi papá era hincha de Carlos Gardel, quien puso de moda el sombrero tipo sarita, y me compró uno. Pero mi primo mayor, quien no tenía el suyo, me la quitó y tiró a la acequia. Me aventé a las aguas y casi me ahogo. Mi tía me salvó. Después mi mamá me encomendó a la Virgen del Carmen: ‘Salva a mi hijo y que baile hasta que muera’. Luego me echaron sobre una estera y me bautizaron. Entonces comencé a reaccionar... y a bailar.”

Después de varias décadas aprendió a tocar el violín, ante la insistencia de su maestro José Lurita. Al principio tuvo miedo porque era testigo de hechos extraños entre los músicos que competían en las festividades. A veces se le rompían las cuerdas de sus instrumentos o se quedaban con parte del violín en la mano.

“Una vez íbamos a competir en el Coliseo Municipal de Ica, pero en el camerino, después de que nos anunciaron, el violín dejó de sonar. Tuve que arreglarlo y salimos con fe y confianza”, recuerda.

Por eso, cada vez que ejecuta festejos, panalivios, landós, alcatraces y otros ritmos negros en su violín, en realidad le está agradeciendo a la Virgen por tanta benevolencia. Así, cada 16 de julio participa en las ceremonias especiales en honor a su protectora en la iglesia y la plaza de armas de El Carmen.

Y en Navidad también hay celebraciones inolvidables, con numerosos niños guiados por el caporal. “Siempre levanta la mirada al cielo, hijo, y verás lo que nunca has visto. Verás a María Magdalena lavándole el rostro a Cristo, verás a los ángeles que bajan a la tierra y verás que el cielo sigue despejado como un lindo cuadro”, me dice cansado y en tono bajo.

A don Amador Ballumbrosio le llaman cariñosamente “Champita”, por su oficio de constructor. Me cuenta que de joven estudiaba de noche y trabajaba de día en la hacienda San José. Cada tarde, al finalizar su jornada, levantaba su casa, la que ha recibido a innumerables amigos, como la compositora Chabuca Granda, el poeta César Calvo y el escritor Mario Vargas Llosa.

“Trabajaba solito, sin ayuda de nadie. Sin que me cueste mucho, tracé todo, exploté la tierra y fabriqué adobes, que también los vendía al cementerio para construir nichos. Muy pocas veces me encontraban ocioso... Cuando se repartieron las tierras en la hacienda Guayabo, las casas eran de carrizo y yo las construí con adobe”, relata.

Con esa misma persistencia, don Amador consiguió algunos privilegios gracias a su arte. “He visitado países que nunca soñé conocer. Estuve en México, donde me encantaron las mujeres de Acapulco. También viajé a Brasil”.

Por eso dice estar satisfecho con la vida, porque la mayoría de sus metas se han cumplido. Sólo espera que sus hijos “se instalen en sus hogares”. “Me da bastante gusto que ellos continúen cultivando la música negra. Es bueno que tengan alguna habilidad para defenderse”.

Don Amador me pide otro permiso para orar. Para pedirle a Dios que acompañe a sus hijos y que el mal no envenene el mundo. Reza en voz muy baja. Ni siquiera la grabadora es capaz de registrar sus palabras. Al finalizar, afirma que se comunica con el Creador hasta cuando se queda dormido. “Cuando despierto también me encomiendo a Dios y le pido que me ayude”.

“¿Qué le pide para su familia?”, le pregunto finalmente. “Que sean muy buenas personas, que eviten las cosas malas y que ayuden mucho al prójimo. Eso aprendí de chibolo: si puedes ayudar a tu prójimo, ayúdalo y Dios te bendecirá”.


Esta otra entrevista es del 8 de noviembre del 2007, hecha por Miguel Cárdenas para El Comercio:


EL GRAN AMADOR DE LA VIDA
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En El Comercio, hace poco apareció este buen reportaje en donde don Amador Ballumbrosio comenta acerca de su vida y también de la relación de amistad que tenía con Ronaldo Campos y Caitro Soto.
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ÍDOLOS. Amador Ballumbrosio es un símbolo histórico de nuestra música negra. Su casa, construida por él mismo, fue una de las pocas que no se cayeron con el pasado terremoto. A sus 74 años y en silla de ruedas, víctima de una parálisis, sigue conservando su alegría y tradición.

No cualquiera se llama como él. Y es armónicamente consecuente con eso. Don Amador viene preparando la Navidad Negra en la calle San José --su barrio, en El Carmen--, con el denuedo de un amante de la eternidad. Será una fiesta para ayudar a la reconstrucción de El Carmen, que durará hasta el 6 de enero, en que empalmará con la festividad en honor de la Melchorita.

"Tengo parálisis y por falta de circulación se me va muriendo el cuerpo", dice con alegre serenidad. "Mi pie izquierdo solito brinca. Y mi brazo izquierdo, con el que tocaba el violín, está tieso", continúa con alborozada paz. ¿Frustración por esto? ¿Miedo? ¿Rabia? ¿Aunque sea un poco de desazón frente a la muerte? Ni una chispa. Él es un amador de la vida.
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Este mito infinito de la cultura negra no acepta entrevistas formales, solo que uno se siente a su costado, con la puerta abierta, el olor inmortal de un seco con frejoles que prepare Avelina, su esposa y docta cocinera; y converse sin prisa, sin fecha de regreso, como si la vida recién fuese a empezar.
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Su casa tiene de museo, de templo y de bailódromo. Recuerda la primera vez que vio aparecer aquí a Micky González.
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Lo trajo César Calvo. Micky era hippie, llegó y fue bien recibido. Y comenzó a tocar valses. Se enamoró de la música negra y consiguió amigos en El Carmen y en El Guayabo, y comenzó a recopilar temas. A mí me gustaban "Lola", el "Akundún"... En el video de "Lola" aparece un amigo Eusebio que se casaba con Lola. Pero era pura 'ñanga', para el video nomás. Y la gente cree que fue un matrimonio de verdad, ja ja ja.
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También llegó Manongo Mujica.
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Muy buena gente Manongo. Él llegó en el año setenta y tantos. Vino con Micky, con 'Chocolate', y también vino 'Chaqueta' Piaggio, era muchachito, pero cantaba como un grande el chaqueta, cantaba tropical muy buena... él ha venido la otra vez con su señora a dar víveres... A Manongo no lo veo hace tiempo; era tremendo, tenía un cilindro que le sacaba música, hasta lo exprimía, ja ja ja. Él era bien concentrado, también sacaba música santera.
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Todos vinieron a conocerlo, el poeta César Calvo era tremendo bohemio.
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Vinieron a mataperrear. Era un demonio, ja ja ja. Era músico, poeta y loco. Talentoso, una vez presentó un festival en Chincha, hizo la Navidad Negra narrada. Él mismo la narró. Después a mí me compuso un tema de zapateo, hasta ahorita lo tengo y mis hijos lo difunden.

Me acuerdo cuando iba a presentar su libro sobre Ino Moxo y fuimos a acompañarlo. Y me llevó para que lo ayudara con Ronaldo Campos, para que zapateara. Y lo hizo muy bien, llegamos a la casa de la mamá de César... Y su mamá le echó su bendición y lo bañó como un bebito a ese palomilla, ja ja ja.
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Usted tocaba el violín, cantaba y zapateaba con ellos. ¿Lo aprendió de sus ancestros africanos?
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Sí, pero el zapateo está relacionado con lo andino, eh. Está entreverado, porque el negro se unió con el andino para el zapateo. ¡Se unieron! Y componían temas en quechua y en castellano, y bailaban cada uno a su estilo. El negro en Chincha se quiere mucho con el serrano para la música.
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¿Qué le gusta a usted de la música andina?
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Sus lamentos, que llegan al bobo, pues. Cuando yo empecé en la música ya estaban los grandes compositores. Son antiguos, pues, muy antiguos. Hacían remembranzas, después le daban el ritmo, todo y lo iban acoplando, los temas y cuartetas.
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¿Quién le enseñó a zapatear?
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Un señor Carazas y un señor Augusto Milani, un negro capo, nacido en El Carmen. Era un yanacón, un obrero de la tierra. Era un buen danzarín. Yo era un chibolo de 4, 5 años. Así se comienza, de chibolito. Mis papás me llevaban y me compraban mis cosas. Todo era mezcla de negro con andino; por ejemplo, acá había comunidades de serranos y para el 24 de diciembre, todos ellos venían en procesión con la Virgen. Y después estaban hasta la Misa del Gallo y venía el concurso de contrapunto, el zapateo en las gradas de la iglesia. Estaban los mejores. Pero esto ya se perdió.
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Sé que usted siempre participaba y ganaba.
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Ganaba conforme me tocara mi rival. Tenía que desplumarlo, pues. Tenía que echarle todo lo que sabía, mi habilidad rítmica. Bien poco me ganaban y cuando me ganaban le metía su patada, ja ja ja. Y después nos íbamos a trompearnos y los viejos nos decían: por qué han peleado, carajo. Y nos rajaban peor. Y nos decían: esta es una cosa de amistad, no de bronca. Nos hacían abrazar ahí.
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¿Y quién le enseñó a tocar el violín?
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Don José Lurita, tenía 96 años, era un cholo cruzado con zambo, ja ja ja. ¡Buena gente! Me enseñó cuando yo ya estaba casado, a los 20 años. Y aprendí a cantar para el zapateo, que es una danza religiosa, eh.
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¿A los dioses africanos, de la sierra?
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A todos, a santos como San Martín también. A todos se les danza parejo. A la Melchorita se le compone su copla y sale. Yo le he enseñado a los niños de El Carmen. Y para el Día del Padre tenía mi conjunto de borrachos, ja ja ja, y borrachos zapateaban mejor todavía.
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Según el fotógrafo Lorry Salcedo, usted tenía un dicho: "Hasta que el cuerpo aguante".
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Ah, yo zapateaba hasta que salía humo.
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Y hasta que salía humo tuvo quince hijos, tremenda energía.
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No teníamos radio ni televisión, pues. Arriba Perú nomás, ja ja ja... Mi hijo Filomeno, que está en Estados Unidos, era el mejor zapateador. José y Miguel están en Francia, el que está en Lima es Amador Eusebio, que está en La Tarumba. Carmen, mi hija, está en España, ella solo baila. Jesús José, 'Cochacho', toca la guitarra.
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Ahora que hablaba de los dioses, el que era santero era 'Chocolate' Algondones, se asumía como Eleguá, el dios yoruba que abre los caminos.
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'Chocolate' era un dios. Era serio. Cuando tocaba su cajón iba rezando. Fumábamos el cigarro puro, no el bambeado. Los dioses santeros lo ayudan y acompañan, es que la cuestión de la música tiene muchos enemigos, son los envidiosos. Un músico que te tenga envidia te malogra, te trae cosas negadas. Es bien bravo.

Me ha pasado que he tenido que limpiarme bien, una vez hubo una competencia en que me fregaron el violín. Cuando intentaba no tocaba nada... Pero creo que no hay que darse mucho a eso, porque te acomplejas. Yo doy una oración espiritual, pero no me meto tan profundo. 'Chocolate' por ratos lloraba solito, eso es complejo ya. Yo me controlaba más, porque si no te muñequeas, te vas para otro lado.
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Usted ha tocado con 'Caitro' Soto. Dicen que era mejor zapateador que cajonero.
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Sí. Es cierto. He tocado con él un disco que firmamos con Félix Casaverde, yo me tomo una hora para zapatear y 'Caitro' también. Así hicimos un disco. Caitro era una linda persona.
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¿Quién le ha parecido el mejor cajonero del Perú?
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'Chocolate' y, claro, 'Pititi'... Pero déjame contarte un chiste que me contó 'Caitro'. Era Viernes Santo, vivía en Lima, pero quería ir a Cañete, porque él era cañetano. Dice que se iba a probar su chicha de jora. Y su madre le dijo: "Lo que tú quieres es ir a 'monear' con tu carro. Así que anda tú solo nomás". Dice que estaba con su perro y vio a un señor que estaba paseándose en su caballo. Y le puso mal una montura. Y el negro le dijo: "Alguien tan grande como tú haciéndole eso al caballo". El caballo vio al negro y le dijo: "Oye, y a ti qué te importa". Ja ja ja. Dice que chapó su carro y se fue hasta su casa. Y le dijo a su perro, como quien no quiere la cosa: "¿Tú escuchaste lo que me dijo el caballo". Y el perro le dijo: "Sí y yo me quedé cojudo con lo que te dijo", ja ja ja. 'Caitro' era el despelote, ja ja ja. Me dio tanta risa.


Sus restos están siendo velados en El Carmen. Que en Paz Descanse, Don Amador

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