25 mar. 2009

Otra semblanza sobre Ralph Mercado

Hace pocos días la web de la Fundación Nacional para la Cultura Popular de Puerto Rico ha publicado una semblanza acerca del productor Ralph Mercado, fallecido hace quince días.

La nota está a cargo de Miguel López Ortiz y recoge interesantes datos sobre el desaparecido empresario artístico, uno de los más importantes en el desarrollo de la Salsa.

Por tal motivo acá está la misma, para todos ustedes

Ralph Mercado y su huella en la música latina
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular

El cacareado “sueño americano” es una lotería que puede sacarse en cualquier parte… aunque la cultura estadounidense lo haya reclamado como exclusividad de su territorio. Cierto es que muy pocos son bendecidos con ese milagro, pero cuando se da algún caso los medios de Comunicación norteamericanos le dispensan la suficiente algarabía para que, ante el mundo, se siga engordando la imagen de que su Nación es “la tierra prometida”.

Rafael Mercado Prieto – o, sencillamente, Ralph Mercado ante la industria de la música –, fallecido en el Centro Médico de la Universidad Hackensack, el martes 10 de marzo, a causa de complicaciones relacionadas con la operación en el cerebro que se le practicara el pasado año, aunque también se le había diagnosticado cáncer en 2007 –, fue uno de los escogidos para disfrutar la dicha de alcanzar ese “sueño americano”.

Pero, aunque lo logró en Nueva York, donde nació y radicó toda su vida – convirtiéndose en uno de los ejemplos señalados por aquellos recalcitrantes promotores de las bondades de “La Gran Nación”, seguramente él hubiera alcanzado su objetivo si hubiera nacido en Santiago de los Caballeros, República Dominicana (de donde era originario su progenitor, también llamado Rafael y apodado “Ralph”); en Ponce, Puerto Rico, cuna de su madre, Manuela Prieto, o en cualquier otro confín del planeta.

Esto es así por cinco razones determinantes: 1) sentía pasión por el ambiente en que se desenvolvía 2) su espíritu era inquieto e incansable 3) su intensa afición por los números lo convirtieron en un extraordinario administrador… sin haber cursado estudios formales en esta materia 4) poseía el carisma imprescindible para granjearse la amistad y la confianza de gente clave en este negocio (en no pocos casos, como los de Celia Cruz y Tito Puente, cuyas carreras administró durante décadas, el único contrato que medio entre ellos fue su palabra) y 5) era tan visionario que, de no haber surgido en un lugar propicio para encaminar sus proyectos, habría creado las condiciones para alcanzar cualquier meta.

Por ello, sin pasarle por encima a nadie y respetando el territorio de los demás, llegó a ser el empresario de espectáculos hispano más prestigioso y, tal vez, querido y admirado en el mundo, responsable de haber llevado la salsa a muchos de los rincones más apartados de la Tierra y, por ende, consagrando a las figuras que se forjaron bajo su amparo.

Este reportero tuvo oportunidad de entrevistar a Ralph Mercado en, por lo menos, diez oportunidades. De él siempre recordaré el hecho de que, cada vez nos encontrábamos, volvía a reiterarme su agradecimiento por haber resaltado su figura en uno de mis libros, “Marc Anthony, el cantante salsero más rico y famoso del mundo”, que la Agencia de Publicaciones de Puerto Rico me editó en 1999, en el cual lo identifico como pilar en la proyección internacional de este exitosísimo intérprete.

Siempre prefirió que lo identificaran como puertorriqueño –

Durante una de las entrevistas que me concediera, aparecida en la edición 1521 (octubre 4-10, 1998) de la revista “Vea” – para la que entonces este servidor ejercía el cargo de director –, Ralph atribuyó su monumental éxito al hecho de que “soy el único boricua dominicano nacido en Nueva York que parece norteamericano, habla como cubano y piensa como judío”, subrayando seguidamente que “prefiero que me identifiquen como puertorriqueño. La verdad es que me siento muy boricua”.

Increíblemente, aunque consagró su vida a la promoción de la música afrocaribeña – se describía como un “enfermo crónico y sin remedio por los ritmos cubanos” – este personaje irrepetible, quien viera la primera luz en el condado de Brooklyn, el 29 de septiembre de 1941, jamás soñó ser músico.

“Siempre me gustaron los números. Así que, cuando me gradué de High School en 1959, quise ingresar al Brooklyn College para estudiar Contabilidad. Pero, el día que fui a matricularme había una fila larguísima y, cuando me tocó el turno, ya era tan tarde que me dijeron que volviera al otro día. Y no volví”, me reveló durante aquella plática para “Vea”.

Eso sí: le encantaba bailar y era muy buen bailarín. Al respecto, relató que “aprendí a bailar merengue a la edad de cuatro años y después le entré al mambo, la rumba, la salsa…” También, que comenzó a familiarizarse con los cantantes gracias a que al hogar de su abuela materna, doña Lala, acudían figuras como Daniel Santos para escuchar sus rosarios cantados.

─ ¿Cómo te envolviste en el negocio del espectáculo?, le pregunté.

“En 1960 empecé a organizar bailes y eventos sociales en mi barrio. Un año después me asocié con tres amigos (Pete, Bobby y Toby) y alquilamos el sótano de un edificio en Brooklyn para convertirlo en el 3 & 1 Club. Allí creamos lo que llamamos ‘bailes de cintura’, que era algo ‘funny’. O sea, a los hombres les cobrábamos un dólar, mientras que a las mujeres les medíamos la cintura y, por cada pulgada que midieran, les cobrábamos dos centavos”.

─ ¿Qué pasó luego?

“Entre el ‘67 y el ’71 me dediqué a presentar espectáculos con artistas negros de soul y R&B, aunque los combinaba con orquestas de salsa. Trabajé con Aretha Franklin, The Temptations, Gladys Knight & The Pips, The Chi-Lites, The Stylistics, The Trammps, Al Wilson y Barry White, entre muchos más. A Puerto Rico llevé a James Brown, que entonces estaba pegado con el tema ‘Hot Pants’, en 1970”.

Con Jerry Masucci, mandamás del consorcio Fania, formó una sociedad irrepetible: el primero como productor y él como promotor, llevando la salsa a mercados entonces inimaginables –

Para aquella época, en sociedad con Joe Cavallaro, adquirió el Club Cheetah, en Manhattan, en cuyo escenario se juntaron por primera vez las que serían legendarias Estrellas de Fania (o Fania All Stars), el 26 de agosto de 1971.

Más adelante, el Red Garter, donde el antes mencionado colectivo realizaría dos históricos volúmenes discográficos, luego de convencer para ello a Jerry Masucci, mandamás del entonces naciente imperio Fania. De acuerdo con sus palabras, respaldadas por la historia, “fue entondes cuando la salsa estalló en el mundo”.

Si, por un lado, a Masucci se le atribuye la gestión de introducir hasta en mercados antes inimaginables sus producciones de esta fusión que tiene como bases esenciales la rumba y el son cubanos – que orquestadores tan ingeniosos como Johnny Pacheco (co-fundador y principal productor de la etiqueta), Louie Ramírez, Marty Sheller, Luis “Perico” Ortiz y Larry Harlow, principalmente, salpicarían con elementos del jazz, el soul, el folklore afroboricua y otros elementos rítmicos, a Ralph Mercado le corresponde la no menos difícil tarea de llevar a los músicos afiliados a todos aquellos confines… siempre en escenarios de alto nivel y ante auditorios no tradicionales.

Entiéndase por ello que, por ejemplo, el público que los aclamaba en Francia era compuesto, mayoritariamente, por franceses, no latinoamericanos establecidos en París. Si se presentaban en Alemania, las salas o los estadios registraban concurrencias colmadas, en mayor porcentaje, por alemanes, no por militares boricuas o hispanos asentados en bases norteamericanas.

Ralph Mercado y Jerry Masucci formaron una mancuerna irrepetible en la gestión de proyectar a nivel mundial a exponentes de la salsa y el jazz latino. Pero, el personaje que ahora nos ocupa no sólo circunscribió su carrera a lo concerniente al elenco de estrellas de Fania. Bregó con figuras de otras compañías y forjó su propio catálogo estelar.

En 1974 fundó RMM Management, siendo Eddie Palmieri, Ray Barretto y Joe Cuba y su Sexteto sus primeros representados. Posteriormente (1976-1981) tuvo como socio de su empresa al puertorriqueño Ray Avilés y su elenco ya incluía a todas las figuras del consorcio Fania.

─ ¿Cuánto invertiste para fundar esa empresa?, le pregunté.

“Nada, porque Harvey Averne, presidente de Coco Records, me cedió una de sus oficinas en el 1650 de Broadway… aunque le compré el local luego de que él cerrara su compañía”.

En 1975 instituyó el que sería tradicional Festival de la Salsa de Nueva York, evento que – al igual que el Día Nacional de la Salsa, instituido por WZNT 93.7 FM, lo es en Puerto Rico – es reconocido como el más importante de los que, en el ámbito de la música latinoamericana, se realizan en la Capital del Mundo. Su sede es el Madison Square Garden y acontece un sábado entre fines de agosto y el mes de septiembre. Muchas ediciones han tenido dos o tres días de funciones.

A principios de la década de 1990 fundaría otro similar, en el mismo recinto, que denominó Festival de Salsa del Amor, que se celebraría durante el mes de febrero, el sábado más próximo al Día de los Enamorados. En las carteleras de todos estos espectáculos figurarían no sólo artistas representados por su empresa, sino también los de Sony Music, EMI Latin, Combo Records, Musical Productions y de otras menos poderosas.

─ ¿A cuánto ascendió la inversión para crear RMM Records?

“A $10,000. Eso fue en abril de 1987. Para ese tiempo yo representaba a Fernando Villalona y, un día, el hermano de éste, Angelito, vino a verme para decirme que había empezado a grabar un disco, pero no podïa terminarlo por falta de dinero. La cosa fue que se lo di para que terminara la producción”.

Sin embargo, tanto Angelito Villalona, como Chamy Solano y Wichy Camacho con la Orquesta La Romance, que fueron los siguientes intérpretes firmados, no funcionaron. En realidad, RMM Records comenzó a generar ingresos a partir de las incorporaciones de José Alberto “El Canario”, Tony Vega y Tito Nieves, los siguientes tres cantantes reclutados.

Vale la pena resaltar el dato de que Tito fue el primero de ellos que firmó contrato con Ralph, pues el compromiso de éste con los anteriores era, como apunamos al principio, “de palabra”. Algunos sí llegarían a firmar sus respectivos contratos, pero después de haber grabado y de que por establecido de que formaban parte de la compañía.

Por otro lado, al momento de disponerse a encaminar al otrora “Pavarotti de la Salsa” en su nueva etapa como solista tras salir del Conjunto Clásico, éste padecía de una crónica adición a los narcóticos. O sea, Ralph le tendió la mano en el momento más difícil de su vida y, gracias a sus consejos e insistencia, Tito Nieves logró salir de su infierno o convertirse en la estrella que hoy es.
Encaminó hacia el estrellato a Tito Nieves, Marc Anthony, India, José Alberto “El Canario”, Tony Vega, Domingo Quiñones, Manny Manuel y Michael Stuart, entre muchos otros artistas –

“El arreglista y productor Sergio George entró a RMM para terminar la grabación del primer álbum de Tito. Hizo el arreglo de ‘Sonámbulo’, un tema de mi amigo Leo Casino, que fue el primer hit de uno de mis artistas. Sergio fue un elemento muy importante en la compañía”, declaraba complacido y agradecido.

Tito Nieves fue el primer artista de RMM Records que se acreditó un Disco de Oro, mientras que Tony Vega fue el primero que mereció el Disco de Platino, que fue con su segunda producción “Uno mismo”.

Cerca de 150 artistas fueron acogidos por su disquera, que durante los albores de la década de 1990 tuvo dos filiales: Tropijazz – establecida en sociedad con Jack Hooke para impulsar a nuevos valores del jazz latino (1993) – y Merengazo, para dar cabida a nuevos valores surgidos durante la época en que el merengue causaba furor en el ambiente musical.

La primera tuvo como primeras estrellas al trompetista Humberto Ramírez frente a su Jazz Project, al virtuoso conguero Giovanni Hidalgo y a Tito Puente con su Golden Jazz All Stars Ensemble, pero también editó producciones a astros como Hilton Ruiz, Charlie Sepúlveda y Dave Valentín. A través de la segunda lanzó estelarmente a Manny Manuel, convirtió en solista a Celinés y produjo exitosas grabaciones a la New York Band, Limi-T 21 y otros artistas.

Aunque pudo haberlo hecho, pues su empresa llegó a generar ganancias superiores a $25 millones anuales, Ralph Mercado nunca pretendió aprovechar su poderío económico para pasarle por encima a otros productores.

Prueba de ello es el hecho de que, cuando se dispuso a invadir el mercado merenguero, quien había sido el máximo productor de bailes y eventos dirigidos al público seguidor de ese ritmo, el dominicano José Altagracia Tejada, ya había retornado a su patria, dejando casi libre la plaza neoyorquina. Por su parte, Bienvenido Rodríguez Durán, presidente de Karen Records – empresa que, durante casi dos décadas, acaparó a las más fulgurantes estrellas del merengue – había abandonado a su suerte a casi todo su elenco para concentrarse en la figura de Juan Luis Guerra y su Grupo 4:40.

─ ¿Cuánto dinero puede ganar un artista de RMM en un año?, fue otra de mis preguntas en aquella entrevista para “Vea”.

“Muchísimo. Algunos son millonarios”.

─ ¿Cuál de ellos es el más caro en este momento?

“Marc Anthony es el que más dinero gana, pues es capaz de llenar un estadio solo”.

─ Si ellos son tan ricos, tú debes ser multimillonario…, le comenté, recordándole que, además de sus etiquetas discográficas, su imperio ya contaba con RMM Filmworks (dedicada a la producción de videos y documentales); dos editoriales y par de salones de baile, entre ellos el concurridísimo Latin Quarter.

“Bueno… vivo bien, pero gasto más de lo que gano”, fue su respuesta.

La demanda que le entablara el cantautor pop Glenn Monroig desembocó en la desaparición de RMM Records –

Como todos los triunfadores, Ralph Mercado no se libró de la controversia. A principios de la presente década el cantautor Glenn Monroig le entabló y le ganó una demanda millonaria por la alteración de su canción “Yo soy” sin que se le hubiera solicitado la correspondiente autorización para ello – ¿se acordará Glenn cómo dice la susodicha? –, que Cheo Feliciano vocalizó en el documental “Yo soy del son a la salsa” (1998), dirigido por el cubano Rigoberto López. El consenso general en el ambiente musical siempre coincidiría en la apreciación de que la condena fue demasiado desproporcionada ante el delito.

Aunque no trascendieron públicamente pormenores sobre las consecuencias finales de aquel litigio, la realidad fue que marcó el fin de RMM Records. Los contratos de varias de sus principales estrellas, como Tito Nieves, Domingo Quiñones, Manny Manuel, Michael Stuart y Tony Vega, fueron adquiridos por Universal Music Latino.

Artistas como Celia Cruz, Marc Anthony e India fueron incorporados al elenco de Sony Music, mientras que los derechos de reedición del catálogo Tropijazz fueron comprados por Verve Records. Muchos otros artistas a quienes planificaba encaminar como ya lo había hecho con otros, hoy consagrados, se vieron forzados a reenfocar sus carreras con resultados poco fructíferos o, sencillamente, desaparecieron del panorama.

Aun así, Ralph Mercado permaneció activo como productor de bailes y espectáculos musicales. Hasta hace apenas par de años lucía bien de salud. Incluso, el 21 de octubre de 2007 legalizó su unión consensual de más de 15 años con Cynthia Vargas en la Iglesia Episcopal Atonement, en Tenafy, Nueva Jersey. Pero, no transcurriría mucho tiempo para que su salud comenzara a deteriorarse por causa del traicionero cáncer.

De hecho, durante su comparescencia a la develación de su Estrella en el Paseo de la Fama de Union City, Nueva Jersey, donde fue llevado en silla de ruedas, lucía muy enfermo y casi sin habla… aunque siempre sonriente. En el homenaje que se le rindiera en el marco del Primer Festival de Salsa celebrado en Aguadilla hace un año, su aspecto distaba bastante del que la masa salsómana estaba acostumbrada a ver en él. Por tanto, había delegado la administración de su oficina a sus hijas Deborah y Damaris. Cabe señalar que tenía otros tres herederos: Melissa, Ralph III y Chanel.

Huelga repetir que la desaparición física de Ralph Mercado representa una pérdida significativa para la música latinoamericana, sobre todo la afrocaribeña, pues con él se va uno de sus más visionarios e incansables promotores. Pero, es el hecho de que el panorama se vea huérfano de personajes capaces de tomar el relevo para darle seguimiento a su legado en momentos en que la industria discográfica atraviesa la peor crisis de su historia y cuando el futuro de la inmensa mayoría de los músicos es arreglárselas como puedan para mantenerse más o menos activos, es lo que hace más dolorosa su partida.

19/mar/09

Acá la nota original de Miguel López

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