29 abr. 2009

Recordando a Ray Barretto en Perú: "Vine como invitado y conocí FAMILIA"

El 29 de abril de 1929, hace exactamente 80 años, nació el gran Ray Barretto, uno de los personajes del mundo de la música que más admiro y recuerdo.

“Manos Duras” estuvo en Perú en tres oportunidades y recordando a Ray (o “Remembering Ray”, en inglés, tal como titula Orestes Vilató a uno de los temas de su reciente trabajo It’s About Time) en su cumpleaños, quiero repasar aquel encuentro de una noche de sábado de 1994, en el lobby del hotel donde se hospedaba quince años atrás cuando visitó Lima por vez primera


El autor de este blog entrevistando a Ray Barretto en Lima, Perú, en 1994


Perú recién pudo ver en persona a muchos de nuestros héroes musicales muchos años después de su mejor época comercial. Aparentemente nuestro país recién entró al “mapa de la SALSA” a mediados de los 80s y, desde entonces, gozamos la llegada de varias figuras del género.

En el caso de Ray Barretto, tres fueron las visitas que realizó a nuestro patio. La primera tuvo lugar en Julio 1994 con motivo del Festival Top Jazz que por entonces organizaba Jean Pierre Magnet. Aquella noche participaron el baterista peruano Alex Acuña y el flautista boricua Dave Valentin y su grupo, integrado por Robbie Ameen, Bill O’Connell y Rubén Rodríguez. Esta primera vez Barretto estuvo como invitado de Valentin, realizando una sola presentación en el recordado auditorio de Camino Real en Lima.

Al año siguiente, a fines de Febrero, “Manos Duras” regresó como parte de Las Leyendas Latinas de Larry Harlow. Junto a Adalberto Santiago y Yomo Toro, el grupo estaba integrado también por músicos como Lewis Kahn, Jimmy Delgado, Sal Cuevas, Pete Nater, William Alvarez, Vincent Velez, Augusto Febres, Emo Luciano y Willie Torres (años después vocalista del Spanish Harlem Orchestra). Fueron dos presentaciones en distintos locales de Lima, en las que nos volvimos a encontrar, esta vez en SALSA, con nuestro recordado personaje.

La última vez que estuvo en Perú, fue la octava edición del Festival del Callao, en Agosto 2004. Ray fue invitado junto a Tito Allen y fueron secundados por un grupo de músicos de New York organizados y dirigidos por el pianista nacional Lucho Cueto. Recuerdo que esa noche los aficionados le pedían varios de sus hits de la época de Fania, pero que el percusionista hizo solo temas del disco Indestructible, ya que Allen estaba esa noche de vocalista.

En lo personal, mi encuentro más cercano fue durante su primera visita. Por entonces colaboraba en la sección juventud del diario El Comercio de Lima y la víspera había sido el concierto de Camino Real. Con un grupo de tres amigos más y mi hermana Norma fuimos al hotel José Antonio la noche del sábado a tratar de conversar con él y con Dave Valentin. Fue una noche afortunada.

Tras conversar con el flautista por casi 45 minutos, parecía que no íbamos a encontrarnos con Barretto quien no pasaba por el lobby del hotel, hasta que uno de mis amigos lo vio cenando en el comedor. Para llamar su atención le enseñó a Ray un curioso polo que vestía con la palabra SALSA y el músico le hizo un gesto para que esperara.

El se encontraba con su esposa Annette y su hijo Chris (quien por entonces debía tener ocho o nueve años) y, sacrificando su tiempo para descansar nos atendió muy amablemente por casi una hora, en una de las entrevistas más gratas que he realizado a uno de mis héroes musicales, cuya grabación ha servido para la presente remembranza sobre su vida y obra.

En la cinta lo podemos escuchar hablar de su dura niñez y de que la única forma que encontró para escapar de la pobreza fue irse al ejército a Europa. Del casamiento natural entre el jazz y la música latina que lo impresionó al escuchar “Manteca” y que fue la base de su filosofía musical, cultivada luego en las descargas de los clubes de jazz en los 50s donde conoció a los más grandes.

Recordó su paso con Curbelo y de su estadía en la banda de Puente por casi cuatro años, paralelos a sus grabaciones con muchísimos grupos de jazz. Del impacto que por entonces tenía la Charanga, de los cubanos Aragón y Fajardo que la impusieron en New York, recogida luego por Charlie Palmieri y Pacheco y por él mismo con la Charanga Moderna, aunque con el tiempo la sintió limitada frente al formato de conjunto que años después definió, teniendo al medio el hit “El Watusi” y su paso por Tico y la United Artists.

Su interés por grabar “música de calle” que no tuvo acogida en la U.A. pero sí en la Fania, que fueron tiempos “excitantes” y de mucha inquietud. Su reconocimiento a Adalberto Santiago como el mejor cantante que había tenido, a pesar de lo de La Típica 73 que dolió mucho, pero que le sirvió para hacer The Other Road, disco de jazz del que se sentía orgulloso y para “responder” al golpe de la separación con Indestructible y su Barretto del 75.

Nos habló de la conciencia por los temas sociales de entonces y de su intención de que su música apoyara el movimiento del desarrollo del latino en Estados Unidos, en todos los aspectos de su obra, sus presentaciones y sus discos (música e incluso carátulas). De su paso en la Fania All Stars y de sus películas (donde aparece como piragüero diciendo “deja la hipocresía y la falsedad y ven pa’cá”).

Pero no todo había sido acertado ya que su paso por la Atlantic fue una decepción, lo mismo que su disco La Cuna en CTI (“el productor era un terrorista, muy egoísta y no dejó que participara en la producción”). Tuvo sentimientos encontrados con Rican-Struction, que significaba la reconstrucción física de la mano (tras un accidente de tránsito) y la reconstrucción de la carrera, un disco más moderno y contemporáneo.

Comentó que para él y sus colegas fue uno de sus mejores discos, mas no así para un grueso del público que esperaba un segundo “Guararé”. Incluso en Venezuela, el cubano Pablo Milanés le comentó que en ese disco estaba la mejor versión de su canción “Ya Ves”.

Nos dijo que Tremendo Trío con Celia y Adalberto fue su idea y que de sus cantantes de entonces, Sabá era el más prometedor, el que tenía “feeling de la calle”, pero que sus malos hábitos truncaron un futuro prometedor. Manifestó su sorpresa y disconformidad con el Grammy que recibió por un disco que no fue de los mejores y de cómo los tiempos para la música cambiaron, perdiéndose el “sabor de la calle”. Ahora importaba más la imagen que el contenido, al revés que con cantantes como Daniel Santos o Benny Moré, cuyo éxito no se basaba en la edad sino en su talento.

Sentía por entonces que cada generación debía tener sus propios héroes y que los empresarios salseros pensaban que figuras como él o Palmieri ya no jalaban público, por lo que apeló al recurso del latin jazz y se despidió de la Fania, que catalogó como el Motown latino (con cosas positivas como la internacionalización de la música y negativas como el no pago de regalías a los músicos), agradeciendo a Massuci (de quien dijo que al final “se puso flojo” y dejó “caer el edificio”) en el Soy Dichoso.

Comentó de Las Leyendas Latinas que debutaban el lunes siguiente a su visita a Lima, y le pedimos que viniera con el grupo a Perú (lo que ocurrió el año siguiente). También nos habló de su disco Taboo que acababa de lanzarse esa semana y de sus modelos de percusionistas: Chano, Patato y Tata Güiness.

Finalmente nos dijo que había paseado por nuestra ciudad, que le recordaba a San Juan y que le parecía mucho más tranquila y placentera que New York. Pidió nuestra opinión sobre el concierto de la noche anterior y le preguntamos su opinión al respecto que muchos asistentes le pedían, en pleno show, que tocara canciones salseras. Nos dijo que lo entendía, pues muchas veces le pasaba y para la gente, al escuchar el jazz, la SALSA era como “unos zapatos viejos y cómodos que no quieres cambiar”, pero pidió que comprendamos su inquietud por hacer cosas nuevas.

“Uno debe evitar comparar lo que está pasando con lo pasado, cada cosa tiene su valor. Debemos tener el corazón y la mente abierta y receptiva porque eso ayuda a la música a progresar y a quedarse en lo mismo”

Si hasta entonces admiraba al Barretto músico, desde esa noche de sábado del 94 admiro también al Barretto ser humano, paciente artista que atendió sin prisa las inquietudes de cinco periodista-admiradores (más lo segundo que lo primero) y es por eso, que siento su partida como la de un familiar o amigo cercano.



P.D.: cuando Ray falleció a comienzos del 2006, tuve la chance de ocuparme de su vida y obra en laconga.org de Raúl Mosquera y mambo-inn.com de Enrique Vigil. Más adelante colocaré en la web estos trabajos dedicados al recordado percusionista.

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